En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús, y les
dijo a sus cortesanos: "Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre
los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas".
Es que Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en la cárcel
por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, pues Juan le decía que no
le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, tenía
miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta.
El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías bailó delante de
todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella,
aconsejada por su madre, le dijo: "Dame, sobre esta bandeja, la cabeza de
Juan el Bautista".
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por no quedar mal
con los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó degollar a Juan en la
cárcel. Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y
ella se la llevó a su madre.
Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo
sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesús.
Reflexión
El peso de la conciencia y la debilidad humana
El pasaje de Mateo 14 nos enfrenta a una profunda contradicción del ser
humano: el contraste entre la voz de la conciencia y el temor al qué dirán.
La culpa de Herodes: El rey reconoce la grandeza de Juan el Bautista y
su conciencia está turbada hasta el punto de creer que ha resucitado en Jesús,
sin embargo, prefiere ceder ante la vanidad, la soberbia y el qué dirán con sus
invitados antes que hacer justicia.
El costo de la verdad: Juan el Bautista selló con su vida la defensa de
la verdad y los mandamientos divinos, recordándonos que la fidelidad a Dios a
menudo exige un precio alto en un mundo dominado por intereses mundanos.
La dignidad final: En medio de la crueldad y el egoísmo del palacio, la
acción silenciosa de los discípulos al recoger y sepultar el cuerpo de Juan
destaca como un acto de amor, lealtad y esperanza que finalmente busca consuelo
en Jesús.
Para meditar: ¿Cuántas veces dejamos que el miedo a la opinión ajena o
el orgullo nos aparten de obrar con rectitud y verdad en nuestra vida diaria?

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