lunes, 19 de octubre de 2026

Evangelio del 20 de octubre 2026 Lucas 12, 35-38

 



 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos".

 

Reflexión

 

El pasaje del Evangelio de hoy nos presenta una imagen sumamente sugerente y exigente a la vez: estar listos, con la túnica ceñida y las lámparas encendidas, esperando el regreso del señor. En los tiempos bíblicos, ceñirse la túnica significaba recoger las vestiduras largas para poder moverse con agilidad, sin tropezar, listos para la acción o el servicio inmediato. Por su parte, mantener la lámpara encendida implicaba un esfuerzo constante de vigilancia, previsión y cuidado para que el fuego no se apagara en medio de la oscuridad de la noche.   Esta escena no busca infundirnos miedo ante una llegada impredecible, sino transformarnos desde el amor y la esperanza. Jesús nos invita a vivir en un estado de "alerta espiritual". Muchas veces, el peligro de la vida cotidiana es caer en la tibieza, en la rutina o en la falsa ilusión de que siempre habrá tiempo mañana para corregir el rumbo, perdonar, amar o buscar a Dios.   El texto nos regala una promesa extraordinaria y paradójica: aquellos servidores que sean encontrados en vela experimentarán la cercanía y la ternura de su Señor, quien se pondrá a servirles en la mesa. Dios no busca capataces rígidos, sino corazones despiertos capaces de reconocer su presencia en los pequeños detalles del presente, en el deber cotidiano y en el servicio al prójimo.  

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