lunes, 19 de enero de 2026

Evangelio del 20 de enero 2026 Marcos 2, 23-28

 


Un sábado, Jesús iba caminando entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le preguntaron: "¿Por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?"

Él les respondió: "¿No han leído acaso lo que hizo David una vez que tuvo necesidad y padecían hambre él y sus compañeros? Entró en la casa de Dios, en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo podían comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros".

Luego añadió Jesús: "El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado".

Reflexión

Los fariseos cuestionan a Jesús porque, según su interpretación de la Ley (la Torá), arrancar espigas se consideraba un trabajo de cosecha, algo prohibido en el día de descanso.

Partiendo de la prioridad de la persona Jesús se proclama como el "Señor del sábado", reclamando el derecho de interpretar el verdadero sentido de la voluntad de Dios.

El ideal cristiano no se impone por la fuerza ni por la rigidez de la norma, sino que busca el bienestar integral del ser humano.

La religión no debe ser una carga pesada o una "coacción", sino una herramienta que sirva para que las personas descansen, se encuentren con Dios y vivan con dignidad.

Jesús misericordioso enseña que la necesidad humana (el hambre de los discípulos) está por encima de una interpretación rígida de la ley ritual.

 

Evangelio del 19 de Enero 2026 Marcos 2, 18-22

 



En una ocasión en que los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos ayunaban, algunos de ellos se acercaron a Jesús y le preguntaron: "¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, y los tuyos no?"

Jesús les contestó: "¿Cómo van a ayunar los invitados a una boda, mientras el novio está con ellos? Mientras está con ellos el novio, no pueden ayunar. Pero llegará el día en que el novio les será quitado y entonces sí ayunarán.

Nadie le pone un parche de tela nueva a un vestido viejo, porque el remiendo encoge y rompe la tela vieja y se hace peor la rotura. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, se perdería el vino y se echarían a perder los odres. A vino nuevo, odres nuevos".

 

Reflexión

 

El pasaje comienza con una pregunta sobre el ayuno. Jesús responde que mientras el "esposo" está presente, no es tiempo de tristeza sino de celebración.

La fe cristiana no nace del cumplimiento de reglas externas o sacrificios por obligación, sino del encuentro personal con Jesús. La vida con Dios es, en su esencia, un banquete y una fiesta.

Jesús usa la metáfora del paño nuevo en un vestido viejo. Si intentas arreglar un sistema antiguo y desgastado con una pieza de vitalidad nueva, la tensión terminará por romperlo todo.

Jesús vino a traer una realidad totalmente nueva. No podemos vivir el Evangelio con una mentalidad cerrada o legalista.

Para recibir la gracia de Dios y las sorpresas del Espíritu, necesitamos un corazón flexible. Si nos aferramos excesivamente a "como siempre se han hecho las cosas", corremos el riesgo de perder tanto la tradición como la novedad de Dios.

 

Este texto es una invitación a la metanoia (conversión o cambio de mente). Nos pregunta: ¿Somos odres viejos, endurecidos por la rutina, o estamos dispuestos a renovarnos para que el "vino nuevo" de Jesús transforme nuestra vida?

viernes, 16 de enero de 2026

«Señor, ten misericordia, sáname, porque he pecado contra ti.»


 

Evangelio del 17 de enero 2026 Marcos 2, 13-17

 



En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a caminar por la orilla del lago; toda la muchedumbre lo seguía y él les hablaba. Al pasar, vio a Leví (Mateo), el hijo del Alfeo, sentado en el banco de los impuestos, y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y lo siguió.

Mientras Jesús estaba a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa junto con Jesús y sus discípulos, porque eran muchos los que lo seguían. Entonces unos escribas de la secta de los fariseos, viéndolo comer con los pecadores y publicanos, preguntaron a sus discípulos: "¿Por qué su maestro come y bebe en compañía de publicanos y pecadores?"

Habiendo oído esto, Jesús les dijo: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido para llamar a los justos, sino a los pecadores".

 

Reflexión

 

1. La mirada que dignifica

Jesús no ve a un "recaudador de impuestos" (alguien odiado y considerado traidor en su época); ve a una persona con sed de cambio. Mientras la sociedad etiqueta y excluye, Jesús llama por su nombre. La reflexión aquí es: ¿Cómo miramos nosotros a los demás? ¿Desde el prejuicio o desde la posibilidad de su transformación?

 

2. La mesa como lugar de encuentro

Comer con alguien en el contexto bíblico significaba comunión y aceptación total. Al sentarse a la mesa con los "marginados espirituales", Jesús rompe las barreras de la pureza ritual. Nos enseña que la fe no es un club de privilegiados, sino un espacio abierto donde la acogida es el primer paso para la sanación.

 

3. La misión del "Médico"

La frase final es el núcleo del texto: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos". Jesús define su misión no como un juez que dicta sentencia, sino como un médico que busca restaurar.

 

Nos invita a reconocer nuestra propia "enfermedad" (fragilidad, errores) para poder ser curados.

 

Nos desafía a no ser como los escribas que critican desde la distancia, sino a involucrarnos en el bienestar del prójimo.

 

En resumen: Este texto nos invita a la misericordia sobre el juicio. Nos recuerda que nadie está tan lejos de Dios como para no ser llamado, y nadie está tan "sano" como para no necesitar de Su amor.

jueves, 15 de enero de 2026

El profeta Isaías nos recuerda de la misión que Dios entrega a cada bautizado. UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260118

 

La experiencia de los creyentes que viven demasiado seguros de sus creencias se convierte en ocasiones en un peligro para la convivencia social. La superioridad moral o religiosa de quienes juzgan que su camino religioso es muy superior al de los otros, puede convertirse en fanatismo y violencia. Desafortunadamente hemos conocido ejemplos recientes, no sólo por parte de fanáticos religiosos, sino también de políticos que alegan la supremacía de una raza o una cultura sobre otra. La mirada del profeta (Isaías 49, 3, 5-6) no se asemeja a tales discursos. El Siervo del Señor tiene una misión amistosa e incluyente: invitar a todos los pueblos a la salvación. No se trata de imponer, sino de proponer un camino de salvación para las personas bien dispuestas. Estamos urgidos de vivir la fe con una actitud más dialogal. Quienes no consiguen comprender las exigencias evangélicas, no pueden ser forzados a vivir conforme a lo que a los cristianos nos parece tan claro y natural.

 

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260118



 

«Lo sabéis muy bien, que Juan el Bautista, cuanto más preclaro era entre los nacidos de mujer y cuanto más débil para conocer al Señor, tanto más mereció ser amigo del Novio, celoso del Novio, no de sí mismo, pues buscaba no su honor, sino el de su juez, a quien precedía como heraldo. Así pues, se concedió a los profetas precedentes predecir el futuro sobre Cristo; a él, en cambio, indicarlo con su dedo. En efecto, como ignoraban a Cristo quienes, antes que viniera, no creyeron a los profetas, así, incluso presente, lo ignoraban. En efecto, primero vino humildemente y oculto, tanto más oculto cuanto más humilde. Por su parte, las gentes que por su soberbia despreciaron la condición baja de Dios, crucificaron a su Salvador y lo convirtieron en su condenador. Pero quien primeramente vino oculto porque vino humilde, ¿acaso no va a venir después manifiesto, porque vendrá excelso? Acabáis de oír el salmo: viene nuestro Dios y no se callará (Sal 50, 3). Calló para ser juzgado, no callará cuando empiece a jugar. No se diría: Viene manifiesto, si primeramente no hubiese venido oculto; ni se diría: No se callará, sino porque primeramente calló. ¿Cómo calló? Interroga a Isaías: Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca. ¿Cómo? Delante de él, un fuego que devora, en torno a él, violenta tempestad. Esa tempestad tiene que retirar de la era toda la paja que ahora se trilla, y el fuego, quemar lo que la tempestad se haya llevado. Ahora, en cambio, se calla; calla en cuanto al juicio, pero no en cuanto al precepto» (San Agustín (453-430). Evangelio de Juan. Tratado 4, 1-2).

RAÍCES DE NUSTRA FE 18 de enero 2026


Contexto histórico de los Padres de la Iglesia (primera parte). En el año 70 d.C.Tlto, después emperador de Roma destruyó Jerusalén. El Templo fue derribado y jamás se levantaría. Este episodio quedaría para siempre registrado en los anales de la historia y marcará el fin del judaísmo político. La Iglesia se dispersa, sobre todo se dirige al Asia Menor, en donde se forman pequeñas comunidades seguidoras de las enseñanzas de Jesús. La separación con el judaísmo se va haciendo cada vez más evidente, por ejemplo, los cristianos ya no observan el sábado, sino el «Día del Señor» (Dominus Dei o Domingo). Por otra parte, en las regiones dominadas por el Imperio Romano, en un principio y de manera providencial, el cristianismo pudo extenderse sin mayores dificultades debido a la tolerancia y la libertad religiosa de la cultura romana. Por los años 70 los Apóstoles habían desaparecido ya casi todos (según la tradición cristiana, sólo san Juan vivía), dejando a las comunidades fundadas por ellos, la responsabilidad de mantener íntegra la fe recibida y vivir auténticamente el compromiso que deriva de ella. Las comunidades abrazaban la fe con gran fervor y entusiasmo religioso, pero no faltaban los problemas internos causados por los errores y discordias internas. Para responder a los peligros de desviaciones de doctrina se hace necesario exhortar al orden a los cristianos y sobre todo dar una organización más precisa a las comunidades. Es cuando nacen los Santos Padres. Los primeros fueron formados por los mismos Apóstoles, por ello son llamados «Padres Apostólicos».