domingo, 30 de agosto de 2026

Evangelio del 31 de agosto 2026 Lucas 4, 16-30


 


En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: "Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura, que ustedes acaban de oír".

Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios, y se preguntaban: "¿No es éste el hijo de José?"

Jesús les dijo: "Seguramente me dirán aquel refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo, y haz aquí, en tu propia tierra, todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm' ".

Y añadió: "Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, que era de Siria".

Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta una barranca del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí.

 

Reflexión

 

Jesús vuelve a su pueblo y proclama que ha venido a llevar la Buena Nueva a los pobres, liberar a los oprimidos y anunciar la gracia de Dios. Sin embargo, quienes lo conocen desde siempre no pueden aceptar que uno de los suyos sea portador de un mensaje tan exigente. Su familiaridad se convierte en rechazo.

 

El Evangelio nos invita a preguntarnos si también nosotros rechazamos la voz de Dios cuando cuestiona nuestras seguridades, prejuicios o formas de pensar. Jesús nos recuerda que la Buena Nueva no tiene fronteras: Dios se acerca a todos, especialmente a quienes sufren y necesitan esperanza.

La verdadera fe no consiste solamente en admirar a Jesús, sino en aceptar su palabra, aunque nos incomode y nos invite a cambiar.


sábado, 29 de agosto de 2026

Reflexión 20260830

 


XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Domingo 30 de agosto 2026

 



Antífona de entrada.

Dios mío, ten piedad de mí, pues sin cesar te invoco: Tú eres bueno y clemente, y rico en misericordia con quien te invoca (Cfr. Sal 85, 3. 5).

 

Gloria.

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Oración colecta.

Dios de toda virtud, de quien procede todo lo que es bueno, infunde en nuestros corazones el amor de tu nombre, y concede que, haciendo más religiosa nuestra vida, hagas crecer el bien que hay en nosotros y lo conserves con solicitud amorosa. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

            Monición: Jeremías le reclama a Dios: primero me seduces para servirte y luego me abandonas en las dificultades. El profeta continuará porque siente más fuerte la voz que lleva dentro que lo sostiene. Escuchemos.

 

Primera Lectura (Jer 20, 7-9)

Del libro del profeta Jeremías

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; fuiste más fuerte que yo y me venciste. He sido el hazmerreír de todos; día tras día se burlan de mí. Desde que comencé a hablar, he tenido que anunciar a gritos violencia y destrucción. Por anunciar la palabra del Señor, me he convertido en objeto de oprobio y de burla todo el día. He llegado a decirme: "Ya no me acordaré del Señor ni hablaré más en su nombre". Pero había en mí como un fuego ardiente, encerrado en mis huesos; yo me esforzaba por contenerlo y no podía.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

Salmo responsorial (Sal 62)

R. Señor, mi alma tiene sed de ti.

L. Señor, tú eres mi Dios, a ti te busco; de ti sedienta está mi alma. Señor, todo mi ser te añora, como el suelo reseco añora el agua. / R.

L. Para admirar tu gloria y tu poder, con este afán te busco en tu santuario. Pues mejor es tu amor que la existencia; siempre, Señor, te alabarán mis labios. / R.

L. Podré así bendecirte mientras viva y levantar en oración mis manos. De lo mejor se saciará mi alma; te alabaré con jubilosos labios. / R.

L. Porque fuiste mi auxilio y a tu sombra, Señor, canto con gozo. A ti se adhiere mi alma y tu diestra me da seguro apoyo. / R.

 

            Monición: San Pablo nos pide que el culto que se debe presentar a Dios es una vida santa y agradable y para lograr este objetivo pide que "no se dejen transformar por los criterios de este mundo". Escuchemos.

 

Segunda Lectura (Rom 12, 1-2)

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

Hermanos: Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por los criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

 Aclamación antes del Evangelio (Cfr. Ef 1, 17-18)

R. Aleluya, aleluya. Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestras mentes, para que podamos comprender cuál es la esperanza que nos da su llamamiento.

R. Aleluya, aleluya.

 

            Monición: Jesús les anuncia a sus discípulos que van a Jerusalén y que allí padecerá, morirá y resucitará al tercer día. Para seguir a Jesús nos pide renunciar a sí mismos y tomar nuestra cruz. Escuchemos.

 

Evangelio (Mt 16, 21-27)

Del santo Evangelio según san Mateo

A. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: "No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti". Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres! “

Luego Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras".

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Pidamos, hermanos, al Señor para que escuche las súplicas de su pueblo. Oremos diciendo:

TODOS: Escucha, Señor, nuestra oración.

1.         Tengamos presente, hermanos, en nuestras oraciones a la Iglesia santa, católica y apostólica, para que el Señor la haga crecer en la fe, la esperanza y la caridad. Roguemos al Señor.

2.         Oremos también por los pecadores, por los encarcelados, por los enfermos y por los que están lejos de sus hogares, para que el Señor los proteja, los libere, les devuelva la salud y los consuele. Roguemos al Señor.

3.         Oremos también por las almas de todos los difuntos, para que Dios, en su bondad, los admita en el coro de los santos y de los elegidos. Roguemos al Señor.

4.         Pidamos también por los que celebramos la Eucaristía, para que el Señor perdone las culpas de los que vamos a participar de sus sacramentos y dé la salvación a todos aquellos por los que ofrecemos nuestro sacrificio. Roguemos al Señor.

Sacerdote: Escucha, Señor, las oraciones de tu pueblo y renuévanos con tu Espíritu de verdad, para que nunca nos dejemos engañar por las seducciones del mundo y sepamos discernir lo bueno, lo que te agrada, lo perfecto, y carguemos con la cruz, acompañando a Cristo, nuestra esperanza. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

TODOS: Amén.

 

Oración sobre las ofrendas.

Que esta ofrenda sagrada, Señor, nos traiga siempre tu bendición salvadora, para que dé fruto en nosotros lo que realiza el misterio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

La creación alaba al Señor

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque creaste el universo con todo cuanto contiene; determinaste el ciclo de las estaciones; pero formaste al hombre a tu imagen y semejanza y lo hiciste dueño de un mundo portentoso, para que en tu nombre dominara la creación entera y, al contemplar la grandeza de tus obras, en todo momento te alabara, por Cristo, Señor nuestro. A quien cantan los cielos y la tierra, los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la comunión.

Qué grande es tu bondad, Señor, que tienes reservada para tus fieles (Sal 30, 20).

 

Oración después de la comunión.

Saciados con el pan de esta mesa celestial, te suplicamos, Señor, que este alimento de caridad fortalezca nuestros corazones, para que nos animemos a servirte en nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

«Dios, Padre de Cristo y Padre nuestro»

 



San Cirilo de Jerusalén enseña que el Padre de Jesucristo es el mismo Dios creador del Antiguo Testamento, el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob. Por ello, no debemos separar el Antiguo del Nuevo Testamento, pues ambos forman parte de la misma historia de salvación.

Cristo revela que Dios es verdaderamente su Padre por naturaleza, mientras que nosotros somos sus hijos por adopción y por gracia. Sin embargo, por la misericordia de Dios, Jesús nos permite dirigirnos a Él como «Padre nuestro».

La fe cristiana reconoce a un solo Dios, Padre y Creador, que en Cristo nos hace sus hijos y nos permite acercarnos a Él con confianza filial.

 

Cfr. San Cirilo de Jerusalén. Catequesis 7, 6-7

Cuando nuestros pensamientos no son los de Dios

 



San Jerónimo explica que Pedro, movido por su amor y afecto hacia Jesús, no podía aceptar que el Mesías tuviera que sufrir y morir. Aunque acababa de reconocerlo como el Hijo de Dios, todavía pensaba según los criterios humanos y no comprendía el camino de la cruz.

Por eso, Jesús lo corrige con firmeza: «Ve detrás de mí, Satanás», es decir, vuelve a seguirme y acepta la voluntad de Dios. Pedro quería evitar el sufrimiento de Jesús, pero la cruz era parte de su misión salvadora.

La fe verdadera no consiste en imponer a Dios nuestros deseos, sino en aprender a confiar en su voluntad, incluso cuando el camino implica sacrificio, dolor y entrega.

 

Cfr. San Jerónimo [342-420. Libro III, 22. 23] Evangelio de san Mateo

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260830

 

Las crisis recientes (sanitarias, de seguridad, internacionales, narcotráfico...) han puesto en evidencia nuestra fragilidad. Hemos descubierto que no todo está bajo control y que dependemos unos de otros más de lo que pensábamos. En este contexto, el testimonio de quienes se entregan por los demás adquiere un valor especial. Su vida confirma que el sentido no está en conservar, sino en compartir. La paradoja del Evangelio deja de ser una idea abstracta y se convierte en una experiencia concreta.

Evangelio del 29 de agosto 2026 Marcos 6, 17-29

 


 

En aquel tiempo, Herodes había mandado apresar a Juan el Bautista y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: "No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano". Por eso Herodes lo mandó encarcelar.

Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida, pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo. La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile le gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: "Pídeme lo que quieras y yo te lo daré". Y le juró varias veces: "Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".

Ella fue a preguntarle a su madre: "¿Qué le pido?" Su madre le contestó: "La cabeza de Juan el Bautista". Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: "Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista”. El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre. Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

Reflexión

Esta historia muestra cómo las debilidades humanas —como el orgullo, la vanidad y el temor al qué dirán— pueden llevar a cometer actos irreparables. Herodes se dejó arrastrar por la presión social y una promesa imprudente durante un banquete, sacrificando la vida de un hombre justo a pesar de su propio respeto y tristeza interior. Es un recordatorio de la importancia de la integridad y de la necesidad de mantener convicciones firmes, evitando que la soberbia o el compromiso con las apariencias nos arrastren a tomar decisiones destructivas.

viernes, 28 de agosto de 2026

Evangelio del 28 de agosto 2026 Mateo 25, 1-13

 



 

En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes que tomando sus lámparas salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras en cambio llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó un grito: '¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!' Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas y las descuidadas dijeron a las previsoras: 'Dennos un poco de su aceite porque nuestras lámparas se están apagando'. Las previsoras les contestaron: 'No porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo'.

Mientras aquéllas iban a comprarlo llegó el esposo y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor señor ábrenos'. Pero él les respondió: 'Yo les aseguro que no las conozco'.

Por eso estén preparados porque no saben ni el día ni la hora".

 

Reflexión

 

La parábola de las diez jóvenes nos invita a vivir preparados y con una fe perseverante. El aceite representa aquello que alimenta nuestra vida interior: la oración, la esperanza, el amor y las buenas obras. No basta con tener una lámpara; es necesario mantenerla encendida.

Jesús nos recuerda que su llegada puede sorprendernos. Por eso, no debemos dejar para mañana aquello que hoy podemos vivir con amor, fe y responsabilidad. Estar preparados significa permanecer atentos a Dios y aprovechar cada día para hacer el bien.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Evangelio del 27 de agosto 2026 Mateo 24, 42-51

 



 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Velen y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre.

 

Fíjense en un servidor fiel y prudente, a quien su amo nombró encargado de toda la servidumbre para que le proporcionara oportunamente el alimento. Dichoso es el servidor, si al regresar su amo, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que le encargará la administración de todos sus bienes.

 

Pero si el servidor es un malvado, y pensando que su amo tardará, se pone a golpear a sus compañeros, a comer y emborracharse, vendrá su amo el día menos pensado, a una hora imprevista, lo castigará severamente y lo hará correr la misma suerte de los hipócritas. Entonces todo será llanto y desesperación".

 

Reflexión

 

Este Evangelio nos invita a vivir atentos y preparados, no desde el miedo, sino desde la responsabilidad y la fidelidad. Jesús nos recuerda que no sabemos cuándo llegará el momento decisivo; por eso, cada día es una oportunidad para amar, servir, perdonar y hacer el bien.

 

La verdadera preparación consiste en cumplir con fidelidad nuestra misión, tratando con justicia y misericordia a quienes Dios ha puesto a nuestro lado. No se trata de aparentar ser buenos, sino de vivir con un corazón sincero, porque el Señor conoce lo que somos por dentro. Velar es vivir cada día como si fuera una oportunidad para encontrarnos con Dios en los demás.

martes, 25 de agosto de 2026

Evangelio del 26 de agosto 2026 Mateo 23, 27-32

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: "¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre! Así también ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los profetas y adornan las tumbas de los justos, y dicen: 'Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de los profetas'! Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de los profetas. ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!"

Reflexión

Este texto es un llamado a la autenticidad y a la coherencia. Nos recuerda que la vida auténtica no se sostiene en aplausos ajenos ni en títulos externos, sino en la sinceridad de un corazón dispuesto a dejarse sanar desde adentro. Al final, lo que verdaderamente cuenta ante Dios y ante los demás no es la perfección que proyectamos, sino la honestidad con la que reconocemos nuestras fragilidades y buscamos renovarnos cada día.

 

 

lunes, 24 de agosto de 2026

Evangelio del 25 de agosto 2026 Mateo 23, 23-26

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: "¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero descuidan lo más importante de la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que tenían que practicar, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito, pero se tragan el camello!¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera los vasos y los platos, mientras que por dentro siguen sucios con su rapacidad y codicia! ¡Fariseo ciego!, limpia primero por dentro el vaso y así quedará también limpio por fuera".

Reflexión

Este Evangelio nos invita a mirar más allá de las apariencias. Jesús no condena que los escribas y fariseos cumplan prácticas religiosas; lo que cuestiona es que se preocupen por los detalles externos mientras descuidan lo esencial: la justicia, la misericordia y la fidelidad.

También nosotros podemos caer en esa contradicción: cuidar mucho las formas religiosas, participar en celebraciones, conocer normas y tradiciones, y al mismo tiempo permanecer indiferentes ante el sufrimiento de los demás. Una fe que se preocupa únicamente por lo exterior corre el riesgo de convertirse en apariencia.

Jesús utiliza la imagen de limpiar el vaso por dentro para recordarnos que la verdadera conversión comienza en el corazón. No basta con parecer buenos ante los demás; necesitamos revisar nuestras intenciones, actitudes, egoísmos, ambiciones y resentimientos.

¿Estamos más preocupados por parecer buenos o por ser verdaderamente buenos desde el corazón? Jesús nos invita a limpiar primero nuestro interior, porque cuando el corazón se transforma, también nuestras palabras, decisiones y acciones comienzan a reflejar el amor de Dios.

domingo, 23 de agosto de 2026

Evangelio del 24 de agosto 2026 Juan 1, 45-51

 



En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: "Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José". Natanael replicó: "¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?" Felipe le contestó: "Ven y lo verás".

 Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: "Este es un verdadero israelita en el que no hay doblez". Natanael le preguntó: "¿De dónde me conoces?" Jesús le respondió: "Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera". Respondió Natanael: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel". Jesús le contestó: "Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver". Después añadió: "Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".

Reflexión

No permitamos que los prejuicios nos impidan descubrir el bien. A veces, Dios se hace presente precisamente allí donde menos esperamos encontrarlo. La pregunta no debería ser «¿puede salir algo bueno de ahí?», sino «¿estoy dispuesto a acercarme, conocer y ver lo que Dios puede hacer?».

sábado, 22 de agosto de 2026

Evangelio del 22 de agosto 2026 Mateo 23, 1-12

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame 'maestros'.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen 'maestros', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen 'padre', porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar 'guías', porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».

Reflexión

Este pasaje evangélico nos invita a examinar con profundidad la coherencia entre lo que profesamos y lo que vivimos cotidianamente. Jesús dirige su mirada hacia los escribas y fariseos no solo para criticarlos, sino para advertirnos sobre los peligros del orgullo, la vanidad y la hipocresía en la vida espiritual.

Jesús señala la contradicción de aquellos que enseñan preceptos correctos ("hagan lo que les digan") pero cuyas acciones distan mucho de sus palabras ("no imiten sus obras"). La verdadera autoridad moral nace del testimonio y de la práctica sincera de la justicia, no del discurso vacío.

Los fardos pesados que se imponen a los demás y el afán por destacar mediante la ostentación (filacterias anchas, franjas largas, primeros puestos) reflejan una religiosidad externa que busca la aprobación humana en lugar de la comunión auténtica con Dios.

El texto nos recuerda que todos somos hermanos bajo un único Padre y que el verdadero liderazgo se fundamenta en la entrega. En lugar de buscar títulos de honor ("maestros", "padres", "guías"), la grandeza se mide desde la sencillez del servicio.

jueves, 20 de agosto de 2026

Evangelio del 21 de agosto 2026 Mateo 22, 34-40

 



En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?"

Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas".

Reflexión

Este pasaje nos recuerda que la esencia de la fe no está en cumplir normas externas, sino en vivir desde el amor. Jesús une el amor a Dios y el amor al prójimo como dos caras de una misma verdad: quien ama verdaderamente a Dios no puede dejar de amar a los demás.

Amar con todo el corazón, el alma y la mente significa poner a Dios en el centro de nuestras decisiones, pensamientos y afectos. Y amar al prójimo como a uno mismo implica reconocer en cada persona la imagen divina, incluso en quien piensa distinto o nos resulta difícil amar.

En estos dos mandamientos se resume toda la ley porque el amor transforma la justicia en misericordia y la religión en vida.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Evangelio del 20 de agosto 2026 Mateo 22, 1-14

 



En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: 'Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: 'La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados, vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: 'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?' Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: 'Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación'. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos".

 

Reflexión

 

La invitación abierta y la exigencia del corazón

Los primeros invitados del rey representan la cerrazón del ser humano ante las llamadas de Dios, priorizando las distracciones materiales —el campo o los negocios— por encima del encuentro y la comunión espiritual.

Ante la negativa de los elegidos, la puerta del banquete se abre sin excepciones a todos en los cruces de los caminos: "malos y buenos", simbolizando que la misericordia divina no discrimina y busca integrar a los marginados y distanciados.

La figura del hombre sin traje nupcial invita a reflexionar sobre la actitud con la que respondemos a esta gracia. No basta con ocupar un lugar en la mesa; se requiere una transformación interior, un cambio de vida genuino y una disposición sincera para vivir de acuerdo con los valores del Reino.

 

Esta parábola nos recuerda que todos estamos convocados a la mesa de Dios, pero el llamado exige una respuesta activa, conversión del corazón y la dignidad de vivir en sintonía con el amor al que hemos sido invitados.

Nadie es excluido en la mesa de todos

 



EL PAN, hace referencia a la MESA, "y es dar un lugar, a los 'Distanciados' a los que no piensan IGUAL que nosotros"; "Hacer que se sientan en CASA - Paganos y Cristianos - Sin embargo, cuántas veces hay, un RECHAZO de la COMUNIÓN con TODOS: apartamos nuestra mirada de los más necesitados... Jesús dijo a la mujer cananea: "Mujer que GRANDE es tu FE." LA FE nos reintegra a Todos como HERMANOS, donde no se excluye a nadie y el PAN es para TODOS.

 

Tomado de la homilía del Domingo XX T. O. Ciclo-A. 16 de agosto 2026 del Pbro. Arturo Nava Castillo

El silencio de Dios

 



¿Cómo nos comportamos ante el Silencio de Dios? Cuando creemos que Dios no nos oye: "Gritamos, reclamamos..." tantas veces, sólo eso sabemos. Orar es hablar con Dios, y si hablas con Él, hay que aprender a darle la razón, porque ante Dios siempre seremos PECADORES; necesitados de su GRACIA y de su PERDÓN.

¡Y cuando Dios tiene la razón, las cosas CAMBIAN y SALIMOS GANANDO!

 

Tomado de la homilía del Domingo XX T. O. Ciclo-A. 16 de agosto 2026 del Pbro. Arturo Nava Castillo

Reflexión 20260823

 


XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Domingo 23 de agosto 2026

 





 

Antifona de entrada.

Inclina tu oído Señor, y escúchame. Salva tu siervo Ten piedad de mí, Dios mío, pues sin cesar te invoco (Cfr. Sal 85, 1-3).

 

Gloria.

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Oración colecta.

Señor Dios, que unes en un mismo sentir los corazones de tus fieles, impulsa a tu pueblo a amar lo que mandas y a desear lo que prometes, para que, en medio de la inestabilidad del mundo, estén firmemente anclados nuestros corazones donde se halla la verdadera felicidad. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

Monición: Dios siempre quiere el bien de su pueblo; es el objetivo que deben tener presente quienes están con las llaves de la autoridad; están llamados a ser un padre para los habitantes de la ciudad. Escuchemos.

 

Primera Lectura (Is 22, 19-23)

Del libro del profeta Isaías

Esto dice el Señor a Sebná, mayordomo de palacio: "Te echaré de tu puesto y te destituiré de tu cargo. Aquel mismo día llamaré a mi siervo, a Eleacín, el hijo de Elcías; le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda y le traspasaré tus poderes.

Será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré la llave del palacio de David sobre su hombro. Lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá. Lo fijaré como un clavo en muro firme y será un trono de gloria para la casa de su padre". Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

 

Salmo responsorial (Sal 137)

R. Señor, tu amor perdura eternamente.

L. De todo corazón te damos gracias, Señor, porque escuchaste nuestros ruegos. Te cantaremos delante de tus ángeles, te adoraremos en tu templo. / R.

L. Señor, te damos gracias por tu lealtad y por tu amor: siempre que te invocamos, nos oíste y nos llenaste de valor. / R.

L. Se complace el Señor en los humildes y rechaza al engreído. Señor, tu amor perdura eternamente; obra tuya soy, no me abandones. / R.

 

Monición: San Pablo nos regala una alabanza a Dios por su sabiduría. La actitud del creyente sólo es de agradecimiento y admiración ante Dios que no se puede ni medir ni sondear. Escuchemos.

 

Segunda Lectura (Rom 11, 33-36)

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos ¡Qué inmensa y rica es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué impenetrables son sus designios e incomprensibles sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás el pensamiento del Señor o ha llegado a ser su consejero? ¿Quién ha podido darle algo primero, para que Dios se lo tenga que pagar? En efecto, todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio (Mt 16, 18)

R. Aleluya, aleluya. Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella, dice el Señor. R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: La confesión de Pedro sobre la identidad de Jesús es el inicio de una vida nueva. Pedro será el primero en dar un servicio al pueblo al recibir las llaves, un servicio fundamentado en Jesús. Escuchemos.

 

Evangelio (Mt 16, 13-20)

Del santo Evangelio según san Mateo

A. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas".

Luego les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".

Jesús le dijo entonces: "i Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo".

Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Pidamos, hermanos, al Señor que venga en nuestro auxilio y, por el honor de su nombre, escuche nuestra oración. Oremos diciendo:

TODOS: Escucha a tu pueblo, Señor.

1.         Para que el Señor, en su infinita bondad, se acuerde del santo Padre, el Papa N., de nuestro obispo N. y de todos los demás obispos, que anuncian la palabra de Dios; para que bendiga a los sacerdotes y diáconos y, en su gran misericordia, se acuerde de todos los fieles que aman a Jesucristo. Roguemos al Señor.

2.         Para que Dios conceda a los que trabajan la tierra lluvias oportunas y buenas cosechas, dé sabiduría a los investigadores, acierto a los que enseñan, docilidad y constancia a los que estudian y otorgue a todos aquello que necesitan en cada momento. Roguemos al Señor.

3.         Para que el Señor infunda en el corazón de los pecadores un vivo y sincero arrepentimiento de sus culpas, les conceda el perdón de sus pecados y les dé fuerza para no recaer en el mal, a fin de que donde creció el pecado, más desbordante sea la misericordia divina. Roguemos al Señor.

4.         Para que el Señor conceda sus dones a nuestros familiares, amigos, bienhechores y a todos aquellos que queremos recordar; para que, a cambio de las riquezas que nos han dado, obtengan las riquezas inmortales y, en lugar de los bienes temporales, alcancen los bienes eternos. Roguemos al Señor.

Sacerdote: Señor, Padre santo, fuente de toda sabiduría, escucha las oraciones de tu pueblo y haz que nuestra fe encuentre siempre su más sólido fundamento en las enseñanzas del sucesor de Pedro, y que todos los pueblos reconozcan en Jesús al Cristo vivo y glorioso, y lleguen a ser piedras vivas de tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

TODOS: Amén.

 

Oración sobre las ofrendas.

Señor, que con un mismo y único sacrificio adquiriste para ti un pueblo de adopción, concede, propicio, a tu Iglesia, los dones de la unidad y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

La creación alaba al Señor

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque creaste el universo con todo cuanto contiene; determinaste el ciclo de las estaciones; pero formaste al hombre a tu imagen y semejanza y lo hiciste dueño de un mundo portentoso, para que en tu nombre dominara la creación entera y, al contemplar la grandeza de tus obras, en todo momento te alabara, por Cristo, Señor nuestro. A quien cantan los cielos y la tierra, los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la comunión.

La tierra está llena, Señor, de dones tuyos: el pan que sale de la tierra y el vino que alegra el corazón del hombre (Cfr. Sal 103, 13-15).

 

Oración después de la comunión.

Te pedimos, Señor, que la obra salvadora de tu misericordia fructifique plenamente en nosotros, y haz que, con la ayuda continua de tu gracia, de tal manera tendamos a la perfección, que podamos siempre agradarte en todo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

La eterna relación entre el Padre y el Hijo.

 


 

El misterio de Dios como Padre nos recuerda que su identidad está inseparablemente unida al Hijo. No hablamos de un Dios solitario, sino de un Padre que desde la eternidad engendra y comunica todo a su Hijo Jesucristo. Esta relación de amor y obediencia entre el Padre y el Hijo es el corazón de nuestra fe.

En la vida comunitaria, esta enseñanza nos invita a reconocer que la Iglesia no nace de estructuras humanas, sino de una relación viva de amor que se comparte. Así como el Padre entrega todo al Hijo y el Hijo honra al Padre, también nosotros estamos llamados a vivir en comunión, compartiendo dones y responsabilidades, honrándonos unos a otros en el servicio.

La paternidad eterna de Dios nos recuerda que nuestra fe no se sostiene en el tiempo ni en las circunstancias, sino en un amor que precede a todo. En la comunidad, esto se traduce en confianza: Dios nunca nos deja huérfanos, siempre nos sostiene como Padre perfecto que engendra vida y nos invita a permanecer en su amor.

 

Cfr. San Cirilo de Jerusalén. Catequesis 7,4-5