¿Alguna vez te has preguntado si todo en la naturaleza tiene
un propósito, incluso aquello que nos parece dañino o incomprehensible?
San Cirilo de Jerusalén nos invita a contemplar la grandeza
de la creación y a reconocer el poder del Creador a través de la enorme
variedad del mundo natural:
"Por lo variada que es la obra de la creación, entiende
el poder del Creador."
Él nos recuerda que nuestra falta de conocimiento sobre la
utilidad de todas las cosas no hace que los seres creados sean superfluos.
Incluso de lo que parece temible —como las serpientes o los leones— podemos ver
el orden divino cuando nos acercamos a Él con respeto y confianza.
Además, nos deja una profunda enseñanza sobre nosotros
mismos: la causa del mal no está en nuestro cuerpo ni en nuestros miembros,
sino en cómo decidimos utilizarlos. La verdadera maestría comienza por
gobernarnos a nosotros mismos.
Para reflexionar hoy: ¿De qué manera puedes valorar mejor la
creación que te rodea y ejercer el dominio propio en tu día a día?
Cfr. (San Cirilo de Jerusalén. Catequesis 9, 14-15).

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