Cuando la mujer cananea se acercó a Jesús le dijo: "Señor, hijo de
David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un
demonio".
... Ella le dijo: "¡Señor,
ayúdame!" Él le respondió: "No está bien quitarles el pan a los hijos
para echárselo a los perritos". Pero ella replicó: "Es cierto, Señor;
pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus
amos".
La mujer cananea no se deja vencer por el rechazo ni por el silencio de
Jesús. Aunque parece que su petición ha sido negada, persevera con humildad,
confianza y una fe cada vez más firme. En lugar de alejarse, se acerca, adora a
Jesús y vuelve a suplicar: «Señor, ayúdame». San Juan Crisóstomo destaca así
que la verdadera fe no abandona ante las dificultades, sino que persevera con
mayor fuerza, confiando en la misericordia de Dios.
Cfr:
Mt 15, 21-28
San Juan Crisóstomo [c. 345• 407]. Homilía 52, 2

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