domingo, 23 de agosto de 2026

Evangelio del 24 de agosto 2026 Juan 1, 45-51

 



En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: "Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José". Natanael replicó: "¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?" Felipe le contestó: "Ven y lo verás".

 Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: "Este es un verdadero israelita en el que no hay doblez". Natanael le preguntó: "¿De dónde me conoces?" Jesús le respondió: "Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera". Respondió Natanael: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel". Jesús le contestó: "Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver". Después añadió: "Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".

Reflexión

No permitamos que los prejuicios nos impidan descubrir el bien. A veces, Dios se hace presente precisamente allí donde menos esperamos encontrarlo. La pregunta no debería ser «¿puede salir algo bueno de ahí?», sino «¿estoy dispuesto a acercarme, conocer y ver lo que Dios puede hacer?».

sábado, 22 de agosto de 2026

Evangelio del 22 de agosto 2026 Mateo 23, 1-12

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame 'maestros'.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen 'maestros', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen 'padre', porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar 'guías', porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».

Reflexión

Este pasaje evangélico nos invita a examinar con profundidad la coherencia entre lo que profesamos y lo que vivimos cotidianamente. Jesús dirige su mirada hacia los escribas y fariseos no solo para criticarlos, sino para advertirnos sobre los peligros del orgullo, la vanidad y la hipocresía en la vida espiritual.

Jesús señala la contradicción de aquellos que enseñan preceptos correctos ("hagan lo que les digan") pero cuyas acciones distan mucho de sus palabras ("no imiten sus obras"). La verdadera autoridad moral nace del testimonio y de la práctica sincera de la justicia, no del discurso vacío.

Los fardos pesados que se imponen a los demás y el afán por destacar mediante la ostentación (filacterias anchas, franjas largas, primeros puestos) reflejan una religiosidad externa que busca la aprobación humana en lugar de la comunión auténtica con Dios.

El texto nos recuerda que todos somos hermanos bajo un único Padre y que el verdadero liderazgo se fundamenta en la entrega. En lugar de buscar títulos de honor ("maestros", "padres", "guías"), la grandeza se mide desde la sencillez del servicio.

jueves, 20 de agosto de 2026

Evangelio del 21 de agosto 2026 Mateo 22, 34-40

 



En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?"

Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas".

Reflexión

Este pasaje nos recuerda que la esencia de la fe no está en cumplir normas externas, sino en vivir desde el amor. Jesús une el amor a Dios y el amor al prójimo como dos caras de una misma verdad: quien ama verdaderamente a Dios no puede dejar de amar a los demás.

Amar con todo el corazón, el alma y la mente significa poner a Dios en el centro de nuestras decisiones, pensamientos y afectos. Y amar al prójimo como a uno mismo implica reconocer en cada persona la imagen divina, incluso en quien piensa distinto o nos resulta difícil amar.

En estos dos mandamientos se resume toda la ley porque el amor transforma la justicia en misericordia y la religión en vida.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Evangelio del 20 de agosto 2026 Mateo 22, 1-14

 



En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: 'Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: 'La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados, vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: 'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?' Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: 'Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación'. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos".

 

Reflexión

 

La invitación abierta y la exigencia del corazón

Los primeros invitados del rey representan la cerrazón del ser humano ante las llamadas de Dios, priorizando las distracciones materiales —el campo o los negocios— por encima del encuentro y la comunión espiritual.

Ante la negativa de los elegidos, la puerta del banquete se abre sin excepciones a todos en los cruces de los caminos: "malos y buenos", simbolizando que la misericordia divina no discrimina y busca integrar a los marginados y distanciados.

La figura del hombre sin traje nupcial invita a reflexionar sobre la actitud con la que respondemos a esta gracia. No basta con ocupar un lugar en la mesa; se requiere una transformación interior, un cambio de vida genuino y una disposición sincera para vivir de acuerdo con los valores del Reino.

 

Esta parábola nos recuerda que todos estamos convocados a la mesa de Dios, pero el llamado exige una respuesta activa, conversión del corazón y la dignidad de vivir en sintonía con el amor al que hemos sido invitados.

Nadie es excluido en la mesa de todos

 



EL PAN, hace referencia a la MESA, "y es dar un lugar, a los 'Distanciados' a los que no piensan IGUAL que nosotros"; "Hacer que se sientan en CASA - Paganos y Cristianos - Sin embargo, cuántas veces hay, un RECHAZO de la COMUNIÓN con TODOS: apartamos nuestra mirada de los más necesitados... Jesús dijo a la mujer cananea: "Mujer que GRANDE es tu FE." LA FE nos reintegra a Todos como HERMANOS, donde no se excluye a nadie y el PAN es para TODOS.

 

Tomado de la homilía del Domingo XX T. O. Ciclo-A. 16 de agosto 2026 del Pbro. Arturo Nava Castillo

El silencio de Dios

 



¿Cómo nos comportamos ante el Silencio de Dios? Cuando creemos que Dios no nos oye: "Gritamos, reclamamos..." tantas veces, sólo eso sabemos. Orar es hablar con Dios, y si hablas con Él, hay que aprender a darle la razón, porque ante Dios siempre seremos PECADORES; necesitados de su GRACIA y de su PERDÓN.

¡Y cuando Dios tiene la razón, las cosas CAMBIAN y SALIMOS GANANDO!

 

Tomado de la homilía del Domingo XX T. O. Ciclo-A. 16 de agosto 2026 del Pbro. Arturo Nava Castillo

Reflexión 20260823