domingo, 18 de octubre de 2026

Evangelio del 19 de octubre 2026 Lucas 12, 13-21

 



 

En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia". Pero Jesús le contestó: "Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?"Y dirigiéndose a la multitud, dijo: "Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea". Después les propuso esta parábola: "Un hombre rico tuvo una gran cosecha y se puso a pensar: '¿Qué haré, porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida'. Pero Dios le dijo: '¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?' Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico en lo que vale ante Dios".

Reflexión

La verdadera riqueza está en Dios 

El Evangelio nos invita a reflexionar sobre el peligro de la avaricia y el deseo de acumular bienes materiales, olvidando lo verdaderamente importante. El hombre rico de la parábola pensaba únicamente en disfrutar de sus riquezas, pero se olvidó de Dios, de los demás y de la fragilidad de su propia vida.

Jesús nos recuerda que nuestro valor no depende de lo que poseemos, sino de lo que somos capaces de compartir y del amor que damos a los demás. Ser ricos ante Dios significa vivir con generosidad, practicar la justicia, ayudar al necesitado y poner nuestros bienes al servicio de la vida.

No se trata de tener más, sino de amar más. Porque las riquezas materiales son pasajeras, pero el amor, la solidaridad y las buenas obras son tesoros que tienen valor ante Dios.

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