miércoles, 21 de octubre de 2026

Evangelio del 22 de octubre 2026 Lucas 12, 49-53

 


 


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "He venido a traer fuego a la tierra ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo ¡y cómo me angustio mientras llega!

¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra".

Reflexión

Este pasaje es fuerte porque rompe con la imagen de un Jesús que solo busca evitar conflictos. En realidad, Jesús habla del fuego de la verdad, del amor y de la conversión. Ese fuego ilumina, purifica y transforma, pero también pone al descubierto aquello que está mal y obliga a tomar una decisión.

Cuando Jesús dice que no ha venido a traer paz sino división, no está promoviendo el odio ni la violencia. Se refiere a que seguir el Evangelio exige una elección que no siempre será aceptada por todos. Quien decide vivir según la justicia, la verdad y la misericordia puede encontrarse con la incomprensión de familiares, amigos o de la sociedad. La verdadera paz no es la ausencia de conflictos, sino la fidelidad a Dios y a la conciencia.

El fuego que Jesús desea ver arder en la tierra es el fuego del Espíritu Santo, capaz de encender corazones dormidos, vencer la indiferencia y despertar el compromiso con el bien. Sin embargo, ese mismo fuego puede provocar resistencia en quienes prefieren la comodidad, el egoísmo o la oscuridad.

Este Evangelio nos invita a preguntarnos: ¿Estoy dispuesto a permanecer fiel a los valores de Cristo cuando eso me trae dificultades o rechazo? ¿Dejo que el fuego de Dios transforme mi corazón, o prefiero una paz cómoda que evita el compromiso?

Seguir a Cristo no siempre es el camino más fácil, pero es el camino que conduce a una paz más profunda: la paz de quien vive en la verdad, aun cuando tenga que afrontar incomprensiones y divisiones.

 

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