domingo, 19 de julio de 2026

Evangelio del 20 de julio 2026 Mateo 12, 38-42

 



En aquel tiempo, le dijeron a Jesús algunos escribas y fariseos: "Maestro, queremos verte hacer una señal prodigiosa". Él les respondió: "Esta gente malvada e infiel está reclamando una señal, pero la única señal que se le dará será la del profeta Jonás. Pues de la misma manera que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre de la ballena, así también el Hijo del hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra.

Los habitantes de Nínive se levantarán el día del juicio contra esta gente y la condenarán, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay alguien más grande que Jonás.

La reina del Sur se levantará el día del juicio contra esta gente y la condenará, porque ella vino de los últimos rincones de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien más grande que Salomón".

Reflexión

Este pasaje nos invita a preguntarnos si buscamos a Dios con un corazón sincero o si solo creemos cuando obtenemos pruebas extraordinarias. Los escribas y fariseos pedían un milagro más, pero Jesús les recuerda que la verdadera señal es su propia persona, su muerte y su resurrección, prefiguradas en la experiencia del profeta Jonás.

También pone como ejemplo a los habitantes de Nínive y a la reina del Sur, quienes supieron reconocer la voz de Dios y responder con humildad. Ellos acogieron la verdad con fe, mientras que quienes tenían a Jesús delante permanecían cerrados por la incredulidad.

Para nuestro tiempo, este Evangelio nos invita a descubrir las señales de Dios en la vida cotidiana: en su Palabra, en la Eucaristía, en el testimonio de personas que viven el amor, el perdón y la justicia. La fe madura no depende de milagros espectaculares, sino de un corazón dispuesto a escuchar, convertirse y seguir a Cristo, que sigue siendo la mayor señal del amor de Dios para la humanidad.

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