En la fe no se trata de palabras vacías, sino de una realidad. A lo
largo del tiempo se condensaron en la Iglesia fórmulas de la fe, con cuya ayuda
contemplamos, expresamos, aprendemos, transmitimos, celebramos y vivimos esa realidad.
Sin fórmulas fijas el contenido de la fe se disuelve. Por eso la
Iglesia da mucha importancia a determinadas frases, cuya formulación precisa se
logró en la mayoría de los casos con mucho esfuerzo, para proteger el mensaje
de Cristo de malentendidos y falsificaciones. Las fórmulas de la fe son
importantes especialmente cuando la fe de la Iglesia se traduce a las
diferentes culturas y sin embargo tiene que mantenerse en su esencia. Porque la
fe común es el fundamento de la unidad de la Iglesia.

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