San Agustín presenta la barca como símbolo de la Iglesia, que atraviesa
el mar de este mundo enfrentando tempestades y vientos contrarios, imagen de
las tentaciones y de la acción del diablo. Aunque la Iglesia experimente
dificultades, es el lugar seguro donde Cristo acompaña y fortalece a sus
discípulos. Por ello, el creyente no debe abandonar la Iglesia, sino permanecer
en ella con confianza y perseverancia.
Cuando las fuerzas y capacidades humanas resultan insuficientes para superar las pruebas, la respuesta más eficaz es la oración confiada a Dios, quien conduce la barca hasta el puerto seguro. El verdadero peligro no es la tormenta, sino vivir como si el Señor estuviera ausente, permitiendo que el pecado, la ira o los deseos desordenados ocupen el corazón. Por ello, San Agustín invita a conservar la presencia de Cristo en la vida mediante la fe, la conversión y la pureza del corazón, seguros de que Él nunca abandona a su Iglesia.
Cfr. (San Agustín [354 430]. Sermón 75).

No hay comentarios.:
Publicar un comentario