domingo, 1 de marzo de 2026

¿CÓMO PODEMOS RESPONDER A DIOS CUANDO ÉL SE DIRIGE A NOSOTROS?

 



 

Responder a Dios es creer en él.

Quien quiera creer necesita «un corazón atento» (1 Re 3,9). Dios busca de muchas maneras establecer contacto con nosotros. En cada encuentro humano, en cada experiencia conmovedora en la naturaleza, en cada aparente casualidad, en cada reto, en cada dolor, está escondido un mensaje de Dios para nosotros. De manera más clara aún nos habla cuando se dirige a nosotros en su palabra o en la voz de la conciencia. Nos habla como a amigos. Por ello debemos responderle también como amigos y creer en él, creer totalmente en él, aprender a comprenderle cada vez mejor ya aceptar sin reservas su voluntad.

Evangelio del 2 de marzo 2026 Lucas 6, 36-38


 


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos».

Reflexión

1. El Modelo es el Padre

El texto comienza con un mandato ambicioso: "Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso". No se nos pide ser buenos por simple educación o conveniencia social, sino imitar la esencia de Dios. La misericordia no es debilidad, sino la capacidad de mirar la miseria ajena con el corazón y actuar para aliviarla.

Jesús propone cuatro acciones prácticas para vivir la paz:

No juzgar y no condenar: Para evitar la soberbia de sentirnos superiores a los demás.

Perdonar y dar: Como herramientas para liberar tanto al que recibe como al que ofrece.

Al dejar de señalar los errores ajenos, creamos un espacio donde la reconciliación es posible.

La imagen final es hermosa y muy gráfica: una medida "buena, apretada, remecida y rebosante". En la cultura de la época, esto aludía a cuando se llenaba el regazo del manto con grano hasta que ya no cabía más.

 

La gran paradoja: En el reino del espíritu, lo que guardas para ti lo pierdes, pero lo que das con generosidad regresa a ti multiplicado. La vida nos devuelve el eco de lo que proyectamos.

viernes, 27 de febrero de 2026

¿QUÉ FUNCIÓN TIENE LA SAGRADA ESCRITURA EN LA IGLESIA?

 

La IGLESIA saca su vida y su fuerza de la Sagrada Escritura.

Con la excepción de la presencia de Cristo en la sagrada EUCARISTÍA, no hay nada que la IGLESIA venere más reverentemente que la presencia de Cristo en la Sagrada Escritura. En la Santa Misa acogemos en pie el Evangelio, porque en las palabras humanas que escuchamos es Dios mismo quien nos habla.


Evangelio del 28 de febrero 2026 Mateo 5, 43-48

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos...

Porque, si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Sean, pues, perfectos como su Padre celestial es perfecto".

Reflexión

Jesús nos invita a dar un paso más allá de lo que parece justo o razonable: amar también a los enemigos y orar por quienes nos persiguen. No se trata solo de evitar el odio, sino de responder al mal con el bien.

Jesús propone como modelo al Padre celestial, que ama sin distinción y hace el bien a todos. Así, la perfección cristiana no consiste en no equivocarse, sino en amar con un corazón amplio, misericordioso y universal.

RAÍCES DE NUESTRA FE Los Credos en la Iglesia.



La Iglesia siempre buscó formas de expresar su fe de manera sencilla, clara, precisa y fácil de memorizar. Estas formulaciones son llamadas «Credos» o también «Símbolos de la fe». Son declaraciones que sintetizan las creencias fundamentales de la comunidad cristiana. Estos credos han sido esenciales para la unidad y la defensa de la doctrina cristiana, especialmente frente a las herejías que surgieron en los primeros siglos. Cada «Símbolo» es una profesión de fe. Es un resumen de las verdades fundamentales que la Iglesia Católica cree y enseña. La palabra credo proviene del latín y significa yo creo. Cuando profesamos el Credo expresamos nuestra adhesión a las enseñanzas de Jesús y a la Tradición Apostólica. Evidentemente, las frases de los Credos no se encuentran literalmente en la Biblia, pero sí se fundamentan en las enseñanzas de los Evangelios y de los otros escritos del Nuevo Testamento. Profesar nuestro Credo no es repetición de palabras. Es un acto de fe que nos conecta con Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Es un acto de comunión con la Iglesia, nuestra madre, que nos transmite la fe y nos acompaña en nuestra respuesta al Evangelio. En nuestras exposiciones seguiremos el esquema de nuestro Catecismo que dice: «Nuestra exposición de la fe seguirá el Símbolo de los Apóstoles, que constituye, por así decirlo, "el más antiguo catecismo romano”. Este Credo es un resumen fiel de la fe cristiana, que abarca los puntos esenciales de la doctrina cristiana» (Catecismo n. 196). 

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260301

 


«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Éste es el que sin abandonar mi seno, entró en el seno de María; el que inseparablemente permaneció en mí y en ella habitó no circunscrito; el que indivisiblemente está en los cielos, y moró en el seno de la Virgen inmaculada. No es uno mi Hijo y otro el hijo de María; no es uno e/ que estaba recostado en la gruta y otro el que fue adorado por los Magos; no es uno el que fue bautizado y otro distinto el exento de bautismo. Sino: éste es mi Hijo; el mismo en quien la mente piensa y contemplan los ojos; el mismo invisible en sí y visto por vosotros; sempiterno y temporal; el mismo que, siéndome consustancial por su divinidad, es consustancial a vosotros por su humanidad en todo, menos en el pecado. Éste es mi Mediador y el de sus hermanos, ya que por sí mismo reconcilia conmigo a los que habían pecado. Éste es mi Hijo y cordero, sacerdote y víctima: es al mismo tiempo oferente y oblación, el que se convierte en sacrificio y el que lo recibe. Éste es el testimonio que dio el Padre de su Unigénito al bautizarse en el Jordán. Y cuando Cristo se transfiguró en el monte delante de sus discípulos y su rostro desprendía una luminosidad tal que eclipsaba los rayos del sol, también entonces se volvió a oír aquella voz: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo. Si dijera: Yo estoy en el Padre y el Padre en mí, escuchadlo. Si dijera: Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre, escuchadlo porque dice la verdad. Si dijera: el Padre que me ha enviado es más que yo, inscribid esta manera de hablar en la economía de su condescendencia» (San Gregorio de Antioquía [Siglo Vl-593]. Homilía 2 en el Bautismo de Cristo).

jueves, 26 de febrero de 2026

¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE EL NUEVO TESTAMENTO PARA LOS CRISTIANOS?

 



En el NUEVO TESTAMENTO se completa la REVELACIÓN de Dios.

Los cuatro evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan son el corazón de la Sagrada Escritura y el tesoro más preciado de la Iglesia. En ellos se muestra el Hijo de Dios tal como es y nos sale al encuentro.

En los Hechos de los Apóstoles aprendemos acerca de los inicios de la Iglesia y de la acción del Espíritu Santo.

En las cartas apostólicas se pone la vida de los hombres en todos sus aspectos ante la luz de Cristo.

En el Apocalipsis vemos anticipadamente el fin de los tiempos.

Jesús es todo lo que Dios nos quiere decir. Todo el ANTIGUO TESTAMENTO prepara la Encarnación del Hijo de Dios. Todas las promesas de Dios encuentran su cumplimiento en Jesús. Ser cristiano quiere decir unirse cada vez más profundamente con la vida de Cristo. Para ello hay que leer y vivir los evangelios. Madeleine Delbrêl dice: «A través de su Palabra Dios nos dice quién es y lo que quiere; nos lo dice de manera definitiva y para cada día. Cuando tenemos en las manos el Evangelio deberíamos considerar que allí habita la Palabra que quiere hacerse carne en nosotros, apoderarse de nosotros para que comencemos de nuevo su vida en un lugar nuevo, en un tiempo nuevo, en un nuevo entorno humano».