jueves, 4 de junio de 2026

Evangelio del 5 de junio 2026 Marcos 12, 35-37

 



Un día, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: "¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, ha declarado: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas los pies". Si el mismo David lo llama 'Señor', ¿cómo puede ser hijo suyo?" La multitud lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado.

Comentario

Este pasaje nos presenta un momento teológico clave donde Jesús cuestiona la interpretación tradicional de los escribas sobre el Mesías.

Jesús no niega que el Mesías sea "hijo de David", pero desafía la visión limitada de los escribas que esperaban a un Mesías puramente político o militar basado en esa ascendencia.

Al citar el Salmo 110, 1 ("Dijo el Señor a mi Señor..."), Jesús eleva la figura del Mesías por encima de la simple genealogía humana; lo sitúa en una relación directa y divina con Dios, superando la expectativa de un simple heredero del trono terrenal de David.

La reacción del pueblo: El texto destaca que "la gente escuchaba a Jesús con gusto", lo que subraya el contraste entre la rigidez académica de las autoridades religiosas y la enseñanza viva y reveladora de Jesús, que resultaba atractiva y accesible para el pueblo común.

En esencia, este pasaje invita a mirar más allá de las etiquetas tradicionales y reconocer la identidad profunda y trascendente de Jesús.

Una reflexión para nuestro tiempo 20260607

El mensaje del profeta Oseas sigue siendo muy actual: Dios no quiere una fe pasajera ni prácticas religiosas vacías, sino un amor constante que se refleje en la vida diaria.

 

El profeta Oseas denuncia una religiosidad superficial: un amor a Dios que dura poco, “como nube mañanera” que desaparece rápidamente. También hoy vivimos algo parecido: muchas personas buscan a Dios solo en momentos de crisis, participan en actos religiosos por costumbre, pero les cuesta traducir la fe en compromiso cotidiano con la justicia, la verdad y el amor al prójimo.

En una sociedad marcada por el individualismo, la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y la búsqueda del éxito personal a cualquier precio, Dios nos recuerda que la verdadera fe se demuestra en la misericordia, en la honestidad, en el respeto por la dignidad de los demás y en la solidaridad con los más vulnerables.

Dios quiere corazones sinceros capaces de amar, perdonar y construir una sociedad más humana, donde se haga presente la misericordia de Dios en medio del mundo.

 

 

 

Los Símbolos de la fe 20260607 Síntesis



 

Origen y propósito: Desde sus inicios, la Iglesia apostólica consolidó su fe en fórmulas breves y normas accesibles, encontrándose ejemplos de esto en diversos pasajes del Nuevo Testamento, como la proclamación de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (1 Cor 15, 3-5).

Desarrollo de los Símbolos: Con el tiempo, la Iglesia sintió la necesidad de organizar y articular lo esencial de su doctrina en resúmenes (Credos), especialmente para los catecúmenos que se preparaban para el bautismo.

Naturaleza del Credo: Según San Cirilo de Jerusalén, estos resúmenes no son opiniones humanas, sino una síntesis que concentra lo más importante de toda la Escritura (Antiguo y Nuevo Testamento), permitiendo que un "grano pequeño" contenga toda la verdad de la fe.

Unidad en la diversidad: Aunque en la Iglesia primitiva coexistieron diversos símbolos o Credos, todos mantenían una unidad sustancial en lo esencial de la fe. Para este estudio, se utilizará el Símbolo de los Apóstoles como guía, siguiendo el esquema del Catecismo de la Iglesia Católica.

¿Cómo es que, dicen, vuestro Maestro come con publicanos y pecadores?

 

Síntesis (San Agustín [354-43]). Comentario al Salmo 58, 1-7).

San Agustín comenta que quienes se consideran justos y fuertes por sí mismos se engañan, pues esa aparente fortaleza es en realidad orgullo y ceguera espiritual. Frente a ellos, Cristo se presenta como el verdadero médico que viene a sanar a los pecadores y a enseñar el camino de la humildad. Aunque es Dios, asumió nuestra fragilidad y aceptó ser bautizado para mostrarnos la importancia de reconocer nuestras faltas y depender de la gracia divina.

El santo destaca que la verdadera fuerza nace de la humildad y de reconocer la propia debilidad, tal como enseña san Pablo: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte”. En cambio, quienes se creyeron justos rechazaron a Cristo, confundiendo su misión salvadora y cerrándose a la fe por soberbia.

Finalmente, San Agustín contrasta la actitud humilde de quienes escuchan y acogen a Jesús con la de los fariseos, que despreciaban al pueblo sencillo y se apoyaban únicamente en su propio prestigio religioso. La enseñanza central es que solo la humildad abre el corazón a la salvación, mientras que el orgullo impide reconocer a Cristo y recibir su gracia.»

Reflexión 20260607

 


X DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO 7 de junio 2026

 



           

Antífona de entrada.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan mis enemigos, tropiezan y caen (Sal 26, 1-2).

 

Gloria

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Oración colecta.

Señor Dios, de quien todo bien procede, escucha nuestras súplicas y concédenos que, comprendiendo, por inspiración tuya, lo que es recto, eso mismo, bajo tu guía, lo hagamos realidad. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

            Monición: El Profeta Oseas describe el amor de su pueblo como una nube mañanera o como el rocío que se evapora con facilidad. Dios quiere una conversión radical y no actos de culto superficiales. Escuchemos.

 

Primera Lectura (Os 6, 3-6)

Del libro del profeta Oseas

Esforcémonos por conocer al Señor; tan cierta como la aurora es su aparición y su juicio surge como la luz; bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia de primavera que empapa la tierra.

"¿Qué voy a hacer contigo, Efraín? ¿Qué voy a hacer contigo, Judá? Tu amor es como nube mañanera, como rocío matinal que se evapora. Por eso los he azotado por medio de los profetas y les he dado muerte con mis palabras. Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos". Palabra de Dios.  Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial (Sal 49)

R. Dios salva al que cumple su voluntad.

L. Habla el Dios de los dioses, el Señor, y convoca a cuantos moran en la tierra del oriente al poniente: "No voy a reclamarte sacrificios, pues ante mí están siempre tus ofrendas. / R.

L. Si yo estuviera hambriento, nunca iría a decírtelo a ti, pues todo es mío. ¿O acaso yo como carne de toros y bebo sangre de cabritos? / R.

L. Mejor ofrece a Dios tu gratitud y cumple tus promesas al Altísimo, pues yo te libraré cuando me invoques y tú me darás gloria, agradecido". / R.

 

Monición: Abraham fue justificado porque le creyó a Dios. Nosotros somos justificados por Dios cuando creemos que Él resucitó a Jesucristo para librarnos de la muerte del pecado y darnos una vida nueva. Escuchemos.

 

Segunda Lectura (Rom 4, 18-25)

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

Hermanos: Abraham, esperando contra toda esperanza, creyó que habría de ser padre de muchos pueblos, conforme a lo que Dios le había prometido: Así de numerosa será tu descendencia.

Y su fe no se debilitó a pesar de que a la edad de casi cien años, su cuerpo ya no tenía vigor, y además, Sara, su esposa, no podía tener hijos. Ante la firme promesa de Dios no dudó ni tuvo desconfianza, antes bien su fe se fortaleció y dio con ello gloria a Dios, convencido de que él es poderoso para cumplir lo que promete. Por eso, Dios le acreditó esta fe como justicia.

Ahora bien, no sólo por él está escrito que "se le acreditó", sino también por nosotros, a quienes se nos acreditará, si creemos en aquel que resucitó de entre los muertos, en nuestro Señor Jesucristo, que fue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio (LC 4, 18)

R. Aleluya, aleluya. El Señor me ha enviado para llevar a los pobres la buena nueva y anunciar la liberación a los cautivos. R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: Los fariseos criticaban a Jesús porque comía con los pecadores, Él les demuestra con esta actitud que su misión es salvarlos y a ellos les pide que vivan la justicia sin olvidar la misericordia. Escuchemos.

 

Evangelio (Mt 9, 9-13)

Del santo Evangelio según san Mateo

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y lo siguió.

Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: "¿por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?". Jesús los oyó y les dijo: "No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

CREDO de los Apóstoles

 

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Dirijamos, hermanos, nuestra oración a Dios Padre misericordioso con aquella confianza filial que el Espíritu de Cristo ha infundido en nuestros corazones. Después de cada petición diremos:

TODOS: Bendice, Señor, a tu pueblo.

1.         Por el santo Padre, el Papa N., para que Dios, que lo eligió obispo de toda la Iglesia, le conceda una vida larga y feliz y lo asista en la misión de gobernar el pueblo santo de Dios. Roguemos al Señor.

2.         Por nuestra patria y sus gobernantes, por todas las naciones y sus responsables, para que Dios les inspire pensamientos y decisiones encaminados a una paz verdadera. Roguemos al Señor.

3.         Por los que están en camino de conversión, para que Dios, nuestro Señor, les abra en sus sacramentos las puertas de su misericordia e introduzca a los nuevos hijos de la Iglesia en la vida nueva de Cristo Jesús. Roguemos al Señor.

4.         Por nuestros familiares y amigos enfermos, para que Dios, nuestro Señor, escuche sus súplicas, realice sus deseos y haga que, en su tribulación, experimenten el gozo de la misericordia divina. Roguemos al Señor.

Intenciones de la Iglesia local.

Sacerdote: Padre santo, que quieres misericordia y no sacrificios y acoges a los pecadores en tu mesa, escucha nuestras oraciones y haz que nuestra vida, transformada por la fuerza de tu amor, nos lleve a una total entrega a ti y a todos nuestros hermanos. por Jesucristo, nuestro Señor. TODOS: Amén.

 

Oración sobre las ofrendas.

Mira, Señor, con bondad nuestro servicio para que esta ofrenda se convierta para ti en don aceptable y para nosotros en aumento de nuestra caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

El Misterio Pascual y el Pueblo de Dios

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Quien, por su Misterio Pascual, realizó la obra maravillosa de llamarnos de la esclavitud del pecado y de la muerte al honor de ser estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo de tu propiedad, para que, trasladados por ti de las tinieblas a tu luz admirable, proclamemos ante el mundo tus maravillas. Por eso, con los ángeles y los arcángeles, con los tronos y dominaciones y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la comunión.

Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él (1 Jn 4, 16).

 

Oración después de la comunión.

Señor, que la virtud medicinal de este sacramento nos cure por tu bondad de nuestras maldades y nos haga avanzar por el camino recto. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

martes, 2 de junio de 2026

Evangelio del 3 de junio 2026 Marcos 12, 18-27



En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús algunos de los saduceos, los cuales afirman que los muertos no resucitan, y le dijeron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre muere dejando a su viuda sin hijos, que la tome por mujer el hermano del que murió para darle descendencia a su hermano. Había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo se casó con la viuda y murió también, sin dejar hijos; lo mismo el tercero. Los siete se casaron con ella y ninguno de ellos dejó descendencia. Por último, después de todos, murió también la mujer. El día de la resurrección, cuando resuciten de entre los muertos, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque fue mujer de los siete".

Jesús les contestó: "Están en un error, porque no entienden las Escrituras ni el poder de Dios. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tendrán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles del cielo. Y en cuanto al hecho de que los muertos resucitan, ¿acaso no han leído en el libro de Moisés aquel pasaje de la zarza, en que Dios le dijo: "Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob?" Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Están, pues, muy equivocados".

Comentario

Jesús responde a los saduceos que niegan la resurrección, revelando su comprensión limitada de Dios y de la vida eterna. Les recuerda que el poder de Dios trasciende la lógica humana: “No conocen las Escrituras ni el poder de Dios”. En el Reino, la vida no se mide por vínculos terrenales, sino por la comunión con el Dios de vivos, no de muertos. Este pasaje invita a creer que la vida en Dios no termina, sino que se transforma en plenitud.