ANTÍFONA DE ENTRADA
Seis días antes de la Pascua, cuando el Señor entró a la ciudad de
Jerusalén, salieron los niños a su encuentro y llevando en sus manos ramos de
palmera aclamaban con fuerte voz:
* Hosanna en el cielo.
Bendito tú, que vienes lleno de bondad y de misericordia.
Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va
a entrar el Rey de la gloria. Y ¿quién es ese Rey de la gloria? El Señor de los
ejércitos es el Rey de la gloria.
* Hosanna en el cielo.
Bendito tú, que vienes lleno de bondad y de misericordia (Cfr. Jn 12, 1. 12-13;
Sal 23, 9-10).
MISA
Después de la procesión o de la entrada solemne, el sacerdote
comienza la Misa con la oración colecta.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se
hiciera hombre y padeciera en la cruz para dar al género humano ejemplo de
humildad, concédenos, benigno, seguir las enseñanzas de su pasión y que
merezcamos participar de su gloriosa resurrección. Él, que vive y reina
contigo...
Monición: Cristianizando el pasaje que escucharemos
en la primera lectura, es Jesús quien nos presenta el objetivo de su misión,
entregar su vida por amor y la salvación de todos. Escuchemos.
PRIMERA LECTURA (Is 50, 4-7)
Del libro del profeta Isaías
En aquel entonces, dijo Isaías: "El Señor me ha dado una lengua
experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento.
Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo,
como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto
resistencia ni me he echado para atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me
tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.
Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endurecí
mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado".
Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 21)
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
L. Todos los que me ven, de mí se burlan; me hacen gestos y dicen:
"Confiaba en el Señor, pues que él lo salve; si de veras lo ama, que lo
libre". / R.
L. Los malvados me cercan por doquiera como rabiosos perros. Mis manos
y mis pies han taladrado y se pueden contar todos mis huesos. / R.
L. Reparten entre sí mis vestiduras y se juegan mi túnica a los dados.
Señor, auxilio mío, ven y ayúdame, no te quedes de mí tan alejado. / R.
L. A mis hermanos contaré tu gloria y en la asamblea alabaré tu nombre.
Que alaben al Señor los que lo temen. Que el pueblo de Israel siempre lo adore.
/ R.
Monición: San Pablo nos presenta el camino que
siguió Jesús para cumplir su misión, el anonadamiento, la obediencia y la
entrega total en la cruz, por eso Dios lo exaltó. Escuchemos.
SEGUNDA LECTURA (Flp 2, 6-11)
De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses
Cristo Jesús, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las
prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a
sí mismo tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres.
Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso
la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que
está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla
en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que
Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO (Flp 2, 8-9)
Honor y gloria a ti, Señor Jesús. Cristo se humilló por nosotros y por
obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo
exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Monición: La salvación de la sociedad está en Jesús.
Abramos el corazón y contemplemos la entrega del amor de Cristo en el misterio
de la cruz. Escuchemos.
PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN MATEO (26, 14-27, 66)
En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a
los sumos sacerdotes y les dijo:
"¿Cuánto me dan si les
entrego a Jesús?”
Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento
andaba buscando una oportunidad para entregárselo. El primer día de la fiesta
de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le
preguntaron:"¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?". Él
respondió: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: 'El Maestro dice: Mi
hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu
casa"
Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de
Pascua. Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce, y mientras cenaban, les
dijo: "Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme".
Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso
soy yo, Señor?"
El respondió: "El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va
a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él;
pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le
valiera a ese hombre no haber nacido".
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: "¿A caso soy yo, Maestro?" Jesús le
respondió: "Tú lo has dicho”
Durante la cena, Jesús tomó un pan y, pronunciada la bendición, lo
partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
"Tomen y coman. Éste es mi Cuerpo". Luego tomó en sus manos una copa de vino y,
pronunciada la acción de gracias, la pasó a sus discípulos, diciendo: "Beban
todos de ella, porque ésta es mi sangre, sangre de la nueva alianza, que será
derramada por todos, para el perdón de los pecados. Les digo que ya no beberé
más del fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en
el Reino de mi Padre".
Después de haber cantado el himno, salieron hacia el monte de los
Olivos. Entonces Jesús les dijo: "Todos ustedes se van a escandalizar de
mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las
ovejas del rebaño. Pero después de que yo resucite, iré delante de ustedes a
Galilea”
Entonces Pedro le replicó: "Aunque todos se escandalicen de ti, yo
nunca me escandalizaré”. Jesús le dijo: "Yo te aseguro que esta misma
noche, antes de que el gallo cante, me habrás negado tres veces".
Pedro le replicó: "Aunque tenga que morir contigo, no te
negaré".
Y lo mismo dijeron todos los discípulos. Entonces Jesús fue con ellos a
un lugar llamado Getsemaní y dijo a los discípulos: "Quédense aquí
mientras yo voy a orar más allá”.
Se llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a
sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: "Mi alma está llena de una
tristeza mortal. Quédense aquí y velen conmigo”.
Avanzó unos pasos más, se postró rostro en tierra y comenzó a orar,
diciendo: "Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero que
no se haga como yo quiero, sino como quieres tú".
Volvió entonces a donde estaban los discípulos y los encontró dormidos.
Dijo a Pedro: “¿No han podido velar conmigo ni una hora? Velen y oren, para no
caer en la tentación, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil”
Y alejándose de nuevo, se puso a orar, diciendo: "Padre mío, si
este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad"
Después volvió y encontró a sus discípulos otra vez dormidos, porque
tenían los ojos cargados de sueño. Los dejó y se fue a orar de nuevo, por
tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Después de esto, volvió a donde
estaban los discípulos y les dijo: "Duerman ya y descansen. He aquí que
llega la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los
pecadores. ¡levántense! ¡vamos! Ya está aquí el que me va a entregar”.
Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó Judas, uno de los Doce,
seguido de una chusma numerosa con espadas y palos, enviada por los sumos
sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que lo iba a entregar les había dado
esta señal: "Aquel a quien yo le dé un beso, ése es. Aprehéndanlo".
Al instante se acercó a Jesús y le dijo: "¡Buenas noches, Maestro!" Y lo besó. Jesús le dijo: "Amigo, ¿es
esto a lo que has venido?". Entonces se acercaron a Jesús, le echaron mano
y lo apresaron. Uno de los que estaban con Jesús, sacó la espada, hirió a un
criado del sumo sacerdote y le cortó una oreja. Le dijo entonces Jesús:
"Vuelve la espada a su lugar, pues quien usa la espada, a espada
morirá. ¿No crees que si yo se lo pidiera a mi Padre, él pondría ahora mismo a
mi disposición más de doce legiones de ángeles? Pero ¿cómo se cumplirían
entonces las Escrituras, que dicen que así debe suceder?" Enseguida dijo
Jesús a aquella chusma: "¿Han
salido ustedes a apresarme como a un bandido, con espadas y palos? Todos los
días yo enseñaba, sentado en el templo, y no me aprehendieron. Pero todo esto
ha sucedido para que se cumplieran las predicciones de los profetas".
Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que
aprehendieron a Jesús lo llevaron a la casa del sumo sacerdote Caifás, donde
los escribas y los ancianos estaban reunidos. Pedro los fue siguiendo de lejos
hasta el palacio del sumo sacerdote. Entró y se sentó con los criados para ver
en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y todo el sanedrín andaban buscando
un falso testimonio contra Jesús, con ánimo de darle muerte; pero no lo
encontraron, aunque se presentaron muchos testigos falsos. Al fin llegaron dos,
que dijeron: "Este dijo: 'Puedo
derribar el templo de Dios y reconstruirlo en tres días"!
Entonces el sumo sacerdote se levantó y le dijo: "¿No respondes
nada a lo que éstos atestiguan en contra tuya?"
Como Jesús callaba, el sumo sacerdote le dijo: "Te conjuro por el
Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios". Jesús le
respondió: "Tú lo has dicho.
Además, yo les declaro que pronto verán al Hijo del hombre, sentado a la
derecha de Dios, venir sobre las nubes del cielo”
Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó: ¡ha
blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes mismos han oído la
blasfemia. ¿Qué les parece?' Ellos respondieron: "Es reo de muerte".
Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle de bofetadas. Otros
lo golpeaban, diciendo: "Adivina quién es el que te ha pegado” Entretanto,
Pedro estaba fuera, sentado en el patio. Una criada se le acercó y le dijo: “Tú
también estabas con Jesús, el galileo".
Pero él lo negó ante todos, diciendo: “No sé de qué me estás
hablando". Ya se iba hacia el zaguán, cuando lo vio otra criada y dijo a
los que estaban ahí: “También ése andaba con Jesús, el nazareno".
Él de nuevo lo negó con juramento: "No conozco a ese hombre”.
Poco después se acercaron a Pedro los que estaban ahí y le dijeron: ¡No
cabe duda de que tú también eres de ellos, pues hasta tu modo de hablar te
delata!
Entonces él comenzó a echar maldiciones y a jurar que no conocía a
aquel hombre. Y en aquel momento cantó el gallo. Entonces se acordó Pedro de
que Jesús había dicho: 'Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres
veces”. Y saliendo de ahí se soltó a llorar amargamente. Llegada la mañana,
todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra
Jesús para darle muerte. Después de atarlo, lo llevaron ante el procurador,
Poncio Pilato, y se lo entregaron. Entonces Judas, el que lo había entregado,
viendo que Jesús había sido condenado a muerte, devolvió arrepentido las
treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:
"Pequé, entregando la sangre de un inocente".
Ellos dijeron: "¿Y a
nosotros qué nos importa? Allá tú”.
Entonces Judas arrojó las monedas de plata en el templo, se fue y se
ahorcó. Los sumos sacerdotes tomaron las monedas de plata y dijeron: "No
es lícito juntarlas con el dinero de las limosnas, porque son precio de sangre”.
Después de deliberar, compraron con ellas el Campo del alfarero, para
sepultar ahí a los extranjeros. Por eso aquel campo se llama hasta el día de
hoy "Campo de sangre". Así se cumplió lo que dijo el profeta
Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata en que fue tasado aquel a quien
pusieron precio algunos hijos de Israel, y las dieron por el Campo del
alfarero, según lo que me ordenó el Señor.
Comienza la forma breve (Mt 27, 1 154). Si se utiliza ésta, se
inicia con las palabras: “En aquel tiempo...
Jesús compareció ante el procurador, Poncio Pilato, quien le
preguntó: "¿Eres tú el rey de los
judíos?" Jesús respondió: "Tú lo has dicho".
Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos
sacerdotes y los ancianos. Entonces le dijo Pilato: "¿No oyes todo lo que dicen contra
ti?" Pero él nada respondió, hasta el punto de que el procurador se quedó
muy extrañado. Con ocasión de la fiesta de la Pascua, el procurador solía
conceder a la multitud la libertad del preso que quisieran. Tenían entonces un
preso famoso, llamado Barrabás. Dijo, pues, Pilato a los ahí reunidos: "¿A
quién quieren que les deje en libertad: a Barrabás o a Jesús, que se dice el
Mesías?".
Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia. Estando él sentado
en el tribunal, su mujer mandó decirle: “No te metas con ese hombre justo, porque
hoy he sufrido mucho en sueños por su causa".
Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la
muchedumbre de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Así,
cuando el procurador les preguntó: "¿A cuál de los dos quieren que les
suelte?”, ellos respondieron: "A Barrabás". Pilato les dijo: "¿Y
qué voy a hacer con Jesús, que se dice el Mesías?". Respondieron todos:
"Crucifícalo”
Pilato preguntó: "Pero ¿qué mal ha hecho?"
Mas ellos seguían gritando cada vez con más fuerza: "Crucifícalo”
Entonces Pilato, viendo que nada conseguía y que crecía el tumulto,
pidió agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: “Yo no me hago
responsable de la muerte de este hombre justo. Allá ustedes". Todo el
pueblo respondió: “iQue su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros
hijos!"
Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás. En cambio a Jesús lo hizo
azotar y lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados del procurador
llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a todo el batallón. Lo
desnudaron, le echaron encima un manto de púrpura, trenzaron una corona de
espinas y se la pusieron en la cabeza; le pusieron una caña en su mano derecha
y, arrodillándose ante él, se burlaban diciendo: “¡Viva el rey de los
judíos!" y le escupían. Luego, quitándole la caña, lo golpeaban con ella
en la cabeza. Después de que se burlaron de él, le quitaron el manto, le
pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo
obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota, es decir,
"Lugar de la Calavera", le dieron a beber a Jesús vino mezclado con
hiel; él lo probó, pero no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se
repartieron sus vestidos, echando suertes, y se quedaron sentados ahí para
custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: “Éste
es Jesús, el rey de los judíos'. Juntamente con él, crucificaron a dos ladrones,
uno a y los que estaban con él custodiando a Jesús, su derecha y el otro a su
izquierda. Los que pasaban por ahí lo insultaban moviendo la cabeza y
gritándole: "Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas,
sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz".
También se burlaban de él los sumos sacerdotes, los escribas y los
ancianos, diciendo: “Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es
el rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en él. Ha puesto su confianza
en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues él ha dicho:
'Soy el Hijo de Dios'".
Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo injuriaban.
Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció toda aquella tierra.
Y alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz: "Elí, Elí, ¿lema sabactaní?" que
quiere decir: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
Algunos de los presentes, al oírlo, decían: "Está llamando a Elías".
Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en
vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Pero los otros le
dijeron: "Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo”
Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.
Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes.
Entonces el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba abajo, la
tierra tembló y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros y resucitaron
muchos justos que habían muerto, y después de la resurrección de Jesús,
entraron en la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. Por su parte, el
oficial y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las
cosas que ocurrían, se llenaron de un gran temor y dijeron:
"Verdaderamente éste era Hijo de Dios”.
Fin de la lectura breve.
Estaban también allí, mirando desde lejos, muchas de las mujeres que
habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María
Magdalena, María, la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de
Zebedeo. Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se
había hecho también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el
cuerpo de Jesús, y Pilato dio orden de que se lo entregaran. José tomó el
cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo,
que había hecho excavar en la roca para sí mismo. Hizo rodar una gran piedra
hasta la entrada del sepulcro y se retiró. Estaban ahí María Magdalena y la
otra María, sentadas frente al sepulcro. Al otro día, el siguiente de la
preparación de la Pascua, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante
Pilato y le dijeron: "Señor, nos hemos acordado de que ese impostor,
estando aún en vida, dijo: ¡A los tres días resucitaré! Manda, pues, asegurar
el sepulcro hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos, lo roben y
digan luego al pueblo: 'Resucitó de entre los muertos', porque esta última
impostura sería peor que la primera".
Pilato les dijo: "Tomen un pelotón de soldados, vayan y aseguren
el sepulcro como ustedes quieran".
Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, poniendo un sello sobre la
puerta y dejaron ahí la guardia. Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor
Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO de los Apóstoles
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y
gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder
de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los
infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y
está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a
juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la
carne y la vida eterna.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Sacerdote: Imploremos, hermanos, a Jesús, que en la cruz presentó, con
lágrimas en los ojos, oraciones y súplicas al Padre, y oremos también nosotros
por todos los hombres. Digamos:
TODOS: Te lo pedimos, Señor.
1. Para que el Señor, que
en la cruz excusó a los ignorantes y pidió perdón por ellos, tenga piedad de
los fieles que han caído en el pecado, les dé valor para recurrir al sacramento
de la penitencia y les conceda el gozo del perdón y de la paz. Roguemos al
Señor.
2. Para que la sangre de
Jesús, que habla más favorablemente que la de Abel, reconcilie con Dios a los
que aún están lejos a causa de la ignorancia, la indiferencia, la maldad o las
propias pasiones. Roguemos al Señor.
3. Para que el Señor, que
en la cruz experimentó la amargura de sentirse triste y abandonado, se apiade
de los enfermos, los afligidos y los oprimidos, y les envíe a su ángel para que
los conforte. Roguemos al Señor.
4. Para que el Señor, que
recibió en su reino al ladrón arrepentido, se apiade de nosotros, nos dé
sentimientos de contrición y nos admita, después de la muerte, en su paraíso.
Roguemos al Señor.
Intenciones de la Iglesia local.
Sacerdote: Dios todopoderoso y eterno, que enviaste a tu Hijo al mundo,
para que, con su pasión, destruyera el pecado y la muerte y, con su
resurrección, nos devolviera la vida y la felicidad, escucha las oraciones de
tu pueblo y haz que podamos gozar de los frutos de la cruz gloriosa de
Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que la pasión de tu Unigénito, Señor, nos atraiga tu perdón, y aunque
no lo merecemos por nuestras obras, por la mediación de este sacrificio único,
lo recibamos de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
La Pasión del Señor
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno, por Cristo, Señor nuestro. El cual, siendo inocente, se dignó padecer
por los pecadores y fue injustamente condenado por salvar a los culpables; con
su muerte borró nuestros delitos y, resucitando, conquistó nuestra
justificación. Por eso, te alabamos con todos los ángeles y te aclamamos con
voces de júbilo, diciendo:
Santo, Santo, Santo...
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN
Padre mío, si no es posible evitar que yo beba este cáliz, hágase tu
voluntad (Mt 26, 42).
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Tú que nos has alimentado con esta Eucaristía, y por medio de la muerte
de tu Hijo nos das la esperanza de alcanzar lo que la fe nos promete,
concédenos, Señor, llegar, por medio de su resurrección, a la meta de nuestras
esperanzas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO
Dios y Padre nuestro, mira con bondad a esta familia tuya, por la cual
nuestro Señor Jesucristo no dudó en entregarse a sus verdugos y padecer el
tormento de la cruz. Por Jesucristo, nuestro Señor.