miércoles, 8 de abril de 2026

Evangelio del 9 de abril 2026 Lucas 24, 35-48

 



Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo: "No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo". Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: "¿Tienen aquí algo de comer?" Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.
Después les dijo: "Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos".
Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: "Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios y el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto".

Comentario

Jesús resucitado que se manifiesta a sus discípulos llenos de miedo y desconcierto. Su primera palabra es de paz: no llega a reprochar, sino a tranquilizar y confirmar la fe. Les muestra sus manos y sus pies, haciéndoles ver que no es un fantasma, sino el mismo que fue crucificado y ahora vive.
Este encuentro transforma la tristeza en alegría, pero también la duda en misión. Jesús abre su mente para comprender las Escrituras y les explica que su pasión y resurrección forman parte del plan de Dios. No se trata solo de creer, sino de entender y dar testimonio.
El texto culmina con un envío: los discípulos son llamados a anunciar la conversión y el perdón de los pecados a todas las naciones. Así, el encuentro con el Resucitado no termina en ellos mismos, sino que los impulsa a ser testigos vivos de su amor y misericordia en el mundo.

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