Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de
los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Había allí, frente a él, un enfermo
de hidropesía, y Jesús, dirigiéndose a los escribas y fariseos, les preguntó:
"¿Está permitido curar en sábado o no?"
Ellos se quedaron callados. Entonces Jesús tocó con la mano al enfermo, lo curó y le dijo que se fuera. Y dirigiéndose a ellos les preguntó: "Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su burro o su buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?" Y ellos no supieron qué contestarle.
Reflexión
La misericordia está por encima de cualquier regla
El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús frente a un hombre enfermo y a un grupo de fariseos más preocupados por vigilarlo que por reconocer el sufrimiento de quien tenían delante.
Jesús nos enseña que el amor y la misericordia nunca deben quedar sometidos a la indiferencia, al orgullo o a una interpretación rígida de las normas. Para Él, ninguna regla puede estar por encima de la dignidad y el sufrimiento de una persona.
La verdadera fe no consiste solamente en cumplir normas religiosas, sino en vivir el amor de Dios con hechos concretos. No podemos decir que amamos a Dios si permanecemos indiferentes ante el dolor de nuestros hermanos.
Recordemos que cada vez que tendemos la mano a alguien que
sufre, hacemos presente el amor de Dios. Porque para Jesús, hacer el bien nunca
está fuera de tiempo.

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