En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Velen y estén
preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que
si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría
vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También
ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el
Hijo del hombre.
Fíjense en un servidor fiel y prudente, a quien su amo nombró encargado
de toda la servidumbre para que le proporcionara oportunamente el alimento.
Dichoso es el servidor, si al regresar su amo, lo encuentra cumpliendo con su
deber. Yo les aseguro que le encargará la administración de todos sus bienes.
Pero si el servidor es un malvado, y pensando que su amo tardará, se
pone a golpear a sus compañeros, a comer y emborracharse, vendrá su amo el día
menos pensado, a una hora imprevista, lo castigará severamente y lo hará correr
la misma suerte de los hipócritas. Entonces todo será llanto y
desesperación".
Reflexión
Este Evangelio nos invita a vivir atentos y preparados, no desde el
miedo, sino desde la responsabilidad y la fidelidad. Jesús nos recuerda que no
sabemos cuándo llegará el momento decisivo; por eso, cada día es una
oportunidad para amar, servir, perdonar y hacer el bien.
La verdadera preparación consiste en cumplir con fidelidad nuestra
misión, tratando con justicia y misericordia a quienes Dios ha puesto a nuestro
lado. No se trata de aparentar ser buenos, sino de vivir con un corazón
sincero, porque el Señor conoce lo que somos por dentro. Velar es vivir cada
día como si fuera una oportunidad para encontrarnos con Dios en los demás.






