jueves, 19 de marzo de 2026

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260322

Aceptar la victoria de Jesucristo crucificado sobre la muerte es el centro de nuestra esperanza. Los discípulos de Jesús proclamaron dos certezas con la misma seguridad: la muerte en cruz y la resurrección de Jesucristo. La victoria de Jesús sobre la muerte es el signo de la fidelidad del Padre al Hijo obediente que se entrega sin fisuras por sus hermanos. Quienes vivan como Jesús vivió alcanzarán la vida plena. Aunque en el presente los cristianos vivamos en una cultura que parece cerrarse a la posibilidad de trascender hacia la vida plena, no estamos exentos de documentar de manera creíble nuestra esperanza. En la medida que seamos más libres de nuestras fiebres mundanas y de las realidades materiales, más estaremos transparentando nuestra esperanza en Cristo resucitado.

RAÍCES DE NUESTRA FE Los Credos de la Iglesia

 



El Credo de Atanasio 3. 

Es una profesión de fe de las más importantes de la fe católica. «Además, para la salvación eterna es necesario que también crea fielmente en la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo. Pues la fe recta es que creamos y confesemos que Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios, engendrado de la sustancia del Padre, antes de los siglos; y es hombre, de la substancia de su Madre, nacido en el mundo. Perfecto Dios y perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana. Igual al Padre en cuanto a su divinidad, y menor que el Padre en cuanto a su humanidad. Mas, aun cuando es Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo. Y uno, no por la conversión de la divinidad en carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios. Uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona. Pues según el alma racional y la carne son un hombre, así Dios y hombre es un solo Cristo, el cual sufrió por nuestra salvación, descendió a los infiernos, resucitó al tercer día de entre los muertos. Subió a los cielos, está sentado a la derecha del Padre, Dios Todopoderoso, desde donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. A su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y darán cuenta de sus propios actos. Y los que obraron bien, irán a la vida eterna; y los que obraron mal, al fuego eterno. Ésta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente, no podrá salvarse». (San Atanasio [296-375]. El Credo consiste en 40 declaraciones rítmicas, fue usado en el oficio dominical por más de mil años. Seguiremos con el «Símbolo de los Apóstoles»).

 

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260322

 



«Entre todos los milagros hechos por nuestro Señor Jesucristo, tiene particular resonancia la resurrección de Lázaro. Pero, si nos fijamos en aquel que lo hizo, debemos más bien alegrarnos que admirarnos. Resucitó a un hombre aquel que hizo al hombre; es el Unigénito del Padre, por el cual, como sabéis, fueron hechas todas las cosas. Si, pues, por Él fueron creadas todas; las cosas, no es de admirar que por El resucitase uno, cuando por Él nacen tantos diariamente. Más es crear un hombre que resucitarlo. Se dignó, empero, crear y resucitar; crear a todos y resucitar a algunos. No todo cuanto hizo el Señor Jesús está escrito, como lo afirma el mismo san Juan, diciendo que Cristo obró y dijo muchas otras cosas que no han sido escritas. Han sido elegidas las que se han escrito, porque parecen suficientes para la salvación de los que habían de creer. Oíste que el Señor resucitó a un muerto; esto debe bastarte para saber que, si quisiese, podía resucitar a todos; lo cual se lo ha reservado para el fin de los tiempos. Pues el mismo que resucitó a uno que llevaba cuatro días en el sepulcro, según habéis oído, dice que llegará la hora en que cuantos están en los sepulcros oirán su voz y saldrán de ellos. Resucitó a uno en descomposición, pero que aún conservaba en el cadáver descompuesto la forma de los miembros; pero El en el último día, con una sola voz, convertirá las cenizas en carne. Era conveniente que ahora hiciese algunos milagros, que, siendo manifestaciones de su poder, nos moviesen a creer en Él, preparándonos para aquella resurrección que conduce a la vida, evitando el juicio de condenación» (San Agustín [354430]. Tratado 49 sobre el Evangelio de Juan).

V DOMINGO DE CUARESMA Domingo 22 de Marzo 2026



 

ANTÍFONA DE ENTRADA

Señor, hazme justicia. Defiende mi causa contra la gente sin piedad, sálvame del hombre traidor y malvado, tú que eres mi Dios y mi defensa (Cfr. Sal 42, 1-2).

 

No se dice Gloria

 

ORACIÓN COLECTA

Te rogamos, Señor Dios nuestro, que, con tu auxilio, avancemos animosamente hacia aquel grado de amor con el que tu Hijo, por la salvación del mundo, se entregó a la muerte. Él, que vive y reina contigo...

           

Monición: El profeta Ezequiel nos narra cómo Dios hace surgir la vida ahí donde parece que ya no hay esperanza, pues basta sólo el soplo de su Espíritu y hasta un pueblo de muertos puede resucitar. Escuchemos.

 

PRIMERA LECTURA (Ez 37, 12-14) Del libro del profeta Ezequiel

Esto dice el Señor Dios: "Pueblo mío, yo mismo abriré sus sepulcros, los haré salir de ellos y los conduciré de nuevo a la tierra de Israel.

Cuando abra sus sepulcros y los saque de ellos, pueblo mío, ustedes dirán que yo soy el Señor.

Entonces les infundiré mi espíritu y vivirán, los estableceré en su tierra y ustedes sabrán que yo, el Señor, lo dije y lo cumplí". Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 129)

R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

L. Desde el abismo de mis pecados clamo a ti; Señor, escucha mi clamor; que estén atentos tus oídos a mi voz suplicante. / R.

L. Si conservaras el recuerdo de las culpas, ¿quién habría, Señor, que se salvara? Pero de ti procede el perdón, por eso con amor te veneramos. / R.

L. Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra; mi alma aguarda al Señor, mucho más que a la aurora el centinela. / R.

L. Como aguarda a la aurora el centinela, aguarda Israel al Señor, porque del Señor viene la misericordia y la abundancia de la redención, y él redimirá a su pueblo de todas sus iniquidades. / R.

 

Monición: San Pablo, en la segunda lectura, felicita a quienes agradan a Dios porque llevan una vida según el Espíritu y si los conduce el Espíritu también participarán de la resurrección de Cristo. Escuchemos.

 

SEGUNDA LECTURA (Rom 8, 8-11)

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

Hermanos: Los que viven en forma desordenada y egoísta no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no llevan esa clase de vida, sino una vida conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita verdaderamente en ustedes.

Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. En cambio, si Cristo vive en ustedes, aunque su cuerpo siga sujeto a la muerte a causa del pecado, su espíritu vive a causa de la actividad salvadora de Dios.

Si el Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, también les dará vida a sus cuerpos mortales, por obra de su Espíritu, que habita en ustedes. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO (Jn 11, 25. 26)

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús. Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el que cree en mí no morirá para siempre. R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

 

Monición: Con la resurrección de Lázaro, narrada en el evangelio de hoy, Jesús anuncia su propia resurrección y la de todos aquellos que participan de la vida de Cristo por el bautismo y la comparten. Escuchemos.

 

EVANGELIO (Jn 11, 1-45)

Del santo Evangelio según san Juan

A. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, se encontraba enfermo Lázaro, en Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano Lázaro.

Por eso las dos hermanas le mandaron decir a Jesús: "Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo".

Al oír esto, Jesús dijo: "Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella".

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba. Después dijo a sus discípulos: "Vayamos otra vez a Judea". Los discípulos le dijeron: "Maestro, hace poco que los judíos querían apedrearte, ¿y tú vas a volver allá?" Jesús les contestó: "¿Acaso no tiene doce horas el día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque le falta la luz".

Dijo esto y luego añadió: "Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo". Entonces le dijeron sus discípulos: "Señor, si duerme, es que va a sanar". Jesús hablaba de la muerte, pero ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo abiertamente: "Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado ahí, para que crean. Ahora, vamos allá". Entonces Tomás, por sobrenombre el Gemelo, dijo a los demás discípulos: "Vayamos también nosotros, para morir con él".

Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania quedaba cerca de Jerusalén, como a unos dos kilómetros y medio, y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de su hermano. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas".

Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará". Marta respondió: "Ya sé que resucitará en la resurrección del último día". Jesús le dijo: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?". Ella le contestó: "Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo".

Después de decir estas palabras, fue a buscar a su hermana María y le dijo en voz baja: "Ya vino el Maestro y te llama". Al oír esto, María se levantó en el acto y salió hacia donde estaba Jesús, porque él no había llegado aún al pueblo, sino que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en la casa, consolándola, viendo que ella se levantaba y salía de prisa, pensaron que iba al sepulcro para llorar ahí y la siguieron.

Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo, se echó a sus pies y le dijo: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano". Jesús, al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: "¿Dónde lo han puesto?". Le contestaron: "Ven, Señor, y lo verás". Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: "De veras ¡cuánto lo amaba!" Algunos decían: "¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento, hacer que Lázaro no muriera?"

 Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces dijo Jesús: "Quiten la losa". Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: "Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días". Le dijo Jesús: "¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?" Entonces quitaron la piedra.

Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: "Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has enviado". Luego gritó con voz potente: "i Lázaro, sal de ahí!". Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: "Desátenlo, para que pueda andar".

Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

CREDO de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Oremos, amados hermanos, y pidamos la misericordia del Señor para que, compadecido de su pueblo penitente, escuche nuestras plegarias. Oremos diciendo:

TODOS: Renuévanos, Señor, con tu gracia.

1.         Para que el Redentor del mundo, que se entregó a la muerte para vivificar a su pueblo, libere a la Iglesia de todo mal. Roguemos al Señor.

2.         Para que el Redentor del mundo, que oró en la cruz por quienes lo crucificaban, interceda ante el Padre por los pecadores. Roguemos al Señor.

3.         Para que el Redentor del mundo, que experimentó en la cruz el sufrimiento y la angustia, se compadezca de los que sufren y ponga fin a sus dolores. Roguemos al Señor.

4.         Para que el Redentor del mundo a nosotros, sus siervos, que nos disponemos a recordar con veneración su cruz, nos reconforte con la fuerza de su resurrección. Roguemos al Señor.

Intenciones de la Iglesia local.

Sacerdote: Señor Dios, gloria del hombre viviente, contempla los sufrimientos de la Iglesia, que llora por sus hijos muertos a causa del pecado, y concede a los que han muerto por sus culpas la resurrección y la vida nueva de la gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor. TODOS: Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Escúchanos, Dios todopoderoso, y concede a tus siervos, en quienes infundiste la sabiduría de la fe cristiana, quedar purificados, por la eficacia de este sacrificio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

PREFACIO I DE CUARESMA

Significado espiritual de la Cuaresma

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Por él concedes bondadosamente a tus fieles anhelar gozosos, año tras año, con el alma purificada, las solemnidades de la Pascua, para que dedicados con mayor entrega a la oración y a las obras de caridad, por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser plenamente hijos tuyos. Por eso, con los ángeles y los arcángeles, con los tronos y dominaciones y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN

Todo el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre, dice el Señor (Cfr. Jn 11, 26).

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te rogamos, Dios todopoderoso, que podamos contarnos siempre entre los miembros de aquel cuyo Cuerpo y Sangre acabamos de comulgar. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO

Bendice, Señor, a tu pueblo, que espera los dones de tu misericordia, y concédele recibir de tu mano generosa lo que tú mismo lo mueves a pedir. Por Jesucristo, nuestro Señor.

La vida eterna no es algo que "comienza" después de la muerte, sino una cosecha de cómo se vive hoy. Reflexión 20260322


 

miércoles, 18 de marzo de 2026

¿CREEMOS EN UN SOLO DIOS O EN TRES DIOSES?

 


Creemos en un solo Dios en tres personas (TRINIDAD). «Dios no es soledad, sino comunión perfecta» (Benedicto XVI, 22.05.2005).

 

Los cristianos no adoran a tres dioses diferentes, sino a un único ser, que es trino (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y sin embargo uno. Que Dios es trino lo sabemos por Jesucristo: Él, el Hijo, habla de su Padre del Cielo («Yo y el Padre somos uno», Jn 10,30). Él ora al Padre y nos envía el Espíritu Santo, que es el amor del Padre y del Hijo. Por eso somos bautizados «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19).

Evangelio del 19 de marzo 2026 Lucas 2, 41-51



Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua.

Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.

Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia". Él les respondió: "¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?" Ellos no entendieron la respuesta que les dio.

Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.

 

Cometario

 

Es el único relato que tenemos sobre la adolescencia de Jesús y actúa como un puente entre su nacimiento y su vida pública.

Este es el momento en que Jesús expresa por primera vez, con sus propias palabras, quién es. Su respuesta a María: "¿No sabíais que en las cosas de mi Padre me es necesario estar?", revela que ya a los doce años tiene una conciencia plena de su filiación divina. Establece que su relación con Dios Padre tiene prioridad incluso sobre sus lazos familiares terrenales.

El relato humaniza profundamente a María y José. Su búsqueda durante tres días refleja una angustia real, similar a la que cualquier padre sentiría. La mención de que "no comprendieron lo que les decía" nos recuerda que, aunque María guardaba todo en su corazón, el misterio de la misión de su hijo se le iba revelando de forma gradual y, a veces, dolorosa.

El pasaje termina diciendo que Jesús "bajó con ellos a Nazaret y les estaba sujeto". Este es un detalle crucial: la divinidad de Jesús no lo exime de sus deberes humanos.