En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: "¡Ay de
ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros
blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de
huesos y podredumbre! Así también ustedes: por fuera parecen justos, pero por
dentro están llenos de hipocresía y de maldad. ¡Ay de ustedes, escribas y
fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los profetas y adornan
las tumbas de los justos, y dicen: 'Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros
padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de los
profetas'! Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de
los profetas. ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!"
Reflexión
Este texto es un llamado a la autenticidad y a la coherencia. Nos
recuerda que la vida auténtica no se sostiene en aplausos ajenos ni en títulos
externos, sino en la sinceridad de un corazón dispuesto a dejarse sanar desde
adentro. Al final, lo que verdaderamente cuenta ante Dios y ante los demás no
es la perfección que proyectamos, sino la honestidad con la que reconocemos
nuestras fragilidades y buscamos renovarnos cada día.

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