La parábola de los dos hijos (Mt 21, 28-32) enseña que lo importante no
son las palabras, sino cumplir la voluntad de Dios con las obras. El primer
hijo inicialmente se niega a trabajar en la viña, pero después se arrepiente y
va; representa a quienes, aunque se han alejado de Dios, cambian de vida y
aceptan su llamada. El segundo promete obedecer, pero no cumple; representa a
quienes aparentan ser justos y fieles, pero no ponen en práctica la voluntad de
Dios.
Jesús aplica esta enseñanza a publicanos y prostitutas, que acogieron
el mensaje de Juan y se arrepintieron, y a los fariseos, que, aunque se
consideraban cumplidores de la Ley, rechazaron el camino de conversión.
La enseñanza central es clara: Dios mira la conversión y las obras, no
solamente las palabras o las apariencias. Siempre es posible arrepentirse,
cambiar de camino y comenzar a trabajar en la viña del Señor.

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