Le preguntaron a Cristo cuál era el primer mandamiento para intentar tenderle una trampa. Sin embargo, Él conocía la intención de sus corazones: la envidia, los celos y la falta de caridad.
Su respuesta fue clara y profunda:
«Amarás al Señor, tu Dios. Éste es el primero y más grande mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo.»
¿La razón?
El amor al prójimo le prepara el camino al amor a Dios y, a
su vez, por él es confirmado.
Cfr. (San Juan Crisóstomo [c. 347-c. 407]. Evangelio de
san Mateo. Homilía 71).

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