En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo les aseguro que
si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo; pero si
muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se
aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, para que donde yo esté, también
esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre".
Reflexión
El texto nos invita a contemplar una profunda paradoja espiritual: la
verdadera vida y la fecundidad solo nacen a través de la entrega.
La transformación del grano: Así como una semilla necesita perder su
forma individual y "morir" bajo la tierra para dar origen a una
espiga llena de frutos, nuestra vida humana y espiritual requiere de la
renuncia al egoísmo para alcanzar su plenitud.
El sentido del servicio: Jesús nos enseña que el amor propio desmedido
nos aisla y empobrece, mientras que el desprendimiento y la entrega a los demás
—siguiendo sus pasos— abren el camino hacia la vida eterna y la verdadera
dignidad.
"El que quiera servirme que me siga... El que me sirve será
honrado por mi Padre."

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