viernes, 17 de abril de 2026

Reflexión 20260419 Los discípulos basaban su fe en las señales y el poder visible de Jesús en Galilea.


 

Evangelio del 18 de abril 2026 Juan 6, 16-21

 



Al atardecer del día de la multiplicación de los panes, los discípulos de Jesús bajaron al lago, se embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaúm. Ya había caído la noche y Jesús todavía no los había alcanzado. Soplaba un viento fuerte y las aguas del lago se iban encrespando.

Cuando habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús caminando sobre las aguas, acercándose a la barca, y se asustaron. Pero él les dijo: "Soy yo, no tengan miedo". Ellos quisieron recogerlo a bordo y rápidamente la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.

Comentario

El pasaje narra cómo los discípulos, en medio de la oscuridad y el mar agitado, ven a Jesús acercarse caminando sobre las aguas. Este momento revela su poder divino y su presencia que disipa el miedo: cuando Él dice “Soy yo, no teman”, la tormenta se transforma en calma.

El texto simboliza la fe que vence el temor y la certeza de que, incluso en medio de las dificultades, Cristo se acerca para traer paz y seguridad.

jueves, 16 de abril de 2026

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260419

 

El entusiasmo religioso que experimentaron los discípulos ante las numerosas señales que Jesús cumplió durante su ministerio galileo, modificó su comprensión acerca de la identidad del Maestro. Estaban ciertos que Jesús de Nazaret era un profeta poderoso en obras y palabras. Cuando ese profeta enviado por Dios terminó sus días aparentemente abandonado en la cruz, los discípulos quedaron sumidos en un profundo desconsuelo. Los discípulos lograron liberarse de esa crisis de sentido gracias a las generosas manifestaciones del Señor resucitado. La esperanza cristiana acerca de la resurrección de Cristo no es una cuestión teórica, sino una vivencia imprescindible en la vida de los discípulos. A partir de esa confianza, podremos fortalecer nuestro espíritu para enfrentar esta hora tan dolorosa que atraviesa nuestro país.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260419



<<Salieron Pedro y aquel otro discípulo y vinieron al sepulcro... Hay que advertir aquí y tener muy en cuenta la recapitulación que hace volviendo a lo que había dejado, poniéndolo, no obstante, como sucedido después. Porque, habiendo dicho que llegaron al sepulcro, se vuelve atrás para decir cómo llegaron: Corrían los dos simultáneamente... Donde manifiesta que, corriendo con mayor velocidad, llegó primero aquel otro discípulo, que, siendo él mismo, lo cuenta todo como si se tratase de otro. Y, habiéndose inclinado, vio colocadas las envolturas, mas no entró. Vino en pos de él Simón Pedro y entró en el sepulcro... ¿Vamos a pensar que estas cosas no tienen significación alguna? Jamás lo hubiera yo pensado. Pero vamos apresuradamente a otras cosas en las que nos obliga a detenernos la necesidad de resolver alguna dificultad o de dar alguna aclaración. Detenerse a averiguar el significado de cada una de estas cosas es ciertamente delicioso; pero para aquellos que disponen del tiempo que a nosotros nos es tan escaso. Entonces entró también aquel discípulo que había llegado primero al sepulcro. Llegó el primero, mas entró el segundo. Tampoco esto está vacante de misterio, pero para esto yo no estoy vacante. Dice: Y vio y creyó. Algunos, leyendo con poca atención, juzgan que Juan creyó que Jesús había resucitado, mas no lo indica así lo que sigue. Porque ¿qué indica lo que después añadió: No conocían aún la Escritura, que era conveniente que Él resucitase de entre los muertos? Luego no creyó que hubiera resucitado, ya que no sabía que era conveniente que Él resucitase. Pues ¿qué vio, qué creyó? Vio el sepulcro vacío y creyó lo que la mujer había dicho» (San Agustín [354-430]. Tratado 120 del Evangelio de Juan).

RAÍCES DE NUESTRA FE «Explicación del Símbolo apostólico»

 


«Explicación del Símbolo apostólico» (2). 

Este Credo está formulado bíblicamente. Es un tejido de textos de la Escritura, donde es clara la estructura trinitaria. En cada artículo del Credo se debe ir a la Biblia como fundamento. San Ambrosio parece que hace implícitamente este silogismo: si la Escritura es apostólica y el símbolo se basa en la Escritura, el símbolo tiene autoridad apostólica. San Ireneo y Orígenes sostenían la autoridad apostólica de este «Símbolo», aunque desconocían el momento de su composición. «Por tanto, los santos apóstoles reunidos y juntos hicieron un breve símbolo. ¡Haced el signo de la cruz! (Después de la introducción, el obispo invitaba a hacer la señal de la cruz. La praxis cotidiana de la signación existía ya en esa época. A partir del siglo III la signación, se había introducido en la liturgia. Es un signo de confesión de la fe y de salvación). Hecho el signo de la cruz, se recita el símbolo. En éste se expresa de modo clarísimo la divinidad de la eterna Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que obran inseparablemente, es decir, la adorable Trinidad. Nuestra fe es tal que creemos del mismo modo en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Donde no hay distinción de majestad tampoco debe haber diferencia en la fe. Luego, les he recordado frecuentemente que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, fue el único que asumió esta carne con un alma racional y perfecta y una forma corpórea» (San Ambrosio [c. 340-397]. Explicación del Símbolo de los Apóstoles 2-3).

 

 


III DOMINGO DE PASCUA

Domingo 19 de Abril 2026

 

ANTÍFONA DE ENTRADA.

Aclama a Dios, tierra entera. Canten todo un himno a su nombre, denle gracias y alábenlo. Aleluya (Cfr. Sal 65, 1-2).

 

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

ORACIÓN COLECTA.

Dios nuestro, que tu pueblo se regocije siempre al verse renovado y rejuvenecido, para que, al alegrarse hoy por haber recobrado la dignidad de su adopción filial, aguarde seguro con gozosa esperanza el día de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

Monición: En la primera lectura san Pedro nos presenta el misterio central de la vida de Cristo, fue entregado a la muerte, ha resucitado y afirma ante el pueblo, "de esto nosotros somos testigos". Escuchemos.

 

PRIMERA LECTURA. (Hech 2, 14. 22-33)

Del libro de los Hechos de los Apóstoles

El día de Pentecostés, se presentó Pedro, junto con los Once, ante la multitud, y levantando la voz, dijo: "Israelitas, escúchenme. Jesús de Nazaret fue un hombre acreditado por Dios ante ustedes, mediante los milagros, prodigios y señales que Dios realizó por medio de él y que ustedes bien conocen. Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, Jesús fue entregado, y ustedes utilizaron a los paganos para clavarlo en la cruz.

Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, ya que no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio. En efecto, David dice, refiriéndose a él: Yo veía constantemente al Señor delante de mí, puesto que él está a mi lado para que yo no tropiece. Por eso se alegra mi corazón y mi lengua se alboroza; por eso también mi cuerpo vivirá en la esperanza, porque tú, Señor, no me abandonarás a la muerte, ni dejarás que tu santo sufra la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida y me saciarás de gozo en tu presencia.

Hermanos, que me sea permitido hablarles con toda claridad. El patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento que un descendiente suyo ocuparía su trono, con visión profética habló de la resurrección de Cristo, el cual no fue abandonado a la muerte ni sufrió la corrupción.

Pues bien, a este Jesús, Dios lo resucitó, y de ello todos nosotros somos testigos. Llevado a los cielos por el poder de Dios, recibió del Padre el Espíritu Santo prometido a él y lo ha comunicado, como ustedes lo están viendo y oyendo". Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL. (Sal 15)

R. Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.

L. Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio. Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor. El Señor es la parte que me ha tocado en herencia: mi vida está en sus manos. / R.

L. Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor y con él a mi lado, jamás tropezaré. / R.

L. Por eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo vivirá tranquilo, porque tú no me abandonarás a la muerte ni dejarás que sufra yo la corrupción. / R.

L. Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia y de alegría perpetua junto a ti. / R.

 

            Monición: San Pedro, en la segunda lectura, pide a la comunidad fidelidad a Cristo en su peregrinar por la tierra, llevando una vida nueva como respuesta al rescate pagado por la preciosa sangre de Cristo. Escuchemos.

 

SEGUNDA LECTURA. (1 Pedro 1, 17-21)

De la primera carta del apóstol san Pedro

Hermanos: Puesto que ustedes llaman Padre a Dios, que juzga imparcialmente la conducta de cada uno según sus obras, vivan siempre con temor filial durante su peregrinar por la tierra.

Bien saben ustedes que de su estéril manera de vivir, heredada de sus padres, los ha rescatado Dios, no con bienes efímeros, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha, al cual Dios había elegido desde antes de la creación del mundo y, por amor a ustedes, lo ha manifestado en estos tiempos, que son los últimos. Por Cristo, ustedes creen en Dios, quien lo resucitó de entre los muertos y lo llenó de gloria, a fin de que la fe de ustedes sea también esperanza en Dios. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO. (Cfr. LC 24, 32)

R. Aleluya, aleluya. Señor Jesús, haz que comprendamos las Escrituras. Enciende nuestro corazón mientras nos hablas. R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: A los discípulos de Emaús, que regresaban tristes a casa después de la crucifixión de Cristo, se les abrieron los ojos cuando vieron al "desconocido" tomar el pan, pronunciar la bendición, partirlo y dárselo. Escuchemos.

 

EVANGELIO. (LC 24, 13-35)

Del santo Evangelio según san Lucas A. Gloria a ti, Señor.

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: "¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?".

Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?". Él les preguntó: "¿Qué cosa?". Ellos le respondieron: "Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron".

Entonces Jesús les dijo: "¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?". Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.

Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!"

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón". Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

 

CREDO de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL.

Sacerdote: Invoquemos, amados hermanos, a Cristo, triunfador del pecado y de la muerte, que siempre intercede por nosotros, y digámosle:

TODOS: Dador de la vida, escúchanos.

I. Para que Cristo, el Señor, atraiga hacia sí el corazón de los fieles y fortalezca sus voluntades, de manera que busquen los bienes de allá arriba, donde Él está sentado a la derecha de Dios. Roguemos al Señor.

2.         Para que Cristo, amo supremo de la creación, haga que todos los pueblos gocen abundantemente de la paz que en sus apariciones otorgó a los discípulos. Roguemos al Señor.

3.         Para que Cristo, el destructor de la muerte y el médico de toda enfermedad, se compadezca de los débiles y aleje del mundo el hambre, las guerras y todos los males. Roguemos al Señor.

4.         Para que Cristo bendiga nuestra parroquia (comunidad), y conceda la paz, la alegría y el descanso a los que hoy nos hemos reunido aquí para celebrar su triunfo. Roguemos al Señor.

Intenciones de la Iglesia local.

Sacerdote: Dios nuestro, que en este día has reunido a tu Iglesia que peregrina por el mundo, escucha nuestra oración y abre nuestros corazones para que entendamos las Escrituras y reconozcamos a tu Hijo al partir el pan. Él, que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.

Recibe, Señor, los dones que, jubilosa, tu Iglesia te presenta, y puesto que es a ti a quien debe su alegría, concédele también disfrutar de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

El Misterio Pascual

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca (en esta noche) (en este día) (en este tiempo), en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado. Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida. Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN.

Los discípulos reconocieron al Señor Jesús, al partir el pan. Aleluya (LC 24, 35).

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.

Dirige, Señor, tu mirada compasiva sobre tu pueblo, al que te has dignado renovar con estos misterios de vida eterna, y concédele llegar un día a la gloria incorruptible de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

           

Evangelio del 17 de abril 2026 Juan 6, 1-15

 



En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto las señales milagrosas que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: "¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?" Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: "Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan". Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: "Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero ¿qué es eso para tanta gente?" Jesús le respondió: "Díganle a la gente que se siente". En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.

Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien". Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.

Entonces la gente, al ver la señal milagrosa que Jesús había hecho, decía: "Este es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo". Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.

Comentario

El evangelio de hoy nos presenta el signo de la multiplicación de los panes, un momento en el que Jesús responde a una necesidad muy concreta: el hambre de la multitud. No se trata solo de un milagro material, sino de una enseñanza profunda sobre la confianza y la generosidad.

Jesús toma lo poco que hay —cinco panes y dos peces— y, dando gracias, lo comparte. Esto nos muestra que, en sus manos, incluso lo pequeño puede transformarse en abundancia. El gesto del niño que ofrece su alimento también es significativo: compartir, aunque parezca insuficiente, puede ser el inicio de algo mucho mayor.

Además, el texto revela la preocupación de Jesús por las personas en su totalidad, no solo en lo espiritual, sino también en sus necesidades humanas. Él no ignora el hambre, sino que actúa con compasión.

Finalmente, cuando la gente quiere proclamarlo rey, Jesús se retira. Esto indica que su misión no es el poder político ni el reconocimiento humano, sino revelar el amor de Dios y enseñar un camino distinto, basado en la entrega y el servicio.

El pasaje nos invita a confiar, a compartir lo que tenemos y a reconocer que la verdadera abundancia nace cuando ponemos nuestra vida en manos de Dios.