viernes, 31 de julio de 2026

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260809

 



La fe no se mide por palabras o rituales, sino por gestos concretos de amor y justicia. En cada acto de cuidado, en cada decisión que protege la vida, se hace presente el Dios que habló a Elías en el silencio y que renovó a Pedro junto al fuego del amanecer.



Dos personajes bíblicos, Elías y Pedro, tan distantes en el tiempo, comparten experiencias profundamente humanas: entusiasmo, miedo, cansancio y renovación. También hoy atravesamos crisis que ponen a prueba nuestra fe. La creación herida por la explotación y las situaciones de sufrimiento colectivo nos interpelan. Escuchar a Dios en medio de este clamor implica asumir una responsabilidad concreta. No podemos permanecer indiferentes. La fe auténtica se traduce en compromiso con la vida, con la justicia y con el cuidado de nuestro mundo.



RAÍCES DE NUESTRA FE 9 de agosto 2026

 


 


San Cirilo de Jerusalén denuncia la idolatría como una profunda ceguera espiritual. Aunque Dios es infinito, bueno y digno de toda alabanza, el ser humano ha sustituido al Creador por criaturas y objetos materiales, llegando a adorar piedras, árboles, animales, plantas y falsas divinidades. Esta actitud representa una degradación de la dignidad humana, pues se rinde culto a aquello que ha sido creado en lugar de reconocer y adorar al único Dios verdadero.

El autor recuerda que todos los bienes de la creación —el fuego, el vino, el trigo y cuanto sostiene la vida— son dones de Dios, no divinidades. Por ello, invita a abandonar toda forma de idolatría y a dirigir el corazón únicamente hacia el Señor, fuente y origen de toda la creación, reconociendo que solo Él merece la adoración y la gloria.

 

Cfr. San Cirilo de Jerusalén. Catequesis 6, 10

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260809

 


 


San Agustín presenta la barca como símbolo de la Iglesia, que atraviesa el mar de este mundo enfrentando tempestades y vientos contrarios, imagen de las tentaciones y de la acción del diablo. Aunque la Iglesia experimente dificultades, es el lugar seguro donde Cristo acompaña y fortalece a sus discípulos. Por ello, el creyente no debe abandonar la Iglesia, sino permanecer en ella con confianza y perseverancia.

Cuando las fuerzas y capacidades humanas resultan insuficientes para superar las pruebas, la respuesta más eficaz es la oración confiada a Dios, quien conduce la barca hasta el puerto seguro. El verdadero peligro no es la tormenta, sino vivir como si el Señor estuviera ausente, permitiendo que el pecado, la ira o los deseos desordenados ocupen el corazón. Por ello, San Agustín invita a conservar la presencia de Cristo en la vida mediante la fe, la conversión y la pureza del corazón, seguros de que Él nunca abandona a su Iglesia.

 

Cfr. (San Agustín [354 430]. Sermón 75).

XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Domingo 9 de agosto 2026

 


 


Antífona de entrada.

Acuérdate, Señor, de tu alianza, no olvides por más tiempo la suerte de tus pobres. Levántate, Señor, a defender tu causa, no olvides las voces de los que te buscan (Cfr. Sal 73, 20. 19. 22. 23).

 

Gloria.

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Oración colecta.

Dios todopoderoso y eterno, a quien, enseñados por el Espíritu Santo, invocamos con el nombre de Padre, intensifica en nuestros corazones el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que merezcamos entrar en posesión de la herencia que nos tienes prometida. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

Monición: El profeta Elías inicia la búsqueda de Dios en el viento, el terremoto y el fuego. Lo encontró en el silencio, como una brisa suave y agradable. Aprendamos dónde encontrar a Dios. Escuchemos.

 

Primera Lectura (1 Re 19, 9. 11-13)

Del primer libro de los Reyes

Al llegar al monte de Dios, el Horeb, el profeta Elías entró en una cueva y permaneció allí. El Señor le dijo: "Sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor, porque el Señor va a pasar".

Así lo hizo Elías, y al acercarse el Señor, vino primero un viento huracanado, que partía las montañas y resquebrajaba las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Se produjo después un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Luego vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego se escuchó el murmullo de una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

 

Salmo responsorial (Sal 84)

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

L. Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo. Está ya cerca nuestra salvación, y la gloria del Señor habitará en la tierra. / R.

L. La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo. / R.

L. Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto. La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas. / R.

 

            Monición: San Pablo quisiera que todos recibieran los beneficios de la redención de Cristo, y escribe que está dispuesto a verse excluido con tal de que sus hermanos de raza la acepten. Escuchemos.

 

Segunda Lectura (Rom 9, 1-5)

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

Hermanos: Les hablo con toda verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me atestigua, con la luz del Espíritu Santo, que tengo una infinita tristeza y un dolor incesante tortura mi corazón.

Hasta aceptaría verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos, los de mi raza y de mi sangre, los israelitas, a quienes pertenecen la adopción filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Ellos son descendientes de los patriarcas; y de su raza, según la carne, nació Cristo, el cual está por encima de todo y es Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio (Sal 129, 5)

R. Aleluya, aleluya. Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra.

R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: En el evangelio Pedro confunde a Jesús con un fantasma; duda, se hunde; Cristo le tiende la mano y lo regaña y al final Pedro y sus compañeros concluyen, "Tú eres el Hijo de Dios". Escuchemos.

 

Evangelio (Mt 14, 22-33)

Del santo Evangelio según san Mateo

A. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

 

 

 

 

 

 

Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron, y decían: "¡Es un fantasma!". Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: "Tranquilícense y no teman. Soy yo".

Entonces le dijo Pedro: "Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua". Jesús le contestó: "Ven". Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: "¡Sálvame, Señor!". Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?"

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús diciendo: "Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios".

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Oremos, hermanos, a nuestro Señor Jesucristo, para que, acordándose de su promesa, escuche la oración de los que nos hemos reunido en su nombre. Oremos diciendo:

TODOS: Santifica, Señor, a tus hermanos.

1.         Por la paz que desciende del cielo, por la unión de las Iglesias y por la salvación de nuestras almas. Roguemos al Señor.

2.         Por los que trabajan por el bien de los pobres, por los que ayudan a los ancianos y por los que cuidan a niños y desvalidos. Roguemos al Señor.

3.         Por los que están abatidos o sometidos a una prueba, por los que están en peligro, por el retorno de los extraviados y por la libertad de los encarcelados. Roguemos al Señor.

4.         Por los que en este momento están orando con nosotros, por los que han pedido nuestras oraciones y por el reposo eterno de nuestros hermanos difuntos. Roguemos al Señor.

Intenciones de la Iglesia local.

Sacerdote: Dios omnipotente y eterno, que con tu poder dominas la creación, escucha nuestras oraciones y haz que te reconozcamos presente y activo en todos los acontecimientos de nuestra historia, para que sepamos así afrontar las pruebas con serenidad y avancemos confiados hacia la paz de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. TODOS: Amén.

 

Oración sobre las ofrendas.

Recibe benignamente, Señor, los dones de tu Iglesia, y, al concederle en tu misericordia que te los pueda ofrecer, haces al mismo tiempo que se conviertan en sacramento de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

Historia de la salvación

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque naciendo, restauró nuestra naturaleza caída; padeciendo en la cruz, borró nuestros pecados; resucitando de entre los muertos, nos proporcionó el acceso a la vida eterna, y ascendiendo hasta ti, Padre, nos abrió las puertas del Reino de los cielos. Por eso, unidos a la multitud de los ángeles y de los santos, te aclamamos, llenos de alegría: Santo, Santo, Santo...

           

Antífona de la comunión.

Alaba, Jerusalén, al Señor, porque te alimenta con lo mejor de su trigo (Sal 147, 12. 14).

 

Oración después de la comunión. La comunión de tus sacramentos que hemos recibido, Señor, nos salven y nos confirmen en la luz de tu verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Reflexión 20260809


 

jueves, 30 de julio de 2026

Evangelio del 31 de julio 2026 Mateo 13, 54-58

 



En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: "¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?" Y se negaban a creer en él.

Entonces, Jesús les dijo: "Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa". Y no hizo muchos milagros ahí por la incredulidad de ellos.

Reflexión

El pasaje nos muestra cómo la familiaridad excesiva puede convertirse en un obstáculo para reconocer el valor y la profundidad de los demás. Los habitantes de Nazaret se quedaron atrapados en la apariencia exterior y en los antecedentes cotidianos de Jesús ("el hijo del carpintero"), permitiendo que los prejuicios y el escepticismo nublaran su capacidad de asombro.

Esta actitud nos invita a reflexionar sobre nuestra propia mirada: ¿cuántas veces dejamos de valorar el talento, el crecimiento o el mensaje de quienes nos rodean simplemente porque los "conocemos de toda la vida"? Superar la incredulidad requiere una apertura genuina que vaya más allá de lo familiar para descubrir lo extraordinario en lo cotidiano.

 

miércoles, 29 de julio de 2026

Evangelio del 30 de julio 2026 Mateo 13, 47-53

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los cielos se parece también a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

¿Han entendido todo esto?" Ellos le contestaron: "Sí". Entonces él les dijo: "Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas".

Y cuando acabó de decir estas parábolas, Jesús se marchó de allí.

Reflexión

La parábola de la red y los peces nos invita a reflexionar sobre el sentido de la responsabilidad y el discernimiento en nuestra vida diaria. Así como los pescadores separan lo útil de lo que no sirve al final de la jornada, este pasaje nos recuerda que nuestras acciones tienen un propósito y consecuencias a largo plazo.

Asimismo, la mención del escriba que saca de su tesoro cosas nuevas y antiguas nos enseña a valorar la sabiduría acumulada a lo largo del tiempo sin cerrarnos al aprendizaje constante, integrando la experiencia del pasado con los desafíos del presente.