Veneramos a Dios como padre por el hecho de que es el Creador y cuida
con amor de sus criaturas. Jesús, el Hijo de Dios, nos ha enseñado además a
considerar a su Padre como nuestro Padre y a dirigirnos a él como «Padre
nuestro».
Muchas RELIGIONES anteriores al cristianismo conocen ya el trato a Dios
como «Padre». Ya antes de Jesús se hablaba en Israel de Dios como el Padre (Dt
32,6; Mal 2,10) y se sabía que es también como una madre (Is 66,13). El padre y
la madre son en la experiencia humana la representación del origen la
autoridad, de aquello que protege y sostiene. Jesús nos muestra de qué modo es
Dios realmente Padre: «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14,9). En
la parábola del hijo pródigo, Jesús responde al deseo más hondo que el ser
humano tiene de un Padre misericordioso.

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