San Cirilo de Jerusalén enseña que la naturaleza de Dios es infinita e
incomprensible para la inteligencia humana. Si el ser humano no puede abarcar
plenamente la inmensidad y los misterios de la creación, mucho menos puede
comprender al Creador. Dios conoce y gobierna todas las cosas con una sabiduría
perfecta, está presente en todo lugar y todo fue creado por medio de Cristo.
Ante la grandeza de sus obras y la profundidad de su sabiduría, el hombre solo
puede reconocer su propia limitación y contemplar con humildad y admiración el
misterio de Dios, cuyos juicios y caminos superan toda comprensión humana.
Cfr. (San Cirilo de Jerusalén. Catequesis 6, 4. 9).

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