domingo, 30 de marzo de 2025

Evangelio 31 de marzo 2025 Juan 4, 43-54



 

En aquel tiempo, Jesús salió de Samaria y se fue a Galilea. Jesús mismo había declarado que a ningún profeta se le honra en su propia patria. Cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que él había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían estado allí.

 

Volvió entonces a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Al oír éste que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a curar a su hijo, que se estaba muriendo. Jesús le dijo: «Si no ven ustedes señales y prodigios, no creen». Pero el funcionario del rey insistió: «Señor, ven antes de que mi muchachito muera». Jesús le contestó: «Vete, tu hijo ya está sano».

 

Aquel hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Cuando iba llegando, sus criados le salieron al encuentro para decirle que su hijo ya estaba sano. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Le contestaron: «Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre». El padre reconoció que a esa hora Jesús le había dicho: 'Tu hijo ya está sano', y creyó con todos los de su casa.

 

Esta fue la segunda señal milagrosa que hizo Jesús al volver de Judea a Galilea.

 

Reflexión

 

Ser buen cristiano implica creer en Jesús pero también creerle a Jesús y hacer lo que él nos pide en el evangelio, tenerlo como verdadero maestro y Señor de nuestras vidas. ¿Tú eres de los que simplemente cree en Jesús, o de los que han decidido hacer de su Palabra una norma de vida? 

viernes, 28 de marzo de 2025

Evangelio del 29 de marzo 2025 Lucas 18, 9-14

 


En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se tenían por buenos y despreciaban a los demás:

 

«Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias'.

 

El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo; lo único que hacía era golpearse el pecho diciendo: 'Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador'.

 

Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

 

Reflexión

 

El evangelio de hoy trae una enseñanza muy profunda e importante para nuestra vida: La necesidad de Dios. Hoy mucha gente, y pudiera ser el caso de cualquiera, se sienten como el fariseo: que son buenos. Que no hacen mal a nadie, que se portan bien, que no van a lugares inconvenientes.

 

Y esto, por supuesto, que está muy bien, el problema real es que creen que son buenos por ellos mismos, no reconocen en su vida la presencia de Dios, no se han dado cuenta de que si han podido llevar una vida recta no es por sus méritos, sino por la obra maravillosa del Espíritu Santo que, a pesar de nuestras debilidades, opera en nosotros. Además, están tan orgullosos de la vida que llevan que no se dan cuenta de que en realidad son también, como el publicano, pecadores, pues dice la Escritura que "el justo peca siete veces al día". Si eso se aplica a los que son buenos, podemos imaginar lo que hacemos nosotros.

 

Cuando el hombre se siente ya completamente salvado, es como el hombre enfermo que se siente sano: difícilmente sanará. Es, pues, importante reconocer, por un lado, que lo bueno que somos es obra de Dios en nosotros por lo que no tenemos nada de qué enorgullecernos, antes bien, dar gracias; y por otro, que por más obras buenas y lo bien que nos portemos, siempre debemos reconocer nuestra naturaleza pecadora y buscar con humildad al Señor para pedirle que nos libre del pecado y que perdone las muchas faltas que día a día cometemos.

 

jueves, 27 de marzo de 2025

Evangelio del 28 de marzo 2025 Marcos 12, 28-34

 


En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?» Jesús le respondió: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos».

 

El escriba replicó: «Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

 

Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

 

Reflexión

 

Una de las cosas que todavía me sorprende es que cuando hacemos nuestro examen de conciencia empezamos siempre con el segundo mandamiento y pocas veces nos ponemos a reflexionar si realmente estamos cumpliendo con el primero ya que está a la base de todos los demás.

 

¿Te has puesto a pensar sobre cuánto amas a Dios? La ley nos dice que se debe amar a Dios con todo el corazón, con toda nuestra mente, con todas nuestras fuerzas pero ¿cómo? ¿Qué significa esto? El problema del amor es siempre el punto de referencia. El cristiano tiene como único punto de referencia a Cristo, es decir, al amar tenemos que hacerlo de la misma manera que él lo hizo: hasta dar la vida por el ser amado. El mandamiento expresado por la ley y por Cristo implicaría dar la vida por Dios, sin embargo, no vayamos tan lejos, preguntémonos hoy: ¿seríamos capaces de dejar de hacer algo que es pecado por amor a Dios?

 

Si no somos capaces de dejar el pecado por amor a Dios, mucho menos lo seremos de donarle toda nuestra mente, todo nuestro corazón y todo nuestro ser para que en nuestra vida encuentre su gloria. ¿Qué tanto amas a Dios? ¡Pruébaselo!

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20250330

 


El amor y el arrepentimiento están profundamente interconectados en la fe, formando una relación que refleja tanto la misericordia de Dios como el crecimiento espiritual de los creyentes.


El amor de Dios es el punto de partida: Él ama incondicionalmente a sus hijos, incluso cuando fallan. Este amor inagotable es lo que inspira el arrepentimiento, ya que cuando una persona experimenta la profundidad de ese amor, se siente llamada a responder dejando atrás el pecado y volviendo a Dios con humildad y gratitud.


Por otro lado, el arrepentimiento es una expresión del amor hacia Dios. Cuando alguien se arrepiente, reconoce sus fallas y su deseo de alinear su vida con la voluntad divina, mostrando un corazón lleno de reverencia y afecto por Él.


En esencia, el amor de Dios impulsa el arrepentimiento, y el arrepentimiento, a su vez, alimenta un amor más profundo hacia Él. Juntos, son el núcleo de una relación viva y transformadora con Dios.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20250330

 



«El hombre con dos hijos es Dios, que tiene dos pueblos. El hijo mayor es el pueblo judío; el menor, el pueblo gentil La herencia recibida del padre es la inteligencia, la mente, la memoria, el ingenio y todo lo que Dios nos dio para que lo conozcamos y lo adoremos. Tras haber recibido este patrimonio, el hijo menor se marchó a una región lejana: lejana, es decir, hasta el olvido de su creador. Disipó su herencia viviendo pródigamente: gastando y no adquiriendo, derrochando lo que poseía y no adquiriendo lo que no tenía; es decir, consumiendo todo su ingenio en dispendios, en ídolos, en toda clase de perversos deseos a los que la Verdad llamó meretrices. No ha de extrañar que a ese dispendio siguiese el hambre. Reinaba la penuria en aquella región: no penuria de pan visible, sino penuria de la verdad invisible. Impelido por la necesidad, fue a dar con un jefe de aquella región. Se entiende que se trata del diablo, jefe de los demonios, en quien van a dar todos los curiosos, pues toda curiosidad ilícita no es otra cosa que una pestilente penuria de verdad. Aquel hijo, arrancado de Dios por el hambre de su inteligencia, fue reducido a servidumbre y le tocó ponerse a cuidar cerdos; es decir, la servidumbre última e inmunda de que suelen gozarse los demonios. En efecto, no en vano permitió el Señor a los demonios entrar en la piara de los puercos. Aquí se alimentaba de bellotas, que no le saciaban. Las bellotas son, a nuestro parecer, las doctrinas mundanas, que meten ruido, pero no sacian; digno alimento para puercos, pero no para hombres; es decir, las que producen satisfacción a los demonios, pero no hacen justos a los fieles» (San Agustín (354-430). Sermón 112 A).

DOMINGO IV DE CUARESMA Ciclo C Domingo 30 de Marzo 2025



 

DOMINGO DE LA ALEGRÍA «LAETARE»
 
 
ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Is 66, 10-11
 
Alégrate, Jerusalén, y que se reúnan cuantos la aman. Compartan su alegría los que estaban tristes, vengan a saciarse con su felicidad.
 
 
No se dice Gloria.
 
 
ORACIÓN COLECTA
 
Señor Dios, que por tu Palabra realizas admirablemente la reconciliación del género humano, concede al pueblo cristiano prepararse con generosa entrega y fe viva a celebrar las próximas fiestas de la Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
 
 
PRIMERA LECTURA
 
[El pueblo de Dios celebró la Pascua al entrar en la tierra prometida.]
 
Del libro de Josué 5, 9a. 10-12
 
En aquellos días, el Señor dijo a Josué: “Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto”.
 
Los israelitas acamparon en Guilgal, donde celebraron la Pascua, al atardecer del día catorce del mes, en la llanura desértica de Jericó.
 
El día siguiente a la Pascua, comieron del fruto de la tierra, panes ázimos y granos de trigo tostados. A partir de aquel día, cesó el maná. Los israelitas ya no volvieron a tener maná, y desde aquel año comieron de los frutos que producía la tierra de Canaán. Palabra de Dios.
 
 
SALMO RESPONSORIAL del salmo 33
 
R/. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
 
Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo. R/.
 
Proclamemos la grandeza del Señor y alabemos todos juntos su poder. Cuando acudí al Señor, me hizo caso y me libró de todos mis temores. R/.
 
Confía en el Señor y saltarás de gusto, jamás te sentirás decepcionado, porque él Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias. R/.
 
 
SEGUNDA LECTURA
 
[Dios nos reconcilió consigo por medio de Cristo.]
 
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios 5, 17-21
 
Hermanos: El que vive según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo.
 
Todo esto proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y que nos confirió el ministerio de la reconciliación. Porque, efectivamente, en Cristo, Dios reconcilió al mundo consigo y renunció a tomar en cuenta los pecados de los hombres, y a nosotros nos confió el mensaje de la reconciliación.
 
Por eso, nosotros somos embajadores de Cristo, y por nuestro medio, es Dios mismo el que los exhorta a ustedes. En nombre de Cristo les pedimos que se reconcilien con Dios.
 
Al que nunca cometió pecado, Dios lo hizo “pecado” por nosotros, para que, unidos a él, recibamos la salvación de Dios y nos volvamos justos y santos. Palabra de Dios.
 
 
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Lc 15, 18
 
R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
 
Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
 
 
EVANGELIO
 
[Tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida.]
 
Del santo Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32
 
En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publícanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Este recibe a los pecadores y come con ellos”.
 
Jesús les dijo entonces esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca’. Y él les repartió los bienes.
 
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a padecer necesidad.
 
Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera. Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores’. Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre.
 
Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’. Pero el padre les dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete.
 
El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Este le contestó: ‘Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo’. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.
 
Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’.
 
El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’ ”. Palabra del Señor.
 
 
PTOFESIÓN DE FE
 
Credo de los Apóstoles
 
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.
Amén.
 
 
ORACIÓN DE LOS FIELES:
 
Oremos al Señor, que no desea la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, y pidámosle que tenga misericordia de su pueblo:
 
Para que Dios fortalezca la voluntad de los que se preparan a recibir en estos días cuaresmales el sacramento de la penitencia y les conceda un verdadero arrepentimiento de sus culpas, roguemos al Señor.
 
Para que el Señor abra la inteligencia y el corazón de los incrédulos, de manera que lleguen al conocimiento de la verdad, y –en la fe– encuentren aquel descanso que sin saberlo desean, roguemos al Señor.
 
Para que Dios conceda su ayuda a los que se sienten tentados y a todos aquellos que con su sufrimiento participan de la Cruz de Cristo, roguemos al Señor.
 
Para que todos nosotros perseveremos en el esfuerzo cuaresmal y lleguemos, purificados, a las fiestas de Pascua que se acercan, roguemos al Señor.
 
Dios, rico en misericordia, que recibes con el abrazo del perdón a tus hijos que, arrepentidos, retornan a ti. Perdona nuestras culpas y revístenos con vestiduras de fiesta, para que podamos participar en el banquete eterno de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Te presentamos, Señor, llenos de alegría, estas ofrendas para el sacrificio redentor, y pedimos tu ayuda para celebrarlo con fe sincera y ofrecerlo dignamente por la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
 
PREFACIO
 
PREFACIO ll DE CUARESMA
 
El espíritu de la penitencia cuaresmal
 
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque misericordiosamente estableciste este tiempo especial de gracia para que tus hijos busquen de nuevo la pureza del alma y así, libres de todo afecto desordenado, no se afanen en las realidades transitorias, sino, antes bien, pongan su corazón en aquellas que duran para siempre. Por eso, con todos los ángeles y los santos, te alabamos, diciendo sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...
 
 
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Lc 15, 32
 
Alégrate, hijo mío, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado.
 
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Señor Dios, luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo, ilumina nuestros corazones con el resplandor de tu gracia, para que podamos siempre pensar lo que es digno y grato a tus ojos y amarte con sincero corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
 
ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO
 
Protege, Señor, a quienes te invocan, ayuda a los débiles y reaviva siempre con tu luz a quienes caminan en medio de las tinieblas de la muerte; concédeles que, liberados por tu bondad de todos los males, alcancen los bienes supremos. Por Jesucristo, nuestro Señor.