La divinidad y relación del Hijo con el Padre: San Cirilo
demuestra que Jesucristo estuvo desde siempre junto al Padre y comparte su
misma soberanía y naturaleza divina, no por usurpación, sino por transmisión
natural.
Revelación en el Antiguo Testamento: Utiliza el pasaje del
Éxodo (cuando Dios pasa ante Moisés proclamando su nombre y misericordia) para
mostrar cómo de forma velada ya se enseñaba esta doctrina piadosa sobre la
comunión entre el Padre y el Hijo.
El Señorío universal del Hijo: Cita el Salmo «Oráculo del
Señor a mi señor: Siéntate a mi derecha» para evidenciar que el Padre se dirige
al Hijo como Señor y soberano de todo, sometiéndole todas las cosas (excepto a
Aquel que se las sometió).
Obediencia y entrega sin rivalidad: El Hijo es unigénito y
obediente; recibió la soberanía del Padre de manera libre y sin celos («Todo me
lo ha entregado mi Padre»), guardándola fielmente sin despojar al Padre.
Cfr. Cirilo de Jerusalén (Catequesis 10, 8-9).

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