lunes, 17 de agosto de 2026

Evangelio del 18 de agosto 2026 Mateo 19, 23-30

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo les aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Se lo repito: es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos".

Al oír esto, los discípulos se quedaron asombrados y exclamaron: "Entonces ¿quién podrá salvarse?" Pero Jesús, mirándolos fijamente, les respondió: "Para los hombres eso es imposible, más para Dios todo es posible".

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús: "Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos va a tocar?" Jesús les dijo: "Yo les aseguro que en la vida nueva, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me han seguido, se sentarán también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

Y todo aquel que por mí haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o esposa o hijos, o propiedades, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Y muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros"

Reflexión

El apego a los bienes materiales y a la riqueza acumulada puede convertirse en un gran obstáculo para acoger los valores del Reino de los Cielos.

La salvación y la entrega no dependen de las capacidades humanas ni de la autosuficiencia económica, sino de la gracia divina y de la confianza plena en Dios.

Seguir un propósito superior implica una transformación de valores donde se invierten los criterios mundanos de éxito, encontrando la verdadera riqueza en el desprendimiento y la generosidad.

domingo, 16 de agosto de 2026

Evangelio del 17 de agosto 2026 Mateo 19, 16-22

 



En aquel tiempo, se acercó a Jesús un joven y le preguntó: "Maestro, ¿qué cosas buenas tengo que hacer para conseguir la vida eterna?" Le respondió Jesús: "¿Por qué me preguntas a mí acerca de lo bueno? Uno solo es el bueno: Dios. Pero, si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos". Él replicó: "¿Cuáles?"

Jesús le dijo: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, ama a tu prójimo como a ti mismo.

Le dijo entonces el joven: "Todo eso lo he cumplido desde mi niñez, ¿qué más me falta?" Jesús le dijo: "Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes, dales el dinero a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme". Al oír estas palabras, el joven se fue entristecido, porque era muy rico.

 

Reflexión

 

Este Evangelio nos invita a preguntarnos con sinceridad qué lugar ocupan nuestras riquezas, seguridades y bienes en nuestra vida. El joven había cumplido los mandamientos, pero todavía tenía algo que lo impedía entregarse plenamente a Jesús: estaba demasiado apegado a lo que poseía.

Jesús no condena los bienes materiales; nos invita a no convertirlos en nuestro tesoro absoluto. Seguirlo implica aprender a desprendernos de aquello que ocupa el lugar de Dios y nos impide compartir con los demás.

La tristeza del joven nace de no poder dar el paso. También nosotros podemos preguntarnos: ¿qué me falta entregar para seguir a Jesús con mayor libertad? A veces no se trata solamente de dinero, sino de poder, prestigio, comodidad, egoísmo o seguridades.

La verdadera riqueza está en amar, compartir y poner nuestra vida al servicio de los demás. El llamado de Jesús sigue siendo actual: dejar aquello que nos ata para descubrir el tesoro que no se acaba.

viernes, 14 de agosto de 2026

Evangelio del 15 de agosto 2026 Lucas 1, 39-56

 



En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor".

Entonces dijo María:

"Mi alma glorifica al Señor

y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.

Santo es su nombre y su misericordia llega de generación en generación

 a los que lo temen.

Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero,

destronó a los potentados y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada.

Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia, para siempre".

María permaneció con Isabel unos tres meses, y se volvió a su casa.

 

Reflexión

 

El encuentro entre María e Isabel nos muestra que la fe verdadera se convierte en alegría, servicio y esperanza. María, después de recibir el anuncio de Dios, no se encierra en sí misma, sino que se pone en camino para acompañar a Isabel. Su presencia lleva alegría y esperanza a aquella casa.

El Magníficat revela también que Dios mira con amor a los humildes, sostiene a los necesitados y transforma las situaciones de injusticia. María reconoce que todo lo que acontece en ella es obra de Dios y responde con gratitud.

Este Evangelio nos invita a preguntarnos: ¿nuestra fe lleva alegría y esperanza a quienes nos rodean? Como María, estamos llamados a salir al encuentro de los demás, especialmente de quienes necesitan compañía, consuelo y solidaridad. La verdadera grandeza ante Dios no está en el poder, sino en la humildad y en un corazón dispuesto a servir.

jueves, 13 de agosto de 2026

Evangelio del 14 de agosto 2026 Mateo 19, 3-12

 



En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerle una trampa: "¿Le está permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?" Jesús les respondió: "¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo hombre y mujer, y dijo: 'Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola cosa?'. De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre".

Pero ellos replicaron: "Entonces ¿por qué ordenó Moisés que el esposo le diera a la mujer un acta de separación, cuando se divorcia de ella?"

Jesús les contestó: "Por la dureza de su corazón, Moisés les permitió divorciarse de sus esposas; pero al principio no fue así. Y yo les declaro que quienquiera que se divorcie de su esposa, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, y se case con otra, comete adulterio; y el que se case con la divorciada, también comete adulterio".

Entonces le dijeron sus discípulos: "Si ésa es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse". Pero Jesús les dijo: "No todos comprenden esta enseñanza, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. Pues hay hombres que, desde su nacimiento, son incapaces para el matrimonio; otros han sido mutilados por los hombres, y hay otros que han renunciado al matrimonio por el Reino de los cielos. Que lo comprenda aquel que pueda comprenderlo".

Reflexión

El texto nos invita a reflexionar profundamente sobre el sentido original y la sacralidad del compromiso en pareja. Ante la pregunta malintencionada de los fariseos que buscaban poner a prueba a Jesús, Él no responde basándose en las rendijas legales o en los convencionalismos cambiantes de la época, sino que eleva la mirada hacia el proyecto original del Creador: la unión profunda y la complementariedad entre el hombre y la mujer ("una sola carne").

Jesús subraya que las normas humanas de separación respondieron a la "dureza de corazón", pero que el ideal divino apunta a la fidelidad inquebrantable y al respeto mutuo.

Hacia el final del pasaje, ante la sorpresa de los discípulos, se reconoce que vivir esta entrega requiere de una profunda convicción interior y madurez espiritual ("No todos comprenden esta enseñanza").

En definitiva, es una invitación a mirar las relaciones humanas no desde el mínimo cumplimiento de la ley, sino desde la generosidad, el amor duradero y la entrega consciente.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Evangelio del 13 de agosto 2026 Mateo 18, 21-19, 1

 



En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: "Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?" Jesús le contestó: "No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete".

Entonces Jesús les dijo: "El Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el Señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: 'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: 'Págame lo que me debes'. El compañero se le arrodilló y le rogaba: 'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.

Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contarle al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: 'Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?' Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.

Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano".

Cuando Jesús terminó de hablar, salió de Galilea y fue a la región de Judea que queda al otro lado del Jordán.

 

Reflexión sobre el perdón y la compasión

La parábola del siervo despiadado nos invita a examinar la profundidad de nuestro propio perdón. En el texto, Jesús responde a la pregunta de Pedro elevando el perdón a un nivel inagotable: no se trata de contar las ofensas, sino de adoptar una actitud constante de misericordia.

La desproporción de la gracia: La deuda enorme que el rey perdona al primer siervo simboliza la infinita misericordia que Dios tiene con nosotros frente a nuestras faltas.

La contradicción humana: Resulta desconcertante, pero profundamente humano, ver cómo el siervo, tras recibir un perdón tan generoso, es incapaz de mostrar la misma compasión con un compañero que le debía una cantidad mínima.

Una lección de vida: El relato nos recuerda que el perdón que recibimos no es un privilegio aislado, sino un mandato para actuar de la misma manera con quienes nos rodean, entendiendo que la falta de compasión hacia los demás nos encierra en nuestra propia dureza de corazón.

 

¿Cómo influye la misericordia que has recibido en la forma en que tratas las ofensas de quienes te rodean?


martes, 11 de agosto de 2026

Evangelio del 12 de agosto 2026 Mateo 18, 15-20

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos".

 

Reflexión

 

Este pasaje nos invita a vivir la corrección fraterna no desde el juicio o la condena, sino desde el amor y la búsqueda sincera de la reconciliación. Jesús nos enseña que el cuidado del hermano es una responsabilidad comunitaria que siempre debe empezar por el respeto y el diálogo directo, priorizando la misericordia y la unidad por encima de los errores.

lunes, 10 de agosto de 2026

Evangelio del 11 de agosto 2026 Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

 



En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: "¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?"

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: "Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo.

¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños".

 

Reflexión

 

El Evangelio nos recuerda que, para Jesús, la verdadera grandeza no está en el poder, el prestigio o el reconocimiento, sino en la humildad, la sencillez y la capacidad de confiar. Hacerse como un niño significa reconocer nuestra fragilidad y abrirnos con confianza al amor de Dios.

La parábola de la oveja perdida revela, además, un Dios que no se resigna a perder a ninguno de sus hijos. Cada persona tiene un valor único y merece ser buscada, acogida y acompañada. Por eso, la comunidad cristiana está llamada a cuidar especialmente de los pequeños, de los vulnerables y de quienes se han alejado.

En un mundo donde muchas veces se valora más sobresalir que servir, Jesús nos invita a cambiar de criterio: la grandeza verdadera consiste en hacerse pequeño para amar, cuidar y levantar a los demás.