lunes, 27 de julio de 2026

Evangelio del 28 de julio 2026 Mateo 13, 36-43

 



En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo".

Jesús les contestó: "El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del demonio; el enemigo que la siembra es el demonio; el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga".

Reflexión

1. La Coexistencia del Bien y el Mal

El texto nos presenta una realidad innegable de nuestra historia y de nuestro propio corazón: el bien y el mal conviven. En el campo del mundo, la buena semilla (los hijos del Reino) y la cizaña (las obras del mal) crecen juntas bajo un mismo cielo. A menudo, esta mezcla nos desconcierta o nos genera impaciencia; querríamos una separación inmediata, una purificación tajante que elimine todo lo injusto de golpe. Sin embargo, la paciencia del Sembrador nos enseña que hay un tiempo para cada cosa y que Dios respeta los procesos de la historia humana, permitiendo un margen para la conversión.

2. La Responsabilidad de Nuestras Elecciones

La parábola nos recuerda que cada acción humana no es neutra. O somos constructores de comunión, justicia y verdad (la buena semilla), o nos dejamos arrastrar por actitudes destructivas, egoístas o engañosas (la cizaña). Jesús pone de relieve la gravedad de inducir al pecado o de sembrar división y maldad. Nos invita a examinarnos interiormente: ¿Qué estamos sembrando en nuestros ambientes cotidianos (la familia, el trabajo, la comunidad)? ¿Dejamos que nuestra vida florezca con los valores del Reino?

3. La Esperanza del Destino Final

El relato no termina en la confusión del campo mezclado, sino que apunta hacia la cosecha definitiva. La justicia de Dios no se olvida; al final, lo falso, lo destructivo y el mal serán apartados, mientras que aquellos que optaron por la rectitud y el bien "brillarán como el sol". Esta promesa es un ancla de esperanza para quienes sufren a causa de la injusticia: el dolor y la oscuridad no tienen la última palabra.

"El que tenga oídos, que oiga." Esta llamada final de Jesús es una invitación a despertar, a no vivir de manera superficial, sino a discernir nuestras acciones con la certeza de que nuestra vida camina hacia la plenitud de la presencia de Dios.

 

 


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