miércoles, 21 de enero de 2026

Evangelio del 22 de enero 2026 Marcos 3, 7-12

 



En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba.

Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo.

En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban: "Tú eres el Hijo de Dios". Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran.

 

Reflexión

 

El texto describe a una multitud inmensa que viene de todas partes (Galilea, Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania). Muchos buscaban a Jesús no necesariamente por su mensaje, sino por sus milagros y curaciones.

Reflexión: A veces nos acercamos a lo espiritual solo cuando necesitamos un "auxilio urgente". El texto nos invita a preguntarnos: ¿Buscamos a Jesús por lo que nos puede dar, o por quién es Él?

 

Jesús pide una barca para que la multitud no lo "aplastara". Esta barca no es solo un refugio físico, sino un símbolo de la distancia necesaria para que su palabra pueda ser escuchada. Sin orden y sin espacio, el mensaje se pierde en el tumulto.

Reflexión: En un mundo lleno de ruido y exigencias constantes, necesitamos nuestra propia "barca" (el silencio, la oración, el retiro) para que Dios pueda hablarnos sin que las preocupaciones nos asfixien.

 

Resulta paradójico que los "espíritus impuros" reconozcan a Jesús como el Hijo de Dios, mientras que la gente común aún no lo entiende del todo. Jesús les prohíbe hablar porque no quiere una fe basada en el espectáculo o en el miedo, sino una que nazca del amor y el seguimiento diario.

Reflexión: La verdadera identidad de Jesús se revela plenamente en la Cruz, no solo en los milagros. Él prefiere el silencio antes que una fama malentendida.

martes, 20 de enero de 2026

Evangelio del 21 de enero 2026 Marcos 3, 1-6

 


En aquel tiempo, Jesús entró en la sinagoga, donde había un hombre que tenía tullida una mano. Los fariseos estaban espiando a Jesús para ver si curaba en sábado y poderlo acusar. Jesús le dijo al tullido: "Levántate y ponte allí en medio".

Después les preguntó: "¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?" Ellos se quedaron callados. Entonces, mirándolos con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre: "Extiende tu mano". La extendió, y su mano quedó sana.

Entonces se fueron los fariseos y comenzaron a hacer planes con los del partido de Herodes para matar a Jesús.

Reflexión

Los fariseos estaban presentes en la sinagoga, pero su atención estaba en Jesús para ver si "rompía" el descanso del sábado. Mientras que para ellos la religión era un conjunto de reglas para juzgar, para Jesús era una oportunidad para restaurar la vida.

Jesús no solo sana físicamente al tullido, sino que le pide un acto de fe y exposición: ponerse en medio y extender la mano. Este gesto simboliza la invitación de Dios a mostrarnos tal cual somos, con nuestras parálisis y debilidades, para que su gracia pueda actuar.

Jesús los miró con ira y tristeza ante la dureza de sus corazones. Esta curación manifiesta de que Dios prefiere la bondad a los sacrificios rituales. El "silencio" de los fariseos ante la pregunta de Jesús sobre si es lícito hacer el bien en sábado, demuestra que la ideología puede cegar la empatía humana.

Vale la pena preguntarnos ¿Qué pesa más en nuestro día a día? ¿La norma estricta o la necesidad del prójimo que tenemos delante?

La libertad como requisito indispensable de la fe. Reflexión 20260125


UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260125

La fe cristiana, el ideal cristiano relativo a las relaciones sociales, económicas y familiares no es obligatorio para quienes no comparten nuestra fe. El evangelio de la gracia, la llamada ley nueva, no es en realidad una obligación que se pueda imponer a nadie. No podemos obligar a ninguna persona a entrar en el banquete del Reino. Entre el mensaje del Evangelio y el mensaje profético de Isaías hay una continuidad: los mecanismos violentos y autoritarios quedan desterrados para siempre. Como bien dijera Gandhi: "no hay camino a la paz, la paz es el camino". De ahí que, ningún tipo de coacción violenta puede utilizarse para establecer el ideal evangélico. La luz del Evangelio es una fuerza magnética que produce alegría en quien la acoge con libertad; cuando alguna autoridad la pretende imponer verticalmente, solamente genera rechazo y resistencia.

 

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260125

 



 

«Habiendo oído Jesús que Juan había sido preso, se retiró a Galilea. ¿Por qué se retiró voluntariamente? Para enseñarnos que no nos pongamos por nuestra propia cuenta en la tentación, sino más bien la evitemos y pasemos de largo. No es cosa culpable el no arrojarse al peligro, sino el no proceder con fortaleza cuando somos puestos en la tentación. Queriendo, pues, enseñarnos esto, cedió un poco a la envidia de los judíos y se retiró a Cafarnaúm. Cumplía al mismo tiempo con una profecía; y parecía apresurarse a coger en la pesca a los futuros doctores del universo, pues allá vivían y allá ejercitaban su trabajo de pescadores. Observa cómo, puesto que ha de ir a los gentiles, toma siempre ocasión de los mismos judíos. En este caso, con andar poniendo asechanzas al Precursor y con haberlo enrejado en la cárcel, lo obligan a retirarse a Galilea de los gentiles. No hace mención de Judá ni nombra todas las tribus, sino que designa el sitio con estas palabras: Tierra de Zabulón (...) El pueblo que habita en las tinieblas vio una gran luz. No se refiere aquí a las tinieblas sensibles sino al error y a la impiedad. Por esto añadió: Y para los que habitan en la región de sombras mortales, una luz se levantó. Para que entendieras que no hablaba ni de la luz ni de las sombras que perciben los sentidos, al hablar de la luz no la llamó simplemente luz, sino luz grande: esa luz que en otro sitio es llamada luz verdadera. Y al referirse a las tinieblas, las llamó sombras de muerte. Luego, para declarar que los encontró cuando no lo buscaban, sino que Dios desde las alturas se les apareció, dijo: Para ellos una luz se levantó» (San Juan Crisóstomo [c.347-407]. Homilía 14, sobre Mateo).

 

RAÍCES DE NUSTRA FE 25 de enero 2026

 



Contexto histórico de los Padres (segunda parte). Para entender mejor el impacto que tuvieron los Padres de la Iglesia, es útil analizar el contexto histórico en el que se desenvolvieron. La sociedad en donde nació y se propagó el cristianismo estaba marcada por un ambiente de pluralismo religioso. En esta sociedad el cristianismo competía con muchas creencias paganas, así como con doctrinas filosóficas que cuestionaban los principios fundamentales de la fe. Este escenario exigió una respuesta teológica profunda y bien fundamentada. Respuesta que sólo pudieron dar los «Santos Padres». Desde el siglo I a.C. en el Imperio Romano se produjeron cambios significativos en su estructura política y social. Entre estos se produjo la romanización de las culturas helenísticas, generándose un ambiente intelectual fertilizado por el diálogo cultural entre griegos y romanos, lo que permitió a los Padres acercarse a las filosofías del tiempo e integrar muchos de sus conceptos en la visión cristiana, contribuyendo a la consolidación del cristianismo como una religión universal. Con un consenso casi generalizado se considera que la «Época Patrística» abarca los siete primeros siglos de la nuestra era. Por supuesto, cuanto más antiguo sea un Padre, más autorizado será su testimonio, siempre que su doctrina resulte concorde con lo que Jesucristo reveló a la Iglesia, y su conducta haya estado en sintonía con esas enseñanzas. Como vemos, estas dos características resultan esenciales. Por esta razón, si falta alguna, a estos escritores no se les cuenta en el catálogo de los Padres, aunque sean muy antiguos.

 

III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo A Domingo 25 de enero 2026

 

ANTÍFONA DE ENTRADA

Canten al Señor un cántico nuevo, hombres de toda la tierra, canten al Señor. Hay brillo y esplendor en su presencia, y en su templo, belleza y majestad.

 

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, dirige nuestros pasos de manera que podamos agradarte en todo uy así, merezcamos, en nombre de tu Hijo amado, abundar en toda clase de obras buenas. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías: 8, 23-9, 3

 

En otro tiempo, el Señor humilló al país de Zabulón y al país de Neftalí; pero en el futuro llenará de gloria el camino del mar, más allá del Jordán, en la región de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció. Engrandeciste a tu pueblo e hiciste grande su alegría. Se gozan en tu presencia como gozan al cosechar, como se alegran al repartirse el botín. Porque tú quebrantaste su pesado yugo, la barra que oprimía sus hombros y el cetro de su tirano, como en el día de Madián. Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 26

 

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

 

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar? R.

 

Lo único que pido, lo único que busco, es vivir en la casa del Señor toda mi vida, para disfrutar las bondades del Señor y estar continuamente en su presencia. R.

 

La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía. R.

 

SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 1, 10-13. 17

 

Hermanos: Los exhorto, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos vivan en concordia y no haya divisiones entre ustedes, a que estén perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo pensar. Me he enterado, hermanos, por algunos servidores de Cloe, de que hay discordia entre ustedes. Les digo esto, porque cada uno de ustedes ha tomado partido, diciendo: “Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Pedro, yo de Cristo”. ¿Acaso Cristo está dividido? ¿Es que Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O han sido bautizados ustedes en nombre de Pablo? Por lo demás, no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio, y eso, no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo. Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

R. Aleluya, aleluya.

 

Jesús predicaba la buena nueva del Reino y curaba a la gente de toda enfermedad. R.

 

EVANGELIO

Del santo Evangelio según san Mateo: 4, 12-23

 

Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías: Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que yacía en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció. Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y yo los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron. Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia. Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, en cuyas manos está el destino del universo, y pidámosle confiadamente que escuche las oraciones de su pueblo. Oremos diciendo:

TODOS: Acuérdate, Señor, de tu pueblo.

1. Por la santa Iglesia de Dios, para que busque cada día con mayor afán el rostro de su Señor, y sus fieles se esfuercen en purificarse de todas sus faltas y pecados. Roguemos al Señor.

2. Por los que gobiernan las naciones, para que trabajen con interés y constancia por la paz y el bienestar de los pueblos, a fin de que reine en ellos la justicia y la paz. Roguemos al Señor.

3. Por los enfermos, los encarcelados y por todos los que sufren, para que Dios, Padre de misericordia, venga en auxilio de sus males. Roguemos al Señor.

4. Por todos los que estamos aquí reunidos, para que el Señor nos conceda perseverar en la fe y progresar en el mutuo amor. Roguemos al Señor.

 

Sacerdote: Dios nuestro, que has fundamentado tu Iglesia sobre la fe de los apóstoles, escucha nuestras oraciones y haz que, iluminados con tu palabra y unidos por los vínculos de la caridad, nos convirtamos en signo claro de salvación y de esperanza para cuantos viven en las tinieblas. Por Jesucristo, nuestro Señor. TODOS: Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, benignamente, nuestros dones, y santifícalos, a fin de que nos sirvan para nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

PREFACIO

Historia de la salvación

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque naciendo, restauró nuestra naturaleza caída; padeciendo en la cruz, borró nuestros pecados; resucitando de entre los muertos, nos proporcionó el acceso a la vida eterna, y ascendiendo hasta ti, Padre, nos abrió las puertas del Reino de los cielos. Por eso, unidos a la multitud de los ángeles y de los santos, te aclamamos, llenos de alegría: Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN

Acudan al Señor; quedarán radiantes y sus rostros no se avergonzarán.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Concédenos, Dios todopoderoso, que, al experimentar el efecto vivificante de tu gracia, nos sintamos siempre dichosos por este don tuyo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.