ANTÍFONA DE ENTRADA
Alégrate, Jerusalén, y que se reúnan cuantos la aman. Compartan su
alegría los que estaban tristes, vengan a saciarse con su felicidad (Cfr. Is
66, 10-11).
No se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, que por tu Palabra realizas admirablemente la
reconciliación del género humano, concede al pueblo cristiano prepararse con
generosa entrega y fe viva a celebrar las próximas fiestas de la Pascua. Por
nuestro Señor Jesucristo...
Monición: En la primera lectura escucharemos cómo
Dios unge rey a David, a través de Samuel, quien es el más pequeño de los hijos
de Jesé. Recibe el Espíritu que lo acompaña y le da fuerza para cumplir su
misión. Escuchemos.
PRIMERA LECTURA
(1 Sam 16, 1. 6-7. 10-13) Del primer libro de Samuel
En aquellos días, dijo el Señor a Samuel: "Ve a la casa de Jesé,
en Belén, porque de entre sus hijos me he escogido un rey. Llena, pues, tu
cuerno de aceite para ungirlo y vete".
Cuando llegó Samuel a Belén y vio a Eliab, el hijo mayor de Jesé,
pensó: "Éste es, sin duda, el que voy a ungir como rey". Pero el
Señor le dijo: "No te dejes impresionar por su aspecto ni por su gran
estatura, pues yo lo he descartado, porque yo no juzgo como juzga el hombre. El
hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los
corazones".
Así fueron pasando ante Samuel siete de los hijos de Jesé; pero Samuel
dijo: "Ninguno de éstos es el elegido del Señor". Luego le preguntó a
Jesé: "¿Son éstos todos tus hijos?" Él respondió: "Falta el más
pequeño, que está cuidando el rebaño". Samuel le dijo: "Hazlo venir,
porque no nos sentaremos a comer hasta que llegue". Y Jesé lo mandó
llamar.
El muchacho era rubio, de ojos vivos y buena presencia. Entonces el
Señor dijo a Samuel: "Levántate y úngelo, porque éste es". Tomó
Samuel el cuerno con el aceite y lo ungió delante de sus hermanos. A partir de
aquel día, el espíritu del Señor estuvo con David. Palabra de Dios. A. Te
alabamos, Señor.
Salmo responsorial (Sal 22)
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
L. El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace
reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas. / R.
L. Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto;
así aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tl
vara y tu cayado me dan seguridad. / R.
L. Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges
la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes. / R.
L. Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vid ¿y
viviré en la casa del Señor por años sin término. / R.
Monición: San Pablo nos exhorta a vivir una vida
nueva y comprometida y ser luz en la sociedad, pues quien recibió la luz de
Cristo no tiene nada que ver con las obras de las tinieblas. Escuchemos.
Segunda Lectura (Ef 5, 8-14)
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios
Hermanos: En otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora, unidos
Señor, son luz. Vivan, por lo tanto, como hijos de la luz. Los frutos de la luz
sc la bondad, la justicia y la verdad. Busquen lo que es agradable al Señor v
tomen parte en las obras estériles de los que son tinieblas.
Al contrario, repruébenlas abiertamente; porque, si bien las cosas q
ellos hacen en secreto da vergüenza aun mencionarlas, al ser reprobad
abiertamente, todo queda en claro, porque todo lo que es iluminado por la luz
se convierte en luz.
Por eso se dice: Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos
y Cristo será tu luz. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio (Jn 8, 12)
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús. Yo soy la luz del mundo, dice el
Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida. R. Honor y gloria a ti, Señor
Jesús.
Monición: En el evangelio de hoy, con la curación
del ciego de nacimiento, se nos ofrece una hermosa catequesis sobre Jesús, el
Hijo de Dios: Jesús es la Luz del mundo que disipa las tinieblas. Escuchemos.
EVANGELIO (Jn 9, 1-41)
Del santo Evangelio según san Juan A. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento, y sus
discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién pecó para que éste naciera
ciego, él o sus padres?". Jesús respondió: "Ni él pecó, ni tampoco
sus padres. Nació así para que en él se manifestaran las obras de Dios. Es
necesario que yo haga las obras del que me envió, mientras es de día, porque
luego llega la noche y ya nadie puede trabajar. Mientras esté en el mundo, yo
soy la luz del mundo".
Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en
los ojos al ciego y le dijo: "Ve a lavarte en la piscina de Siloé"
(que significa 'Enviado'). Él fue, se lavó y volvió con vista.
Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna,
preguntaban: "¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?" Unos
decían: "Es el mismo". Otros: "No es él, sino que se le
parece". Pero él decía: "Yo soy". Y le preguntaban:
"Entonces, ¿cómo se te abrieron los ojos?" Él les respondió: "El
hombre que se llama Jesús hizo lodo, me lo puso en los ojos y me dijo: 'Ve a
Siloé y lávate'. Entonces fui, me lavé y comencé a ver". Le preguntaron:
"¿En dónde está él?". Les contestó: "No lo sé".
Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado
el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. También los fariseos le
preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó: "Me puso lodo
en los ojos, me lavé y veo". Algunos de los fariseos comentaban: "Ese
hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado". Otros replicaban:
"¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?". Y había
división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: "Y tú,
¿qué piensas del que te abrió los ojos?" Él les contestó: "Que es un
profeta".
Pero los judíos no creyeron que aquel hombre, que había sido ciego,
hubiera recobrado la vista. Llamaron, pues, a sus padres y les preguntaron:
"¿Es éste su hijo, del que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que
ahora ve?" Sus padres contestaron: "Sabemos que éste es nuestro hijo
y que nació ciego. Cómo es que ahora ve o quién le haya dado la vista, no lo
sabemos. Pregúntenselo a él; ya tiene edad suficiente y responderá por sí
mismo". Los padres del que había sido ciego dijeron esto por miedo a los
judíos, porque éstos ya habían convenido en expulsar de la sinagoga a quien
reconociera a Jesús como el Mesías. Por eso sus padres dijeron: 'Ya tiene edad;
pregúntenle a él'.
Llamaron de nuevo al que había sido ciego y le dijeron: "Da gloria
a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es pecador". Contestó él: "Si
es pecador, yo no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo". Le
preguntaron otra vez: 64 Domingo
15 de Marzo "¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?" Les contestó:
"Ya se lo dije a ustedes y no me han dado crédito. ¿para qué quieren oírlo
otra vez? ¿Acaso también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?"
Entonces ellos lo llenaron de insultos y le dijeron: "Discípulo de ése lo
serás tú. Nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le
habló Dios. Pero ése, no sabemos de dónde viene".
Replicó aquel hombre: "Es curioso que ustedes no sepan de dónde
viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los
pecadores, pero al que lo teme y hace su voluntad, a ese sí lo escucha. Jamás
se había oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si
éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder". Le replicaron: "Tú
eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?". Y
lo echaron fuera.
Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo:
"¿Crees tú en el Hijo del hombre?". Él contestó: "¿y quién es,
Señor, para que yo crea en él?". Jesús le dijo: "Ya lo has visto; el
que está hablando contigo, ése es". Él dijo: "Creo, Señor". Y
postrándose, lo adoró.
Entonces le dijo Jesús: "Yo he venido a este mundo para que se
definan los campos: para que los ciegos vean, y los que ven queden
ciegos". Al oír esto, algunos fariseos que estaban con él le preguntaron:
"¿Entonces también nosotros estamos ciegos?". Jesús les contestó:
"Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero como dicen que ven, siguen
en su pecado".
Palabra del Señor.
A. Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO de los Apóstoles
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y
gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder
de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los
infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y
está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a
juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la
carne y la vida eterna.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Sacerdote: Oremos, hermanos, al Señor, que no desea la muerte del
pecador, sino que se convierta y viva, y pidámosle que tenga misericordia de su
pueblo penitente, diciendo:
TODOS: Escúchanos, Señor, por tu misericordia.
1. Para que Dios aumente
la fe y fortalezca la voluntad de los que se preparan a recibir en estos días
cuaresmales el sacramento de la penitencia y les conceda un verdadero
arrepentimiento de sus culpas. Roguemos al Señor.
2. Para que el Señor abra
la inteligencia y el corazón de los incrédulos, de manera que lleguen al
conocimiento de la verdad, y en la fe encuentren aquel descanso que tanto desea
su corazón. Roguemos al Señor.
3. Para que Dios conceda
su ayuda a los enfermos, a los pobres, a los que se sienten tentados y a todos
aquellos que con su sufrimiento participan de la cruz de Cristo. Roguemos al
Señor.
4. Para que todos nosotros
perseveremos en el esfuerzo cuaresmal y lleguemos, purificados e iluminados, a
las fiestas de Pascua que se acercan. Roguemos al Señor.
Intenciones de la Iglesia local.
Sacerdote: Dios nuestro, que conoces hasta lo más recóndito de nuestro
corazón, no permitas que nos domine el poder de las tinieblas, antes bien abre
nuestros ojos a la luz del Espíritu, para que podamos ver a aquel que has
enviado para iluminar al mundo y creamos únicamente en él, Jesucristo, tu Hijo
y Señor nuestro. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. TODOS:
Amén.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS. Te presentamos, Señor, llenos de alegría,
estas ofrendas para el sacrificio redentor, y pedimos tu ayuda para celebrarlo
con fe sincera y ofrecerlo dignamente por la salvación del mundo. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
PREFACIO IV DE CUARESMA Los frutos del ayuno
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno. Porque con el ayuno corporal, refrenas nuestras pasiones, elevas
nuestro espíritu, nos fortaleces y recompensas, por Cristo, Señor nuestro. Por
él, celebran tu majestad los ángeles, te adoran las dominaciones, se estremecen
las potestades. Te celebran, unidos en la alegría, los cielos, las virtudes
celestiales y los bienaventurados serafines. Permítenos asociarnos a sus voces
cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo...
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN.
El Señor me puso lodo sobre los ojos; entonces fui, me lavé, comencé a
ver y creí en Dios (Cfr. Jn 9, 11. 38).
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.
Señor Dios, luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo,
ilumina nuestros corazones con el resplandor de tu gracia, para que podamos
siempre pensar lo que es digno y grato a tus ojos y amarte con sincero corazón.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO
Protege, Señor, a quienes te invocan, ayuda a los débiles y reaviva
siempre con tu luz a quienes caminan en medio de las tinieblas de la muerte;
concédeles que, liberados por tu bondad de todos los males, alcancen los bienes
supremos. Por Jesucristo, nuestro Señor.