Antes de su pasión, Jesús eligió a sus discípulos y los llamó
apóstoles, destacando a Pedro como representante de toda la Iglesia. A Pedro se
le entregaron las llaves del reino de los cielos, símbolo de la autoridad que
también pertenece a la Iglesia en su conjunto. Jesús, al darle esta
responsabilidad, significaba la unidad y universalidad de la Iglesia a través
de Pedro. Además, el Señor confirió a todos los apóstoles el poder de perdonar
pecados a través del Espíritu Santo. Después de la resurrección, Jesús
encomienda a Pedro el cuidado de sus ovejas, simbolizando la dirección de la
Iglesia. La triple afirmación de amor de Pedro contrarresta sus tres
negaciones, resaltando su papel fundamental pese a sus debilidades.
Cfr. San Agustín [354-430]. Sermones

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