domingo, 17 de mayo de 2026

Evangelio del 18 de mayo 2026 Juan 16, 29-33

 



En aquel tiempo, los discípulos le dijeron a Jesús: "Ahora sí nos estás hablando claro y no en parábolas. Ahora sí estamos convencidos de que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por eso creemos que has venido de Dios".

Les contestó Jesús: "¿De veras creen? Pues miren que viene la hora, más aún, ya llegó, en que se van a dispersar cada uno por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estaré solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho estas cosas, para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán tribulaciones; pero tengan valor, porque yo he vencido al mundo".

Comentario

Los discípulos creen haber comprendido plenamente a Jesús cuando él les habla con claridad. Sin embargo, Jesús conoce la fragilidad de su fe y les anuncia que pronto lo dejarán solo en el momento de la pasión. Aun así, revela una verdad consoladora: nunca está solo porque el Padre está con él.

Este pasaje refleja también nuestra propia vida de fe: muchas veces pensamos que entendemos y que somos fuertes, pero ante las dificultades surgen el miedo, la duda o el abandono. Jesús no oculta que en el mundo habrá tribulación, pero ofrece una esperanza firme: “ánimo, yo he vencido al mundo”. Su victoria sobre el mal y la muerte nos invita a confiar en que, incluso en medio de las pruebas, la paz verdadera se encuentra en permanecer unidos a él.

viernes, 15 de mayo de 2026

Evangelio del 16 de mayo 2026 Juan 16, 23-28



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo concederá. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.

Les he dicho estas cosas en parábolas; pero se acerca la hora en que ya no les hablaré en parábolas, sino que les hablaré del Padre abiertamente. En aquel día pedirán en mi nombre, y no les digo que rogaré por ustedes al Padre, pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que salí del Padre. Yo salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre".

Comentario

Jesús consuela a sus discípulos asegurándoles que, después de su partida, podrán dirigirse directamente al Padre en su nombre, y que sus peticiones serán escuchadas. Les anuncia también que pronto comprenderán plenamente su relación con el Padre y con ellos.

Este pasaje revela una profunda confianza en la comunión entre Dios y los creyentes: la oración en el nombre de Jesús no es un rito, sino una expresión de fe viva que une al discípulo con el amor del Padre. Es una invitación a vivir la esperanza de una relación directa y transparente con Dios, donde la tristeza se transforma en gozo por la certeza de su presencia. 

jueves, 14 de mayo de 2026

Evangelio del 15 de mayo 2026 Juan 16, 20-23

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría.

Cuando una mujer va a dar a luz, se angustia, porque le ha llegado la hora; pero una vez que ha dado a luz, ya no se acuerda de su angustia, por la alegría de haber traído un hombre al mundo. Así también ahora ustedes están tristes, pero yo los volveré a ver, se alegrará su corazón y nadie podrá quitarles su alegría. Aquel día no me preguntarán nada".

Comentario

Jesús prepara a sus discípulos para el dolor de su pasión, pero también les anuncia una alegría nueva y definitiva.

Este texto nos recuerda que el sufrimiento no tiene la última palabra. Muchas veces atravesamos momentos de incertidumbre, pérdida o tristeza, pero Dios puede transformar esas experiencias en crecimiento, esperanza y vida nueva. La alegría que Cristo ofrece no depende de circunstancias externas, sino de su presencia viva en nuestro corazón.

Jesús nos invita a confiar plenamente en el Padre: una relación cercana donde la oración brota con fe y esperanza. En medio de las pruebas, el cristiano está llamado a esperar, sabiendo que después de la noche siempre amanece la luz de la Resurrección.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Reflexión 20260517


 

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260517

Vivimos la paradoja que: Mientras el mandato es "extender el evangelio a todas las naciones", la estadística local muestra una "constante disminución de bautizados". Esto nos sitúa en un escenario de crisis institucional y espiritual.



 Entre la grandiosidad del último capítulo del Evangelio de san Mateo, que invita a extender el discipulado entre todas las naciones y la constante disminución del número de los bautizados en muchas de las iglesias de Latinoamérica, existe una gran diferencia. Es como pasar de los siete años de vacas gordas a los años de vacas flacas. Nunca ha sido tarea sencilla vivir como discípulos de Jesucristo. Tampoco lo es ahora. Más aun, cabe reconocer que se multiplican las fuerzas restrictivas que dificultan la respuesta congruente al llamado de Jesucristo. El desinterés por los ideales evangélicos, la seducción que ejerce la sociedad del divertimento y el consumo no dejan de crecer y afectar la vida de los creyentes. Sin embargo, conviene recordar que la promesa del Padre va en serio: "Yo estoy con ustedes cada día, hasta el fin del mundo".


RAÍCES DE NUESTRA FE 20260517

 



Carta de san Cirilo de Alejandría a los monjes de Egipto. Esta Carta fue enviada antes del Concilio de Éfeso, con la finalidad de poner a los monjes en aviso contra la herejía de Nestorio que negaba que María fuera reconocida como la «Theotokos» (Madre de Dios). «Me asombra que haya gente que se haga esta pregunta: ¿debe o no debe llamarse a la Virgen María Madre de Dios? Pues si Nuestro Señor Jesucristo es Dios, ¿cómo la Virgen, que lo ha puesto en el mundo, no va a ser Madre de Dios? Ésta es la creencia que nos han transmitido los Santos Apóstoles, aunque no se sirvieron de este término. Esta es la enseñanza que hemos recibido de los Santos Padres. Y muy panicularmente de nuestro Padre de venerable memoria, Atanasio, que durante cuarenta y seis años iluminó la sede de Alejandría, y opuso a las invenciones de los heréticos impíos una sabiduría invencible y digna de los Apóstoles. Atanasio, que ha invadido con el perfume de sus escritos el universo entero, y a quien todos rinden testimonio por su ortodoxia y por su piedad; Atanasio, en el tercer libro del tratado que compuso sobre la Trinidad santa y consustancial, llama varias veces a la Virgen María Madre de Dios. Voy a citar textualmente sus palabras: "La Sagrada Escritura -lo hemos hecho notar muy a menudo- se caracteriza principalmente por esto: porque rinde a la persona del Salvador un doble testimonia Por una parte, Él es el Dios eterno, el Hijo, el Verbo, el resplandor y la sabiduría del Padre; por otra, en estos últimos tiempos y para nuestra salvación, se encarnó de la Virgen María, Madre de Dios, y se hizo hombre! Yun poco más adelante dice Atanasio: "Juan, estando todavía en las entrañas de su madre, se estremeció de gozo con la voz de María, la Madre de Dios'.' Así habla este hombre considerable, tan digno de inspirar confianza, pues no habría dicho nunca nada que no fuese conforme con las Sagradas Escrituras...».

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260517

 



«Nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo un día como hoy; que nuestro corazón ascienda también con él. Escuchemos al Apóstol: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios... Y así como él ascendió sin alejarse de nosotros, nosotros estamos ya allí con él, aun cuando todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que nos ha sido prometido. Él fue ya exaltado sobre los cielos; pero sigue padeciendo en la tierra todos los trabajos que nosotros, que somos sus miembros, experimentamos. De lo que dio testimonio cuando exclamó: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? ¿Por qué no vamos a esforzarnos sobre la tierra, de modo que gracias a la fe, la esperanza y la caridad, con las que nos unimos con él, descansemos ya con él en los cielos? Mientras él está allí, sigue estando con nosotros; y nosotros, mientras estamos aquí, podemos estar ya con él allí. Él está con nosotros por su divinidad, su poder y su amor; nosotros, en cambio, aunque no podemos llevarlo a cabo como él por la divinidad, sí que podemos por el amor hacia él. No se alejó del cielo, cuando descendió hasta nosotros; ni de nosotros, cuando regresó hasta él. Él mismo es quien asegura que estaba allí mientras estaba aquí: Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. Esto lo dice en razón de la unidad que existe entre él, nuestra cabeza, y nosotros, su cuerpo. Y nadie, excepto él, podría decirlo, ya que nosotros estamos identificados con él, en virtud de que él, por nuestra causa, se hizo Hijo del hombre, y nosotros, por él, hemos sido hechos hijos de Dios» (San Agustín [354-430]. Sermón sobre la Ascensión del Señor).