viernes, 3 de enero de 2025
jueves, 2 de enero de 2025
Evangelio 3 enero 2025
Evangelio 3 enero 2025
Juan 1, 29-34
En aquel tiempo, vio Juan el
Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: "Este es el Cordero de
Dios, el que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo he dicho: ‘El
que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes
que yo’. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea
dado a conocer a Israel".
Entonces Juan dio este
testimonio: "Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y
posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me
dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el
que ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio
de que éste es el Hijo de Dios".
Reflexión
El tiempo posterior a la Navidad
es un tiempo privilegiado para testificar, para señalar al Recién Nacido; por
ello, la liturgia nos presenta los textos que nos invitan a que nosotros, de la
misma forma que Juan el Bautista, también lo hagamos conocer por los demás.
Es tiempo para salir de nuestras
penas y vergüenzas, y manifestarnos abiertamente, como lo hizo el Bautista,
como embajadores del Señor, y hacerlo conocer en todos nuestros ambientes. No
tengamos temor de hablar de él en nuestras oficinas, en nuestros centros de
trabajo, en el barrio y por supuesto, en nuestras propias familias. Al ir
regresando a la normalidad en nuestras vidas, ante la pregunta ¿y cómo la
pasaste? Es un buen momento para retomar el tema de la vida cristiana, de lo
hermosas que fueron estas fiestas vividas en el amor y la alegría de Jesús,
nuestro Señor y Salvador.
Si nosotros no lo anunciamos, si
nosotros no nos convertimos en el medio para que Jesús sea amado por los demás,
entonces ¿Quién lo hará? Avísale a la gente que en medio de ellos está Jesús,
al que quizás no conocen; diles que los anda buscando para darles vida y para
dárselas en abundancia; diles que se dejen encontrar por su amor.
miércoles, 1 de enero de 2025
Evangelio del 2 de enero 2025
Evangelio del 2 de enero 2025
Juan 1, 19-28
Este es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos
enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle:
"¿Quién eres tú?"
El reconoció y no negó quién era. El afirmó: "Yo no soy el
Mesías". De nuevo le preguntaron: "¿Quién eres, pues? ¿Eres
Elías?" Él les respondió: "No lo soy". "¿Eres el
profeta?" Respondió: "No". Le dijeron: "Entonces dinos
quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices
de ti mismo?" Juan les contestó: "Yo soy la voz que grita en el
desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’, como anunció el profeta
Isaías".
Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le
preguntaron: "Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías,
ni el profeta?" Juan les respondió: "Yo bautizo con agua, pero en
medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás
de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias".
Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.
Reflexión
Al iniciar el año civil, la palabra de Dios nos invita a descubrir que
Jesús ya está en medio de nosotros. Está presente en nuestros hermanos, sobre
todo, en los más necesitados, en su Palabra, en la Eucaristía, en la oración.
Es triste que muchos de nosotros, por estar sumergidos en el mar de
nuestras ocupaciones diarias no seamos capaces de descubrirlo. Por ello, es
fundamental que al iniciar nuestro día y, al menos de vez en cuando, nos
detengamos un momento y veamos a nuestro alrededor; que iniciemos nuestro día
con un momento de oración y silencio que nos permita descubrir al Dios cercano
que busca ser parte de nuestro día y de nuestra misma historia.
Decía un santo sacerdote: No dejes lo importante por hacer lo urgente.
Lo único importante es Dios, todo lo demás siempre será urgente.
EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20250105
«Se muestra a los magos un nuevo signo, la estrella del cielo, por el cual se reconoce que ha nacido como rey de los judíos el Señor de cielo y tierra, aquel de quien estaba escrito: Saldrá una estrella de Jacob y surgirá un hombre de Israel, para que se conociera, a través de los signos de la estrella y del hombre, la unión de la naturaleza divina y humana en el Hijo de Dios. Por eso también en el Apocalipsis el mismo Señor declara acerca de sí mismo: Yo soy la raíz de Jesé y el descendiente de David y la estrella resplandeciente de la mañana; porque por el amanecer de su nacimiento, expulsada la noche de la ignorancia, brilló como astro fulgurante para la salvación del mundo. El esplendor de esta luz, penetrando incluso los corazones de los magos, los inundó con luz espiritual para que conocieran por el signo de la nueva estrella naciente al rey de los judíos, al creador del cielo. Pues los magos, personajes prominentes de una religión falsa, no podían conocer a Cristo nuestro Señor sino iluminados con la gracia de la condescendencia divina. De nuevo, pues, se desbordó la misericordia de Dios por medio de la venida de Cristo, para que el conocimiento de su verdad se extendiera a todas las 1 razas de los hombres. Ésta brilló ante los magos a fin de que se conociera la piedad manifiesta de Dios, y nadie desesperara de que, si cree, se le puede conceder la salvación, porque ya ha visto que ha sido concedida a los magos. Y por eso fueron los magos los primeros elegidos entre los gentiles para la salvación, para que a través de ellos se abriera la puerta de la salvación a todos los gentiles» (San Cromacio de Aquileya [330-4071. Evangelio Mateo. Tratado 4, 1-6).
SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR Ciclo C Domingo 5 de enero 2025
SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR Ciclo C
Domingo 5 de enero 2025
ANTÍFONA DE ENTRADA
Miren que ya viene el Señor todopoderoso; en su mano están el reino, la
potestad y el imperio.
GLORIA
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor,
Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que
quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del
mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú
Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, que en este día manifestaste a tu Unigénito a las naciones,
guiándolas por la estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe, que
lleguemos a contemplar la hermosura de tu excelsa gloria. Por nuestro Señor
Jesucristo… Amén.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías (Is 60, 1-6)
Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz y la
gloria del Señor alborea sobre ti. Mira: las tinieblas cubren la tierra y
espesa niebla envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor y en
ti se manifiesta su gloria. Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al
resplandor de tu aurora.
Levanta los ojos y mira alrededor: todos se reúnen y vienen a ti; tus
hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces verás esto
radiante de alegría; tu corazón se alegrará, y se ensanchará, cuando se
vuelquen sobre ti los tesoros del mar y traigan las riquezas de los pueblos. Te
inundará una multitud de camellos y dromedarios, procedentes de Madián y de
Efá. Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso y oro y proclamando las
alabanzas del Señor. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Salmo 71
R/. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Comunica, Señor, al rey tu juicio y tu justicia, al que es hijo de
reyes; así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres y regirá a tu pueblo
justamente. R/.
Florecerá en sus días la justicia y reinará la paz, era tras era. De
mar a mar se extenderá su reino y de un extremo al otro de la tierra. R/.
Los reyes de occidente y de las islas le ofrecerán sus dones. Ante él
se postrarán todos los reyes y todas las naciones. R/.
Al débil librará del poderoso y ayudará al que se encuentra sin amparo;
se apiadará del desvalido y pobre y salvará la vida al desdichado. R/.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los efesios (3, 2-3. 5-6)
Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios, que
se me ha confiado en favor de ustedes.
Por revelación se me dio a conocer este misterio, que no había sido
manifestado a los hombres en otros tiempos, pero que ha sido revelado ahora por
el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: es decir, que, por el Evangelio,
también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo
cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo. Palabra de Dios. R/. Te
alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
R/. Aleluya, aleluya.
Hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorar al Señor.
R/. Aleluya.
EVANGELIO
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (Mt 2, 1-12)
Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de
Oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los
judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a
adorarlo”.
Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con
él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les
preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de
Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres
en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti
saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran
el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén,
diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño, y cuando lo
encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.
Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la
estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo
encima de donde estaba el niño.
Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron
en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron.
Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y
mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a
su tierra por otro camino. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO
Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la
tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios,
Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la
misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los
hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue
crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al
tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha
del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su
reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que
procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma
adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es
una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el
perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del
mundo futuro.
Amén.
PLEGARIA UNIVERSAL
Oremos a Dios con un espíritu muy abierto al mundo entero.
Después de cada petición diremos: Escúchanos, Padre.
Por todos los cristianos, por todos los que sentimos la alegría de
creer en Jesús. Oremos.
Por los hombres y mujeres de buena voluntad que no han descubierto aún
el gozo de la fe. Oremos.
Por los países de misión, y para que cada vez sean más los sacerdotes y
religiosos, hijos de aquellas tierras. Oremos.
Por los niños y niñas que hoy viven esta fiesta llenos de alegría; por
los niños y niñas que sufren la pobreza o el abandono. Oremos.
Por las enfermeras y enfermeros y por los enfermos a quienes atienden.
Oremos.
Por cada uno de nosotros, por nuestras familias y nuestros amigos.
Oremos.
Escucha, Padre, nuestra oración, y derrama tú Espíritu en nuestros
corazones. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, Señor, con bondad los dones de tu Iglesia, que no consisten ya en
oro, incienso y mirra, sino en tu mismo Hijo, Jesucristo, que, bajo las
apariencias de pan y de vino, va a ofrecerse en sacrificio y a dársenos en
alimento, Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
PREFACIO DE LA EPIFANÍA
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y fuente de salvación
darte gracias y alabarte siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno. Porque hoy has revelado en Cristo, el misterio de
nuestra salvación, para iluminar con su luz a todos los pueblos; ya que, al
manifestarse tu Hijo en nuestra carne mortal, nos has restaurado con la gloria
de su inmortalidad.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros
celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Cfr. Mt 2, 2)
Hemos visto su estrella en el oriente y venimos con regalos a adorar al
Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que tu luz, Señor, nos guíe y nos acompañe siempre para que
comprendamos, cada día más, este sacramento en el que hemos participado y
podamos recibirlo con mayor amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
LA POSTRACIÓN DE LOS REYES MAGOS ES EL SIGNO DE QUIENES DEJAN DE LADO
SUS IDEAS Y DAN ESPACIO A DIOS (ÁNGELUS DEL 6 DE ENERO DE 2022)
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días, buena fiesta!
Hoy, solemnidad de la Epifanía, contemplamos el episodio de los magos,
que emprenden un largo y extenuante viaje para ir a adorar al «Rey de los
judíos». Los guía el signo prodigioso de una estrella, y cuando al final
llegaron a la meta, en lugar de encontrar algo prodigioso, ven a un niño con su
madre. Podrían haber protestado: “¿Todo un largo camino y tantos sacrificios
para ver a un niño pobre?”.
Y, sin embargo, no se escandalizan y no se sienten defraudados. No se
quejan. ¿Qué hacen? Se postran.
«Entraron en la casa —dice el Evangelio—; vieron al niño con su madre
María y, postrándose, le adoraron».
¡Pensemos en estos sabios que llegan de lejos, ricos, cultos y famosos,
y se postran, es decir, se inclinan hasta el suelo para adorar a un niño!
Parece una contradicción. Sorprende este gesto tan humilde de hombres tan
ilustres. Postrarse ante una autoridad que se presentaba con los signos del
poder y la gloria era normal en aquellos tiempos. E incluso hoy no sería
extraño. Pero frente al Niño de Belén no es fácil. No es fácil adorar a este
Dios, cuya divinidad permanece oculta y no parece triunfante. Significa acoger
la grandeza de Dios, que se manifiesta en la pequeñez: este es el mensaje. Los
magos se rebajan ante la inaudita lógica de Dios, acogen al Señor no como lo
imaginaban, sino como es, pequeño y pobre.
Su postración es el signo de quienes dejan de lado sus ideas y dan
espacio a Dios. Se requiere humildad para hacer esto.
El Evangelio insiste en esto: no dice solamente que los magos adoraron,
subraya que se postraron y adoraron. Tomemos esta indicación: la adoración va
junto con la postración. Al hacer este gesto, los magos demuestran que acogen
con humildad a Aquel que se presenta en la humildad. Y así se abren a la
adoración de Dios. Los cofres que abren son imagen de su corazón abierto: su
verdadera riqueza no consiste en la fama y el éxito, sino en la humildad, en el
hecho de considerarse necesitados de salvación. Y así es el ejemplo que nos dan
los magos, hoy.
Queridos hermanos y hermanas, si en la base de todo nos ponemos siempre
a nosotros con nuestras ideas y presumimos de tener algo de qué jactarnos ante
Dios, nunca lo encontraremos plenamente, no llegaremos a adorarlo. Si no caen
nuestras pretensiones y vanidades, nuestro pundonor y deseo de sobresalir, es
posible que acabemos adorando a alguien o algo en la vida, ¡pero no será al
Señor! Si, por el contrario, abandonamos nuestra pretensión de autosuficiencia,
si nos hacemos pequeños por dentro, redescubriremos el asombro de adorar a
Jesús. Porque la adoración pasa por la humildad de corazón: quien tiene el afán
de adelantar, no nota la presencia del Señor. Jesús pasa cerca y es ignorado,
como les sucedió a muchos en aquel tiempo, pero no a los magos.
Hermanos y hermanas, fijándonos en ellos, hoy nos preguntamos: ¿cómo
está mi humildad? ¿Estoy convencido de que el orgullo impide mi progreso
espiritual? Ese orgullo, manifiesto u oculto, que cubre siempre el impulso
hacia Dios. ¿Trabajo sobre mi docilidad, para estar disponible para Dios y los
demás, o estoy siempre centrado en mí mismo, en mis exigencias, con ese egoísmo
oculto que es la soberbia? ¿Sé dejar de lado mi punto de vista para abrazar el
de Dios y el de los demás? Y finalmente, ¿rezo y adoro solo cuando necesito
algo, o lo hago constantemente porque creo que siempre necesito a Jesús? Los
magos comenzaron el camino mirando una estrella y hallaron a Jesús. Caminaron
mucho. Hoy podemos seguir este consejo: mira la estrella y camina. Nunca dejes
de caminar, pero no olvides mirar la estrella. Este es el consejo de hoy,
fuerte: mira la estrella y camina, mira la estrella y camina.
Que la Virgen María, sierva del Señor, nos enseñe a redescubrir la
necesidad vital de la humildad y el ardiente deseo de la adoración. Nos enseñe
a mirar la estrella y a caminar.
Y os deseo a todos una feliz fiesta. Por favor, no os olvidéis de rezar
por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.
Papa Francisco
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