jueves, 3 de septiembre de 2026

Evangelio del 4 de septiembre 2026 Lucas 5, 33-39

 


En aquel tiempo, los fariseos y los escribas le preguntaron a Jesús: "¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oración, igual que los discípulos de los fariseos, y los tuyos, en cambio, comen y beben?"

Jesús les contestó: "¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos? Vendrá un día en que les quiten al esposo, y entonces sí ayunarán".

Les dijo también una parábola: "Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres. Y nadie, acabando de beber un vino añejo, acepta uno nuevo, pues dice: 'El añejo es mejor' ".

 

Reflexión

 

El texto muestra un contraste profundo entre la rigidez de las antiguas costumbres religiosas y la novedad de la gracia que trae Jesús. Ante el cuestionamiento sobre el ayuno, Jesús responde con la metáfora de una fiesta de bodas, recordando que su presencia es tiempo de alegría y comunión, no de duelo.

Las parábolas del vestido nuevo y los odres nuevos invitan a abrir el corazón a una transformación radical. Jesús no vino a simplemente remendar estructuras gastadas, sino a ofrecer una vida renovada que no cabe en esquemas rígidos y obsoletos.

¿En qué áreas de tu vida cotidiana notas que a veces te aferras a "odres viejos" por temor al cambio que propone lo nuevo?

Reflexión 20260906


 

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Domingo 6 de septiembre 2026

 



 

Antífona de entrada.

Eres justo, Señor, y rectos son tus mandamientos; muéstrate bondadoso con tu siervo (Sal 118, 137. 124).

 

Gloria

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Oración colecta.

Señor Dios, de quien nos viene la redención y a quien debemos la filiación adoptiva, protege con bondad a los hijos que tanto amas, para que todos los que creemos en Cristo obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...

           

Monición: Dios le anuncia al profeta Ezequiel su responsabilidad de comunicar su palabra, para amonestar al malvado. "Si lo amonestas y no te hace caso, él morirá y tú habrás salvado tu vida': Escuchemos.

 

Primera Lectura (Ez 33, 7-9)

Del libro del profeta Ezequiel

Esto dice el Señor: "A ti, hijo de hombre, te he constituido centinela para la casa de Israel. Cuando escuches una palabra de mi boca, tú se la comunicarás de mi parte.

Si yo pronuncio sentencia de muerte contra un hombre, porque es malvado, y tú no lo amonestas para que se aparte del mal camino, el malvado morirá por su culpa, pero yo te pediré a ti cuentas de su vida.

En cambio, si tú lo amonestas para que deje su mal camino y él no lo deja, morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida". Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

Salmo responsorial (Sal 94)

R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

L. Vengan, lancemos vivas al Señor, aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a él, llenos de júbilo, y démosle gracias. / R.

L. Vengan, y puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo, él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas. / R.

L. Hagámosle caso al Señor, que nos dice: "No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis obras". / R.

 

Monición: San Pablo nos dice cuál es la única deuda que tenemos para con nuestros hermanos, la del amor. Es fácil pagar esta deuda, pues es un don gratuito que forma parte de nuestra identidad cristiana. Escuchemos.

 

Segunda Lectura (Rom 13, 8-10)

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

Hermanos: No tengan con nadie otra deuda que la del amor mutuo, porque el que ama al prójimo, ha cumplido ya toda la ley. En efecto, los mandamientos que ordenan: "No cometerás adulterio, no robarás, no matarás, no darás falso testimonio, no codiciarás" y todos los otros, se resumen en éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo", pues quien ama a su prójimo no le causa daño a nadie. Así pues, el cumplimiento pleno de la ley consiste en amar. 

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio (2 Cor 5, 19)

R. Aleluya, aleluya. Dios reconcilió al mundo consigo por medio de Cristo, y a nosotros nos confió el mensaje de la reconciliación. R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: La corrección fraterna es una de las expresiones más hermosas del amor. Jesús pide prudencia, discreción y respeto. La metodología es clara, dialoga a solas, sin olvidar que estás frente a tu hermano. Escuchemos.

 

Evangelio (Mt 18, 15-20)

Del santo Evangelio según san Mateo A. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.

Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos".

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

 

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

 

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Pidamos, hermanos, al Señor que escuche nuestras plegarias y atienda nuestras peticiones. Oremos diciendo:

TODOS: Acuérdate, Señor, de tu pueblo.

1.         Por la Iglesia de Dios, para que el Señor le conceda la paz y la unidad, la guarde de todo mal y acreciente el número de sus hijos. Roguemos al Señor.

2.         Por la paz del mundo, para que cesen las rivalidades entre las naciones, renazca en el corazón de los hombres el amor y arraigue entre todos los pueblos la mutua comprensión. Roguemos al Señor.

3.         Para que Dios, Padre todopoderoso, purifique al mundo de todo error, devuelva la salud a los enfermos, aleje el hambre, abra las prisiones injustas y conceda el regreso a los que añoran la patria. Roguemos al Señor.

4.         Para que el Señor nos conceda perseverar en la fe hasta el fin de nuestra vida y, después de la muerte, nos admita en el reino de la felicidad, de la luz y de la paz. Roguemos al Señor.

Sacerdote: Señor Jesucristo, danos un espíritu y un corazón nuevos, para que, amándonos los unos a los otros, cumplamos de verdad tu ley. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.

 

Oración sobre las ofrendas.

Señor Dios, fuente de toda devoción sincera y de la paz, concédenos honrar de tal manera, con estos dones, tu divina majestad, que, al participar en estos santos misterios, todos quedemos unidos en un mismo sentir. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

El misterio de la salvación

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Quien, compadecido del extravío de los hombres, quiso nacer de la Virgen María; muriendo en la cruz, nos libró de la muerte eterna y, resucitando de entre los muertos, nos dio vida eterna. Por eso, con los ángeles y los arcángeles, con los tronos y dominaciones y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la comunión.

Como la cierva busca el agua de las fuentes, así, sedienta, mi alma te busca a ti, Dios mío. Mi alma tiene sed del Dios vivo (Cfr. sal 41, 2-3).

 

Oración después de la comunión. 

Concede, Señor, a tus fieles, a quienes alimentas y vivificas con tu palabra y el sacramento del cielo, aprovechar de tal manera tan grandes dones de tu Hijo amado, que merezcamos ser siempre, pre partícipes de su vida. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

La caridad frente a la apariencia y la discordia

 

 


La verdadera imitación del apóstol Pablo y la mayor muestra de fe no residen en hacer milagros, sino en vivir la caridad y el amor sincero, virtudes que atraen la presencia de la Santísima Trinidad. Sin embargo, a pesar de estar reunidos exteriormente en el templo bajo un mismo pastor y en aparente armonía, a menudo expulsamos a Cristo de entre nosotros mediante las divisiones, los juicios, la envidia, la avaricia y el rencor que practicamos al salir. Por ello, exhorta a guardar una coherencia real y a respetar verdaderamente la mesa santa y el sacrificio de Cristo mediante una vida fraterna libre de egoísmos y discordias.

 

Cfr. San Juan Crisóstomo [c. 347- c. 407]. Homilía 8 de la Carta a los Romanos

Por qué no podemos ver el rostro de Dios

 


La imposibilidad de ver a Dios con los ojos corporales se debe a su naturaleza incorpórea, tal como lo afirma el Hijo unigénito al señalar que nadie lo ha visto jamás. Incluso las figuras proféticas que contemplaron solo representaciones limitadas —como la imagen de la gloria vista por Ezequiel o la aparición del arcángel Gabriel a Daniel— experimentaron un profundo temor y colapsaron, ya que ver el rostro de Dios directamente causaría la muerte instantánea. Por esta razón, debido a su gran amor por la humanidad, Dios ha dispuesto los cielos como un velo que oculta su divinidad para evitar que perezcamos.


Cfr. San Cirilo de Jerusalén. Catequesis 9,1

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260906

 



Debemos vivir una fe encarnada en la humildad: una fe que no busca imponerse desde el orgullo, sino proponerse desde el amor, la fraternidad y la búsqueda constante del bien común.

 


La fe cristiana se fundamenta en la igualdad radical de todos los bautizados, sin jerarquías de valor ni complejos de superioridad espiritual. Aunque existan diferentes funciones, todos formamos un mismo cuerpo llamado a buscar el bien común y la unidad. La verdadera identidad católica exige una apertura universal y rechaza el encierro grupal o la polarización, promoviendo una ciudadanía constructiva. Por ello, el seguimiento del Evangelio es incompatible con el desprecio hacia quienes piensan distinto, exigiendo siempre la defensa de la dignidad humana y el respeto en la expresión de las propias creencias.


miércoles, 2 de septiembre de 2026

Evangelio del 3 de septiembre 2026 Lucas 5, 1-11

 



 

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar". Simón replicó: "Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra echaré las redes". Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: "¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!" Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro, al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Entonces Jesús le dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres". Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron.

 

Reflexión

 

Este Evangelio nos recuerda que, aun cuando sentimos que hemos trabajado mucho y no hemos obtenido resultados, Jesús nos invita a confiar en su palabra y volver a intentarlo. Pedro descubre que la verdadera fecundidad no depende solamente de nuestras fuerzas, sino de abrirnos a Dios.

La pesca abundante transforma el miedo y el asombro de Pedro en una llamada: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». También nosotros estamos llamados a dejar nuestras seguridades y poner nuestros dones al servicio de los demás. Cuando confiamos en Jesús, incluso nuestros fracasos pueden convertirse en el comienzo de una nueva misión.