lunes, 9 de febrero de 2026

Evangelio del 10 de febrero 2026 Marcos 7, 1-13

 



En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén. Viendo que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado, los fariseos y los escribas le preguntaron: "¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?" (Los fariseos y los judíos, en general, no comen sin lavarse antes las manos hasta el codo, siguiendo la tradición de sus mayores; al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones, y observan muchas otras cosas por tradición, como purificar los vasos, las jarras y las ollas).

Jesús les contestó: "¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres".

Después añadió: "De veras son ustedes muy hábiles para violar el mandamiento de Dios y conservar su tradición. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre. El que maldiga a su padre o a su madre, morirá. Pero ustedes dicen: 'Si uno dice a su padre o a su madre: Todo aquello con que yo te podría ayudar es corbán (es decir, ofrenda para el templo), ya no puede hacer nada por su padre o por su madre'. Así anulan la palabra de Dios con esa tradición que se han transmitido. Y hacen muchas cosas semejantes a ésta".

 

Reflexión

 

Aquí, el conflicto no es sobre la higiene, sino sobre dónde reside la verdadera fidelidad a Dios: si en los rituales externos o en la intención del corazón.

Jesús distingue claramente entre las "tradiciones de los hombres" y el "mandamiento de Dios". Los fariseos habían creado un sistema complejo de reglas (como el lavado de manos o de vasijas) para proteger la Ley, pero terminaron dándole más importancia al ritual que a la esencia.

Reflexión: A veces nos llenamos de "costumbres religiosas" que nos hacen sentir seguros, pero que no necesariamente nos acercan al prójimo ni a Dios.

 

El ejemplo que usa Jesús es demoledor: la práctica del Corbán. Al declarar sus bienes como una "ofrenda a Dios", los hijos se sentían libres de la responsabilidad ética de ayudar a sus padres ancianos.

La lección: No podemos usar la religión como una excusa para evadir nuestras responsabilidades morales básicas. Una fe que no se traduce en amor y cuidado por los demás (empezando por la familia) es, según Jesús, una fe vacía.

 

Jesús cita al profeta Isaías: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí".

La verdadera pureza no viene de lo que tocamos o de los ritos que cumplimos perfectamente, sino de lo que nace en nuestro interior. Es más fácil lavar una copa que limpiar el orgullo, el egoísmo o el juicio hacia los demás.

 

Conclusión: Este texto nos invita a simplificar nuestra espiritualidad. Nos pregunta si nuestras prácticas externas están alineadas con una transformación real del corazón o si son solo una "máscara" de piedad.

domingo, 8 de febrero de 2026

Evangelio del 9 de febrero 2026 Marcos 6, 53-56

 



En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos terminaron la travesía del lago y tocaron tierra en Genesaret.

Apenas bajaron de la barca, la gente los reconoció y de toda aquella región acudían a él, a cualquier parte donde sabían que se encontraba y le llevaban en camillas a los enfermos.

A dondequiera que llegaba, en los poblados, ciudades o caseríos, la gente le ponía a sus enfermos en la calle y le rogaban que por lo menos los dejara tocar la punta de su manto; y cuantos lo tocaban, quedaban curados.

Reflexión

Al llegar a Genesaret, no hay protocolos ni distancias; hay una urgencia por el encuentro.

El texto dice que, en cuanto bajaron de la barca, la gente "lo reconoció". Esto nos habla de una búsqueda activa. No buscaban una idea abstracta, buscaban a la Persona que sabían que podía transformar su realidad.

Lo más conmovedor es el detalle de querer tocar siquiera "el fleco de su manto". No pedían grandes discursos ni milagros espectaculares; confiaban en que el contacto más mínimo con lo sagrado era suficiente para ser sanados. Es una invitación a valorar la fe en los gestos pequeños y cotidianos.

La gente no solo iba por su cuenta, sino que "recorrían toda la región" llevando a los enfermos en camillas. Hay una solidaridad implícita: cuando alguien encuentra una fuente de vida y salud, su primer instinto es compartirla con los que más sufren.

viernes, 6 de febrero de 2026

¿Por qué buscamos a Dios?

 


Dios ha puesto en nuestro corazón el deseo de buscarle y encontrarle. San Agustín dice: «Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti». Este deseo y búsqueda de Dios lo denominamos RELIGIÓN.

Para el ser humano es natural buscar a Dios. Todo su afán por la verdad y la felicidad es en definitiva una búsqueda de aquello que lo sostiene absolutamente, lo satisface absolutamente y lo reclama absolutamente. El hombre sólo es plenamente él mismo cuando ha encontrado a Dios. «Quien busca la verdad busca a Dios, sea o no consciente de ello» (santa Edith Stein).

Evangelio del 7 de febrero 2026 Marcos 6, 30-34

 



En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces, Él les dijo: «Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.

Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.

Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Reflexión

Jesús reconoce la fatiga de sus discípulos. Nos recuerda que la misión no puede sostenerse sin momentos de silencio, oración y reposo. El descanso también es parte del servicio.

Aunque buscaba un momento de tranquilidad, Jesús no se cierra al clamor de la gente. Su corazón se mueve por la necesidad espiritual de quienes lo siguen.

La multitud no solo necesita pan material, sino también la palabra que da sentido y esperanza. Jesús se convierte en el Pastor que guía y alimenta.

Este texto nos invita a equilibrar la acción con el descanso, y a vivir con un corazón abierto a la compasión. La verdadera misión cristiana nace de la escucha de Dios y se concreta en la entrega generosa a los demás.

jueves, 5 de febrero de 2026

Evangelio del 6 de febrero 2026 Marcos 6, 14-29

 



En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el Bautista había resucitado y sus poderes actuaban en Jesús. Otros decían que era Elías; y otros, que era un profeta, comparable a los antiguos. Pero Herodes insistía: "Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado".

Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: "No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano". Por eso Herodes lo mandó encarcelar.

Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida; pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, porque sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.

La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: "Pídeme lo que quieras y yo te lo daré". Y le juró varias veces: "Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".

Ella fue a preguntarle a su madre: "¿Qué le pido?" Su madre le contestó: "La cabeza de Juan el Bautista". Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: "Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista".

El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo, que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre.

Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

 

Reflexión

 

Este pasaje narra la muerte de Juan el Bautista, víctima de la injusticia y de la debilidad humana frente al poder y la vanidad. Herodes, aunque reconocía la santidad de Juan y lo escuchaba con gusto, termina cediendo a la presión de su entorno y a la promesa imprudente que había hecho.

Juan denuncia el pecado y, por ello, es perseguido. Su testimonio nos recuerda que la fidelidad a la verdad y a Dios puede traer consecuencias difíciles, pero también es fuente de vida eterna.

Herodes representa al gobernante que, por miedo a perder prestigio, sacrifica la justicia. Nos invita a reflexionar sobre cómo las decisiones tomadas por apariencia o conveniencia pueden tener efectos devastadores.

Juan es ejemplo de coherencia y valentía. Su vida y muerte nos llaman a ser testigos firmes de la fe, incluso cuando el mundo nos presione a callar.

¿Somos capaces de mantenernos fieles a la verdad y al Evangelio, aun cuando ello implique incomodidad o riesgo?

 

Reflexión 20260208

 


UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260208 En medio de los desafíos ambientales y sociales que marcan nuestro tiempo, la Iglesia ha querido iluminar el camino de los creyentes con un llamado urgente: el cuidado de la creación como obra de misericordia.

 

Hace unos años, el hoy fallecido Papa Francisco celebró el sínodo de la Amazonia. En él, nos hizo un llamado al "cuidado de la creación" incluida en la lista tradicional de las obras de misericordia. El cuidado de la creación sigue siendo una obra de misericordia urgente y necesaria en la hora presente. De esa luz tenemos que ser portadores y testigos en este momento de tanto maltrato a nuestra casa común. Las urgencias sociales y económicas son numerosas sin duda alguna, pero una manera de expresar nuestro camino penitencial sería modificar nuestro estilo de vida consumista y dispendioso. La compasión hacia los necesitados puede vivirse también de esta manera: existen hombres y mujeres en los países pobres, que están sufriendo más intensamente los efectos del cambio climático. Los pobres son las primeras víctimas de la sequía y los huracanes. Quienes aprendan a tratar amigablemente la obra de la creación estarán iniciando un camino de penitencia y reconciliación con Dios y con sus hermanos.