jueves, 31 de octubre de 2024
No confundir la “Santa Muerte” con fiesta de los fieles difuntos
Imágenes de la Santa Muerte en
mercado de Ciudad de México.
Foto: Wikipedia / Maurice
Marcellin (CC BY-SA 3.0)
Cercanos al día de los fieles
difuntos, algunas personas se preparan para celebrar a la llamada “Santa
Muerte”, en diversos lugares de Estados Unidos y México, como en Ciudad Juárez,
donde se ha incrementado el número de adeptos.
“Mucha gente nos critica, no les
gusta, pero no entienden que para nosotros (la ‘Santa Muerte’) es un santo,
solo que tiene un aspecto diferente al de ellos”, dijo al diario MX Josefina
Ramírez, encargada de uno de los “santuarios” donde la gente “rinde culto”.
“Cada día nos llega una persona
desconocida que comienza a creer en ella, cada vez vemos que vienen más y más,
está creciendo el número de gente que le es leal”, añadió.
La Santa Muerte es una falsa
devoción difundida en distintos lugares de México y otros países de América
Latina. Es representada con una calavera adornada, según el gusto personal de
los adeptos.
Narcotraficantes, delincuentes,
ex convictos o secuestradores se acercan a esta controvertida imagen para pedir
por el éxito de sus delitos. Este culto blasfemo también está vinculado a
prácticas de brujería.
En el 2012, integrantes de la
secta asesinaron en Sonora (México) a dos niños de 6 y 7 años, y una mujer de
55. Ambos murieron degollados como ritual de sacrificio dedicado a la “Santa
Muerte”.
Recientemente el vocero de la
Diócesis de Veracruz en México, P. Víctor Díaz, recordó que “la muerte no es
santa. Aquí no hay ninguna Santa Muerte porque Cristo ha venido a vencer la
muerte y al pecado, por eso nosotros debemos de celebrar el recuerdo de
nuestros fieles difuntos que están en la Gracia de Dios”.
La falsa “Santa Muerte” también
es conocida como San La Muerte, Señor de la Buena Muerte, Señor de la
Paciencia, San Justo Nuestro Señor de la Buena Muerte, Nuestro Señor de Dios y
la Muerte, San Esqueleto, Ayucaba, Señor que Todo Lo Puede, San Severo de la
Muerte o El Santito.
Fuente:
https://www.aciprensa.com/noticias/video-no-confundir-la-santa-muerte-con-fiesta-de-los-fieles-difuntos-44412/
Los Fieles Difuntos (2 de Noviembre)
Evangelio del 2 de noviembre Mateo 25, 31-46
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su
derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para
ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de
comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve
desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme’.
Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te
dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y
te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado
y te fuimos a ver?’ Y el Rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron
con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron’.
Entonces dirá también a los de su
izquierda: ‘Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el
diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer,
sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve
desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron’.
Entonces ellos le responderán:
‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo
o encarcelado y no te asistimos?’ Y él les replicará: ‘Yo les aseguro que,
cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo
hicieron conmigo’. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida
eterna".
Reflexión
La liturgia nos propone este
texto, donde nos enseña que la vida cristiana está cimentada en la caridad, y
nos invita a que trabajemos en esta área tan importante de nuestra vida, ya que
nuestro juicio finalmente será en base a la caridad.
Y esto no significa que las
prácticas religiosas o nuestro conocimiento bíblico o teológico no sean
importantes; por supuesto que lo son, pues deben ser un medio para que crezca
en nosotros la fe y, con ello, la caridad. Empecemos por cosas simples, por ejemplo,
visitar a los miembros de nuestra propia familia.
¿Hace cuánto que no visitas a tus
abuelos o tíos que están enfermos o necesitados? ¿Qué calidad de visita es la
que practicas con ellos: la clásica visita de doctor? Si no somos capaces de
vivir lo más sencillo, atendiendo a nuestra propia familia, qué difícil será
que lo hagamos por los demás. No olvidemos que en esto se está decidiendo
nuestra felicidad.
Santidad, comunión de los santos y su culto.
En la festividad de Todos los Santos
no sólo se presentan a la atención del mundo los santos canonizados, sino
también todos aquellos, y ciertamente son muchos, que han vivido con fidelidad,
entusiasmo y humildad su vida cristiana, según los valores del Evangelio,
cumpliendo la voluntad del Padre
Dios nos ha llamado a todos a la
santidad.
Ser santo no es tener una aureola
en la cabeza y hacer milagros, sino simplemente hacer las cosas ordinarias
extraordinariamente bien, con amor y por amor a Dios y al prójimo según su
capacidad y según su condición de vida:
parejas de esposos, jóvenes
llenos de vida y de valentía, niños despiertos y revoltosos, obreros,
oficinistas, maestros, enfermeros, médicos... En definitiva, todos los que han
vivido el compromiso del bautismo en todas las formas de vida.
Todos debemos luchar para
conseguirla, estando conscientes de que se nos van a presentar algunos
obstáculos como nuestra pasión dominante; el desánimo; el agobio del trabajo;
el pesimismo; la rutina y las omisiones.
¿Como alcanzar la santidad?
- Detectando el defecto dominante
y planteando metas para combatirlo a corto y largo plazo.
- Orando humildemente,
reconociendo que sin Dios no podemos hacer nada.
- Acercándonos a los sacramentos.
Comunión de los santos.
La comunión de los santos
significa que ellos participan activamente en la vida de la Iglesia, por el
testimonio de sus vidas, por la transmisión de sus escritos y por su oración.
Contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquellos que han quedado
en la tierra. La intercesión de los santos significa que ellos, al estar
íntimamente unidos con Cristo, pueden interceder por nosotros ante el Padre.
Esto ayuda mucho a nuestra debilidad humana.
Su intercesión es su más alto
servicio al plan de Dios.
Podemos y debemos rogarles que
intercedan por nosotros y por el mundo entero.
Aunque todos los días deberíamos
pedir la ayuda de los santos, es muy fácil que el ajetreo de la vida nos haga
olvidarlos y perdamos la oportunidad de recibir todas las gracias que ellos
pueden alcanzarnos. Por esto, la Iglesia ha querido que un día del año lo
dediquemos especialmente a rezar a los santos para pedir su intercesión. Este
día es el 1ro. de Noviembre.
Categorías de culto católico.
Los católicos distinguimos tres
categorías de culto:
- Latría o Adoración: Latría
viene del griego latreia, que quiere decir servicio a un amo, al señor
soberano. El culto de adoración es el culto interno y externo que se rinde sólo
a Dios.
- Dulía o Veneración: Dulía viene
del griego doulos que quiere decir servidor, servidumbre. La veneración se
tributa a los siervos de Dios, los ángeles y los bienaventurados, por razón de
la gracia eminente que han recibido de Dios. Este es el culto que se tributa a
los santos. Nos encomendamos a ellos porque creemos en la comunión y en la
intercesión de los santos, pero jamás los adoramos como a Dios. Tratamos sus
imágenes con respeto, al igual que lo haríamos con la fotografía de un ser
querido. No veneramos a la imagen, sino a lo que representa.
- Hiperdulía o Veneración
especial: Este culto lo reservamos para la Virgen María por ser superior
respecto a los santos. Con esto, reconocemos su dignidad como Madre de Dios e
intercesora nuestra. Manifestamos esta veneración con la oración e imitando sus
virtudes, pero no con la adoración
El decálogo del Día de Todos los Santos (1 Noviembre)
Diez ideas breves, sencillas y claves sobre el sentido y necesidad de la solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre)
El 1 de noviembre es la
solemnidad litúrgica de Todos los Santos, que prevalece sobre el domingo. Se
trata de un popular y bien sentida fiesta cristiana, que al evocar a quienes
nos han precedido en el camino de la fe y de la vida, gozan ya de la eterna bienaventuranza,
son ya -por así decirlo- ciudadanos de pleno derecho del cielo, la patria común
de toda la humanidad de todos los tiempos.
1.- El día de Todos los Santos
cuenta un milenio de popular y sentida historia y tradición en la vida de la
Iglesia. Fueron los monjes benedictinos de Cluny quienes expandieron esta
festividad,
2.- En este día celebramos a
todos aquellos cristianos que ya gozan de la visión de Dios, que ya están en el
cielo, hayan sido o no declarados santos o beatos por la Iglesia. De ahí, su
nombre: el día de Todos los Santos.
3.- Santo es aquel cristiano que, concluida su
existencia terrena, está ya en la presencia de Dios, ha recibido –con palabras
de San Pablo- “la corona de la gloria que no se marchita”.
4.- El santo, los santos son
siempre reflejos de la gloria y de la santidad de Dios. Son modelos para la
vida de los cristianos e intercesores de modo que a los santos se pide su ayuda
y su intercesión. Son así dignos y merecedores de culto de veneración.
5.- El día de Todos los Santos
incluye en su celebración y contenido a los santos populares y conocidos,
extraordinarios cristianos a quienes la Iglesia dedica en especial un día al
año.
6.- Pero el día de Todos los
Santos es, sobre todo, el día de los santos anónimos, tantos de ellos miembros
de nuestras familias, lugares y comunidades.
7.- El día de Todos los Santos es
igualmente una oportunidad para recordar la llamada universal a la santidad
presente en todos los cristianos desde el bautismo. Es ocasión para hacer
realidad en nosotros la llamada del Señor a que seamos perfectos- santos- como
Dios, nuestro Padre celestial, es perfecto, es santo.
Se trata de una llamada
apremiante a que vivamos todos nuestra vocación a la santidad según nuestros
propios estados de vida, de consagración y de servicio. En este tema insistió
mucho el Concilio Vaticano II. El capítulo V de su Constitución dogmática “Lumen
Gentium” lleva por título “Universal vocación a la santidad en la Iglesia”.
Y es que la santidad no es
patrimonio de algunos pocos privilegiados. Es el destino de todos, como fue,
como lo ha sido para esa multitud de santos anónimos a quienes hoy celebramos.
8.- La santidad cristiana
consiste en vivir y cumplir los mandamientos.
“El santo no es un ángel, es hombre en carne y hueso que sabe levantarse
y volver a caminar. El santo no se olvida del llanto de su hermano, ni piensa
que es más bueno subiéndose a un altar. Santo es el que vive su fe con alegría
y lucha cada día pues vive para amar”. (Canción de Cesáreo Gabaraín).
”El santo es aquel que está tan
fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán
progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a
renunciar a todo, también a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que
experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado del prójimo”.
(Benedicto XVI)
9.- La santidad se gana, se
logra, se consigue, con la ayuda de la gracia, en tierra, en el quehacer y el
compromiso de cada día, en el amor, en el servicio y en el perdón cotidianos.
“El afán de cada día labra y vislumbra el rostro de la eternidad”, escribió
certera y hermosamente Karl Rhaner. El cielo, sí, no puede esperar. Pero el
cielo –la santidad- solo se gana en la tierra.
10.- Por fin, el día de Todos los
Santos nos habla de que la vida humana no termina con la muerte sino que abre a
la luminosa vida de eternidad con Dios. El día de Todos los Santos es la
catequesis y celebración de los misterios de nuestra fe relativos al final de
la vida, los llamados “novísimos”: muerte, juicio, eternidad.
Y por ello, al día siguiente a la
fiesta de Todos los Santos, el 2 de noviembre, celebramos, conmemoramos a los
difuntos. Es día de oración y de recuerdo hacia ellos. Es día para saber vivir
la vida según el plan de Dios. Es día, como el día, en el que la piedad de
nuestro pueblo fiel visita los cementerios. Todo el mes de noviembre está
dedicado especialmente a los difuntos y a las ánimas del Purgatorio.
Jesús de las Heras Muela
(Director de ECCLESIA y de ECCLESIA DIGITAL)
Evangelio del 1 de noviembre 2024 Mateo 5, 1-12









