miércoles, 26 de marzo de 2025

Evangelio del 27 de marzo 2025 Lucas 11, 14-23

 



 

En aquel tiempo, Jesús expulsó a un demonio, que era mudo. Apenas salió el demonio, habló el mudo y la multitud quedó maravillada. Pero algunos decían: «Éste expulsa a los demonios con el poder de Satanás, el príncipe de los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.
 
Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: «Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios por el poder de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.
 
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama».
 
Reflexión
 
La manifestación definitiva de la victoria del Reino y de Jesús es el hecho de que el demonio no tiene ya poder sobre el mundo y la humanidad.
 
Sin embargo, esto no ocurrirá totalmente sino hasta el final de los tiempos, cuando, como dice San Pablo, todo incluyendo la muerte, será puesto bajo los pies de Jesús. Mientras tanto, nos acogemos al poder salvífico de Jesús que obra en la medida que "estamos con él", en la medida en que nos sentimos necesitados. Sabemos que de manera ordinaria el demonio sólo opera en el ámbito de la tentación. Jesús es quien tiene el poder para ayudarnos a vencer nuestras tentaciones, por eso el tiempo de la cuaresma es un tiempo privilegiado para crecer en nuestra relación con Dios mediante la oración.
 
En la medida en que "estamos" más con Jesús, el demonio tiene menos oportunidad de destruirnos. Aprovechemos nuestra cuaresma incrementando el tiempo que dedicamos a nuestra oración personal.

martes, 25 de marzo de 2025

10 Errores que podrías estar cometiendo en Misa

Evangelio del 26 de marzo 2025 Mateo 5, 17-19



 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.
 
Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos».
 
Reflexión
 
Con estas palabras nos enseña Jesús dos cosas. Primero, que el Antiguo Testamento forma parte auténtica de la revelación de Dios y segundo, que no hay mandamientos pequeños o enseñanzas banales en la Escritura.
 
Cierto que el Antiguo Testamento, por haber sido escrito en un tiempo y cultura lejanos a nosotros, no siempre es fácil de entender. Sin embargo, esto no quiere decir que no debemos buscar en él la voluntad de Dios. Por otro lado, es cierto que no todo lo que entendemos, incluso del Nuevo Testamento, es fácil de cumplir. Requiere, ante todo, de la firme convicción de que esto es lo que Dios quiere, y que como tal, debemos de respetarlo y actuar como él nos lo propone.
 
Es importante tenerlo en mente, pues, en esta confusión moral e incluso teológica, no faltan las opiniones sobre algunos aspectos de la Escritura, que no se toman en cuenta y son causa de dolor y de malestar para nosotros mismos y para la sociedad. Estemos siempre atentos, tengamos como fuente de sabiduría la Palabra de Dios, y como fuente de conocimiento e interpretación el "Magisterio Ordinario de la Iglesia". 

lunes, 24 de marzo de 2025

Evangelio del 25 de marzo 2025 Lucas 1, 26-38

  


En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.
 
Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.
 
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin».
 
María le dijo entonces al ángel: «¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?» El ángel le contestó: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios». María contestó: «Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho». Y el ángel se retiró de su presencia.
 
Reflexión
 
Uno de los valores más exquisitos que permiten que el Reino de los cielos se instaure es la disponibilidad. La vida no es siempre fácil y nuestros proyectos, en muchas ocasiones, se ven modificados incluso drásticamente.
 
Creo sinceramente que María tendría otros planes para su matrimonio, sin embargo, se presenta siempre disponible a la voluntad y a la acción de Dios en su vida. Y esto es precisamente lo que hace que el Reino de los cielos se haga una realidad. El Sí disponible de María une el cielo con la tierra.
 
Busquemos, no sólo hoy, sino toda nuestra vida, poner buena cara a los cambios que Dios va realizando en nuestra vida, teniendo presente que esta disponibilidad hará de nosotros un instrumento valioso para que el Reino se realice en nuestras familias y en nuestra sociedad.

domingo, 23 de marzo de 2025

Evangelio del 24 de marzo 2025 Lucas 4, 24-30

 


En aquel tiempo, Jesús llegó a Nazaret, entró a la sinagoga y dijo al pueblo: «Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, que era de Siria».
 
Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta una barranca del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí.
 
Reflexión
 
La historia se repite, quizás, la diferencia sea que hoy la manera en que se rechaza al profeta es diferente. Hoy ya no se les busca para matarlos, simplemente se les ignora.
 
Pensemos en cuántas veces hemos escuchado a Jesús en la Misa, en un retiro, en una conversación y, cuántas veces hemos hecho caso omiso de sus palabras. ¿Cuántas veces nos ha mandado diferentes profetas en la persona de nuestros padres, maestros, amigos, sacerdotes, buscando un cambio en nuestra vida, buscando nuestra conversión y nosotros simplemente hemos dejado que la palabra o el consejo entre por un oído y salga por otro?
 
Ciertamente nosotros no hemos despeñado a Jesús desde la barranca, pero ¿cuántos de nosotros lo tenemos silenciado dentro de un cajón o lleno de polvo en un librero? La Cuaresma nos invita a abrir no sólo nuestro corazón, sino toda nuestra vida al mensaje de los profetas, al mensaje de Cristo, a su Evangelio y a su amor. No desaprovechemos esta oportunidad.

viernes, 21 de marzo de 2025

¿Qué te impide entrar en la Casa del Padre para la fiesta de la reconciliación y del reencuentro?

 


La metáfora de la "Casa del Padre" y la "fiesta de la reconciliación y del reencuentro" tiene un trasfondo espiritual muy profundo, evocando ideas de amor, perdón y acogida.
Desde el punto de vista humano, podríamos pensar que lo que puede impedir a alguien entrar en esa "fiesta" podría ser el miedo, la culpa, el orgullo o incluso el no sentirse digno. Pero justamente, esa invitación se basa en la gracia y en la aceptación, dejando atrás cualquier barrera.
Con el sacramento de la reconciliación se obtiene el perdón divino por los pecados que cometidos. Jesús ha dicho, “no he venido a llamar a justos, sino a pecadores” Marcos 2:17
Dios nos espera con los brazos abiertos.

Evangelio del 22 de marzo 2025 Lucas 15, 1-3. 11-32



En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: «Este recibe a los pecadores y come con ellos».
 
Jesús les dijo entonces esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca’. Y él les repartió los bienes.
 
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre, y el muchacho empezó a padecer necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no dejaban que se las comiera.
 
Se puso entonces a reflexionar y se dijo: '¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo aquí me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores'.
 
Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos cuando su padre lo vio, y se enterneció profundamente. Corrió hacia él y, echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: 'Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo'.
 
Pero el padre dijo a sus criados: '¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado'. Y empezó el banquete.
 
El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Este le contestó: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberle recobrado sano y salvo'. El hermano mayor se enojó y no quería entrar. Salió entonces el padre y le rogó que entrara, pero él replicó: '¡Hace tanto tiempo que te sirvo sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo'.
 
El padre repuso: 'Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado'».
 
Reflexión
 
Viendo al padre de la parábola descubrimos a un Dios amoroso que, como dice la Sagrada Escritura, "no lleva cuentas del mal" y que no se resigna a que ninguno de nosotros nos perdamos. Está siempre esperando que la vida nos haga ver, que lejos de su amor, de su cariño y de su casa todo será ruina, muerte y destrucción. Pero no es sino hasta que vivimos la experiencia destructiva que sufrió el hijo de este hombre, que nos hacemos conscientes de nuestra realidad y de que sin Dios no podremos ser nunca felices, es cuando nos decidimos a confesarnos y a regresar al estado de gracia. Es por ello necesario valorar la vida de la gracia y todas las bendiciones que el hombre tiene cuando vive al amparo de su Padre del cielo.