Antífona de entrada.
Dios mío, ten piedad de mí, pues sin cesar te invoco: Tú eres bueno y
clemente, y rico en misericordia con quien te invoca (Cfr. Sal 85, 3. 5).
Gloria.
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor,
Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que
quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del
mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú
Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
Oración colecta.
Dios de toda virtud, de quien procede todo lo que es bueno, infunde en
nuestros corazones el amor de tu nombre, y concede que, haciendo más religiosa
nuestra vida, hagas crecer el bien que hay en nosotros y lo conserves con
solicitud amorosa. Por nuestro Señor Jesucristo...
Monición:
Jeremías le reclama a Dios: primero me seduces para servirte y luego me
abandonas en las dificultades. El profeta continuará porque siente más fuerte
la voz que lleva dentro que lo sostiene. Escuchemos.
Primera Lectura (Jer 20, 7-9)
Del libro del profeta Jeremías
Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; fuiste más fuerte que yo y me
venciste. He sido el hazmerreír de todos; día tras día se burlan de mí. Desde
que comencé a hablar, he tenido que anunciar a gritos violencia y destrucción.
Por anunciar la palabra del Señor, me he convertido en objeto de oprobio y de
burla todo el día. He llegado a decirme: "Ya no me acordaré del Señor ni
hablaré más en su nombre". Pero había en mí como un fuego ardiente,
encerrado en mis huesos; yo me esforzaba por contenerlo y no podía.
Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial (Sal 62)
R. Señor, mi alma tiene sed de ti.
L. Señor, tú eres mi Dios, a ti te busco; de ti sedienta está mi alma.
Señor, todo mi ser te añora, como el suelo reseco añora el agua. / R.
L. Para admirar tu gloria y tu poder, con este afán te busco en tu
santuario. Pues mejor es tu amor que la existencia; siempre, Señor, te alabarán
mis labios. / R.
L. Podré así bendecirte mientras viva y levantar en oración mis manos.
De lo mejor se saciará mi alma; te alabaré con jubilosos labios. / R.
L. Porque fuiste mi auxilio y a tu sombra, Señor, canto con gozo. A ti
se adhiere mi alma y tu diestra me da seguro apoyo. / R.
Monición:
San Pablo nos pide que el culto que se debe presentar a Dios es una vida santa
y agradable y para lograr este objetivo pide que "no se dejen transformar
por los criterios de este mundo". Escuchemos.
Segunda Lectura (Rom 12, 1-2)
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos
Hermanos: Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los exhorto
a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a
Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por
los criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los
transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios,
es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
(Cfr. Ef 1, 17-18)
R. Aleluya, aleluya. Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine
nuestras mentes, para que podamos comprender cuál es la esperanza que nos da su
llamamiento.
R. Aleluya, aleluya.
Monición:
Jesús les anuncia a sus discípulos que van a Jerusalén y que allí padecerá,
morirá y resucitará al tercer día. Para seguir a Jesús nos pide renunciar a sí
mismos y tomar nuestra cruz. Escuchemos.
Evangelio (Mt 16, 21-27)
Del santo Evangelio según san Mateo
A. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía
que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los
sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y
resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: "No lo
permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti". Pero Jesús se volvió a
Pedro y le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás, y no
intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de
Dios, sino el de los hombres! “
Luego Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir conmigo,
que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar
su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué
le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿y qué podrá dar uno a
cambio para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre,
en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus
obras".
Palabra del Señor.
A. Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO
Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la
tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios,
Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la
misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los
hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue
crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al
tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha
del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino
no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede
del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y
gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa,
católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los
pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Sacerdote: Pidamos, hermanos, al Señor para que escuche las súplicas de
su pueblo. Oremos diciendo:
TODOS: Escucha, Señor, nuestra oración.
1. Tengamos presente,
hermanos, en nuestras oraciones a la Iglesia santa, católica y apostólica, para
que el Señor la haga crecer en la fe, la esperanza y la caridad. Roguemos al
Señor.
2. Oremos también por los
pecadores, por los encarcelados, por los enfermos y por los que están lejos de
sus hogares, para que el Señor los proteja, los libere, les devuelva la salud y
los consuele. Roguemos al Señor.
3. Oremos también por las
almas de todos los difuntos, para que Dios, en su bondad, los admita en el coro
de los santos y de los elegidos. Roguemos al Señor.
4. Pidamos también por los
que celebramos la Eucaristía, para que el Señor perdone las culpas de los que
vamos a participar de sus sacramentos y dé la salvación a todos aquellos por
los que ofrecemos nuestro sacrificio. Roguemos al Señor.
Sacerdote: Escucha, Señor, las oraciones de tu pueblo y renuévanos con
tu Espíritu de verdad, para que nunca nos dejemos engañar por las seducciones
del mundo y sepamos discernir lo bueno, lo que te agrada, lo perfecto, y
carguemos con la cruz, acompañando a Cristo, nuestra esperanza. Él, que vive y
reina por los siglos de los siglos.
TODOS: Amén.
Oración sobre las ofrendas.
Que esta ofrenda sagrada, Señor, nos traiga siempre tu bendición
salvadora, para que dé fruto en nosotros lo que realiza el misterio. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
La creación alaba al Señor
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno. Porque creaste el universo con todo cuanto contiene; determinaste el
ciclo de las estaciones; pero formaste al hombre a tu imagen y semejanza y lo
hiciste dueño de un mundo portentoso, para que en tu nombre dominara la
creación entera y, al contemplar la grandeza de tus obras, en todo momento te
alabara, por Cristo, Señor nuestro. A quien cantan los cielos y la tierra, los
ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo...
Antífona de la comunión.
Qué grande es tu bondad, Señor, que tienes reservada para tus fieles
(Sal 30, 20).
Oración después de la comunión.
Saciados con el pan de esta mesa celestial, te suplicamos, Señor, que
este alimento de caridad fortalezca nuestros corazones, para que nos animemos a
servirte en nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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