miércoles, 11 de febrero de 2026

Evangelio DEL 12 DE FEBRERO 2026 Marcos 7, 24-30

 



En aquel tiempo, Jesús salió de Genesaret y se fue a la región donde se encuentra Tiro. Entró en una casa, pues no quería que nadie se enterara de que estaba ahí, pero no pudo pasar inadvertido. Una mujer, que tenía una niña poseída por un espíritu impuro, se enteró enseguida, fue a buscarlo y se postró a sus pies.

Cuando aquella mujer, una siria de Fenicia y pagana, le rogaba a Jesús que le sacara el demonio a su hija, él le respondió: "Deja que coman primero los hijos. No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos". La mujer le replicó: "Sí, Señor; pero también es cierto que los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños".

Entonces Jesús le contestó: "Anda, vete; por eso que has dicho, el demonio ha salido ya de tu hija". Al llegar a su casa, la mujer encontró a su hija recostada en la cama, y ya el demonio había salido de ella.

 

Reflexión

 

La misericordia de Dios supera toda frontera humana porque no depende de la nacionalidad, la cultura, el pasado o la condición social. Jesús se encuentra en territorio extranjero y allí realiza el milagro. Donde hay sufrimiento y fe sincera, allí se hace presente el amor divino.

La mujer no pertenece al pueblo elegido, pero muestra una confianza inquebrantable. No exige, no se ofende, no abandona; insiste con humildad y seguridad. Su fe nace del amor y del dolor, y esa combinación la hace auténtica.

Revisemos nuestra vida. Tal vez hemos pensado que estamos lejos de Dios por errores del pasado, por dudas, por heridas o por no sentirnos “suficientemente buenos”. Pero este texto nos recuerda que la distancia no es un obstáculo para Dios. A veces, precisamente en la conciencia de nuestra necesidad nace una fe más pura y profunda.

RAÍCES DE NUESTRA FE 20260215

 



Período de decadencia de los Padres de la Iglesia (siglo V-VIII). Este período lo sitúan desde la muerte de San Agustín (año 430) hasta el final de la era patrística. Es un período de lenta decadencia, causada por las invasiones bárbaras en Occidente y el despotismo de los emperadores en Oriente. No existen grandes obras y los pocos escritos adolecen de originalidad. Esto no impide que hayan aparecido en Oriente y en Occidente grandes figuras, como san Juan Damasceno y san Gregorio Magno. Evidentemente, son excepciones que no disminuyen este calificativo de todo este período. La importancia de los Padres de esta época consiste sobre todo en haber conservado los tesoros del saber teológico antiguo, actuando de esta manera como vínculo con el mundo antiguo en decadencia. Tuvo el mérito de poner las bases de la civilización medieval posterior. Ya mencionábamos que son pocas las figuras que brillan en el firmamento de la teología y, además, son cada vez menos significantes. El contexto político y religioso en el cual se encuentran los Padres de este período era muy diverso en Oriente y Occidente. En el Oriente la teología depende de la guía de los soberanos inteligentes y enérgicos, como Justiniano. Florecen los estudios filosóficos, teológicosyjum dicos. En cambio, en Occidente, durante el siglo V, las invasiones de los bárbaros son cada vez más frecuentes y desastrosas. Providencialmente, gracias a las intuiciones e iniciativas de San Benito, abad (c 480-547), en Occidente nace el monaquismo, que se convierte en la última roca sólida de la cultura latina y, por tanto, también de la teología.

 

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260215

 



«Por esto que dice: Hasta que no pasen el cielo y la tierra, manifiesta que éstos, a pesar de su grandeza -como nosotros creemos-, habrán de desaparecer. O llama pequeños los sucesos de la pasión y muerte del Señor, la que si alguno no confiesa -considerándola vergonzosa- será pequeño -esto es, el último y casi nulo-, pero al que la confiesa se le promete la gloria de una gran vocación en el cielo. De donde sigue: El que hiciere, pues, y enseñare, se llamará grande en el Reino de los Cielos. Con tan magnífico exordio empezó a plenificar la obra de la ley antigua y a anunciar a sus Apóstoles que no les será posible la entrada en el Reino de los Cielos si no aventajan a los fariseos en justicia. Esto es lo que manifiesta cuando dice: Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor... O bien el que trata como vacío al que está lleno del Espíritu Santo, se hace reo ante el concilio de los santos, como si hubiere de pagar la ofensa hecha al Espíritu Santo, con la reprensión de jueces santos. Una vez obtenida la paz humana manda volver a la divina, para pasar de la caridad de los hombres a la de Dios, y por ello sigue: Y entonces ven a ofrecer tu ofrenda. El Señor quiere que no pasemos ningún tiempo sin acudir a él, con la intención de perdonar. Por ello nos mandó reconciliarnos con nuestro enemigo en el camino de la vida, no sea que al tiempo de la muerte nos vayamos sin terminar la paz comenzada. Por ello dice: Ponte de acuerdo con tu adversario mientras vas con éi en el camino, no sea que tu contrario te entregue al juez. O bien vuestro adversario os entregará al juez, porque vuestra ira, que permanece sobre él, es la prueba de vuestra enemistad» (San Hilario de Poitiers (c.315-368). Evangelio de san Mateo, 4).

 

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo A Domingo 15 de febrero 2026

 



ANTÍFONA DE ENTRADA.

Sírveme de defensa, Dios mío, de roca y fortaleza salvadoras. Tú eres mi baluarte y mi refugio, por tu nombre condúceme y guíame (Cfr. Sal 30, 34).

 

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

ORACIÓN COLECTA.

Señor Dios, que prometiste poner tu morada en los corazones rectos y sinceros, concédenos, por tu gracia, vivir de tal manera que te dignes habitar en nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

            Monición: El pueblo de la Biblia se encuentra ante dos opciones, "si tú quieres", siguen los mandamientos de Dios o las propuestas de la cultura del mal; por lo tanto, Dios a nadie le ha dado el permiso de pecar. Escuchemos.

 

PRIMERA LECTURA (Sir 15, 16-21)

Del libro del Sirácide (Eclesiástico)

Si tú lo quieres, puedes guardar los mandamientos; permanecer fiel a ellos es cosa tuya. El Señor ha puesto delante de ti fuego y agua; extiende la mano a lo que quieras. Delante del hombre están la muerte y la vida; le será dado lo que él escoja.

Es infinita la sabiduría del Señor; es inmenso su poder y él lo ve todo. Los ojos del Señor ven con agrado a quienes lo temen; el Señor conoce todas las obras del hombre. A nadie le ha mandado ser impío y a nadie le ha dado permiso de pecar.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

           

SALMO RESPONSORIAL (Sal 118)

R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.

L. Dichoso el hombre de conducta intachable, que cumple la ley del Señor. Dichoso el que es fiel a sus enseñanzas y lo busca de todo corazón. / R.

L. Tú, Señor, has dado tus preceptos para que se observen exactamente. Ojalá que mis pasos se encaminen al cumplimiento de tus mandamientos. / R.

L. Favorece a tu siervo para que viva y observe tus palabras. Ábreme los ojos para ver las maravillas de tu voluntad. / R.

L. Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado. Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón. / R.

 

Monición: San Pablo llega a Corinto después del fracaso de Atenas, en donde predicó a Cristo con sabiduría humana. Ahora predica una sabiduría divina prevista por Dios para conducirnos a la gloria. Escuchemos.

 

SEGUNDA LECTURA (1 Cor 2, 6-10)

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios

Hermanos: Es cierto que a los adultos en la fe les predicamos la sabiduría, pero no la sabiduría de este mundo ni la de aquellos que dominan al mundo, los cuales van a quedar aniquilados. Por el contrario, predicamos una sabiduría divina, misteriosa, que ha permanecido oculta y que fue prevista por Dios desde antes de los siglos, para conducirnos a la gloria. Ninguno de los que dominan este mundo la conoció, porque, de haberla conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.

Pero lo que nosotros predicamos es, como dice la Escritura, que lo que Dios ha preparado para los que lo aman, ni el ojo lo ha visto, ni el oído lo ha escuchado, ni la mente del hombre pudo siquiera haberlo imaginado. A nosotros, en cambio, Dios nos lo ha revelado por el Espíritu que conoce perfectamente todo, hasta lo más profundo de Dios. Palabra de Dios. A. Te alabamos Señor.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO (Cfr. Mt 11, 25)

R. Aleluya, aleluya. Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: En el evangelio de hoy Jesús afirma que no vino a anular la ley o los profetas, sino a darles plenitud. El cristiano le da plenitud al evangelio porque lo aprende, vive y lo comparte. Escuchemos.

 

EVANGELIO (Mt 5, 17-37)

Del santo Evangelio según san Mateo A. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos. Les aseguro que, si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.

Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será t, llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

También han oído que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo. 

También se dijo antes: El que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio. Pero yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio, y el que se casa con una divorciada comete adulterio.

Han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.

Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno". Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Imploremos, hermanos, al Dios de misericordia, para que escuche nuestras súplicas y digámosle con fe:

TODOS: Escúchanos, Señor, y acrecienta nuestro amor.

1.         Por la paz de todo el mundo, por la prosperidad de las santas Iglesias y por la unión de todos los hombres. Roguemos al Señor.

2.         Por nuestros gobernantes, para que bajo su dirección tengamos una vida feliz y pacífica. Roguemos al Señor.

3.         Por la conservación de la naturaleza, por la abundancia de las cosechas y por el progreso del mundo. Roguemos al Señor.

4.         Por nuestros familiares y amigos que han muerto en la esperanza de la resurrección, para que Dios les conceda el reposo eterno. Roguemos al Señor.

Intenciones de la Iglesia local.

Sacerdote: Dios nuestro, escucha las oraciones de tu pueblo y concede a los que hoy nos hemos reunido vivir siempre de acuerdo con las exigencias del Evangelio, para que seamos signo de reconciliación y de paz para todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor. TODOS: Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.

Que esta ofrenda, Señor, nos purifique y nos renueve, y se convierta en causa de recompensa eterna para quienes cumplimos tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

La creación alaba al Señor

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque creaste el universo con todo cuanto contiene; determinaste el ciclo de las estaciones; pero formaste al hombre a tu imagen y semejanza y lo hiciste dueño de un mundo portentoso, para que en tu nombre dominara la creación entera y, al contemplar la grandeza de tus obras, en todo momento te alabara, por Cristo, Señor nuestro. A quien cantan los cielos y la tierra, los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN.

El Señor colmó el deseo de su pueblo; no lo defraudó. Comieron y quedaron satisfechos (Cfr. Sal 77, 29-30).

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.

Saciados, Señor, por este manjar celestial, te rogamos que nos hagas anhelar siempre este mismo sustento por el cual verdaderamente vivimos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Los cristianos estamos llamados a una reflexión más profunda sobre nuestra misión en el presente. Reflexión 20260215


 

Los cristianos estamos llamados a una reflexión más profunda sobre nuestra misión en el presente. UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260215

 

Algún estudioso de la cultura contemporánea afirma que la principal preocupación de los seres humanos actuales es pasarla bien. Con tal de gozar y disfrutar el momento presente, termina exigiéndose que todo sea divertido y atrayente. Se desliza como único valor, la ley del menor esfuerzo. Esta vida ligera pisotea los valores éticos universales y pasa por encima de la dignidad humana. El sentido de las normas éticas del Decálogo o de los consejos y preceptos evangélicos no es manipularnos ni convertirnos en seres dependientes o sumisos, como no pocos críticos de la religión han señalado. Es otra intención muy distinta: animarnos a respetar la dignidad y la enorme valía de todas las personas. Nadie tiene facultades ni permisos para disfrutar la vida, si para eso, tiene que convertir a los demás en un medio para alcanzar sus propios fines. Dios, como dice el Eclesiástico, "creó al hombre y lo entregó en poder de su albedrío".

 

La Libertad de los Hijos de Dios: Más allá del Placer Efímero

 



En un mundo que nos invita constantemente a vivir para el "yo" y el disfrute pasajero, los cristianos estamos llamados a una reflexión más profunda sobre nuestra misión en el presente. El hedonismo y la ley del menor esfuerzo no solo debilitan el carácter, sino que nos alejan del prójimo y del plan de amor que el Creador tiene para nosotros.

Recordemos que los mandamientos y los consejos evangélicos no son cadenas, sino sendas de auténtica libertad. Al reflexionar sobre nuestra dignidad y el uso de nuestro libre albedrío, descubrimos que:

El bienestar no es el fin supremo: La alegría cristiana es más profunda que la simple diversión.

La dignidad es sagrada: Ningún deseo personal justifica usar al hermano como un objeto.

Somos administradores de nuestra libertad: Dios nos ha confiado nuestra propia voluntad para construir Su Reino, no para aislarnos en el egoísmo.