La fe cristiana, el ideal cristiano relativo a las relaciones sociales,
económicas y familiares no es obligatorio para quienes no comparten nuestra fe.
El evangelio de la gracia, la llamada ley nueva, no es en realidad una
obligación que se pueda imponer a nadie. No podemos obligar a ninguna persona a
entrar en el banquete del Reino. Entre el mensaje del Evangelio y el mensaje
profético de Isaías hay una continuidad: los mecanismos violentos y
autoritarios quedan desterrados para siempre. Como bien dijera Gandhi: "no
hay camino a la paz, la paz es el camino". De ahí que, ningún tipo de
coacción violenta puede utilizarse para establecer el ideal evangélico. La luz
del Evangelio es una fuerza magnética que produce alegría en quien la acoge con
libertad; cuando alguna autoridad la pretende imponer verticalmente, solamente
genera rechazo y resistencia.
martes, 20 de enero de 2026
UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260125
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