jueves, 10 de septiembre de 2026

“La grandeza invisible de Dios”

 



San Cirilo de Jerusalén enseña que la naturaleza divina es incomprensible para el ojo humano, pero puede intuirse por analogía a través de la grandeza y hermosura de la creación. Cuanto más contempla el hombre las obras visibles, más se eleva su corazón y alcanza una representación mayor de Dios.

Sin embargo, incluso las visiones proféticas —como la descripción de los querubines en Ezequiel— muestran los límites de nuestra comprensión: si no podemos abarcar el trono, mucho menos al que se sienta en él. Dios es invisible e inefable, y aunque su esencia permanece inaccesible, es posible alabarlo y reconocer su poder mediante las maravillas creadas.

 

Cfr. San Cirilo de Jerusalén. Catequesis 9, 2.3



No hay comentarios.:

Publicar un comentario