En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le
preguntaron: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los
fariseos sí ayunamos?" Jesús les respondió: "¿Cómo pueden llevar luto
los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que
les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán.
Nadie remienda un vestido viejo con un parche de tela nueva, porque el
remiendo nuevo encoge, rompe la tela vieja y así se hace luego más grande la
rotura. Nadie echa el vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rasgan,
se tira el vino y se echan a perder los odres. El vino nuevo se echa en odres
nuevos y así las dos cosas se conservan".
Reflexión
Este pasaje nos invita a mirar más allá de las apariencias religiosas.
Los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban como signo de penitencia, pero
Jesús recuerda que mientras Él —el Esposo— está presente, el tiempo es de
alegría, no de luto. La verdadera fe no se mide por la rigidez de los ritos,
sino por la capacidad de reconocer el momento de Dios y vivirlo con coherencia.
Cuando el corazón se encuentra con Cristo, el ayuno se transforma en espera
amorosa, no en obligación vacía.

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