lunes, 15 de junio de 2026

Evangelio del 16 de junio 2026 Mateo 5, 43-48

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.

Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto".

Reflexión

Este pasaje profundiza en una de las enseñanzas más exigentes de Jesús: el amor a los enemigos y la oración por quienes nos persiguen. Lejos de limitarse a la respuesta humana natural de corresponder solo a quienes nos tratan bien, Jesús nos invita a adoptar la lógica divina, un amor incondicional que no depende de los méritos ajenos, sino de nuestra propia decisión de ser misericordiosos.

Amar al enemigo implica romper el ciclo de odio y venganza sin renunciar a la justicia. La invitación a "ser perfectos como el Padre" no exige una impecabilidad absoluta, sino alcanzar la plenitud en el amor, extendiendo nuestra compasión de manera generosa

Oración

Señor Jesús, enséñame a amar como Tú amas. Ayúdame a perdonar a quienes me han ofendido, a orar por quienes me causan dolor y a ser instrumento de paz donde haya conflicto. Que tu amor transforme mi corazón para que refleje la misericordia del Padre. Amén.

 

 

domingo, 14 de junio de 2026

Evangelio del 15 de junio 2026 Mateo 5, 38-42

 


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente; pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda".

Reflexión

Este pasaje nos presenta una de las enseñanzas más exigentes de Jesús. Frente a la ley del «ojo por ojo y diente por diente», que buscaba limitar la venganza, Jesús propone un camino nuevo: responder al mal no con más mal, sino con amor, generosidad y misericordia.

Presentar la otra mejilla no significa aceptar la injusticia pasivamente, sino romper el círculo de la violencia y de la revancha. Jesús invita a sus discípulos a no dejarse dominar por el odio, el resentimiento o el deseo de devolver el daño recibido. El verdadero poder del cristiano no está en imponerse por la fuerza, sino en vencer el mal con el bien.

Asimismo, cuando Jesús habla de dar el manto, caminar una segunda milla o prestar al que pide, nos llama a vivir una generosidad que va más allá de lo estrictamente exigido. El amor cristiano no se mide por el mínimo necesario, sino por la capacidad de darse gratuitamente, siguiendo el ejemplo de Dios, que es bueno con todos.

Este Evangelio nos desafía especialmente en un mundo donde la violencia, la confrontación y el egoísmo parecen normales. Jesús nos invita a construir relaciones basadas en el perdón, la comprensión y la solidaridad. Solo así podremos ser verdaderos testigos de su Reino y sembrar paz allí donde hay conflicto.

Reflexión personal: ¿Hay alguna persona a la que necesito perdonar? ¿Estoy dispuesto a responder al mal con el bien y a practicar una generosidad que refleje el amor de Cristo en mi vida cotidiana?


viernes, 12 de junio de 2026

Evangelio del 13 de junio 2026 Lucas 2, 41-51

 



Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua.

Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.

Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia". Él les respondió: "¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?" Ellos no entendieron la respuesta que les dio.

Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.

 

Comentario

 

Este pasaje nos invita a contemplar a Jesús en una etapa poco conocida de su vida: su adolescencia. En él descubrimos a un joven que crece en una familia creyente, participa en las tradiciones de su pueblo y, al mismo tiempo, tiene una profunda conciencia de su relación con Dios Padre.

La angustia de María y José al perder a Jesús refleja las experiencias que muchas veces vivimos cuando sentimos que Dios está lejos o no entendemos lo que sucede en nuestra vida. Como ellos, podemos buscarlo en los caminos equivocados, hasta descubrir que Jesús nos espera en la casa del Padre, en la oración, en la Palabra y en la comunidad de fe.

La respuesta de Jesús —«Debo ocuparme en las cosas de mi Padre»— nos recuerda que la voluntad de Dios debe ocupar el primer lugar en nuestra existencia. Sin embargo, el Evangelio también muestra que esta entrega a Dios no aleja a Jesús de sus responsabilidades humanas. Al regresar a Nazaret, vive obediente a sus padres y comparte la sencillez de la vida familiar. Así nos enseña que la santidad se construye tanto en los grandes momentos espirituales como en la fidelidad de cada día.

Finalmente, María nos ofrece un ejemplo de fe madura. Aunque no comprende plenamente lo sucedido, guarda todo en su corazón y lo medita. También nosotros estamos llamados a confiar en Dios cuando no tenemos todas las respuestas, sabiendo que Él conduce nuestra historia con amor y sabiduría.

Este Evangelio nos invita a buscar constantemente a Jesús, a poner a Dios en el centro de nuestra vida y a aprender de María la paciencia y la confianza ante los misterios que no alcanzamos a comprender.

jueves, 11 de junio de 2026

Evangelio del 12 de junio 2026 Mateo 11, 25-30

 



En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.

El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera".

Comentario

Jesús nos muestra la intimidad de Jesús con el Padre y su inmensa ternura hacia quienes sufren.

Jesús alaba al Padre porque el Reino de Dios no se manifiesta a los sabios o soberbios —aquellos que confían únicamente en su propia inteligencia o poder—, sino a los "pequeños" (los anawim o pobres de espíritu). Esto nos enseña que el acceso a Dios no se obtiene mediante méritos intelectuales, sino a través de la sencillez, la humildad y la confianza de un niño. Solo quien reconoce su propia fragilidad puede acoger la revelación del Padre.

Jesús lanza una de las invitaciones más bellas de toda la Escritura: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré». En un mundo cargado de normas, exigencias y pesos, Jesús no ofrece una nueva carga, sino una relación. Al invitar a tomar su "yugo", nos propone caminar a su lado, compartiendo su modo de vivir, que se basa en la mansedumbre y la humildad de corazón. Su yugo es "suave" y su carga "ligera" porque no se lleva solo, sino en comunión con Él.

Este pasaje nos recuerda que la vida espiritual no es una carrera de perfeccionismo, sino un camino de compañía. Jesús no nos pide que seamos invulnerables; al contrario, nos pide que vayamos a Él precisamente cuando estamos cansados. Es en nuestra debilidad donde mejor podemos experimentar el descanso y el alivio que solo su amor puede ofrecer.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260614

 

La violencia se ha vuelto tan frecuente que corremos el riesgo de acostumbrarnos a ella. 

Ante esta situación, el Evangelio nos invita a mirar la realidad con los ojos de Jesucristo.



Las estadísticas deberían asustarnos, pero ya ni siquiera ese efecto se materializa en nuestra sociedad. ¡Mujeres, hombres y hasta niños asesinados diariamente en nuestro país! Ejecuciones por decenas. Parecemos un pueblo obsesionado con la muerte, la sangre y el sacrificio. No tiene sentido recurrir a la violencia en ninguna de sus formas para resolver nuestros conflictos. El Dios de la vida se entrega sin condiciones en la persona de Jesucristo, que vive para atender a las ovejas desvalidas. Con esa entrega nos señala el rumbo por dónde tenemos que caminar. La protección, el cuidado, la defensa de la vida en todas sus formas es una exigencia fundamental, que conviene asimilar como un gesto del verdadero discípulo de Jesús. El Evangelio nos presenta al Señor Jesús sensible al desamparo de las personas. No hay mayor debilidad que las amenazas que se materializan y arrancan la vida a tantas víctimas inocentes.


El Símbolo de los Apóstoles expresa la fe de la Iglesia

 



El Símbolo de los Apóstoles es una de las formulaciones más antiguas y fundamentales de la fe cristiana, surgida hacia el año 170 d.C. Comienza con una profesión de fe personal o comunitaria (“Creo” o “Creemos”), expresando que la fe del cristiano nace y se desarrolla dentro de la Iglesia, que transmite el testimonio auténtico del Evangelio.

 

Este símbolo constituye un breve compendio de las principales verdades del cristianismo y es considerado un fiel resumen de la enseñanza de los apóstoles. Su autoridad proviene especialmente de su origen como símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, vinculada a la misión de san Pedro.

 

A lo largo de la historia, numerosos Padres de la Iglesia, como san Cirilo de Jerusalén, san Ambrosio, san Agustín, san Rufino de Aquileya y san Gregorio de Nisa, dedicaron sus escritos y catequesis a explicar su contenido. Sus reflexiones ayudaron a profundizar en la comprensión de la fe cristiana y a transmitirla a las nuevas generaciones de creyentes.

Los nombres de los apóstoles

 





San Jerónimo explica que la lista de los apóstoles en el Evangelio tiene la finalidad de identificar a los verdaderos enviados de Cristo y prevenir la confusión con falsos apóstoles que surgirían después. Destaca que el orden en que aparecen no es casual, sino que refleja la sabiduría de Jesús, quien conocía el corazón de cada uno.

 

El autor aclara las diferencias entre apóstoles con nombres semejantes, como los dos Simón y los dos Santiago, y señala que los evangelistas suelen agruparlos de dos en dos, mostrando los lazos espirituales que los unían en la misión. Resalta especialmente la humildad de Mateo, quien se llama a sí mismo “publicano”, recordando su pasado para poner de manifiesto la grandeza de la gracia de Dios.

 

Asimismo, explica algunos sobrenombres y variantes de nombres, como Simón Zelotes o Cananeo, y Tadeo, también llamado Judas de Santiago o Lebeo. Con ello muestra la riqueza de la tradición apostólica y la identidad particular de cada discípulo, todos llamados por Cristo para anunciar el Evangelio con fe y entrega.

(San Jerónimo [342-420] Evangelio de san Mateo).