Aceptar la victoria de Jesucristo crucificado sobre la muerte es el
centro de nuestra esperanza. Los discípulos de Jesús proclamaron dos certezas
con la misma seguridad: la muerte en cruz y la resurrección de Jesucristo. La
victoria de Jesús sobre la muerte es el signo de la fidelidad del Padre al Hijo
obediente que se entrega sin fisuras por sus hermanos. Quienes vivan como Jesús
vivió alcanzarán la vida plena. Aunque en el presente los cristianos vivamos en
una cultura que parece cerrarse a la posibilidad de trascender hacia la vida
plena, no estamos exentos de documentar de manera creíble nuestra esperanza. En
la medida que seamos más libres de nuestras fiebres mundanas y de las
realidades materiales, más estaremos transparentando nuestra esperanza en Cristo
resucitado.
RICARDO HUANTE M.
EVANGELIZACIÓN Y REFLEXIÓN
jueves, 19 de marzo de 2026
UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260322
RAÍCES DE NUESTRA FE Los Credos de la Iglesia
El Credo de Atanasio 3.
Es una profesión de fe de las más importantes
de la fe católica. «Además, para la salvación eterna es necesario que también
crea fielmente en la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo. Pues la fe recta
es que creamos y confesemos que Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, es
Dios y hombre. Es Dios, engendrado de la sustancia del Padre, antes de los
siglos; y es hombre, de la substancia de su Madre, nacido en el mundo. Perfecto
Dios y perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana. Igual
al Padre en cuanto a su divinidad, y menor que el Padre en cuanto a su
humanidad. Mas, aun cuando es Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo. Y
uno, no por la conversión de la divinidad en carne, sino por la asunción de la
humanidad en Dios. Uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino
por la unidad de la persona. Pues según el alma racional y la carne son un
hombre, así Dios y hombre es un solo Cristo, el cual sufrió por nuestra
salvación, descendió a los infiernos, resucitó al tercer día de entre los
muertos. Subió a los cielos, está sentado a la derecha del Padre, Dios
Todopoderoso, desde donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. A su
venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y darán cuenta de sus
propios actos. Y los que obraron bien, irán a la vida eterna; y los que obraron
mal, al fuego eterno. Ésta es la fe católica y el que no la creyere fiel y
firmemente, no podrá salvarse». (San Atanasio [296-375]. El Credo consiste en
40 declaraciones rítmicas, fue usado en el oficio dominical por más de mil
años. Seguiremos con el «Símbolo de los Apóstoles»).
EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260322
«Entre todos los milagros hechos por nuestro Señor Jesucristo, tiene
particular resonancia la resurrección de Lázaro. Pero, si nos fijamos en aquel
que lo hizo, debemos más bien alegrarnos que admirarnos. Resucitó a un hombre
aquel que hizo al hombre; es el Unigénito del Padre, por el cual, como sabéis,
fueron hechas todas las cosas. Si, pues, por Él fueron creadas todas; las
cosas, no es de admirar que por El resucitase uno, cuando por Él nacen tantos
diariamente. Más es crear un hombre que resucitarlo. Se dignó, empero, crear y
resucitar; crear a todos y resucitar a algunos. No todo cuanto hizo el Señor
Jesús está escrito, como lo afirma el mismo san Juan, diciendo que Cristo obró
y dijo muchas otras cosas que no han sido escritas. Han sido elegidas las que
se han escrito, porque parecen suficientes para la salvación de los que habían
de creer. Oíste que el Señor resucitó a un muerto; esto debe bastarte para
saber que, si quisiese, podía resucitar a todos; lo cual se lo ha reservado
para el fin de los tiempos. Pues el mismo que resucitó a uno que llevaba cuatro
días en el sepulcro, según habéis oído, dice que llegará la hora en que cuantos
están en los sepulcros oirán su voz y saldrán de ellos. Resucitó a uno en
descomposición, pero que aún conservaba en el cadáver descompuesto la forma de
los miembros; pero El en el último día, con una sola voz, convertirá las
cenizas en carne. Era conveniente que ahora hiciese algunos milagros, que,
siendo manifestaciones de su poder, nos moviesen a creer en Él, preparándonos
para aquella resurrección que conduce a la vida, evitando el juicio de
condenación» (San Agustín [354430]. Tratado 49 sobre el Evangelio de Juan).
V DOMINGO DE CUARESMA Domingo 22 de Marzo 2026
ANTÍFONA DE ENTRADA
Señor, hazme justicia. Defiende mi causa contra la gente sin piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado, tú que eres mi Dios y mi defensa (Cfr.
Sal 42, 1-2).
No se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Te rogamos, Señor Dios nuestro, que, con tu auxilio, avancemos
animosamente hacia aquel grado de amor con el que tu Hijo, por la salvación del
mundo, se entregó a la muerte. Él, que vive y reina contigo...
Monición: El profeta Ezequiel nos narra cómo Dios
hace surgir la vida ahí donde parece que ya no hay esperanza, pues basta sólo
el soplo de su Espíritu y hasta un pueblo de muertos puede resucitar.
Escuchemos.
PRIMERA LECTURA (Ez 37, 12-14) Del libro del profeta Ezequiel
Esto dice el Señor Dios: "Pueblo mío, yo mismo abriré sus
sepulcros, los haré salir de ellos y los conduciré de nuevo a la tierra de
Israel.
Cuando abra sus sepulcros y los saque de ellos, pueblo mío, ustedes
dirán que yo soy el Señor.
Entonces les infundiré mi espíritu y vivirán, los estableceré en su
tierra y ustedes sabrán que yo, el Señor, lo dije y lo cumplí". Palabra de
Dios. A. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 129)
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.
L. Desde el abismo de mis pecados clamo a ti; Señor, escucha mi clamor;
que estén atentos tus oídos a mi voz suplicante. / R.
L. Si conservaras el recuerdo de las culpas, ¿quién habría, Señor, que
se salvara? Pero de ti procede el perdón, por eso con amor te veneramos. / R.
L. Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra; mi alma
aguarda al Señor, mucho más que a la aurora el centinela. / R.
L. Como aguarda a la aurora el centinela, aguarda Israel al Señor,
porque del Señor viene la misericordia y la abundancia de la redención, y él
redimirá a su pueblo de todas sus iniquidades. / R.
Monición: San Pablo, en la segunda lectura, felicita
a quienes agradan a Dios porque llevan una vida según el Espíritu y si los
conduce el Espíritu también participarán de la resurrección de Cristo.
Escuchemos.
SEGUNDA LECTURA (Rom 8, 8-11)
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos
Hermanos: Los que viven en forma desordenada y egoísta no pueden
agradar a Dios. Pero ustedes no llevan esa clase de vida, sino una vida
conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita verdaderamente en
ustedes.
Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. En cambio, si
Cristo vive en ustedes, aunque su cuerpo siga sujeto a la muerte a causa del
pecado, su espíritu vive a causa de la actividad salvadora de Dios.
Si el Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos,
habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó a Jesús de entre los
muertos, también les dará vida a sus cuerpos mortales, por obra de su Espíritu,
que habita en ustedes. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO (Jn 11, 25. 26)
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús. Yo soy la resurrección y la vida,
dice el Señor; el que cree en mí no morirá para siempre. R. Honor y gloria a
ti, Señor Jesús.
Monición: Con la resurrección de Lázaro, narrada en
el evangelio de hoy, Jesús anuncia su propia resurrección y la de todos
aquellos que participan de la vida de Cristo por el bautismo y la comparten.
Escuchemos.
EVANGELIO (Jn 11, 1-45)
Del santo Evangelio según san Juan
A. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se encontraba enfermo Lázaro, en Betania, el pueblo de
María y de su hermana Marta. María era la que una vez ungió al Señor con
perfume y le enjugó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano
Lázaro.
Por eso las dos hermanas le mandaron decir a Jesús: "Señor, el
amigo a quien tanto quieres está enfermo".
Al oír esto, Jesús dijo: "Esta enfermedad no acabará en la muerte,
sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea
glorificado por ella".
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando se
enteró de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días más en el lugar en que
se hallaba. Después dijo a sus discípulos: "Vayamos otra vez a
Judea". Los discípulos le dijeron: "Maestro, hace poco que los judíos
querían apedrearte, ¿y tú vas a volver allá?" Jesús les contestó:
"¿Acaso no tiene doce horas el día? El que camina de día no tropieza,
porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza,
porque le falta la luz".
Dijo esto y luego añadió: "Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido;
pero yo voy ahora a despertarlo". Entonces le dijeron sus discípulos:
"Señor, si duerme, es que va a sanar". Jesús hablaba de la muerte,
pero ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo
abiertamente: "Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber
estado ahí, para que crean. Ahora, vamos allá". Entonces Tomás, por
sobrenombre el Gemelo, dijo a los demás discípulos: "Vayamos también
nosotros, para morir con él".
Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro.
Betania quedaba cerca de Jerusalén, como a unos dos kilómetros y medio, y
muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte
de su hermano. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero
María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado
aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora estoy segura de que Dios te
concederá cuanto le pidas".
Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará". Marta respondió:
"Ya sé que resucitará en la resurrección del último día". Jesús le
dijo: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya
muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para
siempre. ¿Crees tú esto?". Ella le contestó: "Sí, Señor. Creo
firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al
mundo".
Después de decir estas palabras, fue a buscar a su hermana María y le
dijo en voz baja: "Ya vino el Maestro y te llama". Al oír esto, María
se levantó en el acto y salió hacia donde estaba Jesús, porque él no había
llegado aún al pueblo, sino que estaba en el lugar donde Marta lo había
encontrado. Los judíos que estaban con María en la casa, consolándola, viendo
que ella se levantaba y salía de prisa, pensaron que iba al sepulcro para
llorar ahí y la siguieron.
Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo, se echó a sus pies y
le dijo: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi
hermano". Jesús, al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la
acompañaban, se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: "¿Dónde lo han
puesto?". Le contestaron: "Ven, Señor, y lo verás". Jesús se
puso a llorar y los judíos comentaban: "De veras ¡cuánto lo amaba!"
Algunos decían: "¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de
nacimiento, hacer que Lázaro no muriera?"
Jesús, profundamente conmovido
todavía, se detuvo ante el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa.
Entonces dijo Jesús: "Quiten la losa". Pero Marta, la hermana del que
había muerto, le replicó: "Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro
días". Le dijo Jesús: "¿No te he dicho que si crees, verás la gloria
de Dios?" Entonces quitaron la piedra.
Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: "Padre, te doy gracias
porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he
dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has
enviado". Luego gritó con voz potente: "i Lázaro, sal de ahí!".
Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta
en un sudario. Jesús les dijo: "Desátenlo, para que pueda andar".
Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo
que había hecho Jesús, creyeron en él.
Palabra del Señor.
A. Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO de los Apóstoles
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y
gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder
de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los
infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y
está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a
juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la
carne y la vida eterna.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Sacerdote: Oremos, amados hermanos, y pidamos la misericordia del Señor
para que, compadecido de su pueblo penitente, escuche nuestras plegarias.
Oremos diciendo:
TODOS: Renuévanos, Señor, con tu gracia.
1. Para que el Redentor
del mundo, que se entregó a la muerte para vivificar a su pueblo, libere a la
Iglesia de todo mal. Roguemos al Señor.
2. Para que el Redentor
del mundo, que oró en la cruz por quienes lo crucificaban, interceda ante el
Padre por los pecadores. Roguemos al Señor.
3. Para que el Redentor
del mundo, que experimentó en la cruz el sufrimiento y la angustia, se
compadezca de los que sufren y ponga fin a sus dolores. Roguemos al Señor.
4. Para que el Redentor
del mundo a nosotros, sus siervos, que nos disponemos a recordar con veneración
su cruz, nos reconforte con la fuerza de su resurrección. Roguemos al Señor.
Intenciones de la Iglesia local.
Sacerdote: Señor Dios, gloria del hombre viviente, contempla los
sufrimientos de la Iglesia, que llora por sus hijos muertos a causa del pecado,
y concede a los que han muerto por sus culpas la resurrección y la vida nueva
de la gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor. TODOS: Amén.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Escúchanos, Dios todopoderoso, y concede a tus siervos, en quienes
infundiste la sabiduría de la fe cristiana, quedar purificados, por la eficacia
de este sacrificio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
PREFACIO I DE CUARESMA
Significado espiritual de la Cuaresma
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno, por Cristo, Señor nuestro. Por él concedes bondadosamente a tus fieles
anhelar gozosos, año tras año, con el alma purificada, las solemnidades de la
Pascua, para que dedicados con mayor entrega a la oración y a las obras de
caridad, por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida,
lleguemos a ser plenamente hijos tuyos. Por eso, con los ángeles y los
arcángeles, con los tronos y dominaciones y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN
Todo el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre, dice el
Señor (Cfr. Jn 11, 26).
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te rogamos, Dios todopoderoso, que podamos contarnos siempre entre los
miembros de aquel cuyo Cuerpo y Sangre acabamos de comulgar. Él, que vive y
reina por los siglos de los siglos.
ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO
Bendice, Señor, a tu pueblo, que espera los dones de tu misericordia, y
concédele recibir de tu mano generosa lo que tú mismo lo mueves a pedir. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
miércoles, 18 de marzo de 2026
¿CREEMOS EN UN SOLO DIOS O EN TRES DIOSES?
Creemos en un solo Dios en tres personas (TRINIDAD). «Dios no es soledad, sino comunión perfecta» (Benedicto XVI, 22.05.2005).
Los cristianos no adoran a tres dioses diferentes, sino a un único ser,
que es trino (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y sin embargo uno. Que Dios es trino
lo sabemos por Jesucristo: Él, el Hijo, habla de su Padre del Cielo («Yo y el
Padre somos uno», Jn 10,30). Él ora al Padre y nos envía el Espíritu Santo, que
es el amor del Padre y del Hijo. Por eso somos bautizados «en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19).
Evangelio del 19 de marzo 2026 Lucas 2, 41-51
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las
festividades de la Pascua.
Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la
costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en
Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana,
hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo,
regresaron a Jerusalén en su busca.
Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los
doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se
admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se
quedaron atónitos y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué te has portado
así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de
angustia". Él les respondió: "¿Por qué me andaban buscando? ¿No
sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?" Ellos no entendieron
la respuesta que les dio.
Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su
madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.
Cometario
Es el único relato que tenemos sobre la adolescencia de Jesús y actúa
como un puente entre su nacimiento y su vida pública.
Este es el momento en que Jesús expresa por primera vez, con sus
propias palabras, quién es. Su respuesta a María: "¿No sabíais que en las
cosas de mi Padre me es necesario estar?", revela que ya a los doce años
tiene una conciencia plena de su filiación divina. Establece que su relación
con Dios Padre tiene prioridad incluso sobre sus lazos familiares terrenales.
El relato humaniza profundamente a María y José. Su búsqueda durante
tres días refleja una angustia real, similar a la que cualquier padre sentiría.
La mención de que "no comprendieron lo que les decía" nos recuerda
que, aunque María guardaba todo en su corazón, el misterio de la misión de su
hijo se le iba revelando de forma gradual y, a veces, dolorosa.
El pasaje termina diciendo que Jesús "bajó con ellos a Nazaret y
les estaba sujeto". Este es un detalle crucial: la divinidad de Jesús no
lo exime de sus deberes humanos.





