En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Han oído ustedes
que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; yo, en cambio, les digo:
Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que
los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace
salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y
los injustos.
Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No
hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué
hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean
perfectos, como su Padre celestial es perfecto".
Reflexión
Este pasaje profundiza en una de las enseñanzas más exigentes de Jesús:
el amor a los enemigos y la oración por quienes nos persiguen. Lejos de
limitarse a la respuesta humana natural de corresponder solo a quienes nos
tratan bien, Jesús nos invita a adoptar la lógica divina, un amor incondicional
que no depende de los méritos ajenos, sino de nuestra propia decisión de ser
misericordiosos.
Amar al enemigo implica romper el ciclo de odio y venganza sin
renunciar a la justicia. La invitación a "ser perfectos como el
Padre" no exige una impecabilidad absoluta, sino alcanzar la plenitud en
el amor, extendiendo nuestra compasión de manera generosa
Oración
Señor Jesús, enséñame a amar como Tú amas. Ayúdame a perdonar a quienes me han ofendido, a orar por quienes me causan dolor y a ser instrumento de paz donde haya conflicto. Que tu amor transforme mi corazón para que refleje la misericordia del Padre. Amén.

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