Antífona de entrada.
Te invoco, Dios mío, porque tú me respondes; inclina tu oído
y escucha mis palabras. Cuídame, Señor, como a la niña de tus ojos y cúbreme
bajo la sombra de tus alas (Cfr. Sal 16, 6. 8).
Gloria
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama
el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te
glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre
todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo
del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que
quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la
derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú
Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios
Padre.
Amén.
Oración colecta.
Dios todopoderoso y eterno, haz que nuestra voluntad sea
siempre dócil a la tuya y que te sirvamos con un corazón sincero. Por nuestro
Señor Jesucristo...
Monición: Dios habla con toda
claridad a través del Pro feta Isaías, "Yo soy el Señor, y no hay
otro". Él es el único Dil que está a favor del hombre e inclusive actúa a
través de personas paganas. Escuchemos.
Primera Lectura (Is 45, 1. 4-6)
Del libro del profeta Isaías
Así habló el Señor a Ciro, su ungido, a quien ha tomado de
la mano para someter ante él a las naciones y desbaratar la potencia de los
reyes, para abrir ante él los portones y que no quede nada cerrado: "Por
amor a Jacob, mi siervo, y a Israel, mi escogido, te llamé por tu nombre y te
di un título de honor, aunque tú no me conocieras. Yo soy el Señor y no hay
otro; fuera de mí no hay Dios. Te hago poderoso, aunque tú no me conoces, para
que todos sepan, de oriente a occidente, que no hay otro Dios fuera de mí. Yo
soy el Señor y no hay otro". Palabra de Dios.
A. Te alabamos,
Señor.
Salmo responsorial (Sal 95)
R. Cantemos la grandeza del Señor.
L. Cantemos al Señor un canto nuevo, que le cante al Señor
toda la tierra. Su grandeza anunciemos a los pueblos; de nación en nación sus
maravillas. / R.
L. Cantemos al Señor, porque él es grande, más digno de
alabanza y más tremendo que todos los dioses paganos, que ni existen; ha sido
el Señor quien hizo el cielo. / R.
L. Alaben al Señor, pueblos del orbe, reconozcan su gloria y
su poder y tribútenle honores a su nombre. Ofrézcanle en sus atrios
sacrificios. / R.
L. Caigamos en su templo de rodillas. Tiemblen ante el Señor
los atrevidos. "Reina el Señor", digamos a los pueblos. Él gobierna a
las naciones con justicia. / R.
Monición: San Pablo manifiesta
alegría y da gracias a Dios por la vida cristiana que se va consolidando en la
comunidad de Tesalónica. Esto fue posible por su apertura y la fuerza del
Espíritu Santo. Escuchemos.
Segunda Lectura (1 Tes 1, 1-5)
De la primera carta del apóstol san Pablo a los
tesalonicenses
Pablo, Silvano y Timoteo deseamos la gracia y la paz a la
comunidad cristiana de los tesalonicenses, congregada por Dios Padre y por
Jesucristo, el Señor.
En todo momento damos gracias a Dios por ustedes y los
tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos
sin cesar las obras que manifiestan la fe de ustedes, los trabajos fatigosos
que ha emprendido su amor y la perseverancia que les da su esperanza en
Jesucristo, nuestro Señor.
Nunca perdemos de vista, hermanos muy amados de Dios, que él
es quien los ha elegido. En efecto, nuestra predicación del Evangelio entre
ustedes no se llevó a cabo sólo con palabras, sino también con la fuerza del
Espíritu Santo, que produjo en ustedes abundantes frutos. Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
O bien, cuando se celebra el Domingo Mundial de las Misiones
Segunda Lectura (Ef 3, 2-12)
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios
Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de
Dios, que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a
conocer este designio secreto que acabo de exponerles brevemente. Y al leer
esto, podrán darse cuenta del conocimiento que tengo del designio secreto de
Dios realizado en Cristo.
Éste es un designio que no había sido manifestado a los
hombres en otros tiempos, pero que ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus
santos apóstoles y profetas: es decir, que por el Evangelio, también los
paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y
partícipes de la misma promesa en Jesucristo. Y yo he sido constituido servidor
de este Evangelio por un don gratuito de Dios, que me ha sido concedido con
toda la eficacia de su poder.
A mí, el más insignificante de todos los fieles, se me ha
dado la gracia de anunciar a los paganos la incalculable riqueza que hay en
Cristo, y dar a conocer a todos cómo va cumpliéndose este designio de
salvación, oculto desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo.
Él lo dispuso así, para que la multiforme sabiduría de Dios
sea dada a conocer ahora, por medio de la Iglesia, a los espíritus celestiales,
según el designio eterno realizado en Cristo Jesús, nuestro Señor, por quien
podemos acercarnos libre y confiadamente a Dios, por medio de la fe en Cristo.
Palabra de Dios
A. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio (Cfr. Flp 2, 15. 16)
Aleluya, aleluya. Iluminen al mundo con la luz del Evangelio
reflejada en su vida.
R. Aleluya, aleluya.
Monición: Jesús enfrenta una
pregunta llena de hipocresía sobre el pago del tributo al Cesar; sus
adversarios quedaron confundidos ante la respuesta, "den al César lo que
es del César y a Dios lo que es de Dios". Escuchemos.
Evangelio (Mt 22, 15-21)
Del santo Evangelio según san Mateo A. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la
manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran
acusarlo.
Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con
algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: "Maestro, sabemos que
eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra,
porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no
pagar el tributo al César?".
Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les
contestó: "Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la
moneda del tributo". Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó:
"¿De quién es esta imagen y esta inscripción?". Le respondieron:
"Del César". Y Jesús concluyó: "Den, pues, al César lo que es
del César, y a Dios lo que es de Dios". Palabra del Señor.
A. Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO
Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo
y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor,
Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios
de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros,
los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu
Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue
crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al
tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha
del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino
no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede
del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y
gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa,
católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los
pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Sacerdote: Oremos, hermanos, al Señor, que quiere que todos
los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Oremos diciendo:
TODOS: Santifica, Señor, a tus hermanos.
1. Para que
el Espíritu Santo fortalezca a los obispos y a los presbíteros de los países de
misión y los asista de manera que conduzcan sus jóvenes Iglesias hacia una
verdadera madurez cristiana. Roguemos al señor.
2. Para que
el Señor infunda su Espíritu Santo en los misioneros y haga que su apostolado y
su testimonio sean verdaderamente evangélicos y no de sabiduría únicamente
humana. Roguemos al Señor.
3. Para que
los cristianos que viven en países de misión den un testimonio verdadero de
amor a Jesucristo, se sientan ricos por el conocimiento del Evangelio y no se
avergüencen nunca de su pobreza humana. Roguemos al Señor.
4. Para que
nosotros y los miembros de nuestras comunidades consideremos, como parte
integrante de nuestra fe, la solicitud apostólica de transmitir la luz y la
alegría del Evangelio al mundo no cristiano. Roguemos al Señor.
Sacerdote: Señor Jesucristo, escucha nuestra oración y haz
que sean muchos los que tengan un amor tan grande que estén dispuestos, como
tú, a entregar la propia vida por los hermanos para anunciarles el Evangelio de
salvación. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.
Oración sobre las ofrendas.
Concédenos, Señor, el don de poderte servir con libertad de
espíritu, para que, por la acción purificadora de tu gracia, los mismos
misterios que celebramos nos limpien de toda culpa. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
PREFACIO
La salvación por la obediencia de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno. Porque tu amor al mundo fue tan misericordioso, que no sólo nos
enviaste como Redentor a tu propio Hijo, sino que lo quisiste en todo semejante
a nosotros, menos en el pecado, para poder así amar en nosotros lo que en él
amabas. Y con su obediencia nos devolviste aquellos dones que por la
desobediencia del pecado habíamos perdido. Por eso, ahora nosotros, llenos de
alegría, te aclamamos con los ángeles y los santos, diciendo: Santo, Santo,
Santo...
Antífona de la comunión.
Los ojos del Señor están puestos en sus hijos, en los que
esperan en su misericordia; para librarlos de la muerte, y reanimarlos en
tiempo de hambre (Cfr. Sal 32, 18-19).
Oración después de la comunión.
Te rogamos, Señor, que la frecuente recepción de estos dones
celestiales produzca fruto en nosotros y nos ayude a aprovechar los bienes
temporales y alcanzar con sabiduría los eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.