En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo les
aseguro que a todo aquel que me reconozca abiertamente ante los hombres, lo
reconocerá abiertamente el Hijo del hombre ante los ángeles de Dios; pero a
aquel que me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante los ángeles de Dios.
A todo aquel que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero a aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.
Cuando los lleven a las sinagogas y ante los jueces y
autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir,
porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga
decir".
Comentario
Este evangelio nos invita a vivir una fe valiente y auténtica. Jesús nos recuerda que seguirlo no consiste solo en creer en el corazón, sino también en dar testimonio de Él con nuestras palabras, decisiones y obras, incluso cuando hacerlo resulte difícil o impopular.
También nos enseña a confiar en la acción del Espíritu Santo. Ante los desafíos, las críticas o las pruebas de la vida, no estamos solos. Dios acompaña a quienes permanecen fieles y les concede la sabiduría necesaria para actuar y hablar con verdad.
La blasfemia contra el Espíritu Santo nos advierte del peligro de cerrar el corazón a la gracia de Dios. Mientras exista apertura al arrepentimiento, siempre hay camino de perdón; pero quien rechaza continuamente la luz y la verdad dificulta su propio encuentro con la misericordia divina.
Reflexión: Reconocer a Cristo cada día no siempre exige
grandes discursos; muchas veces basta con vivir con honestidad, amor, justicia
y misericordia. Allí donde damos testimonio de estos valores, el Espíritu Santo
habla a través de nosotros.

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