En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos escribas y unos fariseos
venidos de Jerusalén y le preguntaron: "¿Por qué tus discípulos quebrantan
la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?".
Jesús llamó entonces a la gente y le dijo: "Escuchen y traten de
comprender. No es lo que entra por la boca lo que mancha al hombre; lo que sale
de la boca, eso es lo que mancha al hombre".
Se le acercaron entonces los discípulos y le dijeron: "¿Sabes que
los fariseos se han escandalizado de tus palabras?". Jesús les respondió:
"Las plantas que no haya plantado mi Padre celestial, serán arrancadas de
raíz. Déjenlos; son ciegos que guían a otros ciegos. Y si un ciego guía a otro
ciego, los dos caerán en un hoyo".
Reflexión
Jesús enseña que la verdadera pureza no depende de las prácticas
externas, sino de un corazón limpio y sincero. Lo que decimos y hacemos refleja
lo que llevamos dentro; por eso, Dios valora más la verdad, la humildad y el
amor que el simple cumplimiento de tradiciones. Además, advierte sobre el
peligro de seguir a quienes viven de las apariencias y nos invita a dejarnos
guiar por su Palabra, para que nuestras palabras y acciones sean siempre fuente
de vida, paz y misericordia.
Pregunta para meditar:
¿Qué sale de mi boca cada día: palabras que reflejan el amor de Dios o
palabras que nacen del orgullo, la crítica y el egoísmo?

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