martes, 4 de agosto de 2026

Evangelio del 5 de agosto 2026 Mateo 15, 21-28

 



En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: "Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio". Jesús no le contestó una solo palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: "Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros". Él les contestó: "Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel".

Ella se acercó entonces a Jesús y postrada ante él, le dijo: "¡Señor, ayúdame!" Él le respondió: "No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos". Pero ella replicó: "Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos". Entonces Jesús le respondió: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas". Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.

Reflexión

La mujer cananea nos enseña que la verdadera fe se caracteriza por la humildad, la perseverancia y la confianza plena en Dios. A pesar del silencio y las aparentes dificultades, no deja de creer en Jesús y obtiene la curación de su hija. Este pasaje nos invita a no desanimarnos cuando nuestras oraciones parecen no ser escuchadas, sino a confiar en que Dios siempre actúa en el momento oportuno. La fe perseverante y humilde abre el corazón a la gracia y a la misericordia del Señor.

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