jueves, 3 de septiembre de 2026

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260906

 



Debemos vivir una fe encarnada en la humildad: una fe que no busca imponerse desde el orgullo, sino proponerse desde el amor, la fraternidad y la búsqueda constante del bien común.

 


La fe cristiana se fundamenta en la igualdad radical de todos los bautizados, sin jerarquías de valor ni complejos de superioridad espiritual. Aunque existan diferentes funciones, todos formamos un mismo cuerpo llamado a buscar el bien común y la unidad. La verdadera identidad católica exige una apertura universal y rechaza el encierro grupal o la polarización, promoviendo una ciudadanía constructiva. Por ello, el seguimiento del Evangelio es incompatible con el desprecio hacia quienes piensan distinto, exigiendo siempre la defensa de la dignidad humana y el respeto en la expresión de las propias creencias.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario