miércoles, 5 de febrero de 2025
martes, 4 de febrero de 2025
Evangelio 5 de febrero 2025
Evangelio 5 de febrero 2025
Lucas 9, 23-26
En aquel tiempo, Jesús le dijo a la multitud: "Si alguno quiere
acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me
siga. Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el
que la pierda por mi causa, ése la encontrará. En efecto, ¿de qué le sirve al
hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo o se destruye?
Por otra parte, si alguien se avergüenza de mí y de mi doctrina,
también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga revestido de su
gloria y de la del Padre y de la gloria de los santos ángeles".
Reflexión
Este pasaje de Jesús es rico por su contenido y porque pone las bases
del discipulado: "Negarse a sí mismo, tomar la cruz de cada día y no
avergonzarse de ser discípulo del Maestro". Quien toma en serio el
Evangelio y busca vivir conforme a él, lo primero que notará es que su
enseñanza es contraria a lo que muchos de nuestros conocidos hacen y piensan,
es contrario a algunos de nuestros más profundos deseos y aspiraciones.
Es por ello que se dará cuenta que no se puede ser cristiano si no se
tiene todo por basura, como dirá San Pablo, con tal de ganar a Cristo. La
conversión es un proceso paulatino en el que Cristo se va trasparentando en la
vida del hombre, por ello se corre el riesgo de, una vez comenzado,
avergonzarse y buscar ocultar el buen olor de Cristo a los demás por temor a
ser criticado o expulsado de los grupos sociales e incluso religiosos.
Pero éstas son las condiciones para la santidad y para ser
verdaderamente feliz en el amor de Dios. Te invito a meditar hoy en estas
palabras de Jesús. Repítelas en tu corazón y ve qué efecto producen en ti,
pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo, si no se realiza en él este
plan amoroso de Dios?
lunes, 3 de febrero de 2025
Evangelio del 4 de febrero 2025
Marcos 5, 21-43
En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del
lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó
uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus
pies y le suplicaba con insistencia: "Mi hija está agonizando. Ven a
imponerle las manos para que se cure y viva". Jesús se fue con él, y mucha
gente lo seguía y lo apretujaba.
Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía
doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso
toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús,
vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que,
con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de
sus hemorragias y sintió en su cuerpo que estaba curada.
Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se
volvió hacia la gente y les preguntó: "¿Quién ha tocado mi manto?"
Sus discípulos le contestaron: "Estás viendo cómo te empuja la gente y
todavía preguntas: «¿Quién me ha tocado?»" Pero él seguía mirando
alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer,
asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies
y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: "Hija, tu fe te ha
curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad".
Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del
jefe de la sinagoga para decirle a éste: "Ya se murió tu hija. ¿Para qué
sigues molestando al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le
dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que tengas fe". No
permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de
Santiago.
Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de
la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo:
"¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está
dormida". Y se reían de él.
Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus
acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo:
"¡Talitá, kum!", que significa: "¡Óyeme, niña, levántate!"
La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar.
Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a
nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.
Reflexión
Dos excelentes pasajes unidos en un solo relato en donde podemos ver la
importancia de la fe. El elemento que hace posible la acción de Dios, incluso
de manera extraordinaria, es la fe. Pero tiene que ser una fe como la que nos
muestra el evangelio de hoy.
Una fe que desafía todo y se lanza a tocar a Jesús; o en el caso de los
padres de la niña, quienes, no obstante la evidencia de la muerte de la niña,
dejan que Jesús haga las cosas a su manera. Creer significa confiar aun ante la
evidencia contraria; creer significa tomar los riesgos de ser criticados, creer
es actuar, diría el apóstol Santiago. Muchas veces nuestra fe queda sólo a
nivel de razón y no de actuación.
La verdadera fe es notoria pues expresa, sin lugar a duda, la confianza
y el abandono total en Dios. ¿Cómo es tu fe? ¿Es una fe intelectual o es una fe
que ante la evidencia contraria continúa diciendo: No entiendo Señor, pero creo
que tú me amas y que harás lo que sea mejor para mí y para los míos?
UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20250209
El evangelio de este domingo cuenta la llamada de los primeros
discípulos de Jesús. El hecho tiene lugar en un contexto de vida cotidiana: hay
algunos pescadores sobre la orilla del mar de Galilea, los cuales, después de
una noche de trabajo sin pescar nada, están lavando y organizando las redes…
Jesús le dice a Pedro que se adentre en el mar para echar las redes. Y su fe no
se ve decepcionada: de hecho, las redes se llenaron de tal cantidad de peces que
«casi se rompían».
La historia de la llamada de los primeros discípulos nos ofrece varias
enseñanzas que podemos aplicar en nuestra vida diaria:
Confianza y Fe: Así como Pedro confió en la palabra de Jesús, nosotros
también podemos aprender a confiar en nuestros principios, valores y en
aquellas personas que nos inspiran y nos guían. La fe puede mover montañas,
incluso en momentos de dificultad.
Obediencia y Acción: La obediencia de Pedro llevó a una recompensa
inesperada. Esto nos enseña la importancia de seguir nuestras intuiciones y las
instrucciones correctas, incluso cuando no veamos resultados inmediatos. La
perseverancia y la acción consistente son clave para lograr nuestros objetivos.
Aprovechar las Oportunidades: Jesús se encontró con los discípulos en
su lugar de trabajo y convirtió una situación cotidiana en un momento
trascendental. Esto nos recuerda que las oportunidades pueden surgir en
cualquier momento y lugar. Debemos estar atentos y dispuestos a aprovecharlas
cuando se presenten.
Superación de Obstáculos: A pesar del fracaso inicial de no pescar
nada, los discípulos no se dieron por vencidos. Podemos aprender a enfrentar y
superar nuestras dificultades, viendo cada obstáculo como una oportunidad para
crecer y mejorar.
Colaboración y Comunidad: La pesca milagrosa fue un esfuerzo en equipo.
Pedro y los otros discípulos trabajaron juntos para recoger la abundancia de
peces. Esto nos recuerda la importancia de la colaboración y el apoyo mutuo en
nuestras vidas, ya sea en el trabajo, en la familia o en nuestra comunidad.
EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA
«Como el Padre, que es Dios, me ha enviado a mí que soy Dios, así
también yo, que soy hombre, os envío a vosotros, que sois hombres. El Padre
envió al Hijo y determinó que se encarnara para la redención del género humano.
Quiso ciertamente que viniera al mundo a padecer, y sin embargo amó al Hijo a
quien mandó a la pasión. Asimismo, a los apóstoles, que él eligió, el Señor los
envió al mundo no a gozar, sino -como él mismo fue enviado- a padecen Así como
el Hijo es amado por el Padre y no obstante es enviado a padecer, de igual modo
los discípulos son amados por el Señor y, sin embargo, son enviados al mundo a
padecer. Por eso dice: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo;
esto es, cuando yo os envío al torbellino de las persecuciones, los estoy
amando con el mismo amor con que el Padre me ama, quien, no obstante, me hizo
venir a soportar los tormentos. La palabra "enviar" puede entenderse
también de su naturaleza divina. En efecto, se dice que el Hijo es enviado por
el Padre, en cuanto que es engendrado por el Padre. En el mismo orden de cosas,
el mismo Hijo nos habla de enviarnos el Espíritu Santo que, siendo igual al
Padre y al Hijo, sin embargo, no se encarnó. Dice en efecto: Cuando venga el
Paráclito, que os enviaré desde el Padre. Si, pues, debiéramos interpretar la
palabra "enviar" únicamente en el sentido de "encarnarse",
en modo alguno podría decirse del Espíritu Santo que sería "enviado",
ya que nunca se encarnó. Su misión se identifica con la procesión, por la que
procede del Padre y del Hijo. Por tanto, así como se dice del Espíritu que será
enviado porque procede, así también se dice correctamente del Hijo que es
enviado, en el sentido de que es engendrado» (San Gregorio Magno [c. 540-6041.
640 Sucesor de san Pedro. Homilía 26 sobre los Evangelios 1-2).
DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo C Domingo 9 de febrero 2025
DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo C
Domingo 9 de febrero 2025
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 94, 6-7
Entremos y adoremos de rodillas al Señor, creador nuestro, porque él es
nuestro Dios.
GLORIA
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor,
Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que
quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del
mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú
Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
ORACIÓN COLECTA
Te rogamos, Señor, que guardes con incesante amor a tu familia santa,
que tiene puesto su apoyo sólo en tu gracia, para que halle siempre en tu
protección su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y
reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los
siglos.
PRIMERA LECTURA
[Aquí estoy, Señor, envíame.]
Del libro del profeta Isaías 6, 1-2a. 3-8
El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor, sentado sobre un trono
muy alto y magnífico. La orla de su manto llenaba el templo. Había dos
serafines junto a él, con seis alas cada uno, que se gritaban el uno al otro:
“Santo, santo, santo es el Señor, Dios de los ejércitos; su gloria llena toda
la tierra”.
Temblaban las puertas al clamor de su voz y el templo se llenaba de
humo. Entonces exclamé: “¡Ay de mí!, estoy perdido, porque soy un hombre de
labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, porque he
visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos”.
Después voló hacia mí uno de los serafines. Llevaba en la mano una
brasa, que había tomado del altar con unas tenazas. Con la brasa me tocó la
boca, diciéndome: “Mira: Esto ha tocado tus labios. Tu iniquidad ha sido
quitada y tus pecados están perdonados”.
Escuché entonces la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré? ¿Quién
irá de parte mía?” Yo le respondí: “Aquí estoy, Señor, envíame”. Palabra de
Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 137
R/. Cuando te invocamos, Señor,
nos escuchaste.
De todo corazón te damos gracias, Señor, porque escuchaste nuestros
ruegos. Te cantaremos delante de tus ángeles, te adoraremos en tu templo. R/.
Señor, te damos gracias por tu lealtad y por tu amor: siempre que te
invocamos nos oíste y nos llenaste de valor.
R/.
Que todos los reyes de la tierra te reconozcan, al escuchar tus
prodigios. Que alaben tus caminos, porque tu gloria es inmensa. R/.
Tu mano, Señor, nos pondrá a salvo, y así concluirás en nosotros tu
obra. Señor, tu amor perdura eternamente; obra tuya soy, no me abandones. R/.
SEGUNDA LECTURA
[Esto es lo que hemos predicado y lo que ustedes han creído.]
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios 15, 1-11
Hermanos: Les recuerdo el Evangelio que yo les prediqué y que ustedes
aceptaron y en el cual están firmes. Este Evangelio los salvará, si lo cumplen
tal y como yo lo prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.
Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por
nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó
al tercer día, según estaba escrito; que se le apareció a Pedro y luego a los
Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos reunidos, la mayoría de
los cuales vive aún y otros ya murieron. Más tarde se le apareció a Santiago y
luego a todos los apóstoles.
Finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un aborto. Porque
yo perseguí a la Iglesia de Dios y por eso soy el último de los apóstoles e
indigno de llamarme apóstol. Sin embargo, por la gracia de Dios, soy lo que
soy, y su gracia no ha sido estéril en mí; al contrario, he trabajado más que
todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios, que está conmigo.
De cualquier manera, sea yo, sean ellos, esto es lo que nosotros
predicamos y esto mismo lo que ustedes han creído. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 4, 19
R/. Aleluya, aleluya.
Síganme, dice el Señor, y yo los haré pescadores de hombres. R/. Aleluya.
EVANGELIO
[Dejándolo todo, lo siguieron.]
Del santo Evangelio según san Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la
gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos
barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y
estaban lavando las redes.
Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara
un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud. Cuando acabó
de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para
pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos
pescado nada; pero, confiado en tu palabra, echaré las redes”. Así lo hizo y
cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron
señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a
ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo:
“¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” Porque tanto él como sus
compañeros estaban llenos de asombro al ver la pesca que habían conseguido. Lo
mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de
Simón.
Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador
de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo
siguieron. Palabra del Señor.
PROFESIÓN DE FE
CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO
Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la
tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios,
Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la
misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los
hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue
crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al
tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha
del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino
no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede
del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y
gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa,
católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los
pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
Oremos al Padre del Unigénito, al Hijo del Dios eterno y al Espíritu,
fuente de todo bien:
Para que la Iglesia inmaculada del Dios verdadero, extendida por todo
el mundo, alcance la plena riqueza del amor de Dios. Roguemos al Señor.
Para que los que gobiernan los pueblos y tienen en su mano el destino
de los hombres, se abran al espíritu de justicia y al deseo de servir con
dedicación a sus conciudadanos. Roguemos al Señor.
Para que los débiles que se ven oprimidos y los justos que sufren
persecución, obtengan el espíritu de fortaleza, que los haga perseverar en la
fidelidad al Señor. Roguemos al
Señor.
Para que todos los que nos hemos reunido para esta celebración
lleguemos a tener un santo temor de Dios, un amor ferviente, una vida feliz y
una santa muerte. Roguemos al Señor.
Dios nuestro, que has confiado a nuestros labios impuros y a nuestras
fuerzas débiles la misión de proclamar el Evangelio, susténtanos con tu
Espíritu para que tu palabra sea aceptada por los hombres con corazón generoso
y dé fruto abundante en todo el mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Señor Dios nuestro, que has creado los frutos de la tierra sobre todo
para ayuda de nuestra fragilidad, concédenos que también se conviertan para
nosotros en sacramento de eternidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
PREFACIO V DOMINICAL DEL TIEMPO ORDINARIO
LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno.
Porque creaste el universo entero y estableciste el continuo retorno de
las estaciones, y al hombre, formado a tu imagen y semejanza, sometiste las
maravillas
del mundo, para que, en tu nombre, dominara la creación y, al
contemplar tus grandezas, en todo momento te alabara, por Cristo, Señor
nuestro.
Por eso, te alabamos con todos los ángeles, aclamándote llenos de
alegría:
Santo, Santo, Santo…
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Sal
106, 8-9
Demos gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace
en favor de su pueblo; porque da de beber al que tiene sed y les da de comer a
los hambrientos.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor Dios, que quisiste hacernos participar de un mismo pan y un mismo
cáliz, concédenos vivir de tal manera, que, hechos uno en Cristo, demos fruto
con alegría para la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
domingo, 2 de febrero de 2025
Evangelio del 3 de febrero 2025
Evangelio del 3 de febrero 2025
Marcos 5, 1-20
En aquel tiempo, después de atravesar el lago de Genesaret, Jesús y sus
discípulos llegaron a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Apenas
desembarcó Jesús, vino corriendo desde el cementerio un hombre poseído por un
espíritu inmundo, que vivía en los sepulcros. Ya ni con cadenas podían
sujetarlo; a veces habían intentado sujetarlo con argollas y cadenas, pero él
rompía las cadenas y destrozaba las argollas; nadie tenía fuerzas para
dominarlo. Se pasaba días y noches en los sepulcros o en el monte, gritando y
golpeándose con piedras.
Cuando aquel hombre vio de lejos a Jesús, se echó a correr, vino a
postrarse ante él y gritó a voz en cuello: "¿Qué quieres tú conmigo,
Jesús, Hijo de Dios altísimo? Te ruego por Dios que no me atormentes".
Dijo esto porque Jesús le había mandado al espíritu inmundo que saliera
de aquel hombre. Entonces le preguntó Jesús: "¿Cómo te llamas?" Le
respondió: "Me llamo Legión, porque somos muchos". Y le rogaba con
insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había allí una gran piara de cerdos, que andaban comiendo en la falda
del monte. Los espíritus le rogaban a Jesús: "Déjanos salir de aquí para
meternos en esos cerdos". Y él se lo permitió. Los espíritus inmundos
salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y todos los cerdos, unos dos
mil, se precipitaron por el acantilado hacia el lago y se ahogaron.
Los que cuidaban los cerdos salieron huyendo y contaron lo sucedido, en
el pueblo y en el campo. La gente fue a ver lo que había pasado. Se acercaron a
Jesús y vieron al antes endemoniado, ahora en su sano juicio, sentado y
vestido. Entonces tuvieron miedo. Y los que habían visto todo, les contaron lo
que le había ocurrido al endemoniado y lo de los cerdos. Ellos comenzaron a
rogarle a Jesús que se marchara de su comarca.
Mientras Jesús se embarcaba, el endemoniado le suplicaba que lo
admitiera en su compañía, pero él no se lo permitió y le dijo: "Vete a tu
casa a vivir con tu familia y cuéntales lo misericordioso que ha sido el Señor
contigo". Y aquel hombre se alejó de ahí y se puso a proclamar por la
región de Decápolis lo que Jesús había hecho por él. Y todos los que lo oían se
admiraban.
Reflexión
Esta historia del Evangelio nos parecería estar lejana a nuestra
realidad, sin embargo, la verdad es que se repite frecuentemente hoy en nuestra
sociedad dominada por el materialismo. Jesús sana y libera a un hombre, a un
ser humano que sufría a causa de unos demonios. Al hacerlo, los demonios
destruyen toda una piara de cerdos. Los habitantes, en lugar de agradecer el
haber liberado y sanado al pobre hombre que sufría, se preocupan más por la
pérdida material de una piara de cerdos. ¿Vale más la piara de cerdos que la
salud y bienestar de un ser humano? Como consecuencia, la comunidad rechaza a
Jesús.
Como vemos, la historia se repite una y otra vez. Hoy es más importante
la cantidad de producción y la eficiencia, que la vida familiar, social y
económica de los trabajadores; son más importantes nuestras pertenencias, que
el bien social de la comunidad; es más importante el trabajo y el bienestar
económico, que la vida familiar y la atención a los hijos. Preferimos lo
material a lo espiritual. Y cuando Jesús, a través de la Escritura o de la
Iglesia, nos advierte de esto, o busca ayudarnos a liberarnos de estas
esclavitudes, la respuesta es: ¿Qué tiene la Iglesia (o el mismo Jesús) que
decirme sobre qué es más importante? ¿Qué tiene que hacer en mis negocios, en
mi medio social, en mi vida?
No dejemos que nos domine lo material. Dios nos ha regalado todas las
cosas materiales, las cuales son buenas y son para nuestro bienestar, pero
jamás deberán estar por encima de los valores, como son: la vida humana, la
vida familiar y la protección del medio ambiente. Nada vale una piara de cerdos
comparada con la alegría que produce el ver a un hermano sano y feliz.
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