viernes, 30 de octubre de 2026

Evangelio 31 de octubre 2026 Lucas 14, 1. 7-11

 



 

Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola: 

"Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: 'Déjale el lugar a éste', y entonces tengas que ir a ocupar lleno de vergüenza, el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: 'Amigo, acércate a la cabecera'. Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido".

Reflexión

La enseñanza de Jesús es clara: no busquemos los primeros lugares en la mesa del mundo, sino el lugar del servicio, la generosidad y el amor. No necesitamos sentirnos superiores para tener valor; nuestra verdadera dignidad está en vivir como hijos de Dios.

Que aprendamos a ser personas sencillas, capaces de reconocer los méritos de los demás, de servir sin esperar recompensas y de dejar que Dios sea quien engrandezca nuestra vida. 

Porque ante Dios, el más grande no es quien busca ser servido, sino quien sabe servir con humildad y amor.

jueves, 29 de octubre de 2026

Evangelio del 30 de octubre 2026 Lucas 14, 1-6

 



Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Había allí, frente a él, un enfermo de hidropesía, y Jesús, dirigiéndose a los escribas y fariseos, les preguntó: "¿Está permitido curar en sábado o no?"

Ellos se quedaron callados. Entonces Jesús tocó con la mano al enfermo, lo curó y le dijo que se fuera. Y dirigiéndose a ellos les preguntó: "Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su burro o su buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?" Y ellos no supieron qué contestarle.

Reflexión

La misericordia está por encima de cualquier regla

El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús frente a un hombre enfermo y a un grupo de fariseos más preocupados por vigilarlo que por reconocer el sufrimiento de quien tenían delante.

Jesús nos enseña que el amor y la misericordia nunca deben quedar sometidos a la indiferencia, al orgullo o a una interpretación rígida de las normas. Para Él, ninguna regla puede estar por encima de la dignidad y el sufrimiento de una persona.

La verdadera fe no consiste solamente en cumplir normas religiosas, sino en vivir el amor de Dios con hechos concretos. No podemos decir que amamos a Dios si permanecemos indiferentes ante el dolor de nuestros hermanos.

Recordemos que cada vez que tendemos la mano a alguien que sufre, hacemos presente el amor de Dios. Porque para Jesús, hacer el bien nunca está fuera de tiempo.

Reflexión 20261101

 


TODOS LOS SANTOS 1 noviembre 2026

 



 

Antífona de entrada.

 

 Alegrémonos en el Señor y alabemos al Hijo de Dios, junto con los ángeles, al celebrar hoy esta solemnidad de Todos los Santos.

 

 

Gloria

 

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

 

Oración colecta.

 

Dios todopoderoso y eterno, que nos concedes venerar los méritos de todos tus santos en una sola fiesta, te rogamos, por las súplicas de tan numerosos intercesores, que en tu generosidad nos concedas la deseada abundancia de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

 

Monición: La primera lectura nos da la respuesta a la pregunta, ¿son muchos los que se salvan? El autor nos informa que son una inmensa muchedumbre e incontable de salvados de todas las naciones. Escuchemos.

 

 

Primera Lectura (Apoc 7, 2-4. 9-14)

 

Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan

 

Yo, Juan, vi a un ángel que venía del oriente. Traía consigo el sello del Dios vivo y gritaba con voz poderosa a los cuatro ángeles encargados de hacer daño a la tierra y al mar. Les dijo: "¡No hagan daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que terminemos de marcar con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios!". Y pude oír el número de los que habían sido marcados: eran ciento cuarenta y cuatro mil, procedentes de todas las tribus de Israel.

Vi luego una muchedumbre tan grande, que nadie podía contarla. Eran individuos de todas las naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas. Todos estaban de pie, delante del trono y del Cordero; iban vestidos con una túnica blanca; llevaban palmas en las manos y exclamaban con voz poderosa: "La salvación viene de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero".

Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro seres vivientes, cayeron rostro en tierra delante del trono y adoraron a Dios, diciendo: "Amén. La alabanza, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fuerza, se le deben para siempre a nuestro Dios".

Entonces uno de los ancianos me preguntó: "¿Quiénes son y de dónde han venido los que llevan la túnica blanca?". Yo le respondí: "Señor mío, tú eres quien lo sabe". Entonces él me dijo: "Son los que han pasado por la gran tribulación y han lavado y blanqueado su túnica con la sangre del Cordero".

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

 

 Salmo responsorial (Sal 23)

R. Ésta es la clase de hombres que te buscan, Señor.

 

L. Del Señor es la tierra y lo que ella tiene, el orbe todo y los que en él habitan, pues él lo edificó sobre los mares, él fue quien lo asentó sobre los ríos. / R.

L. ¿Quién subirá hasta el monte del Señor? ¿Quién podrá entrar en su recinto santo? El de corazón limpio y manos puras y que no jura en falso. / R.

L. Ése obtendrá la bendición de Dios, y Dios, su salvador, le hará justicia. Ésta es la clase de hombres que te buscan y vienen ante ti, Dios de Jacob. / R.

 

 

Monición: San Juan nos dice en la lectura cuál es la grandeza del cristiano, "miren cuánto amor nos tiene el Padre, somos sus hijos". Contemplemos el gozo de participar de la vida de Dios. Escuchemos.

 

 

Segunda Lectura (1 Jn 3, 1-3)

 

De la primera carta del apóstol san Juan

 

Queridos hijos: Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. Si el mundo no nos reconoce, es porque tampoco lo ha reconocido a él.

Hermanos míos, ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado cómo seremos al fin. Y ya sabemos que, cuando él se manifieste, vamos a ser semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Todo el que tenga puesta en Dios esta esperanza, se purifica a sí mismo para ser tan puro como él. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

 

 

 Aclamación antes del Evangelio (Mt 11, 28)

R. Aleluya, aleluya.

 

Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio, dice el Señor.

 

R. Aleluya, aleluya.

 

 

Monición: El evangelio de hoy nos presenta el inicio del sermón de la montaña. Cada bienaventuranza es un programa de vida y una nueva manera de vivir la vida cristiana. Escuchemos.

 

 

 Evangelio (Mt 5, 1-12)

Del santo Evangelio según san Mateo A. Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, y les dijo:

"Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos". Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

 

PROFESIÓN DE FE

 

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

 

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

 

ORACIÓN UNIVERSAL

 

Sacerdote: Iluminados con el ejemplo de los santos, que fueron en su vida sal de la tierra y luz del mundo, y uniendo nuestra oración a la de la inmensa multitud de los que ya están en presencia del Señor, oremos confiadamente a Él. A cada petición diremos:

TODOS: Por tus santos, escúchanos, Señor.

1. Para que el Señor suscite en su Iglesia ejemplos de una santidad heroica que atraiga a los no creyentes a Cristo y conceda a todos los bautizados redescubrir que Dios los llama a la santidad. Roguemos al Señor.

2. Para que nuestros hermanos que no conocen la luz y la hermosura del Evangelio de Cristo sean liberados de las tinieblas, entren en el reino de la luz y compartan la herencia de los santos. Roguemos al Señor.

3. Para que el ejemplo de los santos, que experimentaron que para entrar en el Reino de Dios hay que sufrir muchas tribulaciones, fortalezca a los que   sufren y se tambalean en su combate. Roguemos al Señor.

 4. Para que quienes hoy nos hemos reunido para celebrar la solemnidad de todos los santos nos encontremos también con nuestros familiares y amigos difuntos en el Reino glorioso de Jerusalén. Roguemos al Señor.

 

Sacerdote: Señor, Padre santo, que has glorificado en tu Reino a los siervos fieles que han velado esperando la llegada del Esposo, escucha nuestra oración y no permitas que se apaguen nuestras lámparas, y así merezcamos entrar en el banquete de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.

 

 

Oración sobre las ofrendas.

 

Que te sean gratos, Señor, los dones que ofrecemos en honor de todos los santos, y concédenos experimentar la ayuda para obtener nuestra salvación, de aquellos que ya alcanzaron con certeza la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

PREFACIO

 

Las prendas de la Pascua eterna

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. En quien vivimos, nos movemos y existimos; y todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya, en prenda, la vida futura. Porque al poseer las primicias del Espíritu, por el cual resucitaste a Jesús de entre los muertos, esperamos disfrutar eternamente del Misterio Pascual. Por eso, te alabamos con todos los ángeles, y proclamamos tu gloria con alegría, diciendo: Santo, Santo, Santo...

 

 

Antífona de la comunión.

 

Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5, 8-10).

 

 

Oración después de la comunión.

 

Dios nuestro, a quien adoramos, admirable y único Santo entre todos tus santos, imploramos tu gracia para que, al consumar nuestra santificación en la plenitud de tu amor, podamos pasar de esta mesa de la Iglesia peregrina, al banquete de la patria celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.

La comunión entre el Padre y el Hijo

 



 

La divinidad y relación del Hijo con el Padre: San Cirilo demuestra que Jesucristo estuvo desde siempre junto al Padre y comparte su misma soberanía y naturaleza divina, no por usurpación, sino por transmisión natural.  

 

Revelación en el Antiguo Testamento: Utiliza el pasaje del Éxodo (cuando Dios pasa ante Moisés proclamando su nombre y misericordia) para mostrar cómo de forma velada ya se enseñaba esta doctrina piadosa sobre la comunión entre el Padre y el Hijo.  

 

El Señorío universal del Hijo: Cita el Salmo «Oráculo del Señor a mi señor: Siéntate a mi derecha» para evidenciar que el Padre se dirige al Hijo como Señor y soberano de todo, sometiéndole todas las cosas (excepto a Aquel que se las sometió).  

 

Obediencia y entrega sin rivalidad: El Hijo es unigénito y obediente; recibió la soberanía del Padre de manera libre y sin celos («Todo me lo ha entregado mi Padre»), guardándola fielmente sin despojar al Padre.  

 

Cfr. Cirilo de Jerusalén (Catequesis 10, 8-9).

El camino de las bienaventuranzas

 

 

Las ocho bienaventuranzas son mucho más que palabras; son el mapa perfecto para crecer en la fe y alcanzar la verdadera felicidad.

¿Cómo se vive este camino?

• Comienza con la humildad, vaciándonos del orgullo.

• Continúa con la docilidad ante la Palabra de Dios, aprendiendo a vencer las ataduras del mundo y del pecado.

• Culmina en la fortaleza, llevándonos a su máxima plenitud en la última bienaventuranza:

 «Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,10).

Seguir a Cristo implica mantenernos firmes en la justicia, fieles a Dios y con un corazón humilde, incluso en medio de las pruebas y dificultades. La santidad no es ausencia de problemas, sino gracia para sostenernos en medio de ellos.

 

Cfr. (San Agustín [354-430]. Sobre el Sermón del Señor en II la montaña. Libro 1, 3, 10).

Dios tiene la última palabra

 

El sufrimiento, la enfermedad o los fracasos pueden sacudir nuestra vida y hacernos perder la esperanza.

En esos momentos oscuros, es fácil desanimarse y querer renunciar a nuestros sueños y a nuestra fe.

Pero la fe verdadera no se rige por las dificultades:

La última palabra no la tiene el sufrimiento, sino la victoria de Dios.

Fijar la mirada en Cristo resucitado nos da la fortaleza para afrontar cualquier desafío.

Una fe auténtica no se queda guardada en lo privado, sino que transforma nuestra forma de relacionarnos con los demás, con nuestros bienes y con la sociedad.

No camines con miedo; como discípulos, tenemos la certeza de que Dios ya venció.

 ¿En qué área de tu vida necesitas recordar hoy que Dios tiene la última palabra?