jueves, 17 de septiembre de 2026

Evangelio del 18 de septiembre 2026 Lucas 8, 1-3


 


 

En aquel tiempo, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes.

 

Reflexión

 

Este pasaje nos invita a examinar cómo incluimos y valoramos a los demás en la construcción de una sociedad más justa. Nos recuerda que el verdadero seguimiento a los valores del Reino de Dios requiere reconocer la dignidad de cada persona, superar prejuicios y ofrecer generosamente lo que somos y tenemos para el bienestar común.

Reflexión 20260920

 


XXV DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO Domingo 20 de septiembre 2026

 


 


Antífona de entrada.

Yo soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor. Los escucharé cuando me llamen en cualquier tribulación, y siempre seré su Dios.

 

Gloria

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Oración colecta.

Señor Dios, que has hecho del amor a ti y a los hermanos la plenitud de todo lo mandado en tu santa ley, concédenos que, cumpliendo tus mandamientos, merezcamos llegar a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

            Monición: Dios quiere que lo busquemos, porque es un Dios maravilloso y si alguien lo abandonó que no dude en regresar a Él porque lo único que encontrará será un Dios rico en el perdón. Escuchemos.

 

Primera Lectura (Is 55, 6-9)

Del libro del profeta Isaías

Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal, sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos, dice el Señor. Porque así como aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los de ustedes y mis pensamientos a sus pensamientos.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

Salmo responsorial (Sal 144)

R. Bendeciré al Señor eternamente.

L. Un día tras otro bendeciré tu nombre y no cesará mi boca de alabarte. Muy digno de alabanza es el Señor, por ser su grandeza incalculable. / R.

L. El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus creaturas. / R.

L. Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras. No está lejos de aquellos que lo buscan; muy cerca está el Señor, de quien lo invoca. / R.

           

            Monición: San Pablo, casi al final de su vida, nos dice cuáles deben ser nuestras palabras conforme avanzamos en edad, que "Cristo sea glorificado en mí" y nos exhorta a llevar una vida digna. Escuchemos.

 

Segunda Lectura (Flp 1, 20-24. 27)

De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses

Hermanos: Ya sea por mi vida, ya sea por mi muerte, Cristo será glorificado en mí. Porque para mí, la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el continuar viviendo en este mundo me permite trabajar todavía con fruto, no sabría yo qué elegir.

Me hacen fuerza ambas cosas: por una parte, el deseo de morir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; y por la otra, el de permanecer en vida, porque esto es necesario para el bien de ustedes. Por lo que a ustedes toca, lleven una vida digna del Evangelio de Cristo.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio (Cfr. Hechos 16, 14)

R. Aleluya, aleluya. Abre, Señor, nuestros corazones, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. R. Aleluya, aleluya.

            Monición: El evangelio de hoy nos habla de la confianza en Dios porque, sea que nos llame a trabajar a su viña a la primera o a la última hora, todos recibiremos el reino de Dios. Evitemos los reclamos y las envidias. Escuchemos.

 

Evangelio (Mt 20, 1-16)

Del santo Evangelio según san Mateo A. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo'. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo.

Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: '¿por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?' Ellos le respondieron: 'Porque nadie nos ha contratado'. Él les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'.

Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: 'Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros'. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.

Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: 'Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor'.

Pero él respondió a uno de ellos: 'Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?'

De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos".

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

 

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

 

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Oremos, hermanos, por todos los hombres y por todas sus necesidades, para que nunca falte a nadie la ayuda de nuestro amor. Oremos diciendo:

TODOS: Haz, Señor, que caminemos por tu senda.

1.         Por el santo Padre, el Papa N., por nuestro obispo N. y por todos los demás obispos, por los presbíteros y diáconos; para que cuiden santamente el pueblo que tienen encomendado. Roguemos al Señor.

2.         Por los jefes de Estado y por los demás gobernantes, por los responsables del bien común y por los que tienen en sus manos las riquezas del mundo, para que fomenten la justicia, el bienestar, la paz y la libertad. Roguemos al Señor.

3.         Por los que padecen hambre u otras necesidades, por los que están enfermos o se sienten oprimidos, por los que añoran la patria o viven lejos de sus familias y de sus hogares, para que experimenten el consuelo y la fortaleza de Dios. Roguemos al Señor.

4.         Para que Dios nos conceda el gozo del Espíritu, el perdón de los pecados, la perseverancia en la fe y en las buenas obras, así como la salvación eterna de nuestras almas. Roguemos al Señor.

Sacerdote: Padre justo y Dios lleno de bondad, que das a los primeros lo mismo que a los últimos, escucha nuestras oraciones y haz que comprendamos que, como el cielo aventaja a la tierra, así tus caminos aventajan a los nuestros y que es un gran honor haber sido llamados, desde el amanecer, a trabajar en tu viña. Por Jesucristo, nuestro Señor. / TODOS: Amén.

 

Oración sobre las ofrendas.

Acepta benignamente, Señor, los dones de tu pueblo, para que recibamos, por este sacramento celestial, aquello mismo que el fervor de nuestra fe nos mueve a proclamar. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

La creación alaba al Señor

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque creaste el universo con todo cuanto contiene; determinaste el ciclo de las estaciones; pero formaste al hombre a tu imagen y semejanza y lo hiciste dueño de un mundo portentoso, para que en tu nombre dominara la creación entera y, al contemplar la grandeza de tus obras, en todo momento te alabara, por Cristo, Señor nuestro. A quien cantan los cielos y la tierra, los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la comunión.

Tú promulgas tus preceptos para que se observen con exactitud. Ojalá que mi conducta se ajuste siempre al cumplimiento de tu voluntad (Sal 118, 4-5).

 

Oración después de la comunión. A quienes alimentas, Señor, con tus sacramentos, confórtanos con tu incesante ayuda, para que en estos misterios recibamos el fruto de la redención y la conversión de nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260920

 


Entre la urgencia y la equidad

Uno de los dilemas más complejos y recurrentes de la convivencia humana es ¿cómo gestionar los recursos y la atención cuando las necesidades son desiguales? El favoritismo, ya sea percibido o real, casi siempre es la chispa que enciende el descontento, pero la solución no radica en una imparcialidad ciega, sino en la justicia y la prudencia.

Gobernar, liderar o criar no consiste en elegir a quién ignorar y a quién premiar, sino en entender que la equidad exige tratar de manera desigual a los desiguales para alcanzar una verdadera justicia. La meta última nunca debe ser el beneficio perpetuo de unos pocos a costa de otros, sino la construcción de condiciones estructurales donde, a largo plazo, toda la comunidad tenga la oportunidad de prosperar y alcanzar un mejor estado de vida.

Claridad y seguridad en la fe

 

 

San Cirilo de Jerusalén nos invita a detenernos y reflexionar profundamente sobre la consistencia de nuestra fe y la grandeza del mundo que nos rodea.

Reflexiones clave:

Unidad del Dios creador y redentor: Confesar a un solo Dios creador y Padre de Jesucristo nos otorga claridad y seguridad, uniendo la redención y la creación en un mismo plan divino.

De la crítica a la admiración: Ante las críticas superficiales, debemos adoptar una actitud de admiración y adoración hacia la armonía y grandiosidad del firmamento.

La maravilla del firmamento y los elementos: Destaca la admiración que debemos sentir ante la creación del cielo a partir de las aguas, el cual se mantiene firme, y cómo conviven el fuego de los astros (sol, luna y estrellas) con el agua celestial.

Propósito providencial de la naturaleza: La mezcla de elementos como el fuego y el agua responde a una sabiduría divina diseñada para sostener la agricultura mediante la lluvia.

Mirada de fe: La reflexión invita a contemplar la creación reconociendo en ella la mano de un Dios sabio y providente.

Cfr. San Cirilo de Jerusalén. Catequesis 9,4-5

 

 

“El Padre, agricultor de las almas”

 



 

Un vínculo de reciprocidad y transformación: La relación con Dios va más allá de nuestro culto hacia Él, ya que Dios también actúa como un agricultor que cultiva nuestro interior para hacernos mejores y más felices.

La labor del agricultor divino: Mediante su palabra, Dios ara y abre nuestro corazón, erradica la mala semilla y planta preceptos para cosechar la piedad.

El propósito del fruto espiritual: Aunque Dios no se enriquece con nuestros frutos, aceptarlos y cultivarlos nos beneficia directamente a nosotros, cumpliendo la imagen evangélica de ser sus sarmientos.

 

Cfr.  (San Agustín [354-430]. Sermón 87).

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Evangelio del 17 de septiembre 2026 Lucas 7, 36-50

 



En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies; los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.

Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: "Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora".

Entonces Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". El fariseo contestó: "Dímelo, Maestro". Él le dijo: "Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?" Simón le respondió: "Supongo que aquel a quien le perdonó más".

Entonces Jesús le dijo: "Has juzgado bien". Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama". Luego le dijo a la mujer: "Tus pecados te han quedado perdonados".

Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: "¿Quién es éste que hasta los pecados perdona?" Jesús le dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado; vete en paz".

Reflexión

Esta escena nos recuerda que el amor sincero abre las puertas del perdón.

La mujer, despreciada por su pasado, se acerca a Jesús con humildad y lágrimas; no busca justificar su vida, sino ofrecer su corazón. El fariseo, en cambio, se encierra en el juicio y la apariencia.

Jesús revela que la medida del amor está en la gratitud del perdonado: quien reconoce su fragilidad, ama más.

Así, el Evangelio nos invita a mirar al otro con misericordia, no con condena, y a descubrir que la fe que se arrodilla ante Dios siempre se levanta en paz.