lunes, 2 de marzo de 2026

¿QUÉ ES LA FE?


 


La fe es saber y confiar. Tiene siete rasgos:

 

-       La fe es un puro don de Dios, que recibimos, si lo pedimos ardientemente.

-       La fe es la fuerza sobrenatural que nos es necesaria para obtener la salvación.

-       La fe exige la voluntad libre y el entendimiento lúcido del hombre cuando acepta la invitación divina.

-       La fe es absolutamente cierta, porque tiene la garantía de Jesús.

-       La fe es incompleta mientras no sea efectiva en el amor.

-       La fe aumenta si escuchamos con más atención la voz de Dios y mediante la oración estamos en un intercambio vivo con él.

-       La fe nos permite ya ahora gustar por adelantado la alegría del cielo.

 

Muchos dicen que creer les parece poco, que quieren saber. Pero la palabra «creer» tiene dos significados diferentes: cuando una paracaidista pregunta al empleado del aeropuerto: «¿Está bien preparado el paracaídas?», y aquél le responde, indiferente: «Creo que sí», no será suficiente para él; esto quiere saberlo seguro. Pero si ha pedido a un amigo que le prepare el paracaídas, éste le

contestará a la misma pregunta: «Sí, lo he hecho personalmente. ¡Puedes confiar en mí!». Y el paracaidista replicará: «Te creo». Esta fe es mucho más que saber: es certeza. Y ésta es la fe que hizo partir a Abraham a la tierra prometida, ésta es la fe que hizo que los MÁRTIRES perseveraran hasta la muerte, ésta es la fe que aún hoy mantiene en pie a los cristianos perseguidos. Una fe que afecta a todo el hombre.

Evangelio del 3 de marzo 2026 Mateo 23, 1-12

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame 'maestros'. Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen 'maestros', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen 'padre', porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar 'guías', porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».

Reflexión

Jesús reconoce la autoridad de los escribas y fariseos ("siéntense en la cátedra de Moisés"), pero advierte: «hagan lo que ellos dicen, pero no lo que ellos hacen».

La fe, si no se traduce en acciones que reflejen compasión y justicia, se convierte en una cáscara vacía. La autenticidad es la base de cualquier camino espiritual.

Una de las críticas más duras es que estos líderes imponían "pesadas cargas" sobre los hombros de los demás, mientras ellos no movían ni un dedo para ayudar.

La verdadera autoridad no nace del estatus ni de la ropa que vestimos (las filacterias o los flecos), sino de la capacidad de abajarse para elevar a los demás. No hay títulos por encima del de "hermanos".

¿Nuestra forma de vivir la fe ayuda a los demás a ser libres y felices, o les genera culpa y opresión? El papel del cristiano es aliviar cargas, no multiplicarlas.

domingo, 1 de marzo de 2026

¿CÓMO PODEMOS RESPONDER A DIOS CUANDO ÉL SE DIRIGE A NOSOTROS?

 



 

Responder a Dios es creer en él.

Quien quiera creer necesita «un corazón atento» (1 Re 3,9). Dios busca de muchas maneras establecer contacto con nosotros. En cada encuentro humano, en cada experiencia conmovedora en la naturaleza, en cada aparente casualidad, en cada reto, en cada dolor, está escondido un mensaje de Dios para nosotros. De manera más clara aún nos habla cuando se dirige a nosotros en su palabra o en la voz de la conciencia. Nos habla como a amigos. Por ello debemos responderle también como amigos y creer en él, creer totalmente en él, aprender a comprenderle cada vez mejor ya aceptar sin reservas su voluntad.

Evangelio del 2 de marzo 2026 Lucas 6, 36-38


 


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos».

Reflexión

1. El Modelo es el Padre

El texto comienza con un mandato ambicioso: "Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso". No se nos pide ser buenos por simple educación o conveniencia social, sino imitar la esencia de Dios. La misericordia no es debilidad, sino la capacidad de mirar la miseria ajena con el corazón y actuar para aliviarla.

Jesús propone cuatro acciones prácticas para vivir la paz:

No juzgar y no condenar: Para evitar la soberbia de sentirnos superiores a los demás.

Perdonar y dar: Como herramientas para liberar tanto al que recibe como al que ofrece.

Al dejar de señalar los errores ajenos, creamos un espacio donde la reconciliación es posible.

La imagen final es hermosa y muy gráfica: una medida "buena, apretada, remecida y rebosante". En la cultura de la época, esto aludía a cuando se llenaba el regazo del manto con grano hasta que ya no cabía más.

 

La gran paradoja: En el reino del espíritu, lo que guardas para ti lo pierdes, pero lo que das con generosidad regresa a ti multiplicado. La vida nos devuelve el eco de lo que proyectamos.

viernes, 27 de febrero de 2026

¿QUÉ FUNCIÓN TIENE LA SAGRADA ESCRITURA EN LA IGLESIA?

 

La IGLESIA saca su vida y su fuerza de la Sagrada Escritura.

Con la excepción de la presencia de Cristo en la sagrada EUCARISTÍA, no hay nada que la IGLESIA venere más reverentemente que la presencia de Cristo en la Sagrada Escritura. En la Santa Misa acogemos en pie el Evangelio, porque en las palabras humanas que escuchamos es Dios mismo quien nos habla.


Evangelio del 28 de febrero 2026 Mateo 5, 43-48

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos...

Porque, si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Sean, pues, perfectos como su Padre celestial es perfecto".

Reflexión

Jesús nos invita a dar un paso más allá de lo que parece justo o razonable: amar también a los enemigos y orar por quienes nos persiguen. No se trata solo de evitar el odio, sino de responder al mal con el bien.

Jesús propone como modelo al Padre celestial, que ama sin distinción y hace el bien a todos. Así, la perfección cristiana no consiste en no equivocarse, sino en amar con un corazón amplio, misericordioso y universal.

RAÍCES DE NUESTRA FE Los Credos en la Iglesia.



La Iglesia siempre buscó formas de expresar su fe de manera sencilla, clara, precisa y fácil de memorizar. Estas formulaciones son llamadas «Credos» o también «Símbolos de la fe». Son declaraciones que sintetizan las creencias fundamentales de la comunidad cristiana. Estos credos han sido esenciales para la unidad y la defensa de la doctrina cristiana, especialmente frente a las herejías que surgieron en los primeros siglos. Cada «Símbolo» es una profesión de fe. Es un resumen de las verdades fundamentales que la Iglesia Católica cree y enseña. La palabra credo proviene del latín y significa yo creo. Cuando profesamos el Credo expresamos nuestra adhesión a las enseñanzas de Jesús y a la Tradición Apostólica. Evidentemente, las frases de los Credos no se encuentran literalmente en la Biblia, pero sí se fundamentan en las enseñanzas de los Evangelios y de los otros escritos del Nuevo Testamento. Profesar nuestro Credo no es repetición de palabras. Es un acto de fe que nos conecta con Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Es un acto de comunión con la Iglesia, nuestra madre, que nos transmite la fe y nos acompaña en nuestra respuesta al Evangelio. En nuestras exposiciones seguiremos el esquema de nuestro Catecismo que dice: «Nuestra exposición de la fe seguirá el Símbolo de los Apóstoles, que constituye, por así decirlo, "el más antiguo catecismo romano”. Este Credo es un resumen fiel de la fe cristiana, que abarca los puntos esenciales de la doctrina cristiana» (Catecismo n. 196).