En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo les aseguro:
cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo concederá. Hasta ahora no han pedido
nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.
Les he dicho estas cosas en parábolas; pero se acerca la hora en que ya
no les hablaré en parábolas, sino que les hablaré del Padre abiertamente. En
aquel día pedirán en mi nombre, y no les digo que rogaré por ustedes al Padre,
pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que salí
del Padre. Yo salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al
Padre".
Comentario
Jesús consuela a sus discípulos asegurándoles que, después de su
partida, podrán dirigirse directamente al Padre en su nombre, y que sus
peticiones serán escuchadas. Les anuncia también que pronto comprenderán
plenamente su relación con el Padre y con ellos.
Este pasaje revela una profunda confianza en la comunión entre Dios y los creyentes: la oración en el nombre de Jesús no es un rito, sino una expresión de fe viva que une al discípulo con el amor del Padre. Es una invitación a vivir la esperanza de una relación directa y transparente con Dios, donde la tristeza se transforma en gozo por la certeza de su presencia.

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