miércoles, 4 de marzo de 2026


 

Quien cree busca una relación personal con Dios y está dispuesto a creer todo lo que Dios muestra (revela) de sí mismo.

Al comienzo del acto de fe hay con frecuencia una conmoción o una inquietud. El hombre experimenta que el mundo visible y el transcurso normal de las cosas no pueden ser todo. Se siente tocado por un misterio. Sigue las pistas que le señalan la existencia de Dios y paulatinamente logra la confianza de dirigirse a Dios y finalmente de adherirse a él libremente. En el evangelio de san Juan leemos: «A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer» (Jn 1,18). Por eso debemos creer en Jesús, el Hijo de Dios, si queremos saber qué nos quiere comunicar Dios. Por eso creer es acoger a Jesús y jugarse toda la vida por él.

Evangelio del 4 de marzo 2026 Mateo 20, 17-28



En aquel tiempo, mientras iba de camino a Jerusalén, Jesús llamó aparte a los Doce y les dijo: «Ya vamos camino de Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día, resucitará».

Entonces se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?» Ella respondió: «Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino». Pero Jesús replicó: «No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo he de beber?» Ellos contestaron: «Sí podemos» Y él les dijo: «Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado».

Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: «Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos».

Reflexión

A menudo buscamos a Dios para obtener beneficios o estatus, cuando el seguimiento de Jesús implica, antes que nada, estar dispuestos a "beber el cáliz" del servicio y la entrega personal.

Esta lectura nos desafía a mirar nuestras propias "ambiciones espirituales". ¿Buscamos ser reconocidos o buscamos realmente ayudar? 


lunes, 2 de marzo de 2026

¿QUÉ ES LA FE?


 


La fe es saber y confiar. Tiene siete rasgos:

 

-       La fe es un puro don de Dios, que recibimos, si lo pedimos ardientemente.

-       La fe es la fuerza sobrenatural que nos es necesaria para obtener la salvación.

-       La fe exige la voluntad libre y el entendimiento lúcido del hombre cuando acepta la invitación divina.

-       La fe es absolutamente cierta, porque tiene la garantía de Jesús.

-       La fe es incompleta mientras no sea efectiva en el amor.

-       La fe aumenta si escuchamos con más atención la voz de Dios y mediante la oración estamos en un intercambio vivo con él.

-       La fe nos permite ya ahora gustar por adelantado la alegría del cielo.

 

Muchos dicen que creer les parece poco, que quieren saber. Pero la palabra «creer» tiene dos significados diferentes: cuando una paracaidista pregunta al empleado del aeropuerto: «¿Está bien preparado el paracaídas?», y aquél le responde, indiferente: «Creo que sí», no será suficiente para él; esto quiere saberlo seguro. Pero si ha pedido a un amigo que le prepare el paracaídas, éste le

contestará a la misma pregunta: «Sí, lo he hecho personalmente. ¡Puedes confiar en mí!». Y el paracaidista replicará: «Te creo». Esta fe es mucho más que saber: es certeza. Y ésta es la fe que hizo partir a Abraham a la tierra prometida, ésta es la fe que hizo que los MÁRTIRES perseveraran hasta la muerte, ésta es la fe que aún hoy mantiene en pie a los cristianos perseguidos. Una fe que afecta a todo el hombre.

Evangelio del 3 de marzo 2026 Mateo 23, 1-12

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame 'maestros'. Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen 'maestros', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen 'padre', porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar 'guías', porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».

Reflexión

Jesús reconoce la autoridad de los escribas y fariseos ("siéntense en la cátedra de Moisés"), pero advierte: «hagan lo que ellos dicen, pero no lo que ellos hacen».

La fe, si no se traduce en acciones que reflejen compasión y justicia, se convierte en una cáscara vacía. La autenticidad es la base de cualquier camino espiritual.

Una de las críticas más duras es que estos líderes imponían "pesadas cargas" sobre los hombros de los demás, mientras ellos no movían ni un dedo para ayudar.

La verdadera autoridad no nace del estatus ni de la ropa que vestimos (las filacterias o los flecos), sino de la capacidad de abajarse para elevar a los demás. No hay títulos por encima del de "hermanos".

¿Nuestra forma de vivir la fe ayuda a los demás a ser libres y felices, o les genera culpa y opresión? El papel del cristiano es aliviar cargas, no multiplicarlas.

domingo, 1 de marzo de 2026

¿CÓMO PODEMOS RESPONDER A DIOS CUANDO ÉL SE DIRIGE A NOSOTROS?

 



 

Responder a Dios es creer en él.

Quien quiera creer necesita «un corazón atento» (1 Re 3,9). Dios busca de muchas maneras establecer contacto con nosotros. En cada encuentro humano, en cada experiencia conmovedora en la naturaleza, en cada aparente casualidad, en cada reto, en cada dolor, está escondido un mensaje de Dios para nosotros. De manera más clara aún nos habla cuando se dirige a nosotros en su palabra o en la voz de la conciencia. Nos habla como a amigos. Por ello debemos responderle también como amigos y creer en él, creer totalmente en él, aprender a comprenderle cada vez mejor ya aceptar sin reservas su voluntad.

Evangelio del 2 de marzo 2026 Lucas 6, 36-38


 


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos».

Reflexión

1. El Modelo es el Padre

El texto comienza con un mandato ambicioso: "Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso". No se nos pide ser buenos por simple educación o conveniencia social, sino imitar la esencia de Dios. La misericordia no es debilidad, sino la capacidad de mirar la miseria ajena con el corazón y actuar para aliviarla.

Jesús propone cuatro acciones prácticas para vivir la paz:

No juzgar y no condenar: Para evitar la soberbia de sentirnos superiores a los demás.

Perdonar y dar: Como herramientas para liberar tanto al que recibe como al que ofrece.

Al dejar de señalar los errores ajenos, creamos un espacio donde la reconciliación es posible.

La imagen final es hermosa y muy gráfica: una medida "buena, apretada, remecida y rebosante". En la cultura de la época, esto aludía a cuando se llenaba el regazo del manto con grano hasta que ya no cabía más.

 

La gran paradoja: En el reino del espíritu, lo que guardas para ti lo pierdes, pero lo que das con generosidad regresa a ti multiplicado. La vida nos devuelve el eco de lo que proyectamos.

viernes, 27 de febrero de 2026

¿QUÉ FUNCIÓN TIENE LA SAGRADA ESCRITURA EN LA IGLESIA?

 

La IGLESIA saca su vida y su fuerza de la Sagrada Escritura.

Con la excepción de la presencia de Cristo en la sagrada EUCARISTÍA, no hay nada que la IGLESIA venere más reverentemente que la presencia de Cristo en la Sagrada Escritura. En la Santa Misa acogemos en pie el Evangelio, porque en las palabras humanas que escuchamos es Dios mismo quien nos habla.