RICARDO HUANTE M.
EVANGELIZACIÓN Y REFLEXIÓN
viernes, 9 de octubre de 2026
XXVIII DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO Domingo 11 de octubre 2026
Antífona de entrada.
Si conservaras el recuerdo de nuestras faltas, Señor, ¿quién podría
resistir? Pero tú, Dios de Israel, eres Dios de perdón (Cfr. Sal 129, 3-4).
Gloria
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor,
Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que
quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del
mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú
Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
Oración colecta.
Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos disponga y nos
acompañe, de manera que estemos siempre dispuestos a obrar el bien. Por nuestro
Señor Jesucristo...
Monición: Isaías informa a los creyentes, el
objetivo por el cual fueron creados; al final de la vida, todos participaremos
del banquete de la salvación, en donde Dios entrega todo su ser con
generosidad. Escuchemos.
3. Primera Lectura (Is
25, 6-10) Del libro del profeta Isaías
En aquel día, el Señor del universo preparará sobre este monte un
festín con platillos suculentos para todos los pueblos; un banquete con vinos
exquisitos y manjares sustanciosos. Él arrancará en este monte el velo que
cubre el rostro de todos los pueblos, el paño que oscurece a todas las
naciones. Destruirá la muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lágrimas
de todos los rostros y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo. Así
lo ha dicho el Señor.
En aquel día se dirá: "Aquí está nuestro Dios, de quien
esperábamos que nos salvara. Alegrémonos y gocemos con la salvación que nos
trae, porque la mano del Señor reposará en este monte". Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial (Sal 22)
R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
L. El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace
reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas. / R.
L. Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto;
así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu
vara y tu cayado me dan seguridad. / R.
L. Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me
unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes. / R.
L. Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi
vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término. / R.
Monición:
San Pablo sostuvo la obra de la evangelización con su trabajo; no obstante,
agradece a los Filipenses el apoyo económico, y afirma, con todo o sin nada,
"todo lo puedo unido a Aquel que me da fuerza'.' Escuchemos.
Segunda Lectura (Flp 4, 12-14. 19-20)
De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses
Hermanos: Yo sé lo que es vivir en pobreza y también lo que es tener de
sobra. Estoy acostumbrado a todo: lo mismo a comer bien que a pasar hambre; lo
mismo a la abundancia que a la escasez. Todo lo puedo unido a aquel que me da
fuerza Sin embargo, han hecho ustedes bien en socorrerme cuando me vi en
dificultades.
Mi Dios, por su parte, con su infinita riqueza, remediará con
esplendidez todas las necesidades de ustedes, por medio de Cristo Jesús. Gloria
a Dios, nuestro Padre, por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio (Cfr. Ef 1, 17-18)
R. Aleluya, aleluya. Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine
nuestras mentes, para que podamos comprender cuál es la esperanza que nos da s
llamamiento. / R. Aleluya, aleluya.
Monición: Dios invitó al pueblo de la Alianza al
banquete de su reino; unos aceptan y otros lo rechazan. La comunidad cristiana
que acepte participar del banquete deberá llevar la vestidura del bautismo.
Escuchemos.
Evangelio (Mt 22, 1-14)
Del santo Evangelio según san Mateo A. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos
sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: "El Reino de los cielos
es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a
sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.
Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: 'Tengo preparado el
banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está
listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su
campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los
insultaron y los mataron.
Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron
muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego les dijo a sus criados: 'La boda está preparada; pero los que
habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los
caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'. Los
criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y
buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.
Cuando el rey entró a saludar a los convidados, vio entre ellos a un
hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: 'Amigo, ¿cómo has
entrado aquí sin traje de fiesta?' Aquel hombre se quedó callado. Entonces el
rey dijo a los criados: 'Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las
tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación'. Porque muchos son los
llamados y pocos los escogidos". Palabra del Señor.
A. Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO
Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la
tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios,
Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la
misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los
hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue
crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al
tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha
del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino
no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede
del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y
gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa,
católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los
pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Sacerdote: Llenos de confianza en el Señor, oremos, hermanos, por todos
los hombres y por todas sus necesidades. Digamos con fe:
TODOS: Concédenos, Señor, tu Espíritu.
1. Por los cristianos
perseguidos, para que Dios les conceda el espíritu de paciencia y caridad y los
ayude a ser testigos fieles y verídicos de su Evangelio. Roguemos al Señor.
2. Por los gobernantes y
ciudadanos, para que Dios conceda prudencia y honradez a todos, a fin de que se
mantengan la armonía y la justicia en la sociedad. Roguemos al Señor.
3. Por los trabajadores,
para que el Señor bendiga sus esfuerzos y haga que la tierra dé frutos
abundantes para todos. Roguemos al Señor.
4. Por nosotros, para
que Dios no permita que en la hora de nuestra muerte nos sintamos como
arrancados de este mundo, sino que, con esperanza y paz, lleguemos felices a la
vida eterna. Roguemos al Señor.
Sacerdote: Dios nuestro, que invitas a todos los hombres al banquete de
tu Hijo, escucha nuestras súplicas y concédenos la sabiduría de tu Espíritu,
para que sepamos discernir y anunciar la esperanza a la que estamos llamados y
la gloria que nos tienes reservada en la mesa del Reino de tu Hijo, que vive y
reina por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.
Oración sobre las ofrendas.
Recibe, Señor, las súplicas de tus fieles junto con estas ofrendas que
te presentamos, para que, lo que celebramos con devoción, nos lleve a alcanzar
la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
La creación alaba al Señor
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno. Porque creaste el universo con todo cuanto contiene; determinaste el
ciclo de las estaciones; pero formaste al hombre a tu imagen y semejanza y lo
hiciste dueño de un mundo portentoso, para que en tu nombre dominara la
creación entera y, al contemplar la grandeza de tus obras, en todo momento te
alabara, por Cristo, Señor nuestro. A quien cantan los cielos y la tierra, los
ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo...
Antífona de la comunión. Los ricos se empobrecen y pasan hambre; los
que buscan al Señor, no carecen de nada (Cfr. Sal 33, 11).
Oración después de la comunión. Dios nuestro, te pedimos que así como
nos nutres con el sagrado alimento del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo, nos
hagas participar de tu naturaleza divina. Por Jesucristo nuestro Señor.
La inseparabilidad del Padre y el Hijo en la fe
La fe en el Hijo: Quienes creen en Dios Padre deben creer necesariamente en su Hijo unigénito, ya que negar al Hijo implica permanecer en la ignorancia y perder la vida eterna, atrayendo la ira de Dios.
La gravedad de ofender al Hijo: Se ilustra con una analogía real: deshonrar al hijo unigénito de un rey provoca una indignación incomparable, por lo que la verdadera piedad hacia Dios exige adorar también al Hijo para que el Padre acepte dicha adoración.
El testimonio divino y profético: El Padre mismo proclamó al Hijo desde el cielo como su complacencia. Se insta a rechazar las posturas que niegan esta divinidad y a seguir la autoridad de los profetas y salmistas por encima de quienes los rechazaron.
Cfr. (San Cirilo de Jerusalén. Catequesis 10,1-2).
Del traje de bodas y el juicio final
Interpretación alegórica de la parábola del banquete de
bodas, relacionándola con el juicio final:
Los comensales y el rey: La sala del banquete se llena de
invitados procedentes de diversos lugares. El rey entra para examinar a los
presentes y evaluar sus méritos.
El traje de fiesta: Se interpreta como los preceptos del
Señor, las obras cumplidas según la Ley y el Evangelio, y la vestidura del
hombre nuevo. Aquel que no lleva este traje representa a quienes llevan el
nombre de cristianos pero conservan una conducta manchada (el hombre viejo).
El juicio y el castigo: El invitado sin el traje adecuado es
reprendido por su desvergüenza y se queda mudo al verse descubierto ante el
testimonio de los ángeles y del mundo. Finalmente, el rey ordena a los guardias
que lo aten de manos y pies para impedirle hacer el mal, simbolizando mediante
el llanto y el rechinar de dientes la magnitud de los tormentos futuros.
Cfr. (San Jerónimo [342420]. Evangelio de san Mateo.
Libro III, 22, 11-13).
El llamado a la unidad
Quienes se obsesionan por retener a toda costa el poder político y
económico suelen avivar las llamas de la polarización social. Frente a esto,
los discípulos de Jesús estamos llamados a superar discusiones estériles,
recordando que compartimos un mismo Padre. Sin embargo, con frecuencia pesa más
lo que nos separa que nuestra condición de hermanos e iguales.
Parece que a los seres humanos nos cuesta aprender las lecciones más valiosas de la existencia. Las diferencias de saber, poder y riqueza —foco constante de conflictos— pierden todo sentido si no se traducen en un compromiso real con la justicia y la verdad. Tarde o temprano, la enfermedad, el envejecimiento y la muerte nos alcanzan a todos por igual. No existe título académico ni cuenta bancaria capaz de blindarnos frente a la adversidad.
La fragilidad humana nos atraviesa con la misma vara. Por ello, el llamado para los cristianos es urgente: vivir con plenitud la vocación a la vida, a la verdad, al entendimiento y al amor.
jueves, 8 de octubre de 2026
Evangelio del 9 de octubre 2026 Lucas 11, 15-26
En aquel tiempo, cuando Jesús expulsó a un demonio, algunos dijeron: "Este expulsa a los demonios con el poder de Satanás, el príncipe de los demonios". Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.
Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: "Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios por el poder de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo, y al no hallarlo, dice: 'Volveré a mi casa, de donde salí'. Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va por otros siete espíritus peores que él y vienen a instalarse allí, y así la situación final de aquel hombre resulta peor que la de antes".
Reflexión
El pasaje de este Evangelio nos presenta una escena muy humana y, al mismo tiempo, profundamente espiritual. Jesús realiza un signo de liberación extraordinaria, pero la reacción de quienes lo observan está dividida por la desconfianza: unos lo acusan de actuar con el poder del mal, mientras otros exigen pruebas espectaculares.
Jesús señala que un reino dividido contra sí mismo va a la ruina. A nivel personal, muchas veces experimentamos esta división: queremos avanzar hacia el bien, pero al mismo tiempo albergamos dudas, rencores o miedos. La paz verdadera solo llega cuando integramos nuestra vida y dejamos que un solo principio nos gobierne: el amor y la gracia de Dios.
La imagen del hombre fuerte que custodia su palacio nos habla de cómo el mal o las malas costumbres intentan aferrarse a nuestra vida. Sin embargo, Jesús se presenta como el "más fuerte" que viene a liberarnos. No se trata solo de alejar lo negativo, sino de permitir que Él ocupe ese espacio.
La parábola final nos advierte sobre el riesgo de limpiar
nuestra vida de vicios o actitudes negativas (barrer la casa), pero dejarla
vacía, sin un propósito superior ni valores sólidos. Si no llenamos nuestro
corazón de obras buenas, de oración y de servicio a los demás, el vacío se
vuelve vulnerable y el desorden puede regresar con más fuerza.
miércoles, 7 de octubre de 2026
Evangelio del 8 de octubre 2026 Lucas 11, 5-13
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Supongan que alguno de ustedes tiene un amigo que viene a medianoche a decirle: 'Préstame, por favor, tres panes, pues un amigo mío ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle'. Pero él le responde desde dentro: 'No me molestes. No puedo levantarme a dártelos, porque la puerta ya está cerrada y mis hijos y yo estamos acostados'. Si el otro sigue tocando, yo les aseguro que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo, por su molesta insistencia, sí se levantará y le dará cuanto necesite.
Así también les digo a ustedes: Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá. Porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra y al que toca, se le abre. ¿Habrá entre ustedes algún padre que, cuando su hijo le pide pan, le dé una piedra? ¿O cuando le pida pescado, le dé una víbora? ¿O cuando le pida huevo, le dé un alacrán?
Pues, si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre celestial les dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?"
Reflexión
Jesús nos invita a no cansarnos de pedir, buscar y llamar. La perseverancia en la oración no significa que Dios no nos escuche, sino que nos ayuda a fortalecer nuestra confianza y a abrir el corazón a su voluntad.
Como un padre que desea dar lo mejor a sus hijos, Dios conoce nuestras necesidades y siempre responde con amor. Tal vez no recibamos exactamente lo que pedimos, pero nunca nos abandona: nos ofrece su presencia y, sobre todo, el don del Espíritu Santo, que ilumina nuestros pasos, fortalece nuestra fe y nos sostiene en las dificultades.
Hoy estamos llamados a perseverar en la oración, confiando en que quien pide con fe, busca con esperanza y llama con confianza, encontrará siempre la puerta abierta del corazón del Padre.





