Un sábado, Jesús entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí
un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y fariseos estaban
acechando a Jesús para ver si curaba en sábado y tener así de qué acusarlo.
Pero Jesús, conociendo sus intenciones, le dijo al hombre de la mano
paralizada: "Levántate y ponte ahí en medio". El hombre se levantó y
se puso en medio. Entonces Jesús les dijo: "Les voy a hacer una pregunta:
¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado: el bien o el mal, salvar una
vida o acabar con ella?" Y después de recorrer con la vista a todos los
presentes, le dijo al hombre: "Extiende la mano". Él la extendió y
quedó curado.
Los escribas y fariseos se pusieron furiosos y discutían entre sí lo
que le iban a hacer a Jesús.
Reflexión
Este Evangelio nos recuerda que para Jesús, hacer el bien y salvar una
vida está por encima de cualquier norma cuando esta se convierte en un
obstáculo para la misericordia. Él no permanece indiferente ante el
sufrimiento: mira al hombre, lo pone en el centro y le devuelve su dignidad.
También nosotros podemos caer en la tentación de juzgar, señalar o
cumplir normas sin preocuparnos por la persona que tenemos delante. Jesús nos
invita a mirar con compasión, a extender la mano al que sufre y a preguntarnos
cada día: ¿estoy haciendo el bien o simplemente estoy cumpliendo?
La verdadera fe no endurece el corazón; lo hace capaz de amar, servir y
sanar.

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