viernes, 31 de julio de 2026

Evangelio del 1 de agosto 2026 Mateo 14, 1-12

 



En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús, y les dijo a sus cortesanos: "Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas".

Es que Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, pues Juan le decía que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, tenía miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta.

El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías bailó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, aconsejada por su madre, le dijo: "Dame, sobre esta bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".

El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó degollar a Juan en la cárcel. Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre.

Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesús.

Reflexión

El peso de la conciencia y la debilidad humana

El pasaje de Mateo 14 nos enfrenta a una profunda contradicción del ser humano: el contraste entre la voz de la conciencia y el temor al qué dirán.

La culpa de Herodes: El rey reconoce la grandeza de Juan el Bautista y su conciencia está turbada hasta el punto de creer que ha resucitado en Jesús, sin embargo, prefiere ceder ante la vanidad, la soberbia y el qué dirán con sus invitados antes que hacer justicia.

El costo de la verdad: Juan el Bautista selló con su vida la defensa de la verdad y los mandamientos divinos, recordándonos que la fidelidad a Dios a menudo exige un precio alto en un mundo dominado por intereses mundanos.

La dignidad final: En medio de la crueldad y el egoísmo del palacio, la acción silenciosa de los discípulos al recoger y sepultar el cuerpo de Juan destaca como un acto de amor, lealtad y esperanza que finalmente busca consuelo en Jesús.

 

Para meditar: ¿Cuántas veces dejamos que el miedo a la opinión ajena o el orgullo nos aparten de obrar con rectitud y verdad en nuestra vida diaria?

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