San Cirilo de Jerusalén enseña que creer en un solo Dios no es
suficiente para la fe cristiana: es necesario reconocerlo como Padre de
Jesucristo, su Hijo único. La verdadera fe une la confesión del Dios único con
la relación entre el Padre y el Hijo.
Nos invita a mantenernos firmes en la fe verdadera, rechazando los
errores que la contradicen. Afirma que no se puede llegar al Padre rechazando
al Hijo, porque Jesucristo es la puerta y el camino que conducen a Dios. Por
ello, conocer y aceptar a Cristo como Hijo de Dios es esencial para vivir
plenamente la fe y alcanzar la salvación.
Cfr. San Cirilo de Jerusalén. Catequesis 7, 1-2

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