III DOMINGO DE PASCUA
Domingo 19 de Abril 2026
ANTÍFONA DE ENTRADA.
Aclama a Dios, tierra entera. Canten todo un himno a su nombre, denle
gracias y alábenlo. Aleluya (Cfr. Sal 65, 1-2).
GLORIA
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor,
Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que
quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del
mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú
Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
ORACIÓN COLECTA.
Dios nuestro, que tu pueblo se regocije siempre al verse renovado y
rejuvenecido, para que, al alegrarse hoy por haber recobrado la dignidad de su
adopción filial, aguarde seguro con gozosa esperanza el día de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Monición: En la primera lectura san Pedro nos
presenta el misterio central de la vida de Cristo, fue entregado a la muerte,
ha resucitado y afirma ante el pueblo, "de esto nosotros somos
testigos". Escuchemos.
PRIMERA LECTURA. (Hech 2, 14. 22-33)
Del libro de los Hechos de los Apóstoles
El día de Pentecostés, se presentó Pedro, junto con los Once, ante la
multitud, y levantando la voz, dijo: "Israelitas, escúchenme. Jesús de
Nazaret fue un hombre acreditado por Dios ante ustedes, mediante los milagros,
prodigios y señales que Dios realizó por medio de él y que ustedes bien
conocen. Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, Jesús fue entregado,
y ustedes utilizaron a los paganos para clavarlo en la cruz.
Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, ya que no
era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio. En efecto, David dice,
refiriéndose a él: Yo veía constantemente al Señor delante de mí, puesto que él
está a mi lado para que yo no tropiece. Por eso se alegra mi corazón y mi
lengua se alboroza; por eso también mi cuerpo vivirá en la esperanza, porque
tú, Señor, no me abandonarás a la muerte, ni dejarás que tu santo sufra la
corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida y me saciarás de gozo en tu
presencia.
Hermanos, que me sea permitido hablarles con toda claridad. El
patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro se conserva entre nosotros
hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios le había prometido
con juramento que un descendiente suyo ocuparía su trono, con visión profética
habló de la resurrección de Cristo, el cual no fue abandonado a la muerte ni
sufrió la corrupción.
Pues bien, a este Jesús, Dios lo resucitó, y de ello todos nosotros
somos testigos. Llevado a los cielos por el poder de Dios, recibió del Padre el
Espíritu Santo prometido a él y lo ha comunicado, como ustedes lo están viendo
y oyendo". Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL. (Sal 15)
R. Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.
L. Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio. Yo siempre he dicho que
tú eres mi Señor. El Señor es la parte que me ha tocado en herencia: mi vida
está en sus manos. / R.
L. Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye
internamente. Tengo siempre presente al Señor y con él a mi lado, jamás
tropezaré. / R.
L. Por eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo vivirá
tranquilo, porque tú no me abandonarás a la muerte ni dejarás que sufra yo la
corrupción. / R.
L. Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia y de
alegría perpetua junto a ti. / R.
Monición:
San Pedro, en la segunda lectura, pide a la comunidad fidelidad a Cristo en su
peregrinar por la tierra, llevando una vida nueva como respuesta al rescate
pagado por la preciosa sangre de Cristo. Escuchemos.
SEGUNDA LECTURA. (1 Pedro 1, 17-21)
De la primera carta del apóstol san Pedro
Hermanos: Puesto que ustedes llaman Padre a Dios, que juzga
imparcialmente la conducta de cada uno según sus obras, vivan siempre con temor
filial durante su peregrinar por la tierra.
Bien saben ustedes que de su estéril manera de vivir, heredada de sus
padres, los ha rescatado Dios, no con bienes efímeros, como el oro y la plata,
sino con la sangre preciosa de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha, al
cual Dios había elegido desde antes de la creación del mundo y, por amor a
ustedes, lo ha manifestado en estos tiempos, que son los últimos. Por Cristo,
ustedes creen en Dios, quien lo resucitó de entre los muertos y lo llenó de
gloria, a fin de que la fe de ustedes sea también esperanza en Dios. Palabra de
Dios. A. Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO. (Cfr. LC 24, 32)
R. Aleluya, aleluya. Señor Jesús, haz que comprendamos las Escrituras.
Enciende nuestro corazón mientras nos hablas. R. Aleluya, aleluya.
Monición: A los discípulos de Emaús, que regresaban
tristes a casa después de la crucifixión de Cristo, se les abrieron los ojos
cuando vieron al "desconocido" tomar el pan, pronunciar la bendición,
partirlo y dárselo. Escuchemos.
EVANGELIO. (LC 24, 13-35)
Del santo Evangelio según san Lucas A. Gloria a ti, Señor.
El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un
pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban
todo lo que había sucedido.
Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a
caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo
reconocieron. Él les preguntó: "¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos
de tristeza?".
Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¿Eres tú el único
forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?". Él les
preguntó: "¿Qué cosa?". Ellos le respondieron: "Lo de Jesús el
nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante
todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para
que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera
el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas
cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han
desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y
llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que
estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo
como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron".
Entonces Jesús les dijo: "¡Qué insensatos son ustedes y qué duros
de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era
necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?".
Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos
los pasajes de la Escritura que se referían a él.
Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más
lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque
ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos.
Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se
lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les
desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón
ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!"
Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde
encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron:
"De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón".
Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían
reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor.
A. Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO de los Apóstoles
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y
gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder
de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los
infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y
está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a
juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la
carne y la vida eterna.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL.
Sacerdote: Invoquemos, amados hermanos, a Cristo, triunfador del pecado
y de la muerte, que siempre intercede por nosotros, y digámosle:
TODOS: Dador de la vida, escúchanos.
I. Para que Cristo, el Señor, atraiga hacia sí el corazón de los fieles
y fortalezca sus voluntades, de manera que busquen los bienes de allá arriba,
donde Él está sentado a la derecha de Dios. Roguemos al Señor.
2. Para que Cristo, amo
supremo de la creación, haga que todos los pueblos gocen abundantemente de la
paz que en sus apariciones otorgó a los discípulos. Roguemos al Señor.
3. Para que Cristo, el
destructor de la muerte y el médico de toda enfermedad, se compadezca de los
débiles y aleje del mundo el hambre, las guerras y todos los males. Roguemos al
Señor.
4. Para que Cristo bendiga
nuestra parroquia (comunidad), y conceda la paz, la alegría y el descanso a los
que hoy nos hemos reunido aquí para celebrar su triunfo. Roguemos al Señor.
Intenciones de la Iglesia local.
Sacerdote: Dios nuestro, que en este día has reunido a tu Iglesia que
peregrina por el mundo, escucha nuestra oración y abre nuestros corazones para
que entendamos las Escrituras y reconozcamos a tu Hijo al partir el pan. Él,
que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos. TODOS:
Amén.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.
Recibe, Señor, los dones que, jubilosa, tu Iglesia te presenta, y
puesto que es a ti a quien debe su alegría, concédele también disfrutar de la
felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
El Misterio Pascual
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca (en esta noche) (en este día)
(en este tiempo), en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado. Porque él es el
verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra
muerte, y resucitando, restauró la vida. Por eso, con esta efusión del gozo
pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros
celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu
gloria: Santo, Santo, Santo...
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN.
Los discípulos reconocieron al Señor Jesús, al partir el pan. Aleluya
(LC 24, 35).
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.
Dirige, Señor, tu mirada compasiva sobre tu pueblo, al que te has
dignado renovar con estos misterios de vida eterna, y concédele llegar un día a
la gloria incorruptible de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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