El Concilio de Éfeso, celebrado entre el 22 de junio y el 16 de julio del año 431, fue el tercero de los siete primeros concilios ecuménicos y tuvo lugar en la antigua ciudad griega de Éfeso (actual Turquía).
Sus decisiones más relevantes fueron:
Definición de María como Theotokos (Madre de Dios): se proclamó que María es verdaderamente Madre de Dios porque dio a luz a Jesucristo, quien es plenamente Dios y plenamente hombre en una sola persona.
Condena de Nestorio: se rechazaron sus enseñanzas por dividir a Cristo
en dos personas distintas, lo que se consideró contrario a la fe cristiana.
Reafirmación de la unión hipostática: se confirmó que Jesús posee dos
naturalezas —divina y humana— unidas inseparablemente en una sola persona.
Importancia:
El Concilio consolidó la doctrina cristológica y mariana, subrayando la
unidad de Cristo y el papel central de María en la fe. Su definición de
Theotokos marcó un hito teológico que influyó profundamente en la
espiritualidad cristiana tanto oriental como occidental.

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