jueves, 17 de septiembre de 2026

“El Padre, agricultor de las almas”

 



 

Un vínculo de reciprocidad y transformación: La relación con Dios va más allá de nuestro culto hacia Él, ya que Dios también actúa como un agricultor que cultiva nuestro interior para hacernos mejores y más felices.

La labor del agricultor divino: Mediante su palabra, Dios ara y abre nuestro corazón, erradica la mala semilla y planta preceptos para cosechar la piedad.

El propósito del fruto espiritual: Aunque Dios no se enriquece con nuestros frutos, aceptarlos y cultivarlos nos beneficia directamente a nosotros, cumpliendo la imagen evangélica de ser sus sarmientos.

 

Cfr.  (San Agustín [354-430]. Sermón 87).

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Evangelio del 17 de septiembre 2026 Lucas 7, 36-50

 



En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies; los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.

Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: "Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora".

Entonces Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". El fariseo contestó: "Dímelo, Maestro". Él le dijo: "Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?" Simón le respondió: "Supongo que aquel a quien le perdonó más".

Entonces Jesús le dijo: "Has juzgado bien". Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama". Luego le dijo a la mujer: "Tus pecados te han quedado perdonados".

Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: "¿Quién es éste que hasta los pecados perdona?" Jesús le dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado; vete en paz".

Reflexión

Esta escena nos recuerda que el amor sincero abre las puertas del perdón.

La mujer, despreciada por su pasado, se acerca a Jesús con humildad y lágrimas; no busca justificar su vida, sino ofrecer su corazón. El fariseo, en cambio, se encierra en el juicio y la apariencia.

Jesús revela que la medida del amor está en la gratitud del perdonado: quien reconoce su fragilidad, ama más.

Así, el Evangelio nos invita a mirar al otro con misericordia, no con condena, y a descubrir que la fe que se arrodilla ante Dios siempre se levanta en paz.

martes, 15 de septiembre de 2026

Evangelio del 16 de septiembre 2026 Lucas 7, 31-35

                                                                     


En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos niños que se sientan a jugar en la plaza y se gritan los unos a los otros:

'Tocamos la flauta y no han bailado,

cantamos canciones tristes y no han llorado'.

Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y ustedes dijeron: 'Ese está endemoniado'. Y viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: 'Este hombre es un glotón y un bebedor, amigo de publicanos y pecadores'. Pero sólo aquellos que tienen la sabiduría de Dios, son quienes lo reconocen".

Reflexión

Vale la pena preguntarnos con sinceridad: ¿cuántas veces me parezco a esos niños de la plaza, poniendo excusas para no responder? ¿Espero que Dios actúe "a mi manera" antes de decidirme a seguirlo? La invitación de hoy es a bajar la guardia del juicio y pedir esa sabiduría del corazón que sabe reconocer la voz del Señor —tanto en lo exigente como en lo cercano— y responder con un sí sencillo y confiado.

 

"Señor, dame un corazón dócil, capaz de reconocerte y seguirte por el camino que Tú elijas."

lunes, 14 de septiembre de 2026

Evangelio del 15 de septiembre 2026 Juan 19, 25-27

 




En aquel tiempo, estaban junto a la cruz de Jesús, su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás y María Magdalena.

Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo: "Mujer, ahí está tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Ahí está tu madre". Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.

Reflexión

Ante la cruz, Jesús nos revela que el amor verdadero permanece incluso en el sufrimiento. María permanece junto a Él con una fe silenciosa y fiel, aun sin comprenderlo todo. Desde la cruz, Jesús transforma el dolor en un vínculo de amor: entrega a María como madre y al discípulo como hijo.

También nosotros estamos llamados a permanecer junto a quienes sufren y a abrir el corazón para acoger a los demás como hermanos. La cruz nos enseña que el amor de Cristo no abandona, sino que crea comunión y una nueva familia.

viernes, 11 de septiembre de 2026

Evangelio del 12 de septiembre 2026 Lucas 6, 43-49



 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. Cada árbol se conoce por sus frutos. No se recogen higos de las zarzas, ni se cortan uvas de los espinos.

El hombre bueno dice cosas buenas, porque el bien está en su corazón; y el hombre malo dice cosas malas, porque el mal está en su corazón, pues la boca habla de lo que está lleno el corazón.

¿Por qué me dicen 'Señor, Señor', y no hacen lo que yo les digo? Les voy a decir a quién se parece el que viene a mí y escucha mis palabras y las pone en práctica. Se parece a un hombre, que al construir su casa, hizo una excavación profunda para echar los cimientos sobre la roca. Vino la creciente y chocó el río contra aquella casa, pero no la pudo derribar, porque estaba sólidamente construida.

Pero el que no pone en práctica lo que escucha, se parece a un hombre que construyó su casa a flor de tierra sin cimientos. Chocó el río contra ella e inmediatamente la derribó y quedó completamente destruida".

Reflexión

Jesús nos invita a mirar más allá de las apariencias. Una persona se conoce por los frutos que produce: por sus palabras, sus decisiones, sus actitudes y, sobre todo, por la manera en que trata a los demás. No basta con decir “Señor, Señor”; la verdadera fe se demuestra cuando ponemos en práctica el amor, la misericordia, el perdón y la justicia.

También nos recuerda que el corazón es la raíz de nuestra vida. De un corazón lleno de bondad brotan palabras y acciones que construyen; de un corazón dominado por el egoísmo, el rencor o la soberbia pueden surgir frutos que destruyen. Por eso necesitamos revisar constantemente qué estamos cultivando dentro de nosotros.

Finalmente, Jesús compara nuestra vida con una casa. Escuchar su Palabra y vivirla es construir sobre roca. Las dificultades, las crisis y los problemas llegarán, pero quien tiene su vida cimentada en Cristo puede permanecer firme. No se trata solamente de conocer el Evangelio, sino de convertirlo en vida.

La pregunta que este Evangelio nos deja es: ¿qué frutos está produciendo mi vida y sobre qué estoy construyendo mi casa?

jueves, 10 de septiembre de 2026

Evangelio del 11 de septiembre 2026 Lucas 6, 39-42

 

 

En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: "¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: 'Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo', si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano".

Reflexión

Este pasaje nos invita a mirar hacia dentro antes de juzgar a los demás. Jesús enseña que el verdadero aprendizaje no consiste solo en seguir al maestro, sino en dejarse transformar por su ejemplo.

El ciego que guía a otro ciego simboliza la falta de conciencia: quien no reconoce su propia oscuridad no puede conducir a nadie hacia la luz.

Y la viga en el ojo es una imagen poderosa de nuestras propias limitaciones y prejuicios. Solo cuando somos capaces de vernos con humildad y sinceridad, podemos ayudar a los demás con amor y sin hipocresía.

En resumen, el discípulo se hace como su maestro cuando aprende a mirar con compasión, no con juicio.

“Memoria agradecida, solidaridad activa”