martes, 21 de julio de 2026

Evangelio del 22 de julio 2026 Juan 20, 1-2. 11-18

 



El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto".

María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: "¿Por qué estás llorando, mujer?" Ella les contestó: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto".

Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: "Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?" Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: "Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto". Jesús le dijo: "¡María!" Ella se volvió y exclamó: "¡Rabbuní!", que en hebreo significa "maestro". Jesús le dijo: "Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: "Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios" ".

María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.

Reflexión

Este pasaje nos invita a descubrir que Dios se hace presente especialmente en los momentos de mayor tristeza y desconcierto. María Magdalena, movida por su amor a Jesús, no deja de buscarlo aun cuando todo parece perdido. Cuando Jesús la llama por su nombre, ella lo reconoce y su dolor se convierte en alegría y esperanza.

También nosotros, en medio de las dificultades de la vida, podemos sentir que Dios está lejos. Sin embargo, este Evangelio nos recuerda que el Señor siempre sale a nuestro encuentro, nos conoce personalmente y nos llama por nuestro nombre. Al igual que María Magdalena, estamos invitados a reconocer su presencia y a compartir con los demás la alegría de anunciar que Cristo vive.


lunes, 20 de julio de 2026

Evangelio del 21 de julio 2026 Mateo 12, 46-50



En aquel tiempo, Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus parientes se acercaron y trataban de hablar con él. Alguien le dijo entonces a Jesús: "Oye, ahí fuera están tu madre y tus hermanos, y quieren hablar contigo".

Pero él respondió al que se lo decía: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?" Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo: "Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre".

Reflexión

Este pasaje nos recuerda que la verdadera familia de Jesús no se define por los lazos de sangre, sino por la comunión con Dios. Cuando Jesús afirma que quien cumple la voluntad del Padre es su hermano, su hermana y su madre, no está rechazando a María ni a sus familiares; al contrario, está mostrando que María ocupa el primer lugar precisamente porque escuchó la Palabra de Dios y la llevó a la práctica.

También nosotros estamos llamados a formar parte de esa gran familia espiritual. Cada vez que vivimos el Evangelio con amor, perdonamos, servimos a los demás y buscamos hacer la voluntad de Dios, nos acercamos más a Cristo y fortalecemos los vínculos de fraternidad con quienes nos rodean.

En un mundo donde con frecuencia predominan el individualismo, las divisiones y los intereses personales, este Evangelio nos invita a construir comunidades donde reine el amor, la acogida y la solidaridad. Ser discípulos de Jesús significa reconocer en cada persona a un hermano o una hermana, y vivir de tal manera que nuestra vida refleje el amor del Padre.

domingo, 19 de julio de 2026

Evangelio del 20 de julio 2026 Mateo 12, 38-42

 



En aquel tiempo, le dijeron a Jesús algunos escribas y fariseos: "Maestro, queremos verte hacer una señal prodigiosa". Él les respondió: "Esta gente malvada e infiel está reclamando una señal, pero la única señal que se le dará será la del profeta Jonás. Pues de la misma manera que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre de la ballena, así también el Hijo del hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra.

Los habitantes de Nínive se levantarán el día del juicio contra esta gente y la condenarán, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay alguien más grande que Jonás.

La reina del Sur se levantará el día del juicio contra esta gente y la condenará, porque ella vino de los últimos rincones de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien más grande que Salomón".

Reflexión

Este pasaje nos invita a preguntarnos si buscamos a Dios con un corazón sincero o si solo creemos cuando obtenemos pruebas extraordinarias. Los escribas y fariseos pedían un milagro más, pero Jesús les recuerda que la verdadera señal es su propia persona, su muerte y su resurrección, prefiguradas en la experiencia del profeta Jonás.

También pone como ejemplo a los habitantes de Nínive y a la reina del Sur, quienes supieron reconocer la voz de Dios y responder con humildad. Ellos acogieron la verdad con fe, mientras que quienes tenían a Jesús delante permanecían cerrados por la incredulidad.

Para nuestro tiempo, este Evangelio nos invita a descubrir las señales de Dios en la vida cotidiana: en su Palabra, en la Eucaristía, en el testimonio de personas que viven el amor, el perdón y la justicia. La fe madura no depende de milagros espectaculares, sino de un corazón dispuesto a escuchar, convertirse y seguir a Cristo, que sigue siendo la mayor señal del amor de Dios para la humanidad.

viernes, 17 de julio de 2026

Evangelio del 18 de julio 2026 Mateo 12, 14-21

 



En aquel tiempo, los fariseos se confabularon contra Jesús para acabar con él. Al saberlo, Jesús se retiró de ahí. Muchos lo siguieron y él curó a todos los enfermos y les mandó enérgicamente que no lo publicaran, para que se cumplieran las palabras del profeta Isaías:

Miren a mi siervo, a quien sostengo;

a mi elegido, en quien tengo mis complacencias.

En él he puesto mi Espíritu,

para que haga brillar la justicia sobre las naciones.

No gritará ni clamará,

no hará oír su voz en las plazas,

no romperá la caña resquebrajada,

ni apagará la mecha que aún humea,

hasta que haga triunfar la justicia sobre la tierra;

y en él pondrán todas las naciones su esperanza.

 

Reflexión

 

Este pasaje nos muestra a Jesús respondiendo al odio con el amor, la misericordia y el servicio. Como el Siervo anunciado por Isaías, fortalece a los débiles, devuelve la esperanza y anuncia la justicia de Dios sin recurrir a la violencia. Su ejemplo invita a los cristianos de hoy a vencer el mal con el bien, promoviendo la paz, la compasión y la dignidad de toda persona, confiando en que el amor de Dios puede transformar los corazones y la sociedad.

jueves, 16 de julio de 2026

Evangelio del 17 de julio 2026 Mateo 12, 1-8

 



Un sábado, atravesaba Jesús por los sembrados. Los discípulos, que iban con él, tenían hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos. Cuando los fariseos los vieron, le dijeron a Jesús: "Tus discípulos están haciendo algo que no está permitido hacer en sábado".

Él les contestó: "¿No han leído ustedes lo que hizo David una vez que sintieron hambre él y sus compañeros? ¿No recuerdan cómo entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, de los cuales ni él ni sus compañeros podían comer, sino tan sólo los sacerdotes?

¿Tampoco han leído en la ley que los sacerdotes violan el sábado porque ofician en el templo y no por eso cometen pecado? Pues yo digo que aquí hay alguien más grande que el templo.

Si ustedes comprendieran el sentido de las palabras: Misericordia quiero y no sacrificios, no condenarían a quienes no tienen ninguna culpa. Por lo demás, el Hijo del hombre también es dueño del sábado".

Reflexión

Este pasaje del Evangelio nos recuerda que Dios no desea una religión reducida a normas externas, sino una fe vivida con amor y misericordia. Cuando los fariseos critican a los discípulos por arrancar espigas en sábado, Jesús les hace comprender que la ley está al servicio de la persona y no la persona al servicio de la ley.

Con la frase «Misericordia quiero y no sacrificios», Jesús enseña que el verdadero culto a Dios consiste en amar, comprender y ayudar al prójimo. Cumplir las normas religiosas tiene sentido cuando conduce a una vida más humana, más compasiva y más cercana a quienes sufren.

También hoy podemos caer en la tentación de juzgar a los demás sin conocer sus circunstancias o de dar más importancia a las apariencias que al amor. Cristo nos invita a mirar con su misma compasión, poniendo siempre en el centro la dignidad de la persona. Quien vive la misericordia descubre que el corazón del Evangelio no es la condena, sino el amor que libera, sana y da vida.

miércoles, 15 de julio de 2026

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260719

 



Jesús nos enseña que el Reino de Dios crece con paciencia en quienes acogen su gracia con humildad. La fe debe reflejarse en el servicio y el compromiso con los demás. Pidamos al Espíritu Santo que fortalezca nuestro testimonio para llevar esperanza y vida a nuestro entorno.



El camino cristiano está abierto para todos, pero cada persona decide cuándo y a qué ritmo irlo recorriendo. El seguimiento de Jesús es un esfuerzo exigente que no termina nunca de consolidarse. Se decide ser discípulo y no se termina nunca por serlo completamente. Es un eterno esfuerzo de estira y afloja. En ese intento no se trabaja solo, sino que se cuenta siempre con el auxilio de la gracia de Dios. Quien se deje ayudar con mayor apertura, permitirá que el arbolito de mostaza vaya creciendo más rápidamente que quien oponga resistencias. Los cristianos no podemos aislarnos en burbuja alguna, puesto que estamos llamados a permear con el impulso del Espíritu vivificante de Dios los espacios, donde algunos pretenden apagar la vida, sean los ámbitos naturales o los ámbitos sociales y familiares.


RAÍCES DE NUESTRA FE 19 de julio 2026


Catequesis de san Cirilo de Jerusalén

San Cirilo de Jerusalén enseña que la fe cristiana se fundamenta en la existencia de un solo Dios, eterno, inmutable, bueno y justo, creador de todo cuanto existe, tanto del mundo material como del espiritual. Frente a las herejías que dividían a Dios, negaban la Trinidad o atribuían la creación a distintos principios, afirma con claridad la unidad de Dios y su obra creadora. Asimismo, proclama que el Padre es Padre desde la eternidad de su único Hijo, Jesucristo, por medio de quien fueron creadas todas las cosas, visibles e invisibles. Esta enseñanza invita a los creyentes a permanecer firmes en la verdadera doctrina y a discernir con prudencia los errores que puedan apartarlos de la fe auténtica.

(San Cirilo de Jerusalén -315-386-. Catequesis 4, 4).