domingo, 28 de junio de 2026

Evangelio del 29 de junio 2026 Mateo 16, 13-19

 



En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas".

Luego les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Jesús le dijo entonces: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo".

Reflexión

El evangelio nos invita a responder una pregunta que sigue siendo actual: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". No basta con repetir lo que otros piensan de Jesús; cada creyente está llamado a descubrirlo personalmente y a expresar esa fe con su vida.

La respuesta de Pedro nace de un corazón abierto a Dios: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Jesús le revela que esa fe no es fruto solo del razonamiento humano, sino un don del Padre. Del mismo modo, nuestra fe crece cuando escuchamos la Palabra, oramos y dejamos que Dios transforme nuestro corazón.

Al confiar a Pedro la misión de ser la roca sobre la que edificará su Iglesia, Jesús nos recuerda que Él permanece siempre fiel a su pueblo. Aun en medio de dificultades, la Iglesia sigue adelante porque su fundamento es Cristo.

Que este evangelio nos anime a renovar cada día nuestra respuesta al Señor, para que nuestras palabras, decisiones y obras proclamen con alegría: Jesús es el Hijo de Dios vivo y el centro de nuestra vida.

viernes, 26 de junio de 2026

Evangelio del 27 de junio 2026 Mateo 8, 5-17

 





En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm se le acercó un oficial romano rogándole: «Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama paralítico, y sufre mucho». Él le contestó: «Voy a curarlo».

Pero el oficial le replicó: «Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, con que digas una sola palabra mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, cuando le digo a uno: ¡Ve!, él va; al otro: ¡Ven!, y viene; a mi criado: ¡Haz esto!, y lo hace».

Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: «Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de Oriente y de Occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. En cambio, a los herederos del Reino los echarán fuera, a las tinieblas. Ahí será el llanto y la desesperación».

Jesús le dijo al oficial romano: «Vuelve a tu casa y que se te cumpla lo que has creído». Y en aquel momento se curó el criado.

Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama con fiebre. Entonces la tomó de la mano y desapareció la fiebre; ella se levantó y se puso a servirles.

Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él expulsó a los demonios con su palabra y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: "El hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores".

Reflexión

Este pasaje nos muestra que la fe auténtica nace de la humildad y de la confianza plena en Dios. El oficial romano no presume de su autoridad; al contrario, reconoce que no es digno de recibir a Jesús en su casa, pero cree firmemente que una sola palabra del Señor basta para sanar. Esa confianza sincera conmueve el corazón de Jesús.

Además, el Evangelio nos recuerda que Jesús se acerca a todos los que sufren: sana al criado, levanta a la suegra de Pedro y cura a muchos enfermos. Su amor no hace distinción de personas y se manifiesta especialmente donde hay dolor, necesidad y esperanza.

Hoy, este mensaje nos invita a preguntarnos: ¿Confío verdaderamente en el poder de Jesús, incluso cuando las circunstancias parecen difíciles? Si acudimos a Él con un corazón humilde y lleno de fe, descubriremos que sigue actuando en nuestra vida, fortaleciendo nuestras debilidades y dándonos la paz que solo Él puede ofrecer. La respuesta agradecida a ese amor, como la de la suegra de Pedro, es levantarnos para servir con alegría a los demás.

Reflexión 20260628

 


UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260628

 


Diariamente vivimos el dolor que provoca la violencia cuando golpea lo más valioso que posee una persona: la familia, la seguridad y la propia vida. La experiencia de tantos padres y madres que buscan a sus hijos desaparecidos revela una herida abierta en la sociedad.



Los afectos familiares, la seguridad jurídica y en particular la propia vida, son realidades que nos interesan y preocupan. No es nada sencillo poner en riesgo dichos valores cuando se vive en un clima violento y amenazador. Miles de personas en nuestro país saben lo que significa que sus hijos salgan de casa y no regresen; cientos de madres saben lo que es andar de un sitio a otro tratando de dar con el paradero de sus desaparecidos. Vivimos en medio de una sociedad muy violenta que desprecia el valor más importante: la vida. Cuando la vida se pone en riesgo por fidelidad a Jesucristo el creyente encuentra un sentido. Lo que no tiene justificación alguna son las muertes arbitrarias y carentes de toda racionalidad que a diario enlutan el corazón de tantas familias en México. Algo hemos hecho demasiado mal para vivir en este lodazal de violencia.

RAÍCES DE NUESTRA FE 20260628 San Cirilo de Jerusalén. Catequesis 5, 12

 



San Cirilo de Jerusalén destaca que la fe recibida de la Iglesia debe conservarse íntegra y permanecer firmemente grabada en el corazón de los creyentes. Explica que el Símbolo de la fe resume las verdades esenciales de la Sagrada Escritura y sirve como guía para quienes no pueden acceder directamente a toda la enseñanza bíblica. Exhorta a memorizar y vivir esta profesión de fe durante toda la vida, manteniéndose fieles a ella sin dejarse confundir por falsas doctrinas, aun si provinieran de personas con autoridad o aparentaran tener un origen extraordinario. De este modo, la fidelidad a la enseñanza apostólica se convierte en el fundamento seguro de la vida cristiana.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260628

 



San Jerónimo explica que Jesús no prohíbe amar a la familia, sino que enseña que el amor a Dios debe ocupar siempre el primer lugar. Cuando existe un conflicto entre la fidelidad a Cristo y los afectos familiares, el discípulo está llamado a elegir a Dios por encima de todo. Asimismo, recuerda que seguir a Jesús implica cargar la cruz cada día con perseverancia y fidelidad. Finalmente, destaca la dignidad de la misión de los apóstoles: quien los recibe, recibe al mismo Cristo y, por medio de Él, al Padre que lo envió. De este modo, el Señor anima a sus discípulos a cumplir su misión con confianza, asegurándoles que Dios proveerá lo necesario mediante la acogida y la generosidad de los creyentes.

(San Jerónimo [340-397]. Comentario al Evangelio de Mateo).

Evangelio del 26 de junio 2026 Mateo 8, 1-4


 

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud. De pronto se le acercó un leproso, se postró ante él y le dijo: "Señor, si quieres, puedes curarme". Jesús extendió la mano y lo tocó, diciéndole: "Sí quiero, queda curado". Inmediatamente quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: "No le vayas a contar esto a nadie. Pero ve ahora a presentarte al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés para probar tu curación".

 

Reflexión

 

El Evangelio nos muestra que Jesús no sólo escucha el clamor del leproso, sino que se acerca a él y lo toca. En una época en la que los leprosos eran rechazados y considerados impuros, ese gesto revela un amor que rompe las barreras del miedo, del prejuicio y de la exclusión.

El leproso se acerca con una fe humilde: "Señor, si quieres, puedes curarme". No exige, sino que confía plenamente en la voluntad de Jesús. Y la respuesta del Señor es clara y llena de esperanza: "Sí quiero, queda curado".

También hoy, Jesús sigue acercándose a nuestras heridas físicas, emocionales y espirituales. Nos invita a confiar en su misericordia y, al mismo tiempo, a imitar su ejemplo, tendiendo la mano a quienes viven solos, enfermos, rechazados o necesitados de consuelo. El verdadero discípulo no pasa de largo ante el sufrimiento, sino que lo enfrenta con compasión y amor.