domingo, 22 de marzo de 2026

Evangelio del 23 de marzo 2026 Juan 8, 1-11

 



En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos y al amanecer se presentó de nuevo en el templo, donde la multitud se le acercaba; y él, sentado entre ellos, les enseñaba.

Entonces los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola frente a él, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a esas mujeres. ¿Tú qué dices?»

Le preguntaban esto para ponerle una trampa y poder acusarlo. Pero Jesús se agachó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Pero como insistían en su pregunta, se incorporó y les dijo: «Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra». Se volvió a agachar y siguió escribiendo en el suelo.

Al oír aquellas palabras, los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos, hasta que dejaron solos a Jesús y a la mujer, que estaba de pie, junto a él.

Entonces Jesús se enderezó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?» Ella le contestó: «Nadie, Señor». Y Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar».

Comentario

El pasaje narra el encuentro entre Jesús, los escribas, los fariseos y la mujer sorprendida en adulterio, es uno de los textos más poderosos sobre la misericordia, la hipocresía y la restauración humana.

Los acusadores no buscaban justicia, sino una forma de atrapar a Jesús. Si él decía que la perdonaran, contradecía la Ley de Moisés; si decía que la apedrearan, contradecía su mensaje de amor y perdón. Jesús, al agacharse y escribir en la tierra, rompe la tensión y devuelve el juicio a la conciencia de cada uno: "El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella".

El retiro de los mayores sugiere que la madurez les permite reconocer que ellos también tienen un historial de fallas.

Jesús no ignora el pecado, pero separa a la persona de su falta: "Ni yo te condeno".

Jesús no le da permiso para seguir pecando "Vete, y no peques más". sino que le da una nueva dignidad para que su vida pueda tomar un rumbo diferente. La misericordia no es simplemente "hacer la vista gorda", es el combustible para el cambio.

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