En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas".
Y dijo de nuevo: "¿Con qué podré comparar al Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa".
Reflexión
Tanto la semilla de mostaza como la levadura son elementos diminutos e imperceptibles al inicio, pero tienen la capacidad de transformar radicalmente su entorno. Esto nos enseña que las pequeñas acciones de amor, bondad o fe que sembramos cada día en nuestra vida personal y en la sociedad pueden generar frutos y cambios profundos e inesperados.
El Reino de Dios no irrumpe de forma ruidosa o impositiva,
sino que actúa de manera silenciosa y constante. Así como la semilla necesita
tiempo para convertirse en un arbusto y la levadura requiere de un proceso para
fermentar toda la masa, nuestra vida espiritual y nuestros proyectos más nobles
exigen paciencia, confianza y constancia en el día a día.

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