jueves, 5 de febrero de 2026

Reflexión 20260208

 


UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260208

 

Hace unos años, el hoy fallecido Papa Francisco celebró el sínodo de la Amazonia. En él, nos hizo un llamado al "cuidado de la creación" incluida en la lista tradicional de las obras de misericordia. El cuidado de la creación sigue siendo una obra de misericordia urgente y necesaria en la hora presente. De esa luz tenemos que ser portadores y testigos en este momento de tanto maltrato a nuestra casa común. Las urgencias sociales y económicas son numerosas sin duda alguna, pero una manera de expresar nuestro camino penitencial sería modificar nuestro estilo de vida consumista y dispendioso. La compasión hacia los necesitados puede vivirse también de esta manera: existen hombres y mujeres en los países pobres, que están sufriendo más intensamente los efectos del cambio climático. Los pobres son las primeras víctimas de la sequía y los huracanes. Quienes aprendan a tratar amigablemente la obra de la creación estarán iniciando un camino de penitencia y reconciliación con Dios y con sus hermanos.

RAÍCES DE NUESTRA FE 20260208

 



Edad de Oro de los Padres (siglos IV-V). Los historiadores colocan este período entre el Concilio de Nicea (año 325) y el Concilio de Calcedonia (año 451). Es el período más breve, años 325-451. Pero es al mismo tiempo la etapa de mayor esplendor de la literatura patrística. Profundas crisis doctrinales, como la arriana y la pelagiana, perturbaron la Iglesia en esa época. Los Padres de estos tiempos, comprometidos en las grandes discusiones, supieron dar una contribución decisiva a la sistematización de la ciencia teológica y, por lo tanto, a la pureza de la doctrina. En esta época destacan las figuras de san Atanasio, san Basilio, san Gregorio Nacianceno, san Juan Crisóstomo, considerados como los más grandes Padres de la Iglesia Oriental; en la Iglesia de Occidente el dominio indiscutible lo tienen San Jerónimo, el Doctor de las Sagradas Escrituras, San Ambrosio, el Doctor de la independencia de la Iglesia, San Agustín, que no sólo es el Doctor de la Gracia, sino el Doctor universal, el santo obispo que por varios siglos fue el principal inspirador del pensamiento cristiano de Occidente. Es la época de esplendor en el desarrollo de la liturgia, que cristalizará en los diversos ritos que conocemos; es también la época de las grandes controversias teológicas, que obligan a un profundo estudio de la Revelación y permiten formular dogmáticamente la fe; en fin, es la época de un mayor esfuerzo por la total evangelización del mundo antiguo. La fecha de clausura de este período está caracterizada por una gran unidad entre los dos pulmones de la Iglesia, Oriente y Occidente.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260208

 


No podéis imaginaros cómo me aflige el alma al recordar las muchedumbres, que como imponente marea, se congregaban los días de fiesta y ver reducidas ahora a la mínima expresión esas multitudes de antaño! ¿Dónde están ahora los que en las solemnidades nos causan tanta tristeza? Es a éstos a quienes busco, por su causa lloro al caer en la cuenta de la cantidad de ellos que perecen y que estaban salvos, al considerar los muchos hermanos que pierdo, cuando pienso en el reducido número de los que se salvan, hasta el punto de que la mayor parte del cuerpo de la Iglesia se asemeja a un cuerpo muerto e inerte. Pero dirá alguno: ¿Y a nosotros qué? Pues bien, sí les importa muchísimo a ustedes que no se preocupan por ellos, ni los exhortan, ni los ayudan con vuestros consejos; a ustedes que no los hacen sentir su obligación de venir ni los arrastran aunque sea a la fuerza, ni los ayudan a salir de esa grande negligencia. Pues Cristo nos enseñó que no sólo debemos sernos útiles a nosotros, sino a muchos, al llamarnos sal, fermento y luz. Estas cosas, en efecto, son útiles y provechosas para los demás. Pues la lámpara no luce para sí, sino para los que viven en tinieblas: y tú eres lámpara, no para disfrutar en solitario de la luz, sino para reconducir al que yerra. Porque, ¿de qué sirve la lámpara si no alumbra al que vive en las tinieblas? Y ¿cuál sería la utilidad del cristianismo si no ganase a nadie, si a nadie redujera a la virtud? Por su parte, tampoco la sal se conserva a sí misma, sino que mantiene a raya a los cuerpos tendentes a la corrupción, impidiendo que se descompongan y perezcan» (San Juan Crisóstomo [c.347-407]. Homilía 20, 2. Carta a los Romanos).

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo A Domingo 8 de febrero 2026

 



 

ANTÍFONA DE ENTRADA

Entremos y adoremos de rodillas al Señor, creador nuestro, porque él es nuestro Dios (Sal 94, 6-7).

 

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

ORACIÓN COLECTA

Te rogamos, Señor, que guardes con incesante amor a tu familia santa, que tiene puesto su apoyo sólo en tu gracia, para que halle siempre en tu protección su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo...

           

Monición: El profeta Isaías nos recuerda que a Dios le son agradables las obras de caridad. No podemos decir "Señor creo en ti" y dejar sin pan y sin una sonrisa del corazón a un hermano con hambre. Escuchemos.

 

PRIMERA LECTURA (Is 58, 7-10)

Del libro del profeta Isaías

Esto dice el Señor: "Comparte tu pan con el hambriento, abre tu casa al pobre sin techo, viste al desnudo y no des la espalda a tu propio hermano.

Entonces surgirá tu luz como la aurora y cicatrizarán de prisa tus heridas; te abrirá camino la justicia y la gloria del Señor cerrará tu marcha.

Entonces clamarás al Señor y él te responderá; lo llamarás y él te dirá: 'Aquí estoy'.

Cuando renuncies a oprimir a los demás y destierres de ti el gesto amenazador y la palabra ofensiva; cuando compartas tu pan con el hambriento y sacies la necesidad del humillado, brillará tu luz en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía". Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 111)

R. El justo brilla como una luz en las tinieblas.

L. Quien es justo, clemente y compasivo, como una luz en las tinieblas brilla. Quienes, compadecidos, prestan y llevan su negocio honradamente, jamás se desviarán. / R.

L. El justo no vacilará; vivirá su recuerdo para siempre. No temerá malas noticias, porque en el Señor vive confiadamente. / R.

L. Firme está y sin temor su corazón. Al pobre da limosna, obra siempre conforme a la justicia; su frente se alzará llena de gloria. / R.

 

Monición: San Pablo nos dice, en la segunda lectura, que cuando llegó a Corinto a predicar a Cristo, utilizó palabras sencillas, nacidas de su corazón lleno de Cristo y abierto al Espíritu Santo. Escuchemos.

 

SEGUNDA LECTURA (1 Cor 2, 1-5)

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios

Hermanos: Cuando llegué a la ciudad de ustedes para anunciarles el Evangelio, no busqué hacerlo mediante la elocuencia del lenguaje o la sabiduría humana, sino que resolví no hablarles sino de Jesucristo, más aún, de Jesucristo crucificado.

Me presenté ante ustedes débil y temblando de miedo. Cuando les hablé y les prediqué el Evangelio, no quise convencerlos con palabras de hombre sabio; al contrario, los convencí por medio del Espíritu y del poder de Dios, a fin de que la fe de ustedes dependiera del poder de Dios y no de la sabiduría de los hombres.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO (Jn 8, 12)

R. Aleluya, aleluya. Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.

R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: Cristo, en el evangelio, nos dice que el cristiano es "sal de la tierra y luz del mundo". El mundo espera de todos los bautizados que le entreguemos la luz de Cristo con las obras. Escuchemos.

 

EVANGELIO (Mt 5, 13-16)

Del santo Evangelio según san Mateo A. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos".

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Oremos, hermanos, al Padre del Unigénito, al Hijo del Dios eterno y al Espíritu, fuente de todo bien. Oremos diciendo:

TODOS: Haz, Señor, que caminemos por tu senda.

1.         Para la Iglesia inmaculada del Dios verdadero, extendida por todo el mundo, pidamos la plena riqueza del amor de Dios. Roguemos al Señor.

2.         Para los que gobiernan los pueblos, pidamos el espíritu de justicia y el deseo de servir con dedicación a su pueblo. Roguemos al Señor.

3.         Por los débiles que se ven oprimidos y por los justos que sufren persecución, oremos a Jesús, el Salvador. Roguemos al Señor.

4.         Para nosotros mismos, pidamos al Señor un temor filial, un amor ferviente, una vida feliz y una santa muerte. Roguemos al señor.

Intenciones de la Iglesia local.

Sacerdote: Dios nuestro, que has manifestado cómo tu sabiduría está por encima de la prudencia del mundo, escucha nuestras oraciones y haz que comprendamos el verdadero espíritu del Evangelio, y así nos convirtamos en luz del mundo y sal de la tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor. TODOS: Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor Dios nuestro, que has creado los frutos de la tierra sobre todo para ayuda de nuestra fragilidad, concédenos que también se conviertan para nosotros en sacramento de eternidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

El día del Señor

En verdad es justo bendecirte y darte gracias, Padre santo, fuente de la verdad y de la vida, porque nos has convocado en tu casa en este día de fiesta. Hoy, tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra, y en la comunión del pan único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado, anhelando el domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu descanso. Entonces podremos contemplar tu rostro y alabaremos por siempre tu misericordia. Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos unánimes el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN

Demos gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace en favor de su pueblo; porque da de beber al que tiene sed y les da de comer a los hambrientos (Cfr. Sal 106, 8-9).

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor Dios, que quisiste hacernos participar de un mismo pan y un mismo cáliz, concédenos vivir de tal manera que, hechos uno en Cristo, demos fruto con alegría para la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

miércoles, 4 de febrero de 2026

Evangelio del 5 de febrero 2026 Lucas 9, 23-26




En aquel tiempo, Jesús le dijo a la multitud: "Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga. Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará. En efecto, ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo o se destruye?

Por otra parte, si alguien se avergüenza de mí y de mi doctrina, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga revestido de su gloria y de la del Padre y de la gloria de los santos ángeles".

Reflexión

Seguir a Jesús no ocurre en un vacío espiritual; sucede mientras caminamos hacia el trabajo, usamos el celular o nos cruzamos con desconocidos. La "cruz de cada día" son nuestros sacrificios, nuestra paciencia y nuestra fidelidad en un mundo que a menudo corre en dirección contraria.

En una cultura que nos empuja constantemente a "ganar el mundo" (fama, éxito, posesiones), la figura de Cristo nos invita a soltar el ego para encontrar una vida con propósito real.

El texto advierte sobre avergonzarse de Él. Caminar con coherencia cristiana hoy requiere valentía; es ser luz en medio del ruido y la indiferencia de la multitud.

Al final, la pregunta que nos deja esta escena es: En medio de mi rutina y mis afanes, ¿estoy caminando al paso de Jesús o simplemente soy un espectador más en la multitud? 

lunes, 2 de febrero de 2026

Evangelio del 3 de febrero 2026 Marcos 5, 21-43

 



En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: "Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva". Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.

Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de sus hemorragias y sintió en su cuerpo que estaba curada.

Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: "¿Quién ha tocado mi manto?" Sus discípulos le contestaron: "Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: «¿Quién me ha tocado?»" Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad".

Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: "Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que tengas fe". No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: "¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida". Y se reían de él.

 

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: "¡Talitá, kum!", que significa: "¡Óyeme, niña, levántate!" La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.

Reflexión

Este pasaje nos muestra a Jesús como Señor de la vida y de la esperanza. Dos historias se entrelazan: una mujer herida desde hace años y una niña al borde de la muerte. Ambas comparten algo esencial: la fe que se atreve a acercarse a Jesús.

La mujer toca su manto con confianza silenciosa; Jairo suplica con fe perseverante. Jesús se deja “interrumpir”, se detiene ante el sufrimiento concreto y responde con ternura: “No temas, basta que tengas fe”.

Aquí descubrimos que para Jesús nadie es invisible, que el tiempo de Dios no se mide por la prisa humana y que la fe abre camino incluso cuando todo parece perdido. Donde hay confianza en Él, la vida vuelve a levantarse.