Antífona de entrada.
Concede, Señor, la paz a los que esperan en ti, y cumple así las
palabras de tus profetas; escucha las plegarias de tu siervo, y de tu pueblo
Israel (Cfr. Sir 36, 18).
Gloria
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor,
Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que
quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del
mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú
Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
Oración colecta.
Señor Dios, creador y soberano de todas las cosas, vuelve a nosotros
tus ojos y concede que te sirvamos de todo corazón, para que experimentemos los
efectos de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo...
Monición: Dios nos pide atender las ofensas con
misericordia y llegar al perdón. Como Dios nos perdona gratuitamente, de la
misma manera perdonemos al hermano. Piensa en el final y guarda los
mandamientos. Escuchemos.
Primera Lectura (Sir 27, 33-28, 9)
Del libro del Sirácide (Eclesiástico)
Cosas abominables son el rencor y la cólera; sin embargo, el pecador se
aferra a ellas. El Señor se vengará del vengativo y llevará rigurosa cuenta de
sus pecados.
Perdona la ofensa a tu prójimo, y así, cuando pidas perdón, se te
perdonarán tus pecados. Si un hombre le guarda rencor a otro, ¿le puede acaso
pedir la salud al Señor?
El que no tiene compasión de un semejante, ¿cómo pide perdón de sus
pecados? Cuando el hombre que guarda rencor pide a Dios el perdón de sus
pecados, ¿hallará quien interceda por él?
Piensa en tu fin y deja de odiar, piensa en la corrupción del sepulcro
y guarda los mandamientos.
Ten presentes los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo.
Recuerda la alianza del Altísimo y pasa por alto las ofensas. Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial (Sal 102)
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
L. Bendice al Señor, alma mía; que todo mi ser bendiga su santo nombre.
Bendice al Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios. / R.
L. El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él rescata tu
vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura. / R.
L. El Señor no nos condena para siempre, ni nos guarda rencor perpetuo.
No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados.
/ R.
L. Como desde la tierra hasta el cielo, así es de grande su
misericordia; como un padre es compasivo con sus hijos, así es compasivo el
Señor con quien lo ama. / R.
Monición: San Pablo
nos dice cuál es la actitud que se debe tener ante la vida, "si vivimos,
para el Señor vivimos". Desde que fuimos redimidos por Cristo, ya nadie
vive para sí mismo, sino para el Señor. Escuchemos.
Segunda Lectura (Rom 14, 7-9)
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos
Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí
mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos.
Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor.
Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos.
Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio (Jn 13, 34)
R. Aleluya, aleluya. Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que
se amen los unos a los otros, como yo les he amado. R. Aleluya, aleluya.
Monición: Dios es
entrañablemente bueno; siempre nos da el perdón y con generosidad; nos perdona
siempre porque se lo pedimos. Esa misma experiencia de perdón divino es la que
debemos otorgar al prójimo. Escuchemos.
Evangelio (Mt 18, 21-35)
Del santo Evangelio según san Mateo A. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: "Si mi
hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete
veces?" Jesús le contestó: "No sólo hasta siete, sino hasta setenta
veces siete".
Entonces Jesús les dijo: "El Reino de los cielos es semejante a un
rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron
le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo
vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la
deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: 'Ten
paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. El rey tuvo lástima de aquel servidor,
lo soltó y hasta le perdonó la deuda.
Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus
compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi
lo estrangulaba, mientras le decía: 'Págame lo que me debes'. El compañero se
le arrodilló y le rogaba: 'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. Pero el
otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le
pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron
a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: 'Siervo
malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú
también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?'
Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran
hasta que pagara lo que debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no
perdona de corazón a su hermano".
Palabra del Señor.
A. Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO
Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la
tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios,
Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la
misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los
hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue
crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al
tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha
del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino
no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede
del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y
gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa,
católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los
pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Sacerdote: Imploremos, hermanos, la misericordia de Dios y pidámosle
que escuche las oraciones de los que hemos puesto en Él nuestra confianza.
Oremos diciendo:
TODOS: Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.
1. Para los obispos, los
presbíteros y los diáconos pidamos al Señor una vida santa, tal como
corresponde a su ministerio, y el premio abundante de su trabajo. Roguemos al
Señor.
2. Para los que gobiernan
las naciones y tienen bajo su poder el destino de los pueblos pidamos el don de
la prudencia y el espíritu de justicia. Roguemos al Señor.
3. Para los enfermos e
impedidos pidamos al Señor la fortaleza a fin de que no se desanimen ante las
dificultades y vivan alegres en la esperanza de los bienes eternos. Roguemos al
Señor.
4. Para nosotros mismos y
para nuestros familiares, amigos y bienhechores pidamos al Señor que nos
conserve y aumente los bienes que con tanta generosidad nos ha concedido.
Roguemos al Señor.
Sacerdote: Señor Dios, que siempre perdonas a los que perdonan a sus
hermanos, escucha nuestras oraciones y crea en nosotros un corazón nuevo, que,
como reflejo del Corazón de Cristo, olvide las ofensas recibidas y recuerde a
los demás hasta qué punto tú nos amas. Por Jesucristo, nuestro Señor. TODOS:
Amén.
Oración sobre las ofrendas. Sé propicio, Señor, a nuestras plegarias y
acepta benignamente estas ofrendas de tus siervos, para que aquello que cada
uno ofrece en honor de tu nombre aproveche a todos para su salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
Nuestra humanidad salvada por la humanidad de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno. Porque reconocemos como obra de tu poder admirable no sólo haber
socorrido nuestra débil naturaleza con la fuerza de tu divinidad, sino también
el haber previsto el remedio en nuestra misma naturaleza mortal, y así, con lo
que fue la causa de nuestra ruina, con eso mismo nos diste la salvación, por
Cristo, Señor nuestro. Por él, los ángeles cantan con júbilo eterno y nosotros
nos unimos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo,
Santo...Prefacio
Antífona de la comunión.
Señor Dios, qué preciosa es tu misericordia. Por eso los hombres se
acogen a la sombra de tus alas (Cfr. Sal 35, 8).
Oración después de la comunión.
Que el efecto de este don celestial, Señor, transforme nuestro cuerpo y
nuestro espíritu, para que sea su fuerza, y no nuestro sentir, lo que siempre
inspire nuestras acciones. Por Jesucristo, nuestro Señor.