En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y doctores de la
ley: "¡Ay de ustedes, que les construyen sepulcros a los profetas que los
padres de ustedes asesinaron! Con eso dan a entender que están de acuerdo con
lo que sus padres hicieron, pues ellos los mataron y ustedes les construyen el
sepulcro.
Por eso dijo la sabiduría de Dios: Yo les mandaré profetas y
apóstoles, y los matarán y los perseguirán, para que así se le pida cuentas a
esta generación de la sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde
la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que fue
asesinado entre el atrio y el altar. Sí, se lo repito: a esta generación se le
pedirán cuentas.
¡Ay de ustedes, doctores de la ley, porque han guardado la
llave de la puerta del saber! Ustedes no han entrado, y a los que iban a entrar
les han cerrado el paso".
Luego que Jesús salió de allí, los escribas y fariseos
comenzaron a acosarlo terriblemente con muchas preguntas y a ponerle trampas
para ver si podían acusarlo con alguna de sus propias palabras.
Breve
La fidelidad a la verdad y la conversión del corazón
Jesús denuncia la hipocresía de quienes honran a los
profetas del pasado, pero rechazan la verdad que Dios les comunica en el
presente. También reprocha a los doctores de la ley que, en lugar de facilitar
el encuentro con Dios, ponen obstáculos a quienes desean acercarse a Él.
Este Evangelio nos invita a examinar nuestro corazón: no
basta con practicar ritos religiosos, conocer la Palabra de Dios o venerar a
los santos; es necesario vivir de acuerdo con el mensaje que proclamamos. Ser
cristiano significa escuchar la voz de Dios, aceptar nuestras faltas y actuar
con justicia, humildad y amor.
Pidamos al Señor que nos libre de la hipocresía y nos
conceda un corazón sincero, dispuesto a escuchar su Palabra, vivirla con
fidelidad y ayudar a los demás a encontrar el camino hacia Él.

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