jueves, 5 de noviembre de 2026

Evangelio del 6 de noviembre 2026 Lucas 16, 1-8

 



 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: "¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador". Entonces el administrador se puso a pensar: "¿Qué voy a hacer ahora que me quiten el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan".

Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: "¿Cuánto le debes a mi amo?" El hombre respondió: Cien barriles de aceite". El administrador le dijo: "Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta". Luego preguntó al siguiente: "Y tú, ¿cuánto debes?" Este respondió: "Cien sacos de trigo". El administrador le dijo: "Toma tu recibo y haz otro por ochenta".

El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz".

Reflexión

Somos administradores, no dueños: Todo lo que tenemos (tiempo, talentos y bienes) nos ha sido confiado temporalmente y tarde o temprano se nos pedirá cuentas. 

Jesús destaca que muchas personas mundanas muestran mayor astucia, ingenio y urgencia para asegurar su futuro terrenal de lo que los creyentes demuestran al buscar el bien y las cosas del Reino.  

La enseñanza central nos invita a usar aquello que poseemos no para el egoísmo, sino para construir lazos de generosidad, fraternidad y amor que trasciendan en nuestra vida.  

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Evangelio 4 de noviembre 2026 Lucas 14, 25-33

 

 


En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo:

"Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: "Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar".

¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz.

Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo".


Reflexión


Este texto nos invita a hacer una pausa y mirarnos por dentro. ¿Qué lugar ocupa Jesús en nuestras decisiones diarias? ¿Estamos dispuestos a asumir los desafíos de vivir con autenticidad nuestra fe, o preferimos un camino cómodo y sin compromisos? Que esta reflexión nos impulse a renovar nuestra entrega, recordando que valen la pena los costos cuando el tesoro que buscamos es el Reino de los Cielos.

martes, 3 de noviembre de 2026

Evangelio del 3 de noviembre 2026 Lucas 14, 15-24

 


 

En aquel tiempo, uno de los que estaban sentados a la mesa con Jesús le dijo: "Dichoso aquel que participe en el banquete del Reino de Dios".

Entonces Jesús le dijo: "Un hombre preparó un gran banquete y convidó a muchas personas. Cuando llegó la hora del banquete, mandó un criado suyo a avisarles a los invitados que vinieran, porque ya todo estaba listo. Pero todos, sin excepción, comenzaron a disculparse. Uno le dijo: "Compré un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me disculpes". Otro le dijo: "Compré cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me disculpes". Y otro más le dijo: "Acabo de casarme y por eso no puedo ir".

Volvió el criado y le contó todo al amo. Entonces el Señor se enojó y le dijo al criado: "Sal corriendo a las plazas y a las calles de la ciudad y trae a mi casa a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos".

Cuando regresó el criado, le dijo: "Señor, hice lo que me ordenaste, y todavía hay lugar". Entonces el amo respondió: "Sal a los caminos y a las veredas; insísteles a todos para que vengan y se llene mi casa. Yo les aseguro que ninguno de los primeros invitados participará de mi banquete"".

 

Reflexión

 

Este pasaje evangélico nos invita a detenernos y examinar cuáles son nuestras verdaderas prioridades en la vida cotidiana. El banquete representa la alegría, la salvación y la comunión plena con Dios; sin embargo, la reacción de los primeros invitados nos muestra una actitud profundamente humana y actual: la distracción por lo urgente y lo terrenal.

Las excusas cotidianas: Comprar un terreno, probar unos bueyes o contraer matrimonio no son cosas malas en sí mismas. El problema radica en que ocuparon el lugar central, volviéndose más importantes que el encuentro al que habían sido convocados. A menudo, nosotros también dejamos de lado lo esencial —nuestra espiritualidad, el tiempo en familia o el cuidado del alma— absorbidos por las ocupaciones diarias, el trabajo o los afanes materiales.

La universalidad de la gracia: Ante el rechazo de los primeros convidados, el amo abre las puertas a los pobres, ciegos y lisiados, aquellos que no tienen nada que ofrecer a cambio. Esto nos recuerda que el Reino de Dios es un regalo gratuito que no depende de nuestros méritos, estatus o riquezas, sino de la misericordia infinita de Dios.

 

Una pregunta para llevar al corazón: ¿Estamos respondiendo con generosidad a la invitación de Dios o nuestras propias ocupaciones nos están dejando fuera del banquete?

domingo, 1 de noviembre de 2026

Evangelio del 2 de noviembre 2026 Mateo 25, 31-46


 


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme'. Los justos le contestarán entonces: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?' Y el Rey les dirá: 'Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron'.

Entonces dirá también a los de su izquierda: 'Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron'.

Entonces ellos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?' Y él les replicará: 'Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo'. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna". 

Comentario y reflexión

Este Evangelio nos recuerda que el amor a Dios se demuestra en el amor concreto a los demás. Jesús se identifica con los más pequeños, los pobres, los enfermos, los solos y los olvidados. No nos preguntará cuántas cosas sabíamos o decíamos, sino cuánto amamos y servimos.

La grandeza del cristiano no está en el poder ni en el prestigio, sino en la capacidad de reconocer el rostro de Cristo en quien necesita ayuda. Cada gesto de compasión, por pequeño que parezca, tiene un valor eterno ante Dios.

Reflexión: Hoy Jesús nos invita a mirar a nuestro alrededor y preguntarnos: ¿quién tiene hambre de pan, de compañía, de escucha o de esperanza? Allí, en el hermano más necesitado, nos espera Cristo para que lo amemos y sirvamos.

 

 

viernes, 30 de octubre de 2026

Evangelio 31 de octubre 2026 Lucas 14, 1. 7-11

 



 

Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola: 

"Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: 'Déjale el lugar a éste', y entonces tengas que ir a ocupar lleno de vergüenza, el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: 'Amigo, acércate a la cabecera'. Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido".

Reflexión

La enseñanza de Jesús es clara: no busquemos los primeros lugares en la mesa del mundo, sino el lugar del servicio, la generosidad y el amor. No necesitamos sentirnos superiores para tener valor; nuestra verdadera dignidad está en vivir como hijos de Dios.

Que aprendamos a ser personas sencillas, capaces de reconocer los méritos de los demás, de servir sin esperar recompensas y de dejar que Dios sea quien engrandezca nuestra vida. 

Porque ante Dios, el más grande no es quien busca ser servido, sino quien sabe servir con humildad y amor.

jueves, 29 de octubre de 2026

Evangelio del 30 de octubre 2026 Lucas 14, 1-6

 



Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Había allí, frente a él, un enfermo de hidropesía, y Jesús, dirigiéndose a los escribas y fariseos, les preguntó: "¿Está permitido curar en sábado o no?"

Ellos se quedaron callados. Entonces Jesús tocó con la mano al enfermo, lo curó y le dijo que se fuera. Y dirigiéndose a ellos les preguntó: "Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su burro o su buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?" Y ellos no supieron qué contestarle.

Reflexión

La misericordia está por encima de cualquier regla

El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús frente a un hombre enfermo y a un grupo de fariseos más preocupados por vigilarlo que por reconocer el sufrimiento de quien tenían delante.

Jesús nos enseña que el amor y la misericordia nunca deben quedar sometidos a la indiferencia, al orgullo o a una interpretación rígida de las normas. Para Él, ninguna regla puede estar por encima de la dignidad y el sufrimiento de una persona.

La verdadera fe no consiste solamente en cumplir normas religiosas, sino en vivir el amor de Dios con hechos concretos. No podemos decir que amamos a Dios si permanecemos indiferentes ante el dolor de nuestros hermanos.

Recordemos que cada vez que tendemos la mano a alguien que sufre, hacemos presente el amor de Dios. Porque para Jesús, hacer el bien nunca está fuera de tiempo.

Reflexión 20261101