jueves, 14 de noviembre de 2024

Evangelio del 15 de noviembre 2024

 



 

Lo mismo sucederá el día en que el Hijo del hombre se manifieste.

Del santo Evangelio según san Lucas 17, 26-37

En aquellos días, Jesús dijo a sus discípulos: "Lo que sucedió en el tiempo de Noé también sucederá en el tiempo del Hijo del hombre: comían y bebían, se casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces vino el diluvio y los hizo perecer a todos.
Lo mismo sucedió en el tiempo de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, sembraban y construían, pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Pues lo mismo sucederá el día en que el Hijo del hombre se manifieste.
Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, que no baje a recogerlas; y el que esté en el campo, que no mire hacia atrás. Acuérdense de la mujer de Lot. Quien intente conservar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará.
Yo les digo: aquella noche habrá dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro abandonado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra abandonada".
Entonces, los discípulos le dijeron: "¿Dónde sucederá eso, Señor?" Y él les respondió: "Donde hay un cadáver, se juntan los buitres". Palabra del Señor.
 

REFLEXIÓN: Jesús continúa hablando del «día del Hijo del hombre», esto es, de su última venida. De ese extraordinario día se acentúa un aspecto relevante: ese «juicio» tendrá como rasgo singular lo sorpresivo. Jesús evoca dos acontecimientos: el diluvio en tiempos de Noé y la destrucción de Sodoma en tiempos de Lot. Como entonces, también ahora muchos viven alejados de Dios y absortos en las realidades temporales. Ante esto, lo único que importa es estar preparados para un futuro incierto, como nos lo tratan de inculcar las muy aleccionadoras parábolas de la «vigilancia».

miércoles, 13 de noviembre de 2024

Evangelio del 14 de noviembre 2024

 


 

El Reino de Dios ya está entre ustedes.
 
Del santo Evangelio según san Lucas 17, 20-25
 
En aquel tiempo, los fariseos le preguntaron a Jesús: "¿Cuándo llegará el Reino de Dios?" Jesús les respondió: "El Reino de Dios no llega aparatosamente. No se podrá decir: 'Está aquí' o 'Está allá', porque el Reino de Dios ya está entre ustedes".
Les dijo entonces a sus discípulos: "Llegará un tiempo en que ustedes desearán disfrutar siquiera un solo día de la presencia del Hijo del hombre y no podrán. Entonces les dirán: 'Está aquí' o 'Está allá', pero no vayan corriendo a ver, pues así como el fulgor del relámpago brilla de un extremo a otro del cielo, así será la venida del Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser rechazado por los hombres de esta generación". Palabra del Señor.
 


REFLEXIÓN: El evangelio tiene dos partes: la pregunta sobre el «cuándo» de la venida del Reino de Dios y el inicio del tema acerca del «día del Hijo del hombre». Cristo inaugura su alegre anuncio proclamando abiertamente la presencia de este Reino en su persona y en su obra. Los signos no serán, muy probablemente, los esperados por los judíos. Serán más bien los manifestados a través de una humilde y comprometida solidaridad (Cfr. Mt 25, 40). Cumplir la voluntad del Padre, ese es el camino de la realización inicial de su reinado, tal como se nos enseña en el modelo de toda oración, es decir, en el «Padrenuestro».

martes, 12 de noviembre de 2024

Diferencias entre homilía,catequesis y sermón.

Evangelio del 13 de noviembre 2024


 

¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?
 
Del santo Evangelio según san Lucas 17, 11-19



En aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: "¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!"
Al verlos, Jesús les dijo: "Vayan a presentarse a los sacerdotes". Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra.
Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ese era un samaritano. Entonces dijo Jesús: "¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?" Después le dijo al samaritano: "Levántate y vete. Tu fe te ha salvado". Palabra del Señor.
 
REFLEXIÓN: Esta escena es también exclusiva de san Lucas, que se esmera en manifestar una vez más la predilección de Jesús por los marginados social y religiosamente. La curación de estos diez leprosos –nueve de ellos judíos y uno samaritano– es todo un canto a la fe agradecida del único que alcanzó la salvación plena. Este anónimo samaritano fue el único que supo responder a la ilimitada «gratuidad» divina. Y tal prodigio rebasa el significado de la mera curación física. Nuestro Padre Dios desea liberarnos integralmente, no obstante que con tanta frecuencia hayamos sido tan malagradecidos.

lunes, 11 de noviembre de 2024

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20241117

 


«Entonces veremos al Hijo del hombre... venir con gran poder» (Mc 13, 26). Queda todavía mucha tierra por conquistar (Jos 13, 1) . . . Considera el primer advenimiento de nuestro Señor y Salvador, cuando vino para sembrar su palabra sobre la tierra. Se adueñó de toda la tierra por la sola fuerza de esta siembra: hizo huira las fuerzas adversas ya los ángeles rebeldes que dominaban los espíritus de las naciones, y al mismo tiempo sembró su palabra y difundió sus iglesias. Tal fue su primera posesión de toda la tierra. Sin embargo, a través de la Escritura, yo te mostraré lo que es la segunda conquista de una tierra de la que se le dice a Josué (Jesús) que todavía queda mucha por conquistar. Escucha las palabras de Pablo: Hace falta que reine hasta que haga de todos sus enemigos estrado de sus pies (1 Co 15, 25; Sal 109, 1). He aquí la tierra sobre la que se dice, que ha sido dejada hasta que todos estén completamente sometidos a sus pies y que así herede todos los pueblos. . . En cuanto a nuestro tiempo, vemos muchas cosas que quedan y todavía no están sometidas a los pies de Jesús; por tanto, hace falta que lo posea todo. Porque no podrá llegar el fin del mundo hasta que todo se le haya sometido. El profeta dice en efecto: Que domine de mara mar, del gran río al confín de la tierra (Sal 72 LXX), y desde las orillas de los ríos de Cus, mis adoradores, los deportados traerán mi ofrenda (Sofonías 3, 10). Resulta de ahí, que en su segundo advenimiento Jesús dominará esta tierra de la que queda mucho por conquistar» (Orígenes [c. 184-c. 253]. Homilía sobre el libro de Josué 16, 3).




UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20241117

 


En la temporada actual del año, cuando la luz solar mengua cada día y el otoño empieza a ceder su puesto al invierno, quizá añoramos un poco de estabilidad. Tal vez nos preguntamos: ¿es que todo lo que existe está destinado a cambiar? ¿Es que no hay nada que podamos agarrar y jamás perder? ¿Es que nunca vamos a conocer una vida sin cambios incesantes? Si no tuviéramos la fe cristiana, no podríamos contestar semejantes preguntas a ciencia cierta. El mundo no nos muestra ni siquiera una pequeña realidad permanente. Pero se nos ha regalado la fe y por eso podemos creer que sí hay algo permanente. De hecho, Dios nos asegura que tendremos no sólo algo permanente sino la vida eterna junto con el Señor si caminamos hacia ella con fe, a lo largo de los cambios del tiempo.

Evangelio del 12 de noviembre 2024

 



[No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.]
 
Del santo Evangelio según san Lucas 17, 7-10
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa del campo: 'Entra enseguida y ponte a comer'? ¿No le dirá más bien: 'Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú'? ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación?
Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: 'No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer' ". Palabra del Señor.
 
REFLEXIÓN: En esta parábola, propia de san Lucas, Jesús censura a los fariseos que creían tener “méritos” y “derechos” aun sobre el mismo Dios. A esta actitud mercantilista, diríamos, Él opone la de una amistad solícita y desinteresada. Convendría examinarnos acerca del tipo de motivaciones que guían nuestra práctica religiosa. Dígase lo mismo de nuestra conducta moral y de las relaciones con Dios y con los hermanos. No hemos de preferir la seguridad de la ley escrita a la aventura de un amor sin cálculos. Ser tratados como simples «servidores», este habrá de ser nuestro mayor y mejor título de gloria.