Antífona de entrada.
Dios habita en su santuario; él nos hace habitar juntos en su casa; es
la fuerza y el poder de su pueblo (Cfr. Sal 67, 6-7. 36).
Gloria
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor,
Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que
quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del
mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú
Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
Oración colecta.
Señor Dios, protector de los que en ti confían, sin ti nada es fuerte
ni santo; multiplica sobre nosotros tu misericordia para que, bajo tu
dirección, de tal modo nos sirvamos ahora de los bienes pasajeros, que nuestro
corazón esté puesto en los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo...
Monición: Salomón pide el auxilio de Dios para el
servicio de autoridad; le pide sabiduría de corazón para distinguir entre el
bien y el mal. A Dios le agradó esa petición y además le concede otros
beneficios. Escuchemos.
Primera Lectura (1 Re 3, 5-13)
Del primer libro de los Reyes
En aquellos días, el Señor se le apareció al rey Salomón en sueños y le
dijo: "Salomón, pídeme lo que quieras, y yo te lo daré".
Salomón le respondió: "Señor, tú trataste con misericordia a tu
siervo David, mi padre, porque se portó contigo con lealtad, con justicia y
rectitud de corazón. Más aún, también ahora lo sigues tratando con
misericordia, porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí, tú
quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera en el trono a mi
padre, David. Pero yo no soy más que un muchacho y no sé cómo actuar. Soy tu
siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que
es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón
para que sepa gobernar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Pues sin
ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?"
Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo:
"Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte
de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has
pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes ni lo
habrá después de ti. Te voy a conceder, además, lo que no me has pedido: tanta
gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo". Palabra
de Dios. A. Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial (Sal 118)
R. Yo amo, Señor, tus mandamientos.
L. A mí, Señor, lo que me toca es cumplir tus preceptos. Para mí valen
más tus enseñanzas que miles de monedas de oro y plata. / R.
L. Señor, que tu amor me consuele, conforme a las promesas que me has
hecho. Muéstrame tu ternura y viviré, porque en tu ley he puesto mi contento. /
R.
L. Amo, Señor, tus mandamientos más que el oro purísimo; por eso tus
preceptos son mi guía y odio toda mentira. / R.
L. Tus preceptos, Señor, son admirables, por eso yo los sigo. La
explicación de tu palabra da luz y entendimiento a los sencillos. / R.
Monición: Dios nos ha predestinado a alcanzar la
imagen de su Hijo. Logremos la imagen de Jesucristo conforme caminamos a la
vida eterna; es el proyecto del cristiano; en Cristo seremos glorificados.
Escuchemos.
Segunda Lectura (Rom 8, 28-30)
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos
Hermanos: Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a
Dios, de aquellos que han sido llamados por él, según su designio salvador.
En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para que
reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que él sea el
primogénito entre muchos hermanos. A quienes predestina, los llama; a quienes
llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica.
Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio (Cfr. Mt 11, 25)
R. Aleluya, aleluya. Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la
tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. R.
Aleluya, aleluya.
Monición: El evangelio de hoy, a través de tres
parábolas, el tesoro, la perla y la red, nos enseña que el Reino de Dios tiene
un valor incalculable, y que quien lo descubre, renuncia a todo con tal de
poseerlo. Escuchemos.
Evangelio (Mt 13, 44-52)
Del santo Evangelio según san Mateo
A. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "El Reino de los
cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo
vuelve a esconder, y lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel
campo.
El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas
finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la
compra.
También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores
echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los
pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los
buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los
tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los
arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.
¿Han entendido todo esto?" Ellos le contestaron: "Sí".
Entonces él les dijo: "Por eso, todo escriba instruido en las cosas del
Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su
tesoro cosas nuevas y cosas antiguas".
Palabra del Señor.
A. Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO
Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la
tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios,
Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la
misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los
hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue
crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al
tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha
del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino
no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede
del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y
gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa,
católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los
pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Sacerdote: Pidamos, hermanos, el auxilio del Espíritu Santo para que
inspire nuestras oraciones y ruegue con nosotros por las necesidades del mundo.
Oremos diciendo:
TODOS: Danos, Señor, tu amor y escúchanos.
1. Para los que empiezan a conocer a Cristo y desean la gracia del
bautismo, y para los que preparan el bautismo de sus hijos, pidamos el favor de
Dios todopoderoso. Roguemos al Señor.
2. Para nuestra ciudad (nuestro pueblo), para todos los que habitan en
ella (él), y para todos los pueblos y naciones, pidamos al Señor paz y
prosperidad abundantes. Roguemos al Señor.
3. Para los que persiguen a la Iglesia y para los pecadores que viven
intranquilos, pidamos la luz del Espíritu y la gracia de la conversión.
Roguemos al Señor.
4. Por los que estamos aquí reunidos y por aquellos por los que
queremos rezar, pidamos al Señor que nos guarde a todos en la fe y nos reúna en
el reino de su Hijo. Roguemos al Señor.
Sacerdote: Señor Dios, que en Cristo nos has hecho descubrir el tesoro
escondido y la perla de gran valor, concédenos la luz de tu Espíritu para que,
viviendo en medio del mundo, sepamos valorar las riquezas inestimables de tu
reino y, para poseerlas, estemos dispuestos a renunciar a todo. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
TODOS: Amén.
Oración sobre las ofrendas.
Recibe, Señor, los dones que por tu generosidad te presentamos, para
que, por el poder de tu gracia, estos sagrados misterios santifiquen toda
nuestra vida y nos conduzcan a la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
PREFACIO
La creación alaba al Señor
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno. Porque creaste el universo con todo cuanto contiene; determinaste el
ciclo de las estaciones; pero formaste al hombre a tu imagen y semejanza y lo
hiciste dueño de un mundo portentoso, para que en tu nombre dominara la
creación entera y, al contemplar la grandeza de tus obras, en todo momento te
alabara, por Cristo, Señor nuestro. A quien cantan los cielos y la tierra, los
ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo...
Antífona de la comunión.
Bendice, alma mía, al Señor, y no te olvides de sus beneficios (Sal
102, 2).
Oración después de la comunión.
Habiendo recibido, Señor, el sacramento celestial, memorial perpetuo de
la pasión de tu Hijo, concédenos que este don, que él mismo nos dio con tan
inefable amor, nos aproveche para nuestra salvación eterna. Él, que vive y
reina por los siglos de los siglos.

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