Entonces se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con
ellos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: "¿Qué
deseas?". Ella respondió: "Concédeme que estos dos hijos míos se
sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino". Pero
Jesús replicó: "No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que
yo he de beber?". Ellos contestaron: "Sí podemos". Y Él les
dijo: "Beberán el cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda
no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado".
Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos
hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: "Ya saben que los jefes de los
pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre
ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el
que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha
venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de
todos".
Reflexión
El Evangelio enseña que la verdadera grandeza no consiste en alcanzar
poder, prestigio o reconocimiento, sino en servir a los demás con humildad.
Jesús invita a sus discípulos a seguir el camino del sacrificio, la entrega y
el amor, rechazando la ambición y la rivalidad. Con su propia vida muestra que
el auténtico liderazgo nace del servicio desinteresado y de la entrega por los
demás. Este mensaje nos llama a examinar nuestro corazón y a vivir con
humildad, recordando que quien sirve con amor participa ya del Reino de Dios.

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