RICARDO HUANTE M.
EVANGELIZACIÓN Y REFLEXIÓN
sábado, 29 de agosto de 2026
XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Domingo 30 de agosto 2026
Antífona de entrada.
Dios mío, ten piedad de mí, pues sin cesar te invoco: Tú eres bueno y
clemente, y rico en misericordia con quien te invoca (Cfr. Sal 85, 3. 5).
Gloria.
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor,
Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que
quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del
mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú
Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
Oración colecta.
Dios de toda virtud, de quien procede todo lo que es bueno, infunde en
nuestros corazones el amor de tu nombre, y concede que, haciendo más religiosa
nuestra vida, hagas crecer el bien que hay en nosotros y lo conserves con
solicitud amorosa. Por nuestro Señor Jesucristo...
Monición:
Jeremías le reclama a Dios: primero me seduces para servirte y luego me
abandonas en las dificultades. El profeta continuará porque siente más fuerte
la voz que lleva dentro que lo sostiene. Escuchemos.
Primera Lectura (Jer 20, 7-9)
Del libro del profeta Jeremías
Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; fuiste más fuerte que yo y me
venciste. He sido el hazmerreír de todos; día tras día se burlan de mí. Desde
que comencé a hablar, he tenido que anunciar a gritos violencia y destrucción.
Por anunciar la palabra del Señor, me he convertido en objeto de oprobio y de
burla todo el día. He llegado a decirme: "Ya no me acordaré del Señor ni
hablaré más en su nombre". Pero había en mí como un fuego ardiente,
encerrado en mis huesos; yo me esforzaba por contenerlo y no podía.
Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial (Sal 62)
R. Señor, mi alma tiene sed de ti.
L. Señor, tú eres mi Dios, a ti te busco; de ti sedienta está mi alma.
Señor, todo mi ser te añora, como el suelo reseco añora el agua. / R.
L. Para admirar tu gloria y tu poder, con este afán te busco en tu
santuario. Pues mejor es tu amor que la existencia; siempre, Señor, te alabarán
mis labios. / R.
L. Podré así bendecirte mientras viva y levantar en oración mis manos.
De lo mejor se saciará mi alma; te alabaré con jubilosos labios. / R.
L. Porque fuiste mi auxilio y a tu sombra, Señor, canto con gozo. A ti
se adhiere mi alma y tu diestra me da seguro apoyo. / R.
Monición:
San Pablo nos pide que el culto que se debe presentar a Dios es una vida santa
y agradable y para lograr este objetivo pide que "no se dejen transformar
por los criterios de este mundo". Escuchemos.
Segunda Lectura (Rom 12, 1-2)
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos
Hermanos: Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los exhorto
a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a
Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por
los criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los
transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios,
es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
(Cfr. Ef 1, 17-18)
R. Aleluya, aleluya. Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine
nuestras mentes, para que podamos comprender cuál es la esperanza que nos da su
llamamiento.
R. Aleluya, aleluya.
Monición:
Jesús les anuncia a sus discípulos que van a Jerusalén y que allí padecerá,
morirá y resucitará al tercer día. Para seguir a Jesús nos pide renunciar a sí
mismos y tomar nuestra cruz. Escuchemos.
Evangelio (Mt 16, 21-27)
Del santo Evangelio según san Mateo
A. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía
que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los
sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y
resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: "No lo
permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti". Pero Jesús se volvió a
Pedro y le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás, y no
intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de
Dios, sino el de los hombres! “
Luego Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir conmigo,
que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar
su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué
le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿y qué podrá dar uno a
cambio para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre,
en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus
obras".
Palabra del Señor.
A. Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO
Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la
tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios,
Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la
misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los
hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue
crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al
tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha
del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino
no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede
del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y
gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa,
católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los
pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Sacerdote: Pidamos, hermanos, al Señor para que escuche las súplicas de
su pueblo. Oremos diciendo:
TODOS: Escucha, Señor, nuestra oración.
1. Tengamos presente,
hermanos, en nuestras oraciones a la Iglesia santa, católica y apostólica, para
que el Señor la haga crecer en la fe, la esperanza y la caridad. Roguemos al
Señor.
2. Oremos también por los
pecadores, por los encarcelados, por los enfermos y por los que están lejos de
sus hogares, para que el Señor los proteja, los libere, les devuelva la salud y
los consuele. Roguemos al Señor.
3. Oremos también por las
almas de todos los difuntos, para que Dios, en su bondad, los admita en el coro
de los santos y de los elegidos. Roguemos al Señor.
4. Pidamos también por los
que celebramos la Eucaristía, para que el Señor perdone las culpas de los que
vamos a participar de sus sacramentos y dé la salvación a todos aquellos por
los que ofrecemos nuestro sacrificio. Roguemos al Señor.
Sacerdote: Escucha, Señor, las oraciones de tu pueblo y renuévanos con
tu Espíritu de verdad, para que nunca nos dejemos engañar por las seducciones
del mundo y sepamos discernir lo bueno, lo que te agrada, lo perfecto, y
carguemos con la cruz, acompañando a Cristo, nuestra esperanza. Él, que vive y
reina por los siglos de los siglos.
TODOS: Amén.
Oración sobre las ofrendas.
Que esta ofrenda sagrada, Señor, nos traiga siempre tu bendición
salvadora, para que dé fruto en nosotros lo que realiza el misterio. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
La creación alaba al Señor
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno. Porque creaste el universo con todo cuanto contiene; determinaste el
ciclo de las estaciones; pero formaste al hombre a tu imagen y semejanza y lo
hiciste dueño de un mundo portentoso, para que en tu nombre dominara la
creación entera y, al contemplar la grandeza de tus obras, en todo momento te
alabara, por Cristo, Señor nuestro. A quien cantan los cielos y la tierra, los
ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo...
Antífona de la comunión.
Qué grande es tu bondad, Señor, que tienes reservada para tus fieles
(Sal 30, 20).
Oración después de la comunión.
Saciados con el pan de esta mesa celestial, te suplicamos, Señor, que
este alimento de caridad fortalezca nuestros corazones, para que nos animemos a
servirte en nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
«Dios, Padre de Cristo y Padre nuestro»
San Cirilo de Jerusalén enseña que el Padre de Jesucristo es el mismo
Dios creador del Antiguo Testamento, el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob. Por
ello, no debemos separar el Antiguo del Nuevo Testamento, pues ambos forman
parte de la misma historia de salvación.
Cristo revela que Dios es verdaderamente su Padre por naturaleza,
mientras que nosotros somos sus hijos por adopción y por gracia. Sin embargo,
por la misericordia de Dios, Jesús nos permite dirigirnos a Él como «Padre
nuestro».
La fe cristiana reconoce a un solo Dios, Padre y Creador, que en Cristo
nos hace sus hijos y nos permite acercarnos a Él con confianza filial.
Cfr. San Cirilo de Jerusalén. Catequesis 7, 6-7
Cuando nuestros pensamientos no son los de Dios
San Jerónimo explica que Pedro, movido por su amor y afecto hacia Jesús, no podía aceptar que el Mesías tuviera que sufrir y morir. Aunque acababa de reconocerlo como el Hijo de Dios, todavía pensaba según los criterios humanos y no comprendía el camino de la cruz.
Por eso, Jesús lo corrige con firmeza: «Ve detrás de mí, Satanás», es
decir, vuelve a seguirme y acepta la voluntad de Dios. Pedro quería evitar el
sufrimiento de Jesús, pero la cruz era parte de su misión salvadora.
La fe verdadera no consiste en imponer a Dios nuestros deseos, sino en
aprender a confiar en su voluntad, incluso cuando el camino implica sacrificio,
dolor y entrega.
Cfr. San Jerónimo [342-420. Libro III, 22. 23] Evangelio de san
Mateo
UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260830
Las crisis recientes (sanitarias, de seguridad, internacionales, narcotráfico...) han puesto en evidencia nuestra fragilidad. Hemos descubierto que no todo está bajo control y que dependemos unos de otros más de lo que pensábamos. En este contexto, el testimonio de quienes se entregan por los demás adquiere un valor especial. Su vida confirma que el sentido no está en conservar, sino en compartir. La paradoja del Evangelio deja de ser una idea abstracta y se convierte en una experiencia concreta.
Evangelio del 29 de agosto 2026 Marcos 6, 17-29
En aquel tiempo, Herodes había mandado apresar a Juan el Bautista y lo
había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías,
esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: "No te está permitido tener
por mujer a la esposa de tu hermano". Por eso Herodes lo mandó encarcelar.
Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la
vida, pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía
que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar,
quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo. La ocasión llegó cuando
Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de
Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la
fiesta y su baile le gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo
entonces a la joven: "Pídeme lo que quieras y yo te lo daré". Y le
juró varias veces: "Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi
reino".
Ella fue a preguntarle a su madre: "¿Qué le pido?" Su madre
le contestó: "La cabeza de Juan el Bautista". Volvió ella
inmediatamente junto al rey y le dijo: "Quiero que me des ahora mismo, en
una charola, la cabeza de Juan el Bautista”. El rey se puso muy triste, pero
debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y
enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo
decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven
y ella se la entregó a su madre. Al enterarse de esto, los discípulos de Juan
fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
Reflexión
Esta historia muestra cómo las debilidades humanas —como el orgullo, la
vanidad y el temor al qué dirán— pueden llevar a cometer actos irreparables.
Herodes se dejó arrastrar por la presión social y una promesa imprudente
durante un banquete, sacrificando la vida de un hombre justo a pesar de su
propio respeto y tristeza interior. Es un recordatorio de la importancia de la
integridad y de la necesidad de mantener convicciones firmes, evitando que la
soberbia o el compromiso con las apariencias nos arrastren a tomar decisiones
destructivas.
viernes, 28 de agosto de 2026
Evangelio del 28 de agosto 2026 Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El
Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes que tomando sus lámparas
salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco
previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas pero no llevaron aceite para
llenarlas de nuevo; las previsoras en cambio llevaron cada una un frasco de
aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba les entró sueño a todas y
se durmieron.
A medianoche se oyó un grito: '¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su
encuentro!' Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a
preparar sus lámparas y las descuidadas dijeron a las previsoras: 'Dennos un
poco de su aceite porque nuestras lámparas se están apagando'. Las previsoras
les contestaron: 'No porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras.
Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo'.
Mientras aquéllas iban a comprarlo llegó el esposo y las que estaban
listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde
llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor señor ábrenos'. Pero él les
respondió: 'Yo les aseguro que no las conozco'.
Por eso estén preparados porque no saben ni el día ni la hora".
Reflexión
La parábola de las diez jóvenes nos invita a vivir preparados y con una
fe perseverante. El aceite representa aquello que alimenta nuestra vida
interior: la oración, la esperanza, el amor y las buenas obras. No basta con
tener una lámpara; es necesario mantenerla encendida.
Jesús nos recuerda que su llegada puede sorprendernos. Por eso, no
debemos dejar para mañana aquello que hoy podemos vivir con amor, fe y
responsabilidad. Estar preparados significa permanecer atentos a Dios y
aprovechar cada día para hacer el bien.





