viernes, 11 de septiembre de 2026

Evangelio del 12 de septiembre 2026 Lucas 6, 43-49



 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. Cada árbol se conoce por sus frutos. No se recogen higos de las zarzas, ni se cortan uvas de los espinos.

El hombre bueno dice cosas buenas, porque el bien está en su corazón; y el hombre malo dice cosas malas, porque el mal está en su corazón, pues la boca habla de lo que está lleno el corazón.

¿Por qué me dicen 'Señor, Señor', y no hacen lo que yo les digo? Les voy a decir a quién se parece el que viene a mí y escucha mis palabras y las pone en práctica. Se parece a un hombre, que al construir su casa, hizo una excavación profunda para echar los cimientos sobre la roca. Vino la creciente y chocó el río contra aquella casa, pero no la pudo derribar, porque estaba sólidamente construida.

Pero el que no pone en práctica lo que escucha, se parece a un hombre que construyó su casa a flor de tierra sin cimientos. Chocó el río contra ella e inmediatamente la derribó y quedó completamente destruida".

Reflexión

Jesús nos invita a mirar más allá de las apariencias. Una persona se conoce por los frutos que produce: por sus palabras, sus decisiones, sus actitudes y, sobre todo, por la manera en que trata a los demás. No basta con decir “Señor, Señor”; la verdadera fe se demuestra cuando ponemos en práctica el amor, la misericordia, el perdón y la justicia.

También nos recuerda que el corazón es la raíz de nuestra vida. De un corazón lleno de bondad brotan palabras y acciones que construyen; de un corazón dominado por el egoísmo, el rencor o la soberbia pueden surgir frutos que destruyen. Por eso necesitamos revisar constantemente qué estamos cultivando dentro de nosotros.

Finalmente, Jesús compara nuestra vida con una casa. Escuchar su Palabra y vivirla es construir sobre roca. Las dificultades, las crisis y los problemas llegarán, pero quien tiene su vida cimentada en Cristo puede permanecer firme. No se trata solamente de conocer el Evangelio, sino de convertirlo en vida.

La pregunta que este Evangelio nos deja es: ¿qué frutos está produciendo mi vida y sobre qué estoy construyendo mi casa?

jueves, 10 de septiembre de 2026

Evangelio del 11 de septiembre 2026 Lucas 6, 39-42

 

 

En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: "¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: 'Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo', si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano".

Reflexión

Este pasaje nos invita a mirar hacia dentro antes de juzgar a los demás. Jesús enseña que el verdadero aprendizaje no consiste solo en seguir al maestro, sino en dejarse transformar por su ejemplo.

El ciego que guía a otro ciego simboliza la falta de conciencia: quien no reconoce su propia oscuridad no puede conducir a nadie hacia la luz.

Y la viga en el ojo es una imagen poderosa de nuestras propias limitaciones y prejuicios. Solo cuando somos capaces de vernos con humildad y sinceridad, podemos ayudar a los demás con amor y sin hipocresía.

En resumen, el discípulo se hace como su maestro cuando aprende a mirar con compasión, no con juicio.

“Memoria agradecida, solidaridad activa”

 


XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Domingo 13 de septiembre 2026

 





Antífona de entrada.  

Concede, Señor, la paz a los que esperan en ti, y cumple así las palabras de tus profetas; escucha las plegarias de tu siervo, y de tu pueblo Israel (Cfr. Sir 36, 18).

 

Gloria

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Oración colecta.

Señor Dios, creador y soberano de todas las cosas, vuelve a nosotros tus ojos y concede que te sirvamos de todo corazón, para que experimentemos los efectos de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

Monición: Dios nos pide atender las ofensas con misericordia y llegar al perdón. Como Dios nos perdona gratuitamente, de la misma manera perdonemos al hermano. Piensa en el final y guarda los mandamientos. Escuchemos.

 

Primera Lectura (Sir 27, 33-28, 9)

Del libro del Sirácide (Eclesiástico)

Cosas abominables son el rencor y la cólera; sin embargo, el pecador se aferra a ellas. El Señor se vengará del vengativo y llevará rigurosa cuenta de sus pecados.

Perdona la ofensa a tu prójimo, y así, cuando pidas perdón, se te perdonarán tus pecados. Si un hombre le guarda rencor a otro, ¿le puede acaso pedir la salud al Señor?

El que no tiene compasión de un semejante, ¿cómo pide perdón de sus pecados? Cuando el hombre que guarda rencor pide a Dios el perdón de sus pecados, ¿hallará quien interceda por él?

Piensa en tu fin y deja de odiar, piensa en la corrupción del sepulcro y guarda los mandamientos.

Ten presentes los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo. Recuerda la alianza del Altísimo y pasa por alto las ofensas. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

 

Salmo responsorial (Sal 102)

R. El Señor es compasivo y misericordioso.

L. Bendice al Señor, alma mía; que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios. / R.

L. El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura. / R.

L. El Señor no nos condena para siempre, ni nos guarda rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados. / R.

L. Como desde la tierra hasta el cielo, así es de grande su misericordia; como un padre es compasivo con sus hijos, así es compasivo el Señor con quien lo ama. / R.

 

            Monición: San Pablo nos dice cuál es la actitud que se debe tener ante la vida, "si vivimos, para el Señor vivimos". Desde que fuimos redimidos por Cristo, ya nadie vive para sí mismo, sino para el Señor. Escuchemos.

 

Segunda Lectura (Rom 14, 7-9)

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor. Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio (Jn 13, 34)

R. Aleluya, aleluya. Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo les he amado. R. Aleluya, aleluya.

 

            Monición: Dios es entrañablemente bueno; siempre nos da el perdón y con generosidad; nos perdona siempre porque se lo pedimos. Esa misma experiencia de perdón divino es la que debemos otorgar al prójimo. Escuchemos.

 

Evangelio (Mt 18, 21-35)

Del santo Evangelio según san Mateo A. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: "Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?" Jesús le contestó: "No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete".

Entonces Jesús les dijo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: 'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: 'Págame lo que me debes'. El compañero se le arrodilló y le rogaba: 'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.

Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: 'Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?' Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.

Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano".

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

 

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

 

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Imploremos, hermanos, la misericordia de Dios y pidámosle que escuche las oraciones de los que hemos puesto en Él nuestra confianza. Oremos diciendo:

TODOS: Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.

1.         Para los obispos, los presbíteros y los diáconos pidamos al Señor una vida santa, tal como corresponde a su ministerio, y el premio abundante de su trabajo. Roguemos al Señor.

2.         Para los que gobiernan las naciones y tienen bajo su poder el destino de los pueblos pidamos el don de la prudencia y el espíritu de justicia. Roguemos al Señor.

                   

3.         Para los enfermos e impedidos pidamos al Señor la fortaleza a fin de que no se desanimen ante las dificultades y vivan alegres en la esperanza de los bienes eternos. Roguemos al Señor.

4.         Para nosotros mismos y para nuestros familiares, amigos y bienhechores pidamos al Señor que nos conserve y aumente los bienes que con tanta generosidad nos ha concedido. Roguemos al Señor.

Sacerdote: Señor Dios, que siempre perdonas a los que perdonan a sus hermanos, escucha nuestras oraciones y crea en nosotros un corazón nuevo, que, como reflejo del Corazón de Cristo, olvide las ofensas recibidas y recuerde a los demás hasta qué punto tú nos amas. Por Jesucristo, nuestro Señor. TODOS: Amén.

 

Oración sobre las ofrendas. Sé propicio, Señor, a nuestras plegarias y acepta benignamente estas ofrendas de tus siervos, para que aquello que cada uno ofrece en honor de tu nombre aproveche a todos para su salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

Nuestra humanidad salvada por la humanidad de Cristo

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque reconocemos como obra de tu poder admirable no sólo haber socorrido nuestra débil naturaleza con la fuerza de tu divinidad, sino también el haber previsto el remedio en nuestra misma naturaleza mortal, y así, con lo que fue la causa de nuestra ruina, con eso mismo nos diste la salvación, por Cristo, Señor nuestro. Por él, los ángeles cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo...Prefacio

 

Antífona de la comunión.

Señor Dios, qué preciosa es tu misericordia. Por eso los hombres se acogen a la sombra de tus alas (Cfr. Sal 35, 8).

 

Oración después de la comunión.

Que el efecto de este don celestial, Señor, transforme nuestro cuerpo y nuestro espíritu, para que sea su fuerza, y no nuestro sentir, lo que siempre inspire nuestras acciones. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 



“La grandeza invisible de Dios”

 



San Cirilo de Jerusalén enseña que la naturaleza divina es incomprensible para el ojo humano, pero puede intuirse por analogía a través de la grandeza y hermosura de la creación. Cuanto más contempla el hombre las obras visibles, más se eleva su corazón y alcanza una representación mayor de Dios.

Sin embargo, incluso las visiones proféticas —como la descripción de los querubines en Ezequiel— muestran los límites de nuestra comprensión: si no podemos abarcar el trono, mucho menos al que se sienta en él. Dios es invisible e inefable, y aunque su esencia permanece inaccesible, es posible alabarlo y reconocer su poder mediante las maravillas creadas.

 

Cfr. San Cirilo de Jerusalén. Catequesis 9, 2.3



“El gozo de compartir con los pobres”


 

La misericordia es fuente de verdadera dicha y no admite demora. La Escritura proclama bienaventurados a quienes sirven a Cristo en los pobres, cuidan del desvalido y comparten con alegría lo que tienen. Las obras de caridad deben realizarse con prontitud y jovialidad, pues solo así reflejan nobleza y multiplican la gracia.

Liberar a los oprimidos, aliviar sufrimientos y acompañar al prójimo abre paso a un premio admirable: la luz que rompe como aurora y la justicia que guía el camino. La misericordia vivida con alegría se convierte en bendición y en justicia resplandeciente.


Cfr. San Gregorio Nacianceno [329 390]. Sermón 14, 38.40

 

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260913

 


“Memoria agradecida, solidaridad activa”

 La memoria no es solo recuerdo, sino brújula moral que orienta la vida. Cuando se olvida la gracia y la misericordia recibidas, surge el egoísmo y la indiferencia. Recordar la bondad de Dios transforma: derriba la autosuficiencia y abre el corazón a la compasión.

Esa memoria agradecida se convierte en solidaridad activa, especialmente hacia los marginados —migrantes, enfermos, desempleados y pobres—. La gratitud auténtica no se expresa solo con palabras, sino acompañando y defendiendo a los olvidados en su camino.